Experiencias sin pañales con un niño de 25 y 26 meses

Hoy hago crónica doble porque realmente los 25 meses fueron más o menos como el mes anterior y no ha sido hasta que ha cumplido los 26 meses (dos años y dos meses) que las cosas han vuelto a cambiar. Si antes todos los días había algún pantalón mojado en el momento más insospechado ahora ya nos avisa bastante o se espera a que le llevemos al w.c./orinal. Muchos días ya no salgo ni siquiera con ropa de recambio y, si llevo un pantaloncito extra, se queda limpio en el bolso sin usar. Como hace buen tiempo, le llevo con chanclas que, si se mojaran, se secan pronto.

Creo que un factor fundamental ha sido que ha crecido y en algún momento esto iba a ocurrir por sí solo. También ha ayudado que sus abuelos, con los que se queda tres tardes a la semana, también creen que no necesita pañal y también le ponen, se lo recuerdan por su cuenta, y él también se lo pide a veces. Como siempre, hablo del pis, la caca ya la pedía independientemente de la casa en la que estuviera.

Respecto al tema de avisar o no quiero comentar una cosa más. Hoy todavía, aunque ya todos los días sean “días secos” desde hace 3 semanas, hay que preguntarle si quiere hacer pis. A veces simplemente le llevo al arbolito del parque sin preguntarle, como hacía antes, pero ahora sé que él es más consciente y, si tiene ganas, él mismo me da la mano y me lleva. Veo mucha más voluntad e iniciativa propia por mantenerse limpio que antes.

Cuando termina le animo a que se suba el calzoncillo y los pantalones, él tira por delante y yo le ayudo a subirlos por el culete. Después, si está en el reductor, le gusta tirar de la cadena o, si está en el orinal, tirar el pis a la taza del w.c..

Por las noches sigue usando pañal y no hay ningún cambio, no ha habido más noches secas y además bebe mucha agua al acostarse y durante la noche (además de leche algunas noches, que estamos en proceso de destete…).

¿Será otro momento transitorio? Nunca se sabe, porque las cosas cambian mucho de mes en mes. Os lo contaré en próximas crónicas, por si mi experiencia puede servile a otras personas que quieran experimentar con el mundo “sin pañal”. Es importante recordar que cada niño y cada familia es diferente y lo que le vale uno no le vale a otro. Pero una cosa es segura, el abanico de posibilidades es mucho más amplio de lo que nos habían contado… ¡Un abrazo!

Me despido con un bailecito que nos echamos hace poco en una fiesta de artesanía:

Experiencias sin pañales con un niño de 24 meses

Si el mes pasado parecía que llegaban los días “secos” para quedarse este ha sido el mes de volver al charquito diario.

Es curioso porque, como acaba de cumplir los dos años, ya empiezo a ver a niños de su edad, o unos meses más, en proceso de dejar el pañal y lo cierto es que ¡estamos en el mismo punto! Los papás y mamás suelen decirme que para ellos es más fácil que les avisen el pis, cuando en nuestro caso es al revés, avisa todas las cacas y el pis no. Aquí se ve de forma clara que la higiene natural del bebé no es un método de dejar el pañal ni adelanta ni fuerza ningún proceso, cada niño es diferente y tiene también su ritmo.

Este mes se ha caracterizado por volver a los 0-1-2 pantalones mojados o charquitos diarios de los últimos meses. Nos avisa el pis cuando lo está haciendo o lo acaba de hacer. Es bastante gracioso porque nos coje de la mano y nos lleva al lugar señalando con el dedo… Lo limpiamos, le decimos que el pis no se hace en el suelo, que nos avise un poquito antes para ir al w.c. y ale, a seguir con la vida.

Por las noches, como siempre mama y pide muchísima agua antes de dormir, es rara la noche seca. Sin embargo, he notado que las noches en las que está realmente agotado, quizás porque duerme más “del tirón”, no sé, se despierta con el pañal seco. Misterios de la vida…

La verdad es que la mayor parte de los días el charquito viene cuando hay una visita o quedo con alguien y me pongo a charlar y se me pasa el ir al servicio con él. Tampoco me parece nada dramático, la vida es así, llevo un recambio de pantalón y zapatos y punto. También hubo un día en que fuimos a la casa del pueblo y le tuvimos totalmente asilvestrado por el campo, sin pañales y sin ponerle, cambiando pantalones si se mojaba y ya está.

Pero lo normal es estar todo el día en calzoncillos y bien, si le vamos llevando al baño cuando parece que tiene ganas, podemos mantenerle seco sin problema. Cojo el metro, el autobús y sé perfectamente que no se lo hará encima. Pero la pregunta del millón es… ¿Cuándo será capaz de avisarnos antes de hacer pis? Desde luego, todavía no es el momento.

¡Y así seguimos aprendiendo y experimentando con la vida fresquita, primaveral y sin pañales! El próximo mes más…

Experiencias enseñando a usar el w.c. a un niño de 23 meses

Hace dos días que mi hijo cumplió dos años. ¡Dos años! ¿Cómo es posible haber vivido tanto juntos en tan poco tiempo? ¡Y lo que nos queda!

Lo más reseñable de este último mes ha sido que la última semana antes de su cumpleaños casi sin darnos cuenta no hubo ni charquitos ni pantalones mojados ni nada de nada. ¡Días secos por fin! Es verdad que las semanas anteriores a lo mejor teníamos algún escape o dos pero poco a poco se fueron reduciendo. No hemos usado pañales durante el día, solamente calzoncillos. Eso sí, con ropa de cambio preparada si salíamos, pero no ha hecho falta usarla ningún día. Esto sí ha sido un cambio.

Yo no hecho nada especial ni nada diferente al mes anterior, creo que simplemente él ha ido ganando control y es capaz de esperar a que le ponga. Eso sí, poquísimas veces nos lo ha pedido él y las veces que lo ha hecho ha sido para avisarnos de que en ese momento, en unos segundos, iba a hacer pis. Total, que no nos daba tiempo a llegar al w.c. porque de camino se lo hacía encima, pero se nota que cada vez tiene más conciencia. Las cacas, como siempre, las ha hecho en el baño sin problema. El orinal, como desde hace meses, no lo quiere usar, siempre prefiere el reductor.

Este mes casi habíamos hecho el destete nocturno total cuando de repente se puso malito y volví a darle cuando me pedía para que tuviera una buena dosis de defensas y amor para combatir esa otitis. Y, cuando se curó (tomó los primeros antibióticos de su vida…) al poco tiempo pilló otro catarro y otra vez la clásica secuencia de nariz taponada-mocos-no poder respirar… y otra vez a mamar por la noche. Ahora ya está mejor y ha vuelto a dormir algunas noches del tirón en su habitación y otras con un despertar en el que se viene a nuestra cama. A diferencia con otros tiempos le basta con sentir nuestro calorcito para volverse a dormir plácidamente. ¡Y tan contentos los tres!

Por las noches ha habido una gran sorpresa. Durante unos 5 días, coincidiendo con algunos de los “días secos” se despertó por la mañana con el pañal seco. ¡Lo nunca visto! Incluso alguna noche nos pidió agua y aún así se despertó seco. Sin embargo, después, volvió a mojar el pañal de la noche. En la próxima crónica contaré como ha evolucionado el tema.

Los días que se queda en casa de los abuelos le ponen pañal y casi siempre los moja porque han intentado ponerle en el reductor pero con ellos no quiere. No sé muy bien cuál será la razón pero llegará un momento en el que él mismo se lo pedirá.

Por ahora, somos nosotros los que le llevamos guiándonos por un tiempo intuitivo o por sus señales inequívocas y propias de que quiere hacer pis: se pone inquieto o más revoltoso, si está jugando tan tranquilo se pone de pie y se apoya en alguna pared… A veces (muy pocas) le preguntamos si quiere hacer pis, pero cuando realmente estamos seguros sin preguntar le llevamos y de camino le decimos que vamos al reductor o, si estamos en el parque, “a hacer pis donde viven las hormiguitas” (es un árbol que hay detrás de unos setos).

Por la mañana siempre le doy unos libros o no nos entretenemos con unos botes de crema vacíos. También le dejo solo y le digo que me avise cuando haya terminado o quiera bajarse. Todavía es muy pequeño para bajarse él solo así que me pega un grito, si estoy en la otra habitación, y voy. Le limpio el culete en el grifo del bidé o del lavabo, le seco y a jugar. En casa de la abuela cuando está en el reductor siempre jugamos con unas muñecas de plástico que tienen allí, una es de Blancanieves y otra es de Bella. Cuando realmente no tiene ganas también nos lo deja claro y confiamos en él.

¡Ah! Este mes no ha hecho el más mínimo intento, en contraste con el mes anterior, de subirse o bajarse la ropa por propia iniciativa. Y ya me despido. ¡El próximo mes nueva crónica!

Experiencias enseñando a usar el orinal a un niño de 22 meses

Durante este mes he vuelto a no usar pañales más que para dormir y en casa de los abuelos (ellos lo prefieren así). De repente, pensé… ¿Qué estamos haciendo? Es totalmente contradictorio seguir usándolos ya que lo que le estoy enseñando es que es lo mismo hacerlo en el w.c. que en el pañal. Así que hablé con Guille y le dije que dejáramos de usarlos de nuevo, que si se mojaba el pantalón y el calzoncillo no pasaba nada y que habíamos vuelto a usar muchos más pañales durante el día por pura pereza nuestra. Con las cacas no ha habido problema porque siempre o lo pide o lo hace después de alguna de las comidas del día. También hablé con Félix y le dije que tenía que avisarnos cuando tuviera ganas de hacer pis, antes de que se mojara el pantalón. Y la verdad es que, aunque sigue sin avisar todas las veces, avisa bastantes más con un “hacer pis, mamá, hacer piiiiiiis” en lugar del clásico “ah, ah, puaj”, jejeje.

Sigue siendo cosa de dos, él a veces me avisa y el resto de las veces tengo que llevarle yo. Si le pregunto el 90% de las veces me dirá que no tiene ganas. Bueno, también contesta “no” al 90% de las preguntas. Es la época del “no”, sus “noes” y mis “noes”, sus “noes” y los “noes” de su padre. Por eso, la única forma, si estamos seguros por sus señales o el tiempo que lleva sin hacer pis, es llevarle y distraerle con algo: un objeto, un libro, un juego… Después lo que no quiere es bajarse…

También es la época del “yo solo”. Quiere ponerse las zapatillas él solo, ponerse los pantalones él solo, aprender a hacerlo todo solo. ¡Me encanta! También me pide ayuda o se enfada por pura frustración si las cosas no le salen como le gustaría. Rabietas. Muchas rabietas… Creo que aprovechar esas ganas de autonomía para que tome consciencia de su cuerpo, sus señales y sus necesidades es muy interesante.

Así que creo que es básico vivir sin pañales, al menos por el día, y si se moja cambiarle y llevarle en el momento corriendo al reductor (ya no quiere orinales) del W.C.. Es la única forma de recordar que siempre hay que hacerlo allí, no solamente algunas veces.

También me ha pasado este mes que me avise justo cuando se está haciendo pis. En otras ocasiones le decimos “cierra la colita hasta el baño” y consigue aguantar hasta llegar. Si tenemos un día “consciente” y yo estoy con ganas hemos llegado a tener días secos, de cero charcos, cero pantalones mojados. Si estoy a otras cosas, volvemos a los clásicos 2-3 “charquitos”. Eso siempre pasa en casa, no sé por qué en la calle avisa más, ¿o será que yo estoy más avispada?

El otro día pasó algo gracioso. Me salió un trabajo para bailar danza oriental en una tetería de mi barrio y se quedaron con mi hijo en casa unos amigos (Tere, Isa y José Luis, ¡gracias por estar ahí!). Bien, pues después de preguntarle un montón de veces si quería hacer pis y Félix contestar siempre que no. ¡Se hizo pis encima de mi amigo! Parece ser que fue un momento bastante cómico… Al volver le dije que si estaba seguro tenía que llevarle él al reductor con gracia o con el juguete que tuviera entre manos y una vez allí seguir hablándole o jugando (lo que estuvieran haciendo) para que se relajara. Muchas veces dice que no tiene ganas y es “sí”.

Ayer, ya con 23 meses y pocos días volvió a practicar lo de bajar y subir el calzoncillo y el pantalón. Claro, para eso el reductor no vale porque está muy alto. Cuando le vi le dije que si quería hacer pis él solo, sin avisarme, tendría que sentarse en el orinal. Estuvo un rato practicando a hacer pis él solo ahí y tirando después el contenido al w.c.. No sé si será algo aislado o seguirá practicando. Yo, desde luego, le animaré a que siga.

Si me comparo con las autoras de los libros que hablan de la HNB mi experiencia no ha tenido nada que ver con la suya. Sus hijos eran autónomos y les avisaban muchísimo antes. Son tantos factores los que influyen que lo mejor es relajarse y disfrutar, tomárselo como un aprendizaje vital y social más. Pero a la vez, aunque suene contradictorio, no relajarse demasiado porque eso también se puede convertir en pereza o no querer afrontar las cosas. ¡Los malabarismos de la vida!

Vivimos con la losa de un pasado y un presente autoritario y los padres que queremos construir relaciones basadas en el respeto con nuestros hijos, muchas veces no nos damos cuenta que eso de “ya aprenderán” o “a su tiempo” también puede convertirse en una forma de no creer en sus capacidades reales y concretas, que son diferentes en cada niño y en cada momento, pero existen, están ahí. Yo bailo y a mi me encanta cuando mis profesoras de danza me retan a realizar un ejercicio con algo de dificultad. ¡Creen en mí y yo me pico! No es una competición contra otra persona sino conmigo misma. Asumir esto también nos hace creer en las capacidades de nosotros mismos como madres y padres, más allá de teorías, técnicas, expertos o personas metomentodo bienintencionadas (o no).

Hablar de forma normal con nuestros peques, saber que son capaces de muchísimo más de lo que pensamos, confiar en ellos, respetar esas ganas de aprender que tienen y enseñarles cosas nuevas no es presionar ni ser un tirano. Es mostrar un camino y ver como poco a poco, quizás lentamente, lo van entendiendo. ¡Somos seres sociales! La crianza no es una ciencia, es un arte, una relación humana más, por eso hay que buscar todo el tiempo puntos de equilibrios y armonías diferentes.  Esto no lo he aprendido en los libros, lo he aprendido en el día a día con mi hijo, que es el que más puede enseñar a una madre primeriza en un mundo con cada vez menos niños y, por tanto, con menos contacto directo con bebés…

¡Hasta el próximo mes!

