Día 5: encerrados en el laberinto

(IMPORTANTE: ESTE POST NO ESTÁ ACTUALIZADO RESPECTO A LA SITUACIÓN ACTUAL)

Domingo, 15 de marzo de 2020

Hay gente que piensa que la estrategia de China, Japón y Corea del Sur funciona por características culturales y políticas propias, ya que en esas sociedades tienen más un espíritu de “todos juntos trabajando en la misma dirección” y en el sur de Europa no tenemos esa capacidad de sacrificio por una persona que no conocemos. Esto lo ha dicho más o menos así alguien concreto que no voy a citar porque en realidad lo podría haber dicho cualquiera. Eso, que en ese tipo de argumentos se critica y se pinta como algo malo, se llama libertad, el espíritu indomable de algunos pueblos. La libertad individual y colectiva es algo muy importante para entender lo que somos como sociedad, de dónde venimos y a dónde vamos. Cuando se pierde ese amor por la libertad y se sustituye por un deseo de seguridad total a costa de todo entonces uno empieza a tener como modelo regímenes capitalistas-comunistas como el chino en el que la privacidad y los derechos del individuo no cuentan para el poder. El sacrificio por las demás personas es algo muy loable siempre que se haga en base a la verdad. A lo mejor cierta medida es muy sacrificada pero no termina de ayudar de verdad o no hace nada, ni bueno ni malo.

La cuestión principal es, apenas trazada en el telediario de esta noche más preocupado por la anécdota graciosa que por lo importante, ¿por qué no se construye un “hospital COVID-19” temporal en Madrid en IFEMA u en cualquier otro lugar si se considera que va a haber un colapso de la Sanidad? ¿O un hospital de campaña frente a los hospitales y existentes para derivar los casos graves que necesiten hospitalización y UCIs con respiradores? Me gustaría saber, por ejemplo, si en el caso de que un familiar mío enfermara gravemente por el coronavirus tendría una cama libre en el hospital más cercano o. ¿Eso está asegurado a día de hoy? ¿Cuál es el plan B si llega un momento en el que no lo está?

Por otro lado, el coronavirus tiene un punto extraño que lleva a los políticos a dar giros y bandazos cada semana: un día no pasa nada, hacemos vida normal, la gente va a la mani del 8-m y a la semana siguiente estamos en estado de alarma.  Yo sigo sin entender nada. Tengo la sensación de que a este gobierno todo esto les ha superado.

Hoy he salido a comprar y aunque el barrio estaba mucho más vacío había bastante movimiento. He visto a gente con caras preocupadas, como todos estos días, y tristes. Miradas que me costaba reconocer por causa de las mascarillas. No conozco a nadie infectado por coronavirus de forma directa, por ahora.

Cuando me meto en internet o cotilleo a ver cómo están los mentideros de Twitter veo que hay una tendencia constante a acusar a toda persona de no estar en casa, de ser un frívolo por hacer tal o cual cosa, un inconsciente, un irresponsable. En realidad, antes de lanzar esas acusaciones esas personas tendrían que demostrar que encerrar a todo un país en casa tiene alguna ventaja respecto a tomar medidas dirigidas exclusivamente a los grupos de riesgo, a infectados o a las personas que trataron a un infectado. China nunca podrá probarlo, ya que es posible que aislando a determinados sectores de la población se hubiese conseguido lo mismo. En cualquier caso, da igual. Es preocupante la admiración por los regímenes dictatoriales y el autoritarismo que esta crisis está despertando entre los españoles. Además, Vox, que perfectamente podría haber jugado la baza de Boris Johnson ha optado por ser más papista que el papa, exigiendo más y más medidas en lugar de plantearse los riesgos/beneficios probados de cada una de ellas. No hace falta elegir entre la economía y salvar vidas. Esa es una falsa dicotomía que algunos medios de comunicación están planteando manipulando incluso las palabras del primer ministro británico. Ver, por ejemplo, este titular: “Coronavirus: Reino Unido se diferencia del mundo, sacrifica a los más vulnerables y privilegia la economía”. Es que continuar la actividad económica salva vidas, porque se pueden contratar médicos y comprar material necesario. En Italia los lemas cambian del “quédate en casa” a “Italia no se para”. No sé si el giro va en esa dirección.

Hoy, además, he reflexionado sobre el hecho de la relación entre el alto número de muertes en Italia con el mayor número de ancianos y su mayor esperanza de vida. Es decir, que la alarma que nos causan las cifras y el miedo que nos infunden quizás habría que contextualizarlo con la demografía de Italia y de España. Es un virus que se ceba con la gente mayor y nosotros somos un país envejecido. Yo estoy tranquila porque mis seres queridos más mayores están sanos y encerrados en sus casas, pero a la vez no sé si psicológicamente podrán soportar la soledad que suponen estas medidas. Yo me veo con 80 años y buena salud relativa y a lo mejor me rebelaba contra el estado de alarma por no poder soportar más estar en casa sola, sobre todo si fuera viuda. Es fácil caer en la depresión y la ansiedad en estas circunstancias. Sobre todo porque a esas edades lo que quieres es poder ver jugar y abrazar a tus hijos, nietos y bisnietos.

Los niños encerrados en casa están como motos, tienen muchísima energía y me preocupa que la falta de ejercicio les perjudique. Mañana nos pondremos con unas rutinas de ejercicio. En cuanto a su educación por ahora estoy priorizando el juego libre que ocupa la mayor parte del tiempo. Ahora por fin la desescolarización y el “homeschooling” son legales en España gracias al Estado de Alarma así que podemos realizar nuestro propio curriculum educativo. En nuestro caso leemos cuentos de mitología griega para niños, ya que como la tendencia es a anular todo resquicio de la cultura clásica occidental pues creo que hay que reforzar por ahí y así de paso aprendo yo también. Está muy bien porque no tienen nada que ver con esos cuentos extraños de algunas editoriales infantiles de moda que no me gustan nada (en especial uno que a uno de mis hijos le encantaba, el de “Los tres bandidos”…). Los cuentos mitológicos tienen chicha, hay heroísmo, épica, energía, valores, drama… Vamos, básicamente, todo lo que le falta a los cuentos modernos. Es verdad que son crudos, hay violencia, monstruos bastante intimidantes, pero en general a los niños estas historias les dejan alucinados porque son personajes con mucha consistencia. Leyendo el de los trabajos de Hércules no podía dejar de preguntarme si a alguien se le había ocurrido ya hacer un videojuego del argumento porque su estructura se acopla perfectamente a un formato de pasar pantallas…

Hoy hemos leído el de la historia de Ícaro y Dédalo, que se conecta con otro cuento que leímos el otro día sobre Teseo y el minotauro. No deja de ser paradójico estar leyendo estas historias de personajes atrapