Experiencias de Higiene Natural del Bebé con un niño de un año.

Hace tres semanas que mi hijo cumplió un año y no he encontrado el momento de escribir esto. ¡No paramos! Félix sigue gateando pero ya se pone de pie y se mantiene así bastante tiempo hasta que se cansa y se deja caer. También va diciendo más palabras o repitiendo la última que acabo de decir yo. Por ejemplo, si digo: “¡Vamos a la calle!”, a él le entiendo repetir “calle”, a su manera. Otras palabras que dice son “parque”, “teta” o “pelota”. Por supuesto, muchas de esas palabras sólo las entiendo yo, porque son balbuceos, pero me quedo alucinada y feliz de poder tener conversaciones con él.

¡Ah! También repite “caca” cuando le pregunto si quiere hacer, pero todavía estamos muy lejos de que lo pida con palabras. Normalmente lo expresa con irritabilidad que no se calma con nada, y yo muchas veces pienso que quiere comer o dormirse hasta que caigo y digo, “vamos a dejar de comer para ver si quieres hacer caca”. Y si era eso, lo hace y después come más tranquilo.

En cuanto a horarios va cambiando según las semanas o las rachas. Ha habido épocas en las que aprovechaba para hacer caca cuando le ponía a hacer pis después de la teta del desayuno. Últimamente, sin embargo, lo hace después de cenar o durante la cena, de ahí mi confusión con el hambre o el cansancio.

Es fácil saber cuándo lo necesita en función de la hora a la que lo hizo el día anterior. En cualquier caso, si no tiene ganas protesta y le quitamos. También ha habido algún día que no ha querido hacer nada y al día siguiente lo ha hecho dos veces. La verdad es que no ha tenido hasta ahora problemas de estreñimiento porque pide agua y teta cuando quiere líquidos y hace caca cuando lo necesita en una posición cómoda. ¡Un beneficio más de no hacerlo en el pañal!

Hablando de pañales, este mes también ha habido un día que se lo ha hecho encima y fue porque yo estaba enferma y no le puse a la hora que lo solía hacer. En esos días creo recordar que le entraban las ganas después de comer, sobre las 15h, y aunque él estaba irritable y tirando las cosas de la trona y aplastando la comida como loco, yo estaba a otra cosa, débil y distraida… Lo limpiamos facilmente pero me alegré de no tener que hacer esto todos los días. Ya no concibo el uso de pañales de tela sino es poniéndole en el orinal.

Por las noches seguimos poniéndole según nuestro nivel de cansancio y él sigue mamando un montón, con lo cual las noches secas todavía brillan por su ausencia…

En Madrid, después de muchas lluvias, ha comenzado el calorcito lo que significa que llega la etapa dorada del porteo, sin abrigos ni múltiples capas, pero también la época ideal para volver a poner a hacer pis a Félix en los arbolitos que tengamos cerca cuando lo necesite. ¡Qué comodidad no tener que entrar en bares o dejarle mojado!

Como todos los meses, ha habido altibajos en el número de pañales húmedos y el número de veces que el pis va al w.c. o a la palangana. No sé por qué pero hay días en los que nos sincronizamos los ritmos y no mojamos casi ningún pañal y otros, sin embargo, mojamos un montón, tanto de día como de noche. Siempre parece más fácil fuera de casa porque aquí yo siempre tengo que hacer cosas y me olvido o no puedo ponerle. Muchos días parece que un pis va al pañal y el siguiente al orinal, el siguiente al pañal y así sucesivamente…

Aunque no me gusta compararme con otras familias, leo en otras webs en inglés que parece que hay otras personas que se apañan mejor que yo en este tema. Como en todos los aspectos de la crianza es mejor guiarse por el niño y seguir sus ritmos. Sé que esto de los ritmos es entendido de forma muy diferente por los métodos para dejar el pañal que se guían por el “quítale el pañal cuando esté preparado”. Yo entiendo este concepto de forma muy diferente: los niños no necesitan pañales y están preparados para no llevarlos desde el minuto cero, como el resto de mamíferos. Los que los necesitamos somos los padres, que no queremos tener que lavar tanta ropa. Los niños son conscientes de que van a evacuar desde pequeños y tienen una mezcla de instinto y voluntad de evacuar cuando les desnudamos, les ponemos en posición y nos comunicamos con ellos.

Siempre lo digo pero lo vuelvo a repetir: en los lugares en los que se pone a hacer pis y caca a los bebés desde muy pequeños hay muchos familiares ayudando, desde abuelos a hermanos mayores. La crianza de madres solitarias que conocemos aquí creo que es una rareza histórica y cultural. Ya sé que todo tiene sus pros y sus contras pero a mí no me parece nada positiva, ni para la madre ni para el bebé. Una cosa es estar vinculados, unidos y seguros, y otra es estar SOLOS casi todo el día el uno con el otro, sin familiares ni amigos cerca.

Es cierto que soy una persona muy independiente y que me gustan muchos aspectos de la soledad bien entendida, pero también es cierto que mil veces al día me encantaría poder tener familiares o amigos en casa para que jugaran y cuidaran a Félix mientras yo hago otra cosa. Incluso aunque tengamos pareja, si esta trabaja y tiene horarios interminables (o a mi me lo parecen), podemos llegar a sentirnos madres solteras, ya que la mayor parte del día el cuidado recae sobre nosotras. ¡Hay que tejer redes de apoyo mutuo de padres y madres! En esas estamos, ¿verdad? Yo intento día a día salir y juntarme con otras mamás, otros bebés, otros papás. ¡Cualquier excusa es buena!

Me gustaría, si tengo tiempo durante este mes, hacer un video o escribir una especie de “un día entero practicando HNB” para poner ejemplos prácticos de situaciones cotidianas. Os animo a probarlo con vuestro bebé si todavía no ha cumplido los 5-6 meses, ya que después se suelen acostumbrar al pañal y es bastante más complicado. Quizás ya no os dé tiempo a probarlo con vuestro primer hijo pero sí con los siguientes.

Los balbuceos, la comunicación sin palabras, las miradas, los gestos, el cuerpo… Ver cómo dos seres humanos podemos entendernos, aunque sea en pequeños hábitos cotidianos como comer, dormir o evacuar, forma parte de esas pequeñas grandes cosas de la crianza que nos hacen sentir que somos testigos de algo importante, algo que quizás no saldrá reflejado ni en los periódicos ni en los libros de historia pero que forja día a día una relación de amor y respeto entre nosotros. Muchos padres esperamos que perdure y se extienda fuera de la familia. Quizás sea pedir demasiado, quizás sea suficiente haberlo vivido e intentar seguir el camino con coherencia en nuestros principios.

Bueno, y con estas reflexiones me despido… Un abrazo.

Experiencias de Higiene Natural del Bebé con un niño de 11 meses.

Este mes ha sido el del descontrol. Han pasado algunas cosas desagradables en nuestro entorno más cercano relacionadas con la salud que han provocado situaciones de mucho estrés. Además, ha coincidido con que me entró la vena de apuntarme a varios cursos de formación y Félix y yo hemos estado separados más tiempo del habitual. Aunque sé que está contento, bien cuidado y pasándolo en grande en casa de los abuelos, le he echado mucho de menos.

A pesar de haber sido un mes de muchos cambios siempre le he visto alegre y divertido, disfrutando de sus nuevos logros: gatear, pedir claramente “agua” y “pan” y señalar las cosas. ¿Puede haber algo más emocionante? ¡No! Está descubriendo el mundo y sus posibilidades. A mi desde luego, me parece increible.

La abuela de Félix antes le ponía de vez en cuando a hacer pis sujetándole sobre la taza del w.c. pero ahora pesa mucho y usa un orinal que hemos dejado allí. ¡Da gusto cuando la familia te apoya en estas cosas! Al principio hubo bastante broma y mofa con el tema pero ahora han visto que nos va bien y nos gusta hacerlo así, y no sólo lo respetan sino que participan. No es raro estar en su casa y que Félix se queje y se pregunten: “¿Querrá hacer pis?”. En su casa muchas veces va con pañales de tela y vuelve con desechables. Hace unos meses era bastante más radical con el tema y prefería no usarlos. Ahora si se los pone, no me importa, si los moja los tiro y vuelvo a los de tela después.

De hecho, nosotros también hemos vuelto a utilizar pañales de usar y tirar durante dos días que Félix tuvo una especie de diarrea o de vuelta a las cacas líquidas.  Nunca sabremos si fue eso, quizás debido a gatear y tocar cosas del suelo, o si fue simplemente que volvió a mamar muchísimo y a comer pocos sólidos. ¿Sería que me veía poco y quería aferrarse a la teta al máximo tiempo posible? Tengo esa sensación, porque a los pocos días volvió todo a la normalidad, a comer normal y a las cacas sólidas. En esta fase “líquida” ha sido imposible ponerle en el orinal ya que no señalaba de ninguna forma, sólo lloraba una vez que se lo hacía encima para que le cambiáramos rápido. Se le escapaba y a él no le hacía ninguna gracia.

Una cosa curiosa que nos ha pasado este último mes ha sido que varias veces le he ido a poner a hacer pis porque creía que me estaba señalando o tenía ganas y me he encontrado un pequeño círculo mojado en el pañal. Una vez que le he puesto, ha hecho el resto. ¿Será que está intentando aguantar un poco? Si lo está haciendo, es gracias a su propio ritmo, ya que nosotros nunca le hemos pedido que lo hiciera o le hemos presionado de ningún modo.

Este mes ha habido días, como siempre, de mojar muchos pañales (bastantes más que el mes pasado) y otros de seguir con el mismo seco, a modo de calzoncillo, durante varias horas. Quizás me he dejado un poco, pero a veces las circunstancias de la vida no nos permiten más. Me consuela saber que sigue sabiendo para qué es un orinal aunque no le haya ofrecido las oportunidades habituales de hacer pis en un recipiente. Si no le pongo y tiene ganas, se lo hace encima y protesta para que le cambie de ropa (si no lleva pañal). En realidad, me da igual lavar un pantalón que un pañal de tela.

Por las noches: Este mes hemos estado agotados así que algunas noches no le hemos puesto, ni el padre ni yo, y sólo le hemos cambiado el pañal cuando se despertaba para mamar y veíamos que estaba mojado. Por cierto, ha sido un mes en el que ha vuelto a mamar un montón por la noche y, por consiguiente, a hacer más pis después.

Una noche hicimos el experimento de dejarle sin pañal, ya que es verdad que si notamos cuando lo va a hacer nos ahorramos el cambio de pañal y conseguimos que duerma mejor. Además, muchas veces notamos que le desvela que le pongamos un pañal limpio y se despierta demasiado. El experimento nos salió mal porque estábamos tan cansados que no nos despertamos a tiempo, antes de que hiciera pis, con lo cual tuvimos que cambiarle el body y el pijama, con los consiguientes llantos y peleas en mitad de la noche… Creo que lo volveremos a intentar cuando llegue el calor y pueda dormir con una camiseta y ya está. Pondremos dos sábanas bajeras y si se moja la de arriba, la quitaremos y seguiremos la noche con la de abajo.

Fuera de casa: Cuando salimos de casa, no sé por qué será, pero todo resulta más fácil. No sé si será porque al estar en posición vertical en el meitai o en el carrito, hace pis con menos frecuencia, o que nosotros estamos más pendientes. Todavía nos miran un poco extrañados cuando nos ven entrar en los servicios…

Dicen que en el desarrollo de los bebés siempre se sigue la fórmula de dos pasos hacia delante y uno para atrás. Supongo que en ese esquema, el “mes del descontrol” pertenecería al paso para atrás sino fuera porque el paso no ha sido del niño sino de los padres, que hemos tenido otras prioridades, o preocupaciones, más bien. ¡A ver qué nos espera el próximo mes!

Hoy íbamos a dar una charla en El Jardín de Momo pero al final sólo ha acudido una pareja de “embarazados” encantadores y se ha convertido más bien en un taller-conversación. A pesar de que es un tema que todavía no despierta casi interés nos ha gustado poder contribuir a su difusión, por pequeña que sea. Quien sabe si algún día, quizás no dentro de mucho, podamos reunirnos varias familias para poner en común nuestros conocimientos, como hacen los grupos de lactancia y crianza, y como ya lo hacen los grupos locales de la asociación Diaperfree.org.

Libros sobre “Bebés sin pañales” #3: Laurie Boucke.

Hoy quiero hablar sobre el libro más completo a nivel antropológico y documental sobre lo lo que la autora llama en inglés “Infant Potty Training” o lo que en castellano ha sido traducido en alguna ocasión como “Control temprano de esfínteres”. Lo cierto es que tras un título algo feo y desafortunado, en mi humilde opinión, se esconde información muy valiosa y trascendental.  Además, parece que se encuentra en proceso de traducción al castellano y se publicará muy pronto en nuestro país. ¡Espero poder ofrecéroslo pronto en lacasitadealgodonales.com!

La autora descubrió que podía responder a las necesidades de evacuación de su bebé después de que una amiga hindú le explicara cómo lo hacen en su país, donde no usan pañales. Pero no sólo se lo explicó sino que se lo mostró en vivo y en directo con el hijo de Laurie: la amiga captó cuándo el bebé necesitaba hacer pis, el bebé entendió a su amiga y, como tenía ganas, lo hizo encima de un recipiente.