Experiencias enseñando a usar el orinal a un niño de 19 meses.

Ayer mi hijo cumplió los 20 meses y yo sin haber hecho la crónica de los 19… Bueno, ahí vamos:

La novedad principal de este mes ha sido que mantenerle seco ha sido muy fácil y casi todas las veces se ha esperado a que le ponga a hacer pis. Quizás habremos mojado uno o dos pantalones cada día como mucho, lo que muestra que cada vez controla más su cuerpo. Hubo un día que se hizo caca en el pañal, el resto lo hace en el w.c.

Por otro lado, en lugar de avisarme cada vez más, he notado que este mes nos lo ha pedido menos que el anterior, a pesar de que yo de vez en cuando se lo digo: “Si sientes las ganas, avisa a mamá, avisa a papá” o “ahora que vas a estar con abu, díselo a ella”. Como nota curiosa, suele coincidir que las veces que nos avisa, vamos en coche o transporte público. Siempre buscamos un sitio para parar o salimos del autobús pero también le decimos que intente “cerrar la colita” hasta llegar a un sitio donde poder ponerle. Y parece que lo entiende y puede hacerlo. Creo que como las cosas las asimila y afloran un par de semanas más tarde, no sería raro que durante el próximo mes volviera a avisar más y en todo tipo de contextos.

Como sus señales verbales han sido un poco excasas he seguido poniéndole según sus tiempos habituales. Por la mañana nada más despertarse, después del desayuno o una hora después de haberse despertado y después más o menos hora y media. La verdad es que no miro el reloj.

Por las noches este mes hemos usado pañales de usar y tirar porque hemos priorizando el sueño y no tener que cambiarle durante la noche. Algunas noches le he puesto antes de acostarnos nosotros, ha hecho pis dormido, y después le he puesto en el despertar de las 6h de la mañana y ha pasado toda la noche con el pañal seco. Pero la mayor parte de las noches prefiero dormir y no le ponemos. Aunque duerme más tiempo seguido ha habido un par de noches en las que se ha desvelado y no se quería volver a dormir en mitad de la noche. ¡Horror! Creo que ha podido ser por la salida de los colmillos pero cualquiera sabe…

Por el día solamente lleva pañales en casa de mi suegra tres tardes a la semana y solamente le ponen si él explícitamente lo pide. Su padre, que come con ellos los días que yo trabajo, le pone con un reductor en el w.c. después de comer y si tienes ganas hace y si no, lo dice. Para él, ir al baño no es un trance insoportable, de hecho, suele ser un momento de relax y juego. Pide cosas para entretenerse con las manos: gomas del pelo, jabones empaquetados, trocitos de papel del water…

En casa, siempre le digo “vamos a hacer pis con mamá” cuando veo que es el momento y viene corriendo. Yo me siento en la taza, él en el orinal, sacamos un bolso pequeño lleno de muestras de jabón y champús, tarjetas y empezamos a dárnoslas el uno al otro, a guardarlas, a sacarlas de nuevo… Es un momento divertido.

Algunos días le pongo pañales de tela si vamos a hacer un viaje largo en metro y no quiero salirme en mitad del trayecto, o si me agobia ir con miedo de que se haga pis por el camino, o si voy a casa de alguien en la que no quiero que haya ninguna posibilidad de “charquitos” inesperados. Ante todo, muuuuuucha calma. Por eso, la mayor parte de los pañales de tela se van quedando abandonados en la estantería sin usar, quizás a la espera de que algún día llegue otro bebé y los use de nuevo.

Releo los libros de Ingrid Bauer y Laurie Boucke y creo que, sobre todo el primero, me crearon falsas expectativas en cuanto a poder independizarme de los pañales de forma total. No ha sido tan sencillo porque no vivimos ni en China ni en India ni en África y no tengo abuelas o abuelos que lo practiquen y sepan enseñarme cómo leer las señales de los bebés. He tenido que navegar un poco en solitario e ir aprendiendo sobre la marcha, como muchas otras madres occidentales que lo intentan.

Ya llevamos 19 meses y mi hijo no avisa ni el 100% de las veces ni es independiente para ir al orinal. Depende de mi para recordárselo y si no le ofrezco el orinal se lo hace encima sin problema. Sin embargo, puedo mantenerle seco casi sin pañales y sé que los dejará definitivamente cuando él esté preparado.

Experiencias de Higiene Natural del Bebé con un niño de 17 meses

Este ha sido un mes algo caótico. De un tiempo a esta parte venía viendo en Félix un creciente rechazo al orinal. Ya no quería que le pusiera a hacer pis, se arqueaba siempre y ningún momento era bueno para él. Muchas veces sabía que se iba a orinar en el pantalón, le ponía, no quería, y al momento veía un charquito en el suelo. Además, a principios de mes me reincorporé a media jornada a mi anterior puesto de trabajo y supongo que todo habrá influido en nuestra manera de relacionarnos y, como no, en la práctica de la HNB.

Con la distancia creo que puedo decir que hemos vivido eso que los anglosajones llaman una “huelga del orinal”. Eso sí, ha sido corta y siempre había algún momento del día en el que sí quería ir sin problema, sobre todo para las cacas que sí que le gusta tomarse su tiempo y sentarse tranquilamente. Noté también que, al igual que rechazaba el orinal, también comía mucho menos y quería estar menos tiempo en la trona. ¿Habría algún tipo de paralelismo? ¿Prefería jugar a todo lo demás? Bueno, por no hablar de la teta… Todo el tiempo la pedía, algo muy raro en él, que antes nunca quería mamar fuera de casa. De repente, la pedía mucho y sólo para dar un par de “chupitos” y volver a jugar. Creo que notaba mi ausencia y era su manera de mostrar esa necesidad. Sin embargo, con el tema de la HNB, sabía que había algo más que se me estaba escapando…

Mi actitud inicial fue de bastante desconcierto. No entendía qué pasaba, por qué de repente casi todos los pises iban al suelo y no sabía qué podía haber hecho mal. Además, siempre había sido bastante relajada con el tema, nunca le había presionado y limpiaba los charquitos tranquilamente, incluso a él le gustaba imitarme cogiendo otro trapo y ayudándome a limpiar. ¿Se me había escapado algo? ¿Le había agobiado sin darme cuenta? Sabía que algo tenía que cambiar.

Así que decidí relajarme todavía más, no proponerle ir al orinal tantas veces, volver al pañal en ocasiones (¡mojábamos muchísimos calzoncillos!) y otras aceptar con tranquilidad que tendría que limpiar pises por la casa con la fregona. Aún así, cada vez que lo hacía, le señalaba el orinal o le sentaba diciéndole con normalidad: “el pis se hace en el orinal”. Él, por supuesto, se levantaba inmediatamente a jugar de nuevo, pero creo que a esta edad lo entienden y se quedan con todo. También encontré de nuevo un sentido para los pantalones chinos (con abertura en el culete) que compré hace tiempo. Ahora me venían genial porque ya andaba y si se hacía pis por la casa no se mojaba nada la ropa, sólo había que limpiar el suelo.

Pantalones chinos abiertos “Kaidangku”. Foto tomada del Flickr de Dharbigt Maersk (Ajax).

Durante esa fase, ha habido muchos días que se ha hecho caca en el pañal, sobre todo en casa de mis suegros. Sin embargo, este mes ha pasado algo sorprendente. Ya durante el verano empezó a hacerlo de forma ocasional, pero es que ahora nos avisa todos los días cuando quiere hacer caca de forma clara, consciente y verbal (bueno, más bien con gruñidos, jejeje).

Al igual que cuando quiere agua dice “agua” o cuando quiere teta dice “teta”, ahora cuando quiere hacer caca dice “ah, ah, ah” (gruñidos como de hacer fuerza) y después “puagh”, “puagh”. La verdad es que es bastante curioso cuando lo ves en vivo y en directo. Al principio no entendía por qué decía eso en lugar de decir “caca”, que era lo que yo le decía, hasta que Guille me dijo que él cuando le ponía, decía eso porque le olía muy mal y en plan gracioso decía “puaghh, puagh” mientras tiraba de la cadena… ¡Madre mía! “Pis” sin embargo no lo ha dicho nunca y eso que su abuelo se llama Luis y ese nombre lo sabe decir perfectamente. Supongo que no está en su lista de prioridades y ya está, no pasa nada.

Después de esas dos semanas de resistencia, poco a poco volvimos a la cooperación habitual. Creo que otra de las claves para superar “la huelga” fue descubrir que a Félix ya no le gustaba la postura básica de la HNB ni estar de cuclillas ni sentado. Un día, a base de ensayo y error, se me ocurrió probar a decirle que hiciera pis de pie y cuál sería mi sorpresa al ver que es así como prefiere hacerlo ahora. Creo que le parece muy divertido ver salir el chorro como una manguera y ver lo lejos que llega, jejeje. Además, es menos aparatoso, más rápido y le permite seguir jugando o corriendo en cuanto termina. Supongo que todas las “huelgas” son una protesta por una situación desagradable y una demanda de un cambio, lo complicado a veces es saber qué es lo que hay que cambiar.

Al hacer pis de pie, en casa utilizamos ahora mucho menos el orinal de bebé y usamos más uno que es como un bol pequeño, el típico orinal de adulto. Al terminar, le gusta cogerlo y tirar el contenido al w.c. (con mi ayuda, claro). Es algo difícil no mojar el pantalón al terminar y apuntar bien, pero poco a poco vamos aprendiendo.

Cuando voy a trabajar las tardes de los lunes, martes y miércoles, Félix se queda con mi suegra y con su papá. Mi suegra prefiere ponerle pañales de usar y tirar y no usar el orinal, así que muchas veces llega con calzoncillos o pañal de tela y por la noche vuelve a casa con un desechable. Sin embargo, ahora, como pide la caca en mitad de la comida o de la cena, le ponen en el w.c. con un reductor. ¡Cómo le iban a dejar que se lo hiciera encima!

Yo le dejo a la 13h, a las 14h15 llega su padre y si ve que tiene ganas le ofrece el orinal. Si no, después de comer. Después le deja dormidito y se va a trabajar. Vuelve a las 18h30 y le vuelve a ofrecer el orinal. Normalmente, al despertarse de la siesta, se habrá hecho pis en el pañal así que le cambia y ya está. Yo llego a las 21h30, le doy la teta y si no se duerme seguimos la secuencia clásica de orinal-cambio de pañal-más teta-carrito. El miércoles salgo sobre las 18h30 así que podemos dar una vuelta antes de cenar y dormir. Y así transcurre la “comunicación de la eliminación” a tiempo parcial en esta nueva etapa.

Por las noches: después de meses en los que habíamos dejado la HNB de lado, he vuelto a ponerle de forma ocasional, ya que me ha pasado varias veces que se hiciera pis en plan “fuentecilla” justo cuando le estaba cambiando el pañal. Creo que era una señal inequívoca de que se despertaba para hacer pis, ya fuera en el pañal o donde fuera, así que parecía más práctico que lo hiciera en la palangana. Solamente le ponemos a hacer pis si él quiere y nosotros tenemos ganas, si no, le ponemos pañal de tela y a dormir. Parece que los despertares nocturnos se van reduciendo y hay que aprovechar esta racha.

Fuera de casa: le sigo poniendo en arbolitos o jardineras pero, como he dicho antes, casi siempre de pie.

¿Con pañales o sin pañales? Durante la época de rechazo al orinal volvimos a los pañales en las salidas y seguimos utilizando calzoncillos en casa. Ahora le pongo o ropa interior o unos pañales finitos especiales para la HNB que se llaman “Ecapants” y que solamente aguantan un pis.

Como ya viene el frío, ya veremos qué hacemos. No sé si esta fase ha sido algo temporal o volverá la resistencia el mes que viene. Además, va a cumplir 18 meses, la famosa edad en la que se supone que los niños, según el paradigma oficial del control de esfínteres iniciado por el Dr. Brazelton en los sesenta, ya se pueden ir “familiarizando” con el orinal y ya puede que muestren signos de estar “preparados”.

Y este mes no puedo contar más, ¡no tengo tiempo para nada!

Experiencias de Higiene Natural del Bebé con un niño de 15 meses

Hace dos días que mi hijo cumplió 15 meses y quiero empezar la crónica mensual con algunas cosas curiosas que pasaron el mes pasado.

Hace unas semanas, al volver de dar el taller de danza oriental en la asociación “Enmadradas Coslada”, le pregunté si quería hacer pis antes de entrar en la Renfe poniéndole en un arbolito de la calle. Como tenía ganas, lo hizo.  Pero, después, me di cuenta de que podríamos haber hecho una “parada técnica” en Atocha, ya que, a medida que llegábamos a nuestra estación, se puso cada vez más nervioso. Yo pensé que lo que le pasaba era que estaba harto de estar en el metro pero, de repente, justo al salir al andén, se hizo pis encima y, como no llevaba cobertor impermeable, caló en el pantalón y lo noté. Ahora hace calor, así que no me preocupó demasiado, le puse en la bandolera y en casa ya le cambié de ropa.

Ese mismo día ocurrió algo diferente a lo habitual. A la hora de comer, de un momento para otro y sentado en la trona, empezó a hacer fuerza y a empujar. No lo suele hacer fuera del orinal así que esa fue la primera palabra que me vino a la mente: ¡El orinal! Lo traje y fue sentarle y hacer caca. Nos reímos bastante, la verdad.

Ayer, ya con 15 meses, volvió a ocurrir pero me avisó con mucha claridad. Estábamos en una terraza con un amigo y, de pronto, se puso como mimoso y quejoso, pidiendo que le cogiera en brazos (estaba jugando de pie entre las sillas). Quizás en otra época lo hubiese interpretado de otra forma, pero ahora me resultaba obvio que quería hacer pis o caca, más bien esto último por su cara de agobio. Intuía que tenía muy poco tiempo para encontrar un sito. Además, iba en calzoncillos así que el numerito podía ser bueno, jajaja… Rauda y veloz cogí unas servilletas con una mano y me lo llevé a un árbol. Hizo pis y caca, le limpié y tiré lo que pude con las servilletas en una papelera cercana. Pero, ¿dónde están las bolsas de plástico cuando se las necesita? Ahora siempre llevo una en el bolso, por si acaso.

