¿Marxismo cultural o rockefellerismo cultural?

En un artículo publicado el 1 de agosto de 2017 en ABC titulado “Horas estelares de la vileza”, Hermann Tertsch afirma:

Aquellos intelectuales que, con Marcuse, se lo habían llevado antes de la guerra a “tunearlo” en universidades norteamericanas, para los años sesenta ya lo estaban en Europa de vuelta iniciando el asalto a las universidades. Aquella escuela de Frankfurt se convirtió después con Habermas y los suyos en el bacilo marxista que infectó todo el discurso intelectual occidental y elaboró el nuevo discurso multicultural y antiplural, antioccidental que ha vaciado las resistencias del sistema de valores de la sociedad abierta.

Según como lo cuenta el autor del texto, parecería que Marcuse apareció como por arte de magia en EEUU. Calla, sin embargo, el hecho de que Herbert Marcuse fue contratado por la Office of Strategic Services (antecesora de la CIA) para elaborar una serie de informes sociológicos sobre la Alemania nazi. En concreto, desde 1942 a 1944, Franz Neumann, Marcuse y Otto Kirchheimer fueron colocados en puestos universitarios por el General William “Wild Bill” Donovan de la OSS. Y lo hicieron para servir, en teoría, al gobierno estadounidense. Estos informes fueron desclasificados en los años setenta y han sido publicados por un académico italiano, Raffaele Laudani, con el título “Secret reports on nazi Germany”.

En un artículo para The New Statesman publicado en 2013 y firmado por John Bew lo explican mejor. Les contrataron justo cuando ya parecía que iban a ganar los EEUU la Segunda Guerra Mundial, en mayo de 1943. Y su trabajo se supone que debía predecir “posibles patrones de colapsos de Alemania” para planificar mejor la invasión.

¿Entonces nos quiere decir Tertsch que Herbert Marcuse fue un marxista infiltrado en el corazón de EEUU? ¿O que se volvió contra sus amos? Su libro “Eros y civilización” fue financiado por la mismísima Fundación Rockefeller. ¿Es esta fundación una organización marxista, Sr. Tertsch? Porque si es así debería usted explicárnoslo mejor. También la Fundación Rockefeller apoyó económicamente a Marcuse con una beca con la que pudo escribir el libro “El hombre unidimensional” y así aparece en los agradecimientos de la introducción (pg. 10).

La Fundación Rockefeller trajo y seleccionó también a los intelectuales europeos exiliados en la órbita de la Escuela de Frankfurt que huían del nazismo para la New School for Social Research. En el libro de Thomas Wheatland titulado “The Frankfurt School in Exile” se nos proporciona más información sobre la colaboración de Marcuse con el Departamento de Estado de los EEUU, en concreto con la Rama Centro-Europea de la OSS.

¿Por qué no critica Hermann Tertsch al Departamento de Estado de los EEUU o la Fundación Rockefeller por haber metido, en teoría, al enemigo marxista en casa? ¿No se da cuenta de que la estrategia de los enemigos de mis enemigos son mis amigos tiene este tipo de inconvenientes, como que se puede volver contra uno mismo? Bueno, siempre dando por hecho que las consecuencias de este tipo de proyectos no hayan sido planeadas previamente, cosa bastante extraña, porque normalmente las agencias de “inteligencia” suelen trabajar previendo diferentes escenarios posibles y, por tanto, evaluando los riesgos de sus acciones en el medio y largo plazo. O a lo mejor no así y en realidad son agencias de “estupidez”.

En un momento dado, el señor que habían contratado para que les explicara el nazismo y cómo gobernar a los alemanes después de la guerra, empezó a criticar el totalitarismo de la Unión Soviética (hasta aquí todo bien) pero también el de los Estados Unidos. Cuando Truman terminó con la OSS en 1945, nos cuenta Thomas Wheatland, Marcuse se empezó a sentir incómodo trabajando para el Dpto. de Estado durante la Guerra Fría porque aunque no era un simpatizante soviético tampoco era un anticomunista. Sin embargo, se quedó hasta 1951. En mi opinión, no parece que le incomodara tanto el ambiente. Además, después de marcharse fue cuando recibió la beca de la Fundación Rockefeller para estudiar el marxismo en la Unión Soviética.