El libro explica cómo funciona esta práctica, qué tipo de señales hacen los bebés antes de orinar y defecar, cómo ententer los horarios y patrones y cómo crear asociaciones entre el hecho de evacuar con una onomatopeya, una postura fisiológica o un signo. Como ya expliqué en la reseña del libro de Ingrid Bauer, en la obra de Laurie Boucke se habla de conductismo sin rodeos pero también se deja claro que quedarse ahí es simplificar demasiado, ya que de serlo, yo todavía sigo reflexionando sobre ello, se trata de un condicionamiento mutuo de la diada madre-bebé o, para ser más exactos, adulto-bebé. Además, sería un conductismo comunicativo y no coercitivo, como una conversación o una posibilidad, nunca como una imposición. ¿Diríamos que cantar una nana para dormir a un niño es conductismo? Pues eso. Mirar esta práctica desde los ojos de Pavlov es ponerse unas gafas etnocentristas que explican pero a la vez distorsionan.

Realmente, la parte que más me ha gustado, además del bloque de diferentes experiencias de familias occidentales, es la parte antropológica, donde va país por país, explicando cómo se practica. ¿Y adivináis qué es lo más sorprendente? Que algo tan similar se lleve a cabo desde Uganda hasta Vietnam pasando por el Polo Norte. Es verdad que las señales del bebé son muy parecidas en todo el mundo pero las posturas y las onomatopeyas cambian con las culturas, quizás en algún lugar se anime al bebé a hacer pis con un “sssss” y en otra con un “shu, shu”. Lo que suele ser común en todas las culturas es no dar ninguna importancia a lo que en Occidente llamaríamos “accidentes”, simplemente se limpia con normalidad, incluso con humor. Por supuesto, también existen culturas muchísimo más restrictivas y autoritarias, aunque parecen las menos, ya que sólo he visto un ejemplo en el que se utilizara la violencia para aprender el control de esfínteres: el pueblo Tanala de Madagascar y el estudio es de los años veinte del siglo pasado.

Por supuesto, no en todo el mundo “sin pañal” se relacionan con las evacuaciones del bebé de la misma forma. De hecho, la autora divide a todas las sociedades en tres tipos: las que simplemente apartan al niño del cuerpo del adulto cuando comienza a evacuar para no mancharse (en el libro se recogen muchos ejemplos de este tipo, sobre todo de tribus y culturas tradicionales americanas), las que activamente le ponen en el lugar que elijen cuando saben que lo necesita o está a punto de hacerlo y, una tercera posibilidad, que sería una mezcla de las dos según el niño se va haciendo mayor.

Además de la parte antropológica que me apasiona, el libro aporta una dimensión histórica dentro de la propia cultura occidental, con información sobre los métodos crueles y centrados en los esquemas estrictos del adulto, que obligaban a los niños a evacuar cuando “había que hacerlo”.  Al parecer, en el siglo XIX, en determinados ambientes, se realizaban prácticas muy agresivas con los niños, como dejarles en el orinal durante mucho tiempo hasta que hicieran caca, o usar enemas y otras salvajadas para que lo hicieran cuando el padre quería.

Aunque el libro no dice nada de esto y son reflexiones de mi cosecha, entiendo que ese tipo de aproximaciones agresivas son fruto de la influencia de la industrialización y sus horarios rígidos, jerarquías y autoritarismo. Algo parecido (aunque no exactamente igual) a los horarios impuestos a la lactancia y que tan desastrosos efectos han tenido sobre la experiencia de mamás y bebés. Supongo que la cultura industrial siempre ha tendido a la deshumanización o a la robotización del ser humano.

La dimensión histórica del libro deja claro que lo que se hace en otras culturas no tiene nada que ver con lo que se hacía en Occidente hace un siglo. Se trata de adaptarse y conocer las señales y horarios del niño (sobre todo en referencia a su alimentación y el sueño), no de imponerle los nuestros.

Lamentablemente, se asoció la edad temprana de los bebés con esas prácticas agresivas y los pediatras que en los años 50 liberaron a los niños de estos métodos metieron todo en el mismo saco. Ese fue el origen de la aproximación actual occidental al aprendizaje en el uso del orinal: no empezar nunca antes de los 18 meses y esperar a que el niño esté “preparado”, ya que se supone que antes de esa edad el niño no tiene ningún tipo de control. Como sabemos, esto contradice la experiencia de millones de bebés y familias de todo el globo. De todos modos, una cosa es el “control total independiente” tan ansiado y cotizado en occidente y otra bien diferente es ayudar en el momento presente a tu bebé a evacuar en un lugar más limpio y cómodo que un pañal (ya sea separándolo de tu cuerpo o sugiriéndole que lo haga en un orinal o taza del w.c.).

Por este motivo, creo que el título puede llevar a ciertos equívocos, ya que en realidad no es un método para dejar el pañal, aunque poco a poco los necesites cada vez menos. De hecho, con los recién nacidos o los bebés de pocos meses simplemente se recoge la orina en un recipiente en lugar de en un pañal. Después, el bebé aprende a relajarse cuando le pones (no a aguantar, porque todavía su cuerpo no se lo permite). Y posteriormente, como ve que respondes a sus señales, avisa de forma más activa y clara, y sabe para qué son sus músculos. Después, aprende a ir al baño cuando tiene ganas, pero cada niño a su tiempo.

Os recomiendo que si estáis “embarazados” o tenéis un bebé de pocos meses deis alguna que otra oportunidad a esta práctica ancestral, adaptándola a vuestra forma de vida, sin agobios y poniéndo el acento en la conexión con el bebé.

Para leer la reseña sobre el libro de Ingrid Bauer y Christine Gross-Loh haz click en sus nombres.

Experiencias de Higiene Natural del Bebé con un niño de 10 meses.

Me he decidido a escribir hoy la crónica mensual sobre nuestra experiencia porque ayer ocurrió algo bastante inusual. Yo debía de estar distraída porque no me enteré de nada y Félix hizo un poco de caca en el pañal. Al ver que era solo una bolita, le puse en el w.c. y allí hizo más hasta que se quedó a gusto. Después, él siguió jugando y yo seguí cocinando sin mayor historia.