La verdad es que, como nunca hace caca fuera de casa, me pilló muy desprevenida. Tendría que haber ido al baño del restaurante, cosa que hice después para limpiarle mejor y lavarme las manos, pero la inexperiencia tiene estas cosas… La próxima vez iré más preparada, tanto para limpiarle a él como para dejarlo todo como lo encontramos. No es plan de criticar a los dueños de los perros que dejan excrementos por toda la ciudad y después yo hacer lo mismo con un bebé. ¡Ay!

Supongo que es sólo una anécdota que viene a ilustrar que cada vez avisa más, aunque no hable, y que su cuerpo ha cambiado y es él el que va tomando la iniciativa cuando siente las ganas. De hecho, muchas mañanas ya no le gusta sentarse tranquilito en el orinal y simplemente hay que estar pendiente de si se pone a empujar o a avisar en algún momento imprevisible del día. Esto lo veo como algo positivo, ya que se trata de que algún día no tenga que ser yo la que le recuerde que tiene que ir al servicio.

Durante este mes he visto como sus músculos se han ido haciendo más fuertes y esto le ha dado mayor control sobre su cuerpo. Sigue gateando y, aunque todavía no anda sin mi ayuda, se queda de pie sin apoyos cada vez más y camina todo el día por las paredes y muebles que va encontrando en su camino. Veo como queda atrás una etapa y, aunque suene cursi me gusta pensar que dentro de poco estaré corriendo detrás de él. ¡Qué ganas! Sí, ya sé que será cansado pero dejadme que me flipe un poco…

Como vi que mojábamos muy pocos pañales (le llevaba sólo con el absorvente sin el cobertor impermeable), hace tres semanas me decidí a comprar unos calzoncillos y probar a ver qué tal. Me costó encontrar de su talla pero al final vi que existen unas “braguitas” que la gente usa para ponerlas por encima del pañal. Le compré la talla de 12 meses porque pensé que al usarlo sin pañal darían más talla. ¡Y qué maravilla! Me encanta verle tan fresquito. Ahora hemos comprado más calzoncillos, unos muy graciosos en una mercería de toda la vida del barrio, parecidos a los slip de abuelo, pero para niños de dos años y, aunque le quedan un poco grandes, son cómodos, mucho más cómodos que un pañal.

Ha habido días en los que hemos mojado varios calzoncillos y pantalones pero son más los días en los que puede estar todo el día con el mismo. Por si acaso, en el carrito he puesto un impermeable y encima una toalla. En el Meitai obviamente no he puesto nada pero todavía no ha habido “accidentes”. ¿Será que la posición vertical le permite más control?

Me he dado cuenta de que algunos días en los que se hace mucho pis encima es porque está con los dientes (babeando mucho, tocándose la encía), pero la mayor parte del tiempo, sobre todo si estamos fuera de casa y le voy poniendo en arbolitos, puedo mantenerle seco. No siempre es así, claro. El otro día fuimos a la piscina y, aunque me llevé el “taper-orinal”, se negó a hacerlo allí e hizo pis desnudo varias veces en el suelo. ¡Glups!

Por la noche hemos pasado una época en la que hemos usado pañales de usar y tirar y le hemos tenido que cambiar una o dos veces en mitad de la noche. Sí, lo que parecía hace tiempo algo temporal terminó siendo una especie de crisis con los pañales de tela nocturnos, con la vana esperanza de que durmiera mejor. Como podéis ver, los experimentos han seguido aunque no funcionaran, ya que los despertares han sido los mismos que con los de tela.  Y es que a veces nos cuesta entender que quizás no haya nada que podamos hacer, simplemente hay que esperar a que madure su sueño, que no necesite beber tando por la noche, tiempo…

Pero, animados por el tema de los calzoncillos y de que finalmente nuestro hijo va SIN PAÑALES por el día (y lo digo sin comillas en el “sin”, jejeje) , nos hemos lanzado a poner dos toallas encima del protector impermeable del colchón y ponerle a dormir sin nada o con el absorvente del pañal de tela. Así, algo retiene si se hace pis pero no tiene que llevar el impermeable con el calorazo que tenemos. ¡Y nos va bien! Todavía recuerdo cuando intentamos hace unos meses algo parecido y fue un desastre total…

Pareciera como si abandonar los pañales y poner calzoncillos hubiera marcado la diferencia. ¿Se los pusimos porque se mantenía seco? ¿O se mantiene seco porque usamos calzoncillos? ¿Qué fue primero? ¿El huevo o la gallina?

Termino la crónica con esta conversación que tuve el otro día en el parque con una bisabuela de 93 años. Me vio ponerle a hacer pis en un arbolillo y se puso a hablar conmigo:

– ¿Le pones a hacer pis? Yo tengo un bisnieto de dos años y medio que no quiere hacerlo. Le ponen calzoncillo, se moja y después pide el pañal. Se lo quieren quitar porque va a empezar el cole. Se hace pis encima y la madre le dice: “pues ahora te quedas mojado a ver si aprendes”…

– Sí, le pongo desde las 8 semanas. Con dos años y medio es más difícil… Pobre, primero le “enseñan” a que se lo haga encima durante toda su vida y de repente quieren que haga lo contrario de un día para otro. Es cruel eso de dejarle mojado, ¿no? ¿Usted también ponía a hacer pis a sus hijos desde pequeñitos?

– Sí, yo tuve tres. Somos de un pueblo de Ávila. Les ponía cuando les cambiaba el pañal. Bueno, pañal… Eran trozos de tela, los hacíamos con sábanas o con lo que pilláramos.

– ¿Y desde que edad les ponías a hacer pis?

– Pues desde los tres o cuatro meses.

– ¿Y les ponías también para las cacas?

– No, no tenía tiempo. Tenía que cuidar también de los animales, trabajar en el campo… Pero cuando se mojaban y les cambiaba, les ponía a hacer el pis.

– ¿Usábais también pantalones con agujero entre las piernas?

– Bueno, se lo hacía yo, un agujero para que sacaran la colilla, cuando ya andaban.

¡Qué punto encontrarse con la memoria viva de la crianza! ¿No os parece?

Experiencias de Higiene Natural del Bebé con un niño de un año.

Hace tres semanas que mi hijo cumplió un año y no he encontrado el momento de escribir esto. ¡No paramos! Félix sigue gateando pero ya se pone de pie y se mantiene así bastante tiempo hasta que se cansa y se deja caer. También va diciendo más palabras o repitiendo la última que acabo de decir yo. Por ejemplo, si digo: “¡Vamos a la calle!”, a él le entiendo repetir “calle”, a su manera. Otras palabras que dice son “parque”, “teta” o “pelota”. Por supuesto, muchas de esas palabras sólo las entiendo yo, porque son balbuceos, pero me quedo alucinada y feliz de poder tener conversaciones con él.