Pero la verdad es tozuda. Si no hubiese sido por el Departamento de Estado de los EEUU y la Fundación Rockefeller, los que le financiaron y le colocaron de profesor universitario es probable que no habría tenido tanta influencia en la contracultura juvenil ni en mayo del 68. Es decir, se podría decir que algunas derivas de la contracultura son una especie de “daño colateral” de la Guerra Fría en su lucha contra el estalinismo y antes, de la lucha contra el nazismo. Pero, claro, si para luchar contra el totalitarismo hitleriano y estalinista financias a gente que trata de deconstruir tu sociedad, deconstruir la sexualidad y la procreación y deconstruir la misma idea de identidad que tiene cada ciudadano, vamos mal.

Horkheimer, otro miembro de la Escuela de Frankfurt, que también recibió dinero de la Fundación Rockefeller para volver a Alemania en 1948, justo cuando John McCloy era consejero de la Fundación Rockefeller (1946-1949).

Tomado de José Medina Echavarría y la sociología como ciencia social concreta (1939-1980) Escrito por Laura Angélica Moya López

Tomado de Max Horkheimer and the Foundations of the Frankfurt School Escrito por John Abromeit

Pero vayamos a una entrevista del Señor Tertsch en el que afirma lo siguiente al ser preguntado sobre el “marxismo cultural”. La negrita es mía:

El siguiente paso en esta expansión del neomarxismo o marxismo cultural se dio con la aparición de la Escuela de Fráncfort. En los años treinta, numerosos intelectuales marxistas debieron huir de Alemania perseguidos por los nazis, y marcharon a Estados Unidos. En las universidades de este país crearon escuelas y, tras el fin de la II Guerra Mundial, regresaron a Alemania y a Francia, países desde los que impulsan sus estrategias de penetración, en un impulso que acabaría de una forma fallida con el Mayo del 68 parisino. Quizás aquella movilización estudiantil fue el último gran intento revolucionario comunista, pero ya entonces los marxistas habían entendido que su gran estrategia había de asentarse sobre la penetración cultural, y no sobre la revolución y las movilizaciones callejeras.

No son los tanques, son determinadas ideas, y su expansión a todo el espectro cultural de la vida de una sociedad desarrollada, las que han de conseguir la victoria. Por eso los nuevos comunistas van abriendo e implantando sus banderas en diferentes campos de batalla donde van dejando sus semillas, el ecologismo, el animalismo, el feminismo, el pacifismo…

La economía ya no sirve a los nuevos comunistas. La transformación que iba a ser la punta de lanza de la revolución proletaria, de esa revolución igualitaria que se construye sobre la liquidación del individuo, tenía la economía como bandera, pero su fracaso en este ámbito ha sido tan estrepitoso que ya no tienen nada que hacer. Y por ello van extendiéndose a otros campos en los que buscar fácilmente la sentimientalidad, la emoción, el humanitarismo. Y han conseguido una expansión tremenda, por ejemplo, en el capítulo de las oenegés, que en su práctica totalidad son organizaciones que mantienen los mismos criterios (comunistas) y que obedecen a los mismos objetivos (comunistas).

Como vemos, ni una palabra sobre la contratación de Marcuse por el Departamento de Estado en su lucha contra el nazismo. Tampoco explica por qué esos diferentes “campos de batalla” son financiados y subvencionados por determinados estados y fundaciones filantrópicas de grandes empresas. Al menos habla de “Oenegés” pero cuando le pide el entrevistador que lo desarrolle más afirma:

A pesar de que en ocasiones parezca que no hay una organización o unas cabezas pensantes detrás de todo este gran movimiento global del marxismo cultural, uno de los principales polos de difusión ha sido el Foro de Sao Paulo, impulsado por el Partido de los Trabajadores de Brasil y nacido en 1990, tras la caída del Muro de Berlín (1989). El Foro de Sao Paulo ha sido clave en todo esto. Y en el Foro de Sao Paulo, ideológicamente, mandaba Cuba. Y lo sigue haciendo.

Pero, entonces, ¿es Cuba y el Foro de Sao Paulo los que están detrás del feminismo hipersubencionado actual, por ejemplo? ¿Qué pruebas ofrece? Ninguna. ¿Viene acaso de Cuba o de Brasil el denominado “lenguaje no sexista” o las cuotas de sexo? Pues no. Las dos autoras que crearon la primera guía de lenguaje no sexista, en la que se cuestiona el uso genérico del masculino en el mundo anglosajón eran estadounidenses, una de ellas trabajó en criptología en el ejército durante la Segunda Guerra Mundial y su trabajo fue publicitado por Gloria Steinem (colaboradora de la CIA) en un periódico de otro compañero que también había colaborado con la CIA. Ver más información sobre este asunto en mi artículo “La lengua materna vx. lenguaje no sexista”. ¿Eran marxistas culturales estas autoras?