Lo cierto es que es poco habitual, ya que aunque ahora habían cambiado un poco sus horarios, siempre me daba cuenta de cuándo lo iba a hacer por sus señales, como soltar y coger el pezón en la parte final de la toma. Creo que hacía por lo menos 5 meses desde que pasó algo parecido, porque me acuerdo que era en la época en la que estábamos con lactancia exclusiva y las cacas eran todavía líquidas. En realidad todo esto es tan sólo una anécdota para ilustrar lo fácil que puede ser conocer a tu hijo en este aspecto y lo poco que se sabe de esto en nuestra cultura. Por lo menos con las cacas, los pises es otra historia…

Aunque no gatea del todo, sí se desplaza por la habitación dando pasos hacia adelante, reculando y volviéndose a sentar. Está muchísimo más activo que hace un mes y no para quieto ni para que le vista (¡odia ponerse camisetas!), ni para ponerle un pañal, ni casi para mamar. En seguida quiere incorporarse y descubrir qué hay por la habitación. Por supuesto, ir a hacer pis también es un número porque agarra la tapa del w.c. o se pone a dar golpes contra la calefacción que tenemos al lado de la palangana, o abre el grifo y lo cierra si le estoy lavando en el bidé… ¡Pura diversión!

Está claro que quiere tener algo con que entretenerse en las manos y jugar todo el tiempo. Por eso, intento tener un “orinal” o algún tipo de recipiente en todas las habitaciones de la casa para no tener que desplazarnos y así poder seguir jugando con lo que estuviera en ese momento.

También he visto que ya tiene 10 meses y si le pongo con la misma frecuencia que cuando tenía 8 o 9 o se queja o no hace nada o juega con lo que sea, pero siempre indicándome que no tiene ganas. Creo que lo que está expresando es que ya ha crecido un poco, que su vejiga también y que confíe en sus nuevas señales, mucho más explícitas, y me guíe menos por horarios. Ahora sólo le ofrezco oportunidades de hacer pis cuando realmente estoy segura de que tiene ganas o porque me grita o llama mientras está jugando. Desde luego, prefiero que moje pañales a que pueda sentirse presionado de alguna manera o piense que su madre es una loca obsesionada con ponerle a hacer pis, jeje.

He visto un gran cambio en nuestra comunicación, en este sentido, ya que antes sólo reconocía las señales de antes de hacer caca y las de pis sólo por la noche. Incluso el otro día paró de jugar en el suelo, me miró con mirada suplicando y gritó “Mamaaaaaaaaaa”. Una de dos, o bien quería bracitos o tenía ganas de hacer pis, así que le ofrecí lo segundo y orinó. Supongo que ha sido una mezcla de casualidad e intuición. Algo parecido nos pasó con la palabra “Agua”. Lo dijo claramente y miró el vaso, aunque nunca sabremos si solo fue el azar. Nosotros, por si acaso, le dimos agua y bebió un montón. Tengo la sensación de que sí sabía lo que quería. Creo que si tiene alguna utilidad asociar la micción con el sonido “psssssshhhh” es esa, que luego ellos puedan comunicarse con nosotros haciendo esa onomatopeya para avisarnos de que quieren ir al baño. Si respondemos a sus intentos de comunicación los niños ganan confianza y comunican todavía más. Si no les hacemos caso, dejan de señalar.

Mojamos bastantes menos pañales (2-4 al día) y lo noto porque antes a veces tenía días de ir un poco apuradilla con que se lavaran y se secaran a tiempo cerca de la calefacción. ¡Y eso que tengo pañales como para unos 20 cambios! Ahora veo que me sobran un montón limpios en el cajón. Como mi objetivo al hacer esto no es que sea totalmente independiente para ir al baño sino que aprendamos a comunicarnos y pueda avisarme para que yo le ayude el tiempo que haga falta, me llena de satisfacción saber que no ponemos tanta lavadora, con el consiguiente ahorro energético y de recursos naturales.

Últimamente, los pañales o pantalones (si le tengo sin pañal) se mojan porque estoy haciendo algo importante y no le puedo poner en ese momento, aunque sepa que lo va a hacer. Si viviera con una familia extensa, y no pasara el día sola con él, otra persona en ese momento se hubiera ocupado de ponerle, como suele ser habitual en China o India, donde los abuelos juegan un papel muy importante. Es lo que tiene adaptar esta práctica ancestral al mundo urbanita occidental del siglo XXI, donde las madres muchas veces criamos solas entre cuatro paredes. Bueno, hasta que llegan los papás por la tarde…

También, al pasar los meses, noto que me voy relajando mucho con la crianza en general y mis expectativas auto-impuestas. ¡Y la verdad es que disfruto mucho! Por supuesto, siempre hay alguna “noche loca”, como digo yo, pero esos momentos de desesperación pasan y el día siguiente suele ser bueno. Lo importante creo que es saber parar y pedir ayuda cuando nos vemos sobrepasados, en cualquier circunstancia de la vida.

Sigo utilizando pañales cuando salimos, a veces con cobertor impermeable y otras sin, para que vaya más cómodo y su piel transpire mejor. Me llevo siempre un pantalón y un body en el bolso por si se mojaran. Y es que, realmente, ¿hay mucha diferencia entre lavar un pañal de tela y un pantaloncito? Yo creo que no.

Por las noches seguimos igual, se medio despierta (se agita pero con los ojos cerrados) varias veces cuando le entran ganas de hacer pis y se vuelve a dormir. Cuando necesita mamar también lo indica quejándose hasta que le doy la teta. El papá antes se ocupaba del bebé por la noche pero por motivos familiares tiene que madrugar más durante este mes y me estoy ocupando yo. La verdad es que es cansado pero lo es todavía más si no le ponemos a hacer pis porque entonces se despierta del todo al sentirse mojado y, aunque nos avise para que le cambiemos el pañal, le cuesta volver a dormirse.

En facebook escribí hace unos días: “Después de habernos independizado de los pañales desechables, de las toallitas de supermercado (sustituidas por papel o agua en el bidé + aceite de almendras ) y estar en proceso de usar cada vez menos pañales de tela, ahora toca… ¡Liberarnos de los productos de limpieza industriales! Por fin me he lanzado a probar el agua con vinagre para fregar y parece que la cosa marcha. Cuantas menos necesidades creadas, más libertad”. Y es que, descubrir que adultos y bebés podemos cooperar para estar limpios sin depender de grandes multinacionales me parece todo un logro, mucho más que aprender o no a ir al baño solo en una determinada edad.

Muchas veces pienso que si el mundo industrial cayera de un día para otro no sabríamos sobrevivir de lo dependientes que nos hemos convertido en artículos de consumo de todo tipo. Creo que el renacimiento que están teniendo prácticas como hacer punto, coser, cocinar y todo el movimiento “hazlo tu mismo” caminan en ese sentido: recuperar nuestra esencia y la creatividad que un día este sistema nos robó. Y con ella, recuperar lo que nos quede humano y no el engendro pasivo, dependiente, consumista, ignorante, superficial y aburrido en el nos quieren convertir vía colegios, trabajo asalariado, publicidad, caja tonta, supermercados, premios y castigos, ejércitos, cárceles… No sabemos cultivar, no sabemos cómo se hacen las cosas que usamos, no sabemos cocinar, no sabemos hacer nuestra ropa. Y por otro lado, “necesitamos” un móvil, una tele, un coche para ver a nuestros familiares que viven en la otra punta de la ciudad y un avión para visitar a los que viven en la otra punta del continente.