¡Ah! También repite “caca” cuando le pregunto si quiere hacer, pero todavía estamos muy lejos de que lo pida con palabras. Normalmente lo expresa con irritabilidad que no se calma con nada, y yo muchas veces pienso que quiere comer o dormirse hasta que caigo y digo, “vamos a dejar de comer para ver si quieres hacer caca”. Y si era eso, lo hace y después come más tranquilo.

En cuanto a horarios va cambiando según las semanas o las rachas. Ha habido épocas en las que aprovechaba para hacer caca cuando le ponía a hacer pis después de la teta del desayuno. Últimamente, sin embargo, lo hace después de cenar o durante la cena, de ahí mi confusión con el hambre o el cansancio.

Es fácil saber cuándo lo necesita en función de la hora a la que lo hizo el día anterior. En cualquier caso, si no tiene ganas protesta y le quitamos. También ha habido algún día que no ha querido hacer nada y al día siguiente lo ha hecho dos veces. La verdad es que no ha tenido hasta ahora problemas de estreñimiento porque pide agua y teta cuando quiere líquidos y hace caca cuando lo necesita en una posición cómoda. ¡Un beneficio más de no hacerlo en el pañal!

Hablando de pañales, este mes también ha habido un día que se lo ha hecho encima y fue porque yo estaba enferma y no le puse a la hora que lo solía hacer. En esos días creo recordar que le entraban las ganas después de comer, sobre las 15h, y aunque él estaba irritable y tirando las cosas de la trona y aplastando la comida como loco, yo estaba a otra cosa, débil y distraida… Lo limpiamos facilmente pero me alegré de no tener que hacer esto todos los días. Ya no concibo el uso de pañales de tela sino es poniéndole en el orinal.

Por las noches seguimos poniéndole según nuestro nivel de cansancio y él sigue mamando un montón, con lo cual las noches secas todavía brillan por su ausencia…

En Madrid, después de muchas lluvias, ha comenzado el calorcito lo que significa que llega la etapa dorada del porteo, sin abrigos ni múltiples capas, pero también la época ideal para volver a poner a hacer pis a Félix en los arbolitos que tengamos cerca cuando lo necesite. ¡Qué comodidad no tener que entrar en bares o dejarle mojado!

Como todos los meses, ha habido altibajos en el número de pañales húmedos y el número de veces que el pis va al w.c. o a la palangana. No sé por qué pero hay días en los que nos sincronizamos los ritmos y no mojamos casi ningún pañal y otros, sin embargo, mojamos un montón, tanto de día como de noche. Siempre parece más fácil fuera de casa porque aquí yo siempre tengo que hacer cosas y me olvido o no puedo ponerle. Muchos días parece que un pis va al pañal y el siguiente al orinal, el siguiente al pañal y así sucesivamente…

Aunque no me gusta compararme con otras familias, leo en otras webs en inglés que parece que hay otras personas que se apañan mejor que yo en este tema. Como en todos los aspectos de la crianza es mejor guiarse por el niño y seguir sus ritmos. Sé que esto de los ritmos es entendido de forma muy diferente por los métodos para dejar el pañal que se guían por el “quítale el pañal cuando esté preparado”. Yo entiendo este concepto de forma muy diferente: los niños no necesitan pañales y están preparados para no llevarlos desde el minuto cero, como el resto de mamíferos. Los que los necesitamos somos los padres, que no queremos tener que lavar tanta ropa. Los niños son conscientes de que van a evacuar desde pequeños y tienen una mezcla de instinto y voluntad de evacuar cuando les desnudamos, les ponemos en posición y nos comunicamos con ellos.

Siempre lo digo pero lo vuelvo a repetir: en los lugares en los que se pone a hacer pis y caca a los bebés desde muy pequeños hay muchos familiares ayudando, desde abuelos a hermanos mayores. La crianza de madres solitarias que conocemos aquí creo que es una rareza histórica y cultural. Ya sé que todo tiene sus pros y sus contras pero a mí no me parece nada positiva, ni para la madre ni para el bebé. Una cosa es estar vinculados, unidos y seguros, y otra es estar SOLOS casi todo el día el uno con el otro, sin familiares ni amigos cerca.

Es cierto que soy una persona muy independiente y que me gustan muchos aspectos de la soledad bien entendida, pero también es cierto que mil veces al día me encantaría poder tener familiares o amigos en casa para que jugaran y cuidaran a Félix mientras yo hago otra cosa. Incluso aunque tengamos pareja, si esta trabaja y tiene horarios interminables (o a mi me lo parecen), podemos llegar a sentirnos madres solteras, ya que la mayor parte del día el cuidado recae sobre nosotras. ¡Hay que tejer redes de apoyo mutuo de padres y madres! En esas estamos, ¿verdad? Yo intento día a día salir y juntarme con otras mamás, otros bebés, otros papás. ¡Cualquier excusa es buena!

Me gustaría, si tengo tiempo durante este mes, hacer un video o escribir una especie de “un día entero practicando HNB” para poner ejemplos prácticos de situaciones cotidianas. Os animo a probarlo con vuestro bebé si todavía no ha cumplido los 5-6 meses, ya que después se suelen acostumbrar al pañal y es bastante más complicado. Quizás ya no os dé tiempo a probarlo con vuestro primer hijo pero sí con los siguientes.

Los balbuceos, la comunicación sin palabras, las miradas, los gestos, el cuerpo… Ver cómo dos seres humanos podemos entendernos, aunque sea en pequeños hábitos cotidianos como comer, dormir o evacuar, forma parte de esas pequeñas grandes cosas de la crianza que nos hacen sentir que somos testigos de algo importante, algo que quizás no saldrá reflejado ni en los periódicos ni en los libros de historia pero que forja día a día una relación de amor y respeto entre nosotros. Muchos padres esperamos que perdure y se extienda fuera de la familia. Quizás sea pedir demasiado, quizás sea suficiente haberlo vivido e intentar seguir el camino con coherencia en nuestros principios.

Bueno, y con estas reflexiones me despido… Un abrazo.

Libros sobre “Bebés sin pañales” #3: Laurie Boucke.

Hoy quiero hablar sobre el libro más completo a nivel antropológico y documental sobre lo lo que la autora llama en inglés “Infant Potty Training” o lo que en castellano ha sido traducido en alguna ocasión como “Control temprano de esfínteres”. Lo cierto es que tras un título algo feo y desafortunado, en mi humilde opinión, se esconde información muy valiosa y trascendental.  Además, parece que se encuentra en proceso de traducción al castellano y se publicará muy pronto en nuestro país. ¡Espero poder ofrecéroslo pronto en lacasitadealgodonales.com!

La autora descubrió que podía responder a las necesidades de evacuación de su bebé después de que una amiga hindú le explicara cómo lo hacen en su país, donde no usan pañales. Pero no sólo se lo explicó sino que se lo mostró en vivo y en directo con el hijo de Laurie: la amiga captó cuándo el bebé necesitaba hacer pis, el bebé entendió a su amiga y, como tenía ganas, lo hizo encima de un recipiente.