Hermann Tertsch, sin embargo, sí ha escrito sobre Soros pero aunque no lo relaciona directamente con el “marxismo cultural” sí lo relaciona con la izquierda y la socialdemocracia.

Y aquí (ABC): Lo que no acepta Orban que representa a los húngaros como nadie representa a su país hoy en el Consejo Europeo, es que les impongan desde Bruselas, Berlín y París o desde las ONG financiadas por George Soros la política socialdemócrata con leyes feministas y de LGTB que rechaza masivamente.

La realidad es que el sistema de discriminación positiva artificial de cuotas fue implementado en EEUU en los años sesenta y fue defendido por el republicano McGeorge Bundy. Los estudios de género también fueron financiados con subvenciones de la Fundación Ford, cuando esta institución era dirigida por McGeorge Bundy.

Tan cierto es todo esto como que la becaria Fullbright y principal exponente de la pseudoteoría queer Beatriz Preciado no tiene problemas en aceptar subvenciones del Banco Santander  para criticar el “neoliberalismo”? O que Judith Butler presume en su curriculum de haber recibido becas de las fundaciones Guggenheim, Rockefeller, Ford y American Council of Learned Societies. Todo ello mientras su fan podemita Clara Serra dice que es una mujer “radicalmente subversiva”.

¿Es el Banco Santander un banco “marxista cultural” cuando financia charlas ecosexuales como las de Annie Sprinkle y Beth Stephens? ¿Es este banco “marxista cultural” cuando subvenciona talleres queer para alumnos de secundaria en museos? ¿Es “marxista cultural” cuando financia a la izquierda municipalista madrileña del “Observatorio metropolitano” para que organice sus jornadas y cursos en el Museo Reina Sofía en el año 2012? ¿Podría calificarse al MNCARSS como una institución “marxista cultural” cuando tiene semejantes patronos corporativos?

En fin. Todas estas preguntas sobre el marxismo cultural o, mejor dicho, rockefellerismo cultural, fordismo cultural y sorosianismo cultural por ahora quedarán en el aire. Lo que sí parece cada vez más obvio es que el poder monopolístico capitalista financia a la izquierda, a sus intelectuales y marca las líneas ideológicas hasta que el estado (es decir, los contribuyentes) puede sostener las redes clientelares por sí mismo a través de subvenciones públicas.

Mi intuición me dice que todos estos izquierdistas en realidad le están haciendo el trabajo sucio cultural al gran capital. Bonita contradicción. Así que derechistas y conservadores, dejen de marear la perdiz y comiencen a preguntarse por qué está sucediendo esto y por qué gente en teoría muy conservadora aprueba subvenciones a gente en teoría muy progre y subversiva. Izquierdistas, comiencen a hacer preguntas incómodas sobre la financiación de sus subvencionadas organizaciones. Quien paga, manda.. ¿Se están aplicando técnicas aprendidas de la Escuela de Frankfurt para el proceso de desnazificación en la época actual? ¿Puede que al cargarse a la “personalidad autoritaria” desaparezca el nazi pero también el anarquista clásico o el católico o el tradicionalista o cualquier persona que tenga valores firmes e inquebrantables? ¿Por eso se llama “facha” a todo lo que no guste al pensamiento progre? ¿Es el uso del masculino genérico del castellano “fascista” como algunos locos nos quieren hacer creer? ¿Comer carne es “fascista” (bien podrían decir “autoritario”) como esos seres que hablan de “gallines” nos quieren hacer creer? Han hecho falta décadas de ingeniería social para semejante destrucción del sujeto. Recuerdo que en otros tiempos había cenetistas toreros o que los anarquistas de la CNT perfectamente podían haber abandonado a España a su suerte y haber hecho la revolución en Cataluña y ganado la guerra civil solamente en esa zona, independizándose. Sin embargo, no lo hicieron por lealtad. Hoy, defender la unidad de España o que te gusten los toros es de “fachas”.