Con todo esto no quiero decir que nosotros mismos no seamos responsables de la situación actual y seamos meros agentes pasivos en manos del poder. Creo que nos hemos vuelto muy vagos (yo la primera) y en nombre de una falsa comodidad hemos caído en demasiadas trampas. Recuperar la independencia y los saberes tradicionales que sí nos interese recuperar (sólo los positivos y respetuosos), como el de los bebés sin pañales, es parte de ese camino hacia la libertad.

 

NOTA: Se recomienda empezar a practicar la Higiene Natural del Bebé antes de los 6 meses porque después les hemos acostumbrado a hacer sus necesidades en los pañales y no les gusta hacerlo en ningún otro sitio. Nosotros comenzamos cuando Félix tenía 7-8 semanas. En algunas culturas empiezan al año y también les va bien. Si tu hijo es mayor de año y medio, se recomienda olvidarse de la Higiene Natural del Bebé (aunque puede haber aspectos adaptables) y enseñar a tu bebé de la forma habitual en nuestra cultura, con el método respetuoso y no coercitivo que elijas.

Puedes seguir nuestra aventura en el siguiente mes (11 meses): http://www.lacasitadealgodonales.com/blog/?p=506

Libros sobre “Bebés sin pañales” #2: Ingrid Bauer

Acabo de terminar el libro de Ingrid Bauer en su traducción francesa, “Sans couches, c’est la liberté” (“Sin pañales, es la libertad”) y me gustaría contaros las reflexiones que me ha evocado.

El enfoque de la autora es bastante diferente al de Laurie Boucke o Christine Gross-Loh. Es un enfoque claramente dentro del paradigma de una crianza cercana (pone mucho enfásis en el disfrute y la importancia del piel con piel con los hijos recién nacidos), comunicativa y respetuosa.

He de reconocer que sus primeras páginas me provocaron algo de rechazo. Pensé que estaba idealizando su forma de criar y que podría parecer que tener un niño sin pañales es posible sin mojar ni una vez un pantalón o el suelo. Quizás fuera un prejuicio pero me daba la sensación de que quería mostrar al mundo que había alcanzado algún tipo de nirvana de la maternidad que le permitía entender a su bebé a la perfeción y en todo momento.

Pero menos mal que no dejé de leer, porque según iban avanzando páginas pude ver que sí, que era humana como el resto de los mortales, que utilizó pañales los primeros meses (aunque de forma no convencional) y que también mojó otras cosas que no fueran pañales. Bien, podíamos empezar a entendernos. Digo esto porque muchas veces, las mamás que praticamos la higiene natural del bebé nos “flipamos” y en un día de sincronización total escribimos algo que al día siguiente se derrumba. Hablo por mi misma y por otras experiencias que he encontrado en la red, en las que se dicen frases como “no volvió a mojar un pañal” después de un par de días, o cuenta los pocos pañales mojados que tiene cada día.

Por eso, me gusta que la autora ponga el énfasis en la comunicación y no en alcanzar la perfección, el control o la competitividad (aunque sea con una misma). Yo aún iría más allá. En las culturas en las que se practica algo parecido a la HNB no creo que el énfasis sea puesto ni siquiera en la comunicación o empatía con los bebés, sino por un mero sentido práctico de la vida. Es un poco como lo que ocurre con el porteo en las sociedades tradicionales. Allí no se portea porque hayan leído un libro con los beneficios de llevar cerca al bebé, o porque hayan oído hablar de vínculos y apegos. Simplemente, es lo que se hace.

Después de leer el libro me afianzo más en la convicción de que a la hora de promover la HNB hay que dejar claro que “sin pañales” no quiere decir saber anticipar cada una de las veces que tu hijo quiere hacer pis (los bebés suelen señalar de forma más clara cuando quieren hacer caca). Es decir, mojarás pañales si los usas (incluso quizás uses más en algunos momentos que otras familias porque le cambiarás en cuanto haya orinado), mojarás pijamas o pantaloncitos y tendrás algún que otro charquito en el salón (que limpiarás con un trapo de forma rápida y sencilla, por otra parte).

En las culturas en las que no se usan pañales o se usan muy poco, tienen otra relación con las evacuaciones de los bebés, no son tabú, no dan tanto asco o rechazo como aquí y se vive con estas cosas de forma mucho más relajada. No intentan “pillar” todo aunque evidentemente tienen una conexión mucho más estrecha con sus bebés y, como consecuencia, saben leer mejor sus señales. Pero, si se hacen pis encima, no se le da ninguna importancia. Por eso, ¡liberemos nuestras mentes! Es difícil dentro de nuestra cultura de la pulcritud y la comparación con otras madres, pero hay que intentarlo. Creo que ayuda pensar que esto lo hacemos por contaminar menos el medio ambiente y atender la necesidad de nuestro hijo en el momento presente.

Como dice una bonita metáfora del libro: “La Higiene Natural del Bebé es una manera de ocuparse HOY de las evacuaciones del bebé, cuando la necesidad se hace sentir, no es una preparación al uso futuro del orinal. Aprender a ir al baño es una consecuencia inevitable. Pero no es para nada el objetivo final de la Higiene Natural del Bebé, tal y como el destete no es el objetivo final de la lactancia materna”.

La parte más práctica comienza en la página 147 y es ahí donde explica en qué consiste la Higiene Natural del Bebé y cómo practicarla. En mi opinión sería por dónde habría que comenzar pero si ella lo ha hecho así, será porque considera que tenía que explicar algo importante antes. Las cuatro pautas básicas son:

–       Conocer los horarios y patrones de evacuación del bebé.

–       Aprender a leer las señales y lenguaje corporal del bebé. Mientras se consigue, las familias se pueden guiar por los horarios y anticiparse.

–       Intuición, que llega cuando se ha llegado a conocer bien al bebé en este aspecto. Es saber cuándo necesita evacuar y ponerle a hacerlo.

–       Sugerir al bebé con la postura, una onomatopeya, una palabra o un signo (inventado o de lengua de sordos).

Me llama mucho la atención la diferencias al aproximarse al tema entre los libros de Ingrid Bauer y Laurie Boucke. Mientras el libro de Laurie Boucke, que también me encanta y que comentaré en otra ocasión, habla de “infant potty training”, es decir, entrenamiento u aprendizaje para ir al baño, Ingrid Bauer habla de higiene natural.