El libro explica cómo funciona esta práctica, qué tipo de señales hacen los bebés antes de orinar y defecar, cómo ententer los horarios y patrones y cómo crear asociaciones entre el hecho de evacuar con una onomatopeya, una postura fisiológica o un signo. Como ya expliqué en la reseña del libro de Ingrid Bauer, en la obra de Laurie Boucke se habla de conductismo sin rodeos pero también se deja claro que quedarse ahí es simplificar demasiado, ya que de serlo, yo todavía sigo reflexionando sobre ello, se trata de un condicionamiento mutuo de la diada madre-bebé o, para ser más exactos, adulto-bebé. Además, sería un conductismo comunicativo y no coercitivo, como una conversación o una posibilidad, nunca como una imposición. ¿Diríamos que cantar una nana para dormir a un niño es conductismo? Pues eso. Mirar esta práctica desde los ojos de Pavlov es ponerse unas gafas etnocentristas que explican pero a la vez distorsionan.

Realmente, la parte que más me ha gustado, además del bloque de diferentes experiencias de familias occidentales, es la parte antropológica, donde va país por país, explicando cómo se practica. ¿Y adivináis qué es lo más sorprendente? Que algo tan similar se lleve a cabo desde Uganda hasta Vietnam pasando por el Polo Norte. Es verdad que las señales del bebé son muy parecidas en todo el mundo pero las posturas y las onomatopeyas cambian con las culturas, quizás en algún lugar se anime al bebé a hacer pis con un “sssss” y en otra con un “shu, shu”. Lo que suele ser común en todas las culturas es no dar ninguna importancia a lo que en Occidente llamaríamos “accidentes”, simplemente se limpia con normalidad, incluso con humor. Por supuesto, también existen culturas muchísimo más restrictivas y autoritarias, aunque parecen las menos, ya que sólo he visto un ejemplo en el que se utilizara la violencia para aprender el control de esfínteres: el pueblo Tanala de Madagascar y el estudio es de los años veinte del siglo pasado.

Por supuesto, no en todo el mundo “sin pañal” se relacionan con las evacuaciones del bebé de la misma forma. De hecho, la autora divide a todas las sociedades en tres tipos: las que simplemente apartan al niño del cuerpo del adulto cuando comienza a evacuar para no mancharse (en el libro se recogen muchos ejemplos de este tipo, sobre todo de tribus y culturas tradicionales americanas), las que activamente le ponen en el lugar que elijen cuando saben que lo necesita o está a punto de hacerlo y, una tercera posibilidad, que sería una mezcla de las dos según el niño se va haciendo mayor.

Además de la parte antropológica que me apasiona, el libro aporta una dimensión histórica dentro de la propia cultura occidental, con información sobre los métodos crueles y centrados en los esquemas estrictos del adulto, que obligaban a los niños a evacuar cuando “había que hacerlo”.  Al parecer, en el siglo XIX, en determinados ambientes, se realizaban prácticas muy agresivas con los niños, como dejarles en el orinal durante mucho tiempo hasta que hicieran caca, o usar enemas y otras salvajadas para que lo hicieran cuando el padre quería.

Aunque el libro no dice nada de esto y son reflexiones de mi cosecha, entiendo que ese tipo de aproximaciones agresivas son fruto de la influencia de la industrialización y sus horarios rígidos, jerarquías y autoritarismo. Algo parecido (aunque no exactamente igual) a los horarios impuestos a la lactancia y que tan desastrosos efectos han tenido sobre la experiencia de mamás y bebés. Supongo que la cultura industrial siempre ha tendido a la deshumanización o a la robotización del ser humano.

La dimensión histórica del libro deja claro que lo que se hace en otras culturas no tiene nada que ver con lo que se hacía en Occidente hace un siglo. Se trata de adaptarse y conocer las señales y horarios del niño (sobre todo en referencia a su alimentación y el sueño), no de imponerle los nuestros.

Lamentablemente, se asoció la edad temprana de los bebés con esas prácticas agresivas y los pediatras que en los años 50 liberaron a los niños de estos métodos metieron todo en el mismo saco. Ese fue el origen de la aproximación actual occidental al aprendizaje en el uso del orinal: no empezar nunca antes de los 18 meses y esperar a que el niño esté “preparado”, ya que se supone que antes de esa edad el niño no tiene ningún tipo de control. Como sabemos, esto contradice la experiencia de millones de bebés y familias de todo el globo. De todos modos, una cosa es el “control total independiente” tan ansiado y cotizado en occidente y otra bien diferente es ayudar en el momento presente a tu bebé a evacuar en un lugar más limpio y cómodo que un pañal (ya sea separándolo de tu cuerpo o sugiriéndole que lo haga en un orinal o taza del w.c.).

Por este motivo, creo que el título puede llevar a ciertos equívocos, ya que en realidad no es un método para dejar el pañal, aunque poco a poco los necesites cada vez menos. De hecho, con los recién nacidos o los bebés de pocos meses simplemente se recoge la orina en un recipiente en lugar de en un pañal. Después, el bebé aprende a relajarse cuando le pones (no a aguantar, porque todavía su cuerpo no se lo permite). Y posteriormente, como ve que respondes a sus señales, avisa de forma más activa y clara, y sabe para qué son sus músculos. Después, aprende a ir al baño cuando tiene ganas, pero cada niño a su tiempo.

Os recomiendo que si estáis “embarazados” o tenéis un bebé de pocos meses deis alguna que otra oportunidad a esta práctica ancestral, adaptándola a vuestra forma de vida, sin agobios y poniéndo el acento en la conexión con el bebé.

Para leer la reseña sobre el libro de Ingrid Bauer y Christine Gross-Loh haz click en sus nombres.

Experiencias de Higiene Natural del Bebé con un niño de 10 meses.

Me he decidido a escribir hoy la crónica mensual sobre nuestra experiencia porque ayer ocurrió algo bastante inusual. Yo debía de estar distraída porque no me enteré de nada y Félix hizo un poco de caca en el pañal. Al ver que era solo una bolita, le puse en el w.c. y allí hizo más hasta que se quedó a gusto. Después, él siguió jugando y yo seguí cocinando sin mayor historia.

Lo cierto es que es poco habitual, ya que aunque ahora habían cambiado un poco sus horarios, siempre me daba cuenta de cuándo lo iba a hacer por sus señales, como soltar y coger el pezón en la parte final de la toma. Creo que hacía por lo menos 5 meses desde que pasó algo parecido, porque me acuerdo que era en la época en la que estábamos con lactancia exclusiva y las cacas eran todavía líquidas. En realidad todo esto es tan sólo una anécdota para ilustrar lo fácil que puede ser conocer a tu hijo en este aspecto y lo poco que se sabe de esto en nuestra cultura. Por lo menos con las cacas, los pises es otra historia…

Aunque no gatea del todo, sí se desplaza por la habitación dando pasos hacia adelante, reculando y volviéndose a sentar. Está muchísimo más activo que hace un mes y no para quieto ni para que le vista (¡odia ponerse camisetas!), ni para ponerle un pañal, ni casi para mamar. En seguida quiere incorporarse y descubrir qué hay por la habitación. Por supuesto, ir a hacer pis también es un número porque agarra la tapa del w.c. o se pone a dar golpes contra la calefacción que tenemos al lado de la palangana, o abre el grifo y lo cierra si le estoy lavando en el bidé… ¡Pura diversión!

Está claro que quiere tener algo con que entretenerse en las manos y jugar todo el tiempo. Por eso, intento tener un “orinal” o algún tipo de recipiente en todas las habitaciones de la casa para no tener que desplazarnos y así poder seguir jugando con lo que estuviera en ese momento.