Yo no sé qué pensaría si fuera la persona más poderosa del monopolio capitalista, otorgando millones en subvenciones y dirigiendo las corrientes ideológicas. Las elites deben saber que ellas mismas serán arrastradas por esta hecatombe en un clásico efecto boomerang, nadie va a quedar inmune si esto sigue así. Hasta la dominación debe tener ética y límites, no vale todo. Vamos hacia una sociedad que no va a ser funcional, no es que vaya a ser buena o mala, es que no va a ser posible la convivencia porque hasta los fundamentos mismos del lenguaje, conectado de forma directa con el cerebro, van a ser deconstruidos de forma artificial y arbitraria, lo que nos puede llevar a un retroceso en la historia de la humanidad de millones de años. ¿Hablaremos con gruñidos, finalmente? ¿O dejaremos de hablar y de pensar? Ay, este rockefellerismo cultural que termina devorando a sus propios hijos en la lucha de trincheras, como el feminismo de Lidia Falcón acusado de transfobia por determinadas asociaciones LGBT. ¿O es que acaso la izquierda no se da cuenta que el grito de “abajo las fronteras” es incompatible desde un punto de vista estríctamente lógico con el sistema de sanidad pública que dice defender a la vez? Si yo quisiera cargarme la sanidad pública y las pensiones dedicaría millones a las redes clientelares del rockefellerismo/sorosianismo cultural porque aunque de boca defienden una cosa, de facto favorecen lo contrario. ¡Y además sin darse cuenta!

Creo que solamente nos queda rezar.

 

Relacionado:

– Carta de Leo Lowenthal a Horkheimer en la que se habla de la Fundación Rockefeller y de John Marshall, su director de Ciencias Sociales durante los años 40 del siglo XX.

– “The Essential Value of Radio to All Types of Listeners”, proyecto dirigido por Paul Lazarsfeld financiado por la Fundación Rockefeller en el que colaboró Adorno y con el que fue muy crítico. “l problema que surgió entre ambos fue cómo medir socialmente la cultura. Aquí se enfrentaron dos puntos de vista diferentes: Adorno entendía la palabra método más en el sentido epistemológico europeo que en el sentido técnico americano. Este enfoque crítico enfrentó a Adorno con todo el equipo de investigación y tuvo que dimitir. Pero su crítica no era una crítica sólo teórica sino metodológica, referida a la sociedad y a la forma de hacer sociología en la universidad americana”, tomado de Teoría y empiría en el análisis sociológico.

– Marcuse y la desnazificación: “Dada la delicada situación económica del Institut, luego de la publicación deesta obra Marcuse acepta un empleo en la sección política de la Office of Strategic Services(OSS) del servicio de inteligencia de EEUU. Otros miembros, como Adorno, deciden centralizar sus esfuerzos en la elaboración de estudios desde el campo de la sociología empírica. Marcuse colabora en un programa de desnazificación de la OSS encargándose de “(…) la identificación de grupos en Alemania con los que después de la guerra se pudiera colaborar para la reconstrucción; y en la identificación de grupos a los que debiera pedirse responsabilidades como nazis”49. Coincidiendo con la misión desempeñada en el seno de la OSS entre 1942 y 1950, Marcuse retorna a Alemania en diversas ocasiones. A principios de 1947 se reúne con Heidegger en la residencia de éste en Todtnauberg, una pequeña localidad situada en la Selva Negra. Por lo que se deduce de la conversación postal que mantuvieron meses más tarde, Marcuse fue a su encuentro con el propósito de obtener aclaraciones de primera mano sobre los motivos que habían llevado a Heidegger a identificarse con el régimen nacionalsocialista durante 1933″. http://revistadefilosofia.com/49-10.pdf

– Nota al pie interesante sobre Marcuse en la edición de su libro “Tecnología, guerra y fascismo”.

– Sobre el proceso de desnazificación de Alemania: http://ghdi.ghi-dc.org/sub_document.cfm?document_id=2308 

– También interesante este libro sobre John J McCloy de Kai Bird: “The chancelor steadfastly ignored his arguments that more attention should be paid to cliansing the German civil service of its “authoritarian, Bismarckian” influences”. ¿Se sirvió McCloy del concepto de “personalidad autoritaria” de Adorno de la Escuela de Frankfurt?

– Artículo del año 2011 de Luis M. Linde sobre lo políticamente correcto: https://www.revistadelibros.com/articulos/lo-politicamente-correcto-empezo-en-franfort-y-hoy-se-puede-aplicar-a-todo