Creo que se trata sólo de un matiz, porque es cierto que Boucke también tiene un enfoque respetuoso frente al niño, pero de un matiz importante, al fin y al cabo. De hecho, en relación al conductismo de esta práctica (sobre todo por el intento de asociar la evacuación a un sonido), en el libro de Laurie Boucke se recogen experiencias de padres y pediatras que hablan de forma clara y sin pudor de “condicionamiento” o de Pavlov (pg. 112, 119, 183, 234 de “Infant Potty Training”) y, en mi humilde opinión, de forma un tanto equivocada. Sin embargo, Bauer habla de “sugerir al bebé” con una forma de comunicación que él pueda entender, como si fuera una sugerencia o una pregunta. Por supuesto, ninguna de las dos aproximaciones promueven ningún tipo de coerción o presión pero de nuevo, el matiz es importante y me siento mucho más identificada con Bauer que con Boucke en este punto.

Muy bueno es el capítulo en el que explica la fisiología de la evacuación, cómo los bebés señalan cuando tienen ganas de hacer pis y caca y pueden relajar (no aguantar) antes de llegar al punto de no retorno.

Otro tema interesante del libro es la conexión que evoca entre la lactancia materna, la respuesta inmediata al llanto del bebé, dormir cerca del niño, el porteo o el contacto físico cercano y la Higiene Natural del Bebé. Según ella, forman parte de un todo y creo que tiene razón. En mi experiencia, una cosa te lleva a la otra de forma lógica, social e intuitiva. Si das de mamar a demanda, duermes al lado de tu bebé. Si no quieres que llore, le darás el pecho si sabes que tiene hambre o para calmarle por la noche. Si porteas, sabrás de forma mucho más sencilla cuando tiene ganas de hacer pis (se arqueará o querrá salir del fular). El porteo, a su vez, facilitará que el niño se duerma sin llorar. Después de darle el pecho sabrás que tiene ganas de hacer caca y le pondrás a hacerlo en el lugar que elijas… Es una gran madeja de relaciones tejidas con amor.

En definitiva, un libro apasionante sobre la forma de criar de una madre apasionante, una mujer especialista en comunicación no violenta. Después de leerlo, y de llevar meses practicando Comunicación de la Evacuación con mi hijo, siento que algunos de mis planteamientos se han renovado y he encontrado nuevas formas de conectarme con él. Por ejemplo, tengo ganas de volver a llevarle mucho más en brazos para notar sus necesidades mejor. También voy a intentar ser más empática conmigo misma, ya que en los últimos tiempos he caído varias veces en las mismas idealizaciones y ansias de “perfección” que tanto critico.

Ahora mi hijo tiene nueve meses (empezamos con siete semanas) y es cuando más lo estamos disfrutando, no porque cada vez sea más fácil entendernos, que también, sino porque he aprendido poco a poco a hacerlo sencillo.

Los bebés saben decir “No”.

En este tercer video he querido mostrar cómo los bebés expresan sin palabras que no quieren hacer pis. Ese “No” puede significar “No, no tengo ganas” pero también “No, aquí no”.

En la Comunicación de la Evacuación (Elimination Communication) los padres, madres o cuidadores llegamos a conocer tanto al bebé que sabemos cuándo necesita hacer pis o caca. A este punto se llega poco a poco, a base de observación, periodos sin pañales y empatía. Se trata de leer las señales del bebé, al igual que cuando sabemos que tiene sueño, hambre, frío, calor, quiere brazos… También, cuando esas señales no son claras, sobre todo los primeros meses, nos guiamos por sus ritmos y horarios. Y, por último, llegamos a hacer las cosas por intuición, como en otros aspectos de la crianza.

Como veis, no se trata de un proceso unidireccional en el que el adulto fuerza al bebé a hacer algo que no quiere. El bebé nos comunica y nosotros nos comunicamos con el bebé. Sin embargo, he observado que en algunos debates sobre este tema, hay quien afirma, por desconocimiento total de la experiencia, que se trata de algún tipo de “adiestramiento”. Me recuerda bastante a lo que suelen decirnos sobre coger “demasiado” en brazos a los bebés, aquello de “lo vas a malacostumbrar”. Siempre solemos decir “ya viene acostumbrado de nacimiento”, y es que, con la C.E. es igual, los seres humanos venimos “acostumbrados” a tener conciencia corporal de nuestras necesidades fisiológicas. Más allá de lo peyorativo del término “adiestramiento” voy a explicar por qué no lo es:

– No hay coerción, ni presión, ni premios ni castigos. A pesar de que en algunas familias o culturas sí se felicita al bebé cuando hace pis, la forma en la que nosotros lo practicamos y la que hemos aprendido no incluye ningún tipo de reforzamiento conductual.

– El bebé tiene un papel activo: nos señala lo que necesita y siempre decide si quiere o no evacuar. Si tiene ganas y le apetece, hará pis o caca, y si no, no hara nada o se quejará para que le quitemos. Nuestro papel es ofrecerle la posibilidad de hacerlo fuera del pañal, sin tener que sentarse encima de sus propias heces, teniendo en cuenta su poca movilidad y que no puede comunicarse con palabras.

– El adulto también tiene un papel activo y señala al bebé que puede hacerlo cuando le pone en determinada posición o al emitir determinados sonidos u onomatopeyas. La postura es similar a la de cuclillas, utilizada por los niños al aire libre y en las sociedades tradicionales donde no existen tazas del water. Es una postura en la que cogemos al bebé por las piernecitas y le apoyamos contra nuestro cuerpo. Es ergonómica, está hecha para evacuar y facilita la relajación de los esfínteres. ¿Acaso no deberíamos utilizarla todos en lugar de sentarnos? Este video me hace plantearme los supuestos “beneficios” del w.c. y el orinal:

– Los sonidos “psss”, “pshhhh”, “pipi” son una forma de lenguaje preverbal basado en onomatopeyas, ese idioma primitivo en el que poder comunicanos con bebés.  De ningún modo son una orden. ¡No podrían serlo! De hecho, con nuestro hijo casi no los hemos usado y siempre ha hecho pis al ponerle en la postura. Algunas familias prefieren utilizar signos de lengua de sordos o directamente lenguaje verbal y preguntar “¿Quieres hacer pis?”, como en nuestro caso.  Se supone que el niño, al crecer, podrá señalar utilizando los sonidos o signos que ha aprendido, facilitando las cosas.

Por tanto, no, los bebés no son perros, ni nosotros somos Pavlov, ni el sonido “psssss” es un metrónomo o una campana. He de decir que no solamente los detractores hablan de conductismo, sino que en el propio libro de Laurie Boucke (Infant Potty Training) se habla en algunas páginas de las bondades conductistas de la “Elimination Communication”. La verdad es que no estoy de acuerdo, creo que es necesario investigar más, pero mi intuición me dice que tiene más de instintivo y comunicativo que de conductista.

Cuando sabemos que el bebé tiene sueño porque se rasca los ojos, le cogemos en brazos y le cantamos el mantra “ea, ea, ea, ea” para invitarle a dormir. ¿Es persuasión? ¿Diríamos que es un método conductista de inducción del sueño mediante sonidos y contacto? Mmm… Creo que no lo diríamos así… Sin embargo, métodos crueles en los que se deja llorar hasta que se duermen por agotamiento sí son catalogados como “conductistas”, porque se considera que es un castigo dejarles solos cuando necesitan que les durmamos o dormirse con nosotros.

Otro símil, quizás más apropiado, se podría encontrar en la postura de expulsar los gases. ¿No ponemos a los bebés después de mamar de determinada forma para que “eche el aire”? Es curioso, pero la postura que utilizamos al ponerle a hacer pis/caca facilita también la expulsión de los gases y no es raro que lo haga todo a la vez. ¿Es la postura la que “condiciona” al niño? ¿No será más bien que es la postura fisiológica ideal para orinar, defecar y eructar?

Parece que hagamos lo que hagamos con los niños vendrán acostumbrados a algo de nacimiento y a otras cosas les acostumbraremos (¿condicionaremos?) nosotros en el día a día. En el caso de los pañales, ya sean desechables o de tela, creo que es mejor no acostumbrarles a ellos, por su piel, por su libertad de movimientos y por el medio ambiente.

Bebés “sin” pañales, una práctica flexible.

Si quieres comenzar a comunicarte con tu bebé en este sentido, has de saber que se puede hacer de maneras muy diversas: sólo de forma ocasional, a tiempo parcial y durante todo el día. También puedes intentar ponerle sólo cuando sabes que va a hacer caca y olvidarte de captar sus señales y horarios para los pises. Si llevas a tu bebé a la guardería puedes sólo hacerlo cuando esté en casa contigo. En definitiva, hay muchas posibilidades y cada familia puede adaptarlas a su forma de vida.

Para saber cómo empezar, puedes leer nuestra experiencia aquí y aquí.

Experiencias de Higiene Natural Infantil con un bebé de 9 meses.

Hace tiempo que no actualizo para hablar sobre el momento en el que nos encontramos ahora, justo antes de empezar a gatear y comenzar a explorar el mundo por sí mismo. Sí, suena emocionante, y parece que Félix está más interesado en moverse que en quedarse quieto un momento para hacer pis, mamar o vestirse.  Os cuento cómo vamos:

– Las cacas: como siempre, fáciles de anticipar. Ya come bastante comida sólida, así que ya no son líquidas. Suele hacer una vez al día, por la noche. Ya lo sabemos así que después de cenar y antes de dormirle, en una de las veces que hace pis, le dejamos más tiempo para que se relaje a gusto. Como pesa, usamos el orinal y al tener ganas, se queda quieto y tranquilo, sin esa actividad que suele tener desenfrenada durante todo el día. Ayer se me olvidó ponerle a hacer caca en su hora habitual y le intenté dormir. Por supuesto, se negaba y no paraba de expresarme (en su idioma de gestos, gruñidos y canturreos nerviosos) que necesitaba su “momento orinal”. De repente, caí en la cuenta y dejé de acunarle. Le puse y parecía aliviado “¡Por fin me entiendes, mamá!”, se quedó sentadito hasta que terminó. Después, a dormir.

– Los pises: son mucho más fáciles de pillar ahora, bastante, bastante más. Creo que es porque las tomas de teta son más espaciadas, aunque supongo que toma más cantidad, y por eso hace más cantidad también de pis cada vez. En cuanto a comunicación, señala activamente si no le pongo, cosa que antes casi que no hacía y me guiaba sólo por mi intuición (“ahora debe tener ganas”). Antes simplemente probaba, le daba la oportunidad y se quería hacía, y si no, pues no. Ahora, si está jugando y se queja, le pongo encima del orinal. Yo no hago ni “psss”, ni “shhh”, sólo le pongo encima y eso hasta hace poco bastaba. De repente, los últimos días no para de moverse quieto y muchas veces le pongo encima del w.c. y se pone a jugar con el papel, quiere agarrar la tapa de la taza del water… ¡Es una locura! Todo esto es una novedad, antes parecía tan fácil… He encontrado un truquillo y es tirar de la cadena o abrir el grifo (un clásico). Cuando lo hago, deja de jugar con lo que tuviera entre manos o lo que quisiera agarrar, y se queda mirando el agua caer fijamente. Entonces, hace pis.

– En la calle: Antes de salir de casa le ofrezco una oportunidad de hacer pis en la palangana y cuando llegamos al sitio volvemos a visitar el baño. Normalmente tiene el pañal seco, si el viaje dura media hora más o menos, así que lo utilizo a modo de calzoncillo, sin cobertor. Hoy, por ejemplo, he ido a clase de yoga para mamás y bebés y hemos hecho eso. Antes de que acabara la clase, se ha puesto a quejarse, le he ofrecido teta y no quería. Después, se ha tirado un pedete (clara señal, jejeje) y he ido al baño con él. ¡Quería hacer pis!

– En casa: le tengo sin pañal casi todo el tiempo (menos en las siestas). Si no estoy atenta cuando me avisa moja la sábana impermeable y su pantalón. Entonces le cambio inmediatamente. Ya hacía pocos meses que me había dado cuenta, pero por las mañanas hace más pis que por las tardes, así que la tarde siempre es un mejor momento para quitar el pañal.

– Por las noches: de esto se suele encargar el papá (algún día espero que escriba algún texto para el blog sobre este tema) y no ha habido cambios. Sigue despertándose cuando tiene ganas de hacer pis, le pone medio dormido y yo le doy de mamar después. Últimamente Guille se despertaba demasiado tarde y Félix ya llevaba un rato agitándose en la cama y al final mojaba el pañal. Esta noche he probado yo, y como si duermo al lado me despierto nada más empieza él a avisar, ha hecho pis en la palangana y ha seguido con el pañal seco. Lo que ocurre es que normalmente estamos demasiado dormidos como para ponerle nada más agitarse, pero que conste que los bebés son conscientes de que van a hacer pis, no lo suelen hacer dormidos y se medio despiertan y mueven en la cama antes de hacerlo.  Si nadie les pone, se mean encima y al rato, al sentirse mojados, se despiertan quejándose de tener el pañal húmedo.

Estamos en una etapa en la que moja menos pañales pero como me niego hacer recuento (hubo un tiempo en el que hice la tontería de hacerlo…), no sé exactamente cuántos son.  A modo de ejemplo, hoy han sido como tres por la noche, uno en la siesta, uno al llegar a casa de hacer unos recados y una vez se ha mojado el pantalón en casa. Quiero aclarar que cuando digo un pañal quiero decir un pis, no más, ya que le cambiamos en seguida. Creo que los primeros meses, algunos días mojábamos los mismos pañales que si no le hubiésemos puesto, ya que al estar pendientes de él y saber cuándo estaba mojado, hacíamos muchos más cambios de pañal. La verdad es que no concibo tener a un bebé mojado sabiendo que lo está, ya sea con ropa, pañales de usar y tirar o lavables.

Esta etapa, según la experiencia de muchas madres, suele ser movida (nunca mejor dicho) y muchos bebés dejan de querer que les pongas en el baño. Veremos a ver cómo nos va a nosotros pero la verdad es que por ahora la compenetración es bastante buena. En realidad, no hacemos todo esto por adelantar el proceso de aprendizaje aunque, si es así, eso que nos llevamos. Lo hacemos porque le entendemos, él nos entiende a nosotros, es más cómodo estar sin pañales, está limpio todo el día, nunca se sienta en sus propias deposiciones, la postura le facilita la expulsión de los gases… Una larga lista de motivos.

Sigo buscando madres y padres de Madrid que quieran formar parte de un grupo en el que reunirnos y compartir experiencias sobre HNI (Comunicación de la evacuación), así que ponte en contacto conmigo si quieres saber más.

Sigue nuestra aventura durante el siguiente mes (10 meses): http://www.lacasitadealgodonales.com/blog/?p=385

Libros sobre “Bebés sin pañales” #1: Christine Gross-Loh.

Título: “The Diaper Free Baby”. Autora: Christine Gross-Loh. 

Comencé a practicar CE (Comunicación de la evacuación), como muchas otras mamás, sin leer ningún libro, fue suficiente un artículo corto en un blog. Pero al cabo de 4 meses me di cuenta de que necesitaba más información y quería profundizar en el tema, así que compré por internet el libro “The Diaper Free Baby”. Antes, muchos de los consejos que había necesitado habían venido del grupo de apoyo creado por Ecomaternal en Facebook.

Una de las cosas que me han gustado de este libro es que deja claro que no es importante el número de pañales mojados que tengas al día o los meses que el bebé tarde en aprender a ir al baño. Digo esto porque hubo un tiempo en el que yo también conté los pañales que echaba en la lavadora (para ver si disminuían) y pensé que no era capaz de leer sus señales o anticipar sus horarios. Ahora sé que es totalmente normal tener cada día algunos pañales o sábanas impermeables mojadas de pis (la caca es muy previsible y no tiene misterio). Creo que este punto es importante, dado que hay otros libros que comentaré en los próximos días, como el de Ingrid Bauer, que presenta una visión totalmente idealizada en sus primeras páginas, y que podría hacer pensar que se comunicó tan bien con su bebé que no mojó una sóla prenda de ropa (ella misma lo explica y aclara mejor a lo largo del libro). Esto puede crear falsas expectativas y frustración en familias occidentales, poco acostumbradas a los bebés sin pañales.

Otras partes del libro de Gross-Loh pueden resultar un poco aburridas si ya estás practicando CE porque repite una y otra vez cosas que ya sabes. Es decir, es un buen libro para alguien que todavía no ha empezado y se lo está planteando, o para los primeros días. El libro deja bien claro que se puede hacer las 24horas, a tiempo parcial o sólo ofreciendo oportunidades al bebé de forma ocasional (en un cambio de pañal, por la mañana, nada más despertarse, justo después de mamar o comer). Es decir, se acopla a cada familia y a cada bebé, no es algo rígido como una teoría o un método.

Es interesante también como trata temas familiares para muchas madres y padres pero desde otro punto de vista, como en el apartado relativo a los portabebés. Normalmente pensamos en ellos como un forma de llevar a nuestros bebés, pero nunca como un lugar en el que se nota claramente cuándo necesitan hacer pis o caca. Sus señales suelen ser estirar las piernas, arquearse, etcétera. ¿Cuántas veces habrás pensado que estaba incómodo y quería salir del fular o tomar teta? ¿No sería que quizás quería hacer pis? Esto sí que es interesante porque, normalmente, los bebés no suelen hacer pis cuando van de paseo en el portabebé. Llega un momento en el que obviamente si señalan y no les pones, se lo harán encima sin ningún problema, pero la próxima vez que salgas con él, fíjate bien.

Hay una idea muy buena que proporciona este libro y es la de llevar un orinal pequeño (un bol típico de cocina o un “taper”) cuando salimos fuera de casa o durante los viajes. Antes cuando estábamos por la calle, buscábamos baños públicos en restaurantes y, cuando hacía buen tiempo, algún arbolito, pero ahora he comprobado que hay veces en las que un orinal portátil es mucho más cómodo. Estuve en Biocultura hace poco y utilizamos el taper discretamente, después sólo fui al baño a tirar el contenido y limpiarlo para poder usarlo de nuevo. Esta idea también la he visto en el blog de Familia Libre (lo llama SOP, sistema de orinal muy portátil). Está muy bien cuando no tienes un baño cerca y sientes que el bebé lo va a hacer YA.

El libro se mantiene en la ortodoxia de la Comunicación de la Evacuación al dar las pautas básicas de cómo hacerlo y un tema que cada vez me crea más dudas es el de hacer el sonido “pshhh” o “psss” para que el bebé lo asocie con el acto de evacuar (como ya escribí en el texto del video demostrativo de Youtube). Llevo bastante tiempo meditando sobre ello, ya que mi hijo siempre hizo pis sin la señal, nunca le hizo falta. Simplemente, a veces hacía el sonido porque había leído que había que hacerlo y otras veces no lo hacía.  Lo que sí hago es decirle “estás haciendo pis” o “estás haciendo caca” o “¿quieres hacer más pis?” para que sepa que así se describe lo que está haciendo en el idioma que más tarde hablará. Pero, entonces, ¿cuál es el papel del sonido?

Me hubiese gustado que el libro se centrara un poquito más en explicar por qué es necesario ese sonido, si la asociación con la postura fisiológica de hacer pis es suficiente para que el bebé se relaje. Creo que quizás el sonido “psss” es una comunicación preverbal, no una orden autoritaria que pide al niño que haga pis porque nosotros lo digamos o tintineemos una campana a lo Pavlov.  De hecho, en español utilizamos la onomatopeya “pis” a la orina basándonos en el sonido que produce.

En definitiva, el libro es ideal si no tienes un grupo de apoyo cerca, como es mi caso, ya que está repleto de experiencias reales de otras familias en cada capítulo. Es muy práctico, poco teórico y proporciona una visión general.

¡Ah! Se me olvidaba, si quieres que te preste mi ejemplar, escríbeme un correo a info@lacasitadealgodonales.com

(Para leer mi artículo sobre el libro de Ingrid Bauer, haz click aquí).