También he visto que ya tiene 10 meses y si le pongo con la misma frecuencia que cuando tenía 8 o 9 o se queja o no hace nada o juega con lo que sea, pero siempre indicándome que no tiene ganas. Creo que lo que está expresando es que ya ha crecido un poco, que su vejiga también y que confíe en sus nuevas señales, mucho más explícitas, y me guíe menos por horarios. Ahora sólo le ofrezco oportunidades de hacer pis cuando realmente estoy segura de que tiene ganas o porque me grita o llama mientras está jugando. Desde luego, prefiero que moje pañales a que pueda sentirse presionado de alguna manera o piense que su madre es una loca obsesionada con ponerle a hacer pis, jeje.

He visto un gran cambio en nuestra comunicación, en este sentido, ya que antes sólo reconocía las señales de antes de hacer caca y las de pis sólo por la noche. Incluso el otro día paró de jugar en el suelo, me miró con mirada suplicando y gritó “Mamaaaaaaaaaa”. Una de dos, o bien quería bracitos o tenía ganas de hacer pis, así que le ofrecí lo segundo y orinó. Supongo que ha sido una mezcla de casualidad e intuición. Algo parecido nos pasó con la palabra “Agua”. Lo dijo claramente y miró el vaso, aunque nunca sabremos si solo fue el azar. Nosotros, por si acaso, le dimos agua y bebió un montón. Tengo la sensación de que sí sabía lo que quería. Creo que si tiene alguna utilidad asociar la micción con el sonido “psssssshhhh” es esa, que luego ellos puedan comunicarse con nosotros haciendo esa onomatopeya para avisarnos de que quieren ir al baño. Si respondemos a sus intentos de comunicación los niños ganan confianza y comunican todavía más. Si no les hacemos caso, dejan de señalar.

Mojamos bastantes menos pañales (2-4 al día) y lo noto porque antes a veces tenía días de ir un poco apuradilla con que se lavaran y se secaran a tiempo cerca de la calefacción. ¡Y eso que tengo pañales como para unos 20 cambios! Ahora veo que me sobran un montón limpios en el cajón. Como mi objetivo al hacer esto no es que sea totalmente independiente para ir al baño sino que aprendamos a comunicarnos y pueda avisarme para que yo le ayude el tiempo que haga falta, me llena de satisfacción saber que no ponemos tanta lavadora, con el consiguiente ahorro energético y de recursos naturales.

Últimamente, los pañales o pantalones (si le tengo sin pañal) se mojan porque estoy haciendo algo importante y no le puedo poner en ese momento, aunque sepa que lo va a hacer. Si viviera con una familia extensa, y no pasara el día sola con él, otra persona en ese momento se hubiera ocupado de ponerle, como suele ser habitual en China o India, donde los abuelos juegan un papel muy importante. Es lo que tiene adaptar esta práctica ancestral al mundo urbanita occidental del siglo XXI, donde las madres muchas veces criamos solas entre cuatro paredes. Bueno, hasta que llegan los papás por la tarde…

También, al pasar los meses, noto que me voy relajando mucho con la crianza en general y mis expectativas auto-impuestas. ¡Y la verdad es que disfruto mucho! Por supuesto, siempre hay alguna “noche loca”, como digo yo, pero esos momentos de desesperación pasan y el día siguiente suele ser bueno. Lo importante creo que es saber parar y pedir ayuda cuando nos vemos sobrepasados, en cualquier circunstancia de la vida.

Sigo utilizando pañales cuando salimos, a veces con cobertor impermeable y otras sin, para que vaya más cómodo y su piel transpire mejor. Me llevo siempre un pantalón y un body en el bolso por si se mojaran. Y es que, realmente, ¿hay mucha diferencia entre lavar un pañal de tela y un pantaloncito? Yo creo que no.

Por las noches seguimos igual, se medio despierta (se agita pero con los ojos cerrados) varias veces cuando le entran ganas de hacer pis y se vuelve a dormir. Cuando necesita mamar también lo indica quejándose hasta que le doy la teta. El papá antes se ocupaba del bebé por la noche pero por motivos familiares tiene que madrugar más durante este mes y me estoy ocupando yo. La verdad es que es cansado pero lo es todavía más si no le ponemos a hacer pis porque entonces se despierta del todo al sentirse mojado y, aunque nos avise para que le cambiemos el pañal, le cuesta volver a dormirse.

En facebook escribí hace unos días: “Después de habernos independizado de los pañales desechables, de las toallitas de supermercado (sustituidas por papel o agua en el bidé + aceite de almendras ) y estar en proceso de usar cada vez menos pañales de tela, ahora toca… ¡Liberarnos de los productos de limpieza industriales! Por fin me he lanzado a probar el agua con vinagre para fregar y parece que la cosa marcha. Cuantas menos necesidades creadas, más libertad”. Y es que, descubrir que adultos y bebés podemos cooperar para estar limpios sin depender de grandes multinacionales me parece todo un logro, mucho más que aprender o no a ir al baño solo en una determinada edad.

Muchas veces pienso que si el mundo industrial cayera de un día para otro no sabríamos sobrevivir de lo dependientes que nos hemos convertido en artículos de consumo de todo tipo. Creo que el renacimiento que están teniendo prácticas como hacer punto, coser, cocinar y todo el movimiento “hazlo tu mismo” caminan en ese sentido: recuperar nuestra esencia y la creatividad que un día este sistema nos robó. Y con ella, recuperar lo que nos quede humano y no el engendro pasivo, dependiente, consumista, ignorante, superficial y aburrido en el nos quieren convertir vía colegios, trabajo asalariado, publicidad, caja tonta, supermercados, premios y castigos, ejércitos, cárceles… No sabemos cultivar, no sabemos cómo se hacen las cosas que usamos, no sabemos cocinar, no sabemos hacer nuestra ropa. Y por otro lado, “necesitamos” un móvil, una tele, un coche para ver a nuestros familiares que viven en la otra punta de la ciudad y un avión para visitar a los que viven en la otra punta del continente.

Con todo esto no quiero decir que nosotros mismos no seamos responsables de la situación actual y seamos meros agentes pasivos en manos del poder. Creo que nos hemos vuelto muy vagos (yo la primera) y en nombre de una falsa comodidad hemos caído en demasiadas trampas. Recuperar la independencia y los saberes tradicionales que sí nos interese recuperar (sólo los positivos y respetuosos), como el de los bebés sin pañales, es parte de ese camino hacia la libertad.

 

NOTA: Se recomienda empezar a practicar la Higiene Natural del Bebé antes de los 6 meses porque después les hemos acostumbrado a hacer sus necesidades en los pañales y no les gusta hacerlo en ningún otro sitio. Nosotros comenzamos cuando Félix tenía 7-8 semanas. En algunas culturas empiezan al año y también les va bien. Si tu hijo es mayor de año y medio, se recomienda olvidarse de la Higiene Natural del Bebé (aunque puede haber aspectos adaptables) y enseñar a tu bebé de la forma habitual en nuestra cultura, con el método respetuoso y no coercitivo que elijas.

Puedes seguir nuestra aventura en el siguiente mes (11 meses): http://www.lacasitadealgodonales.com/blog/?p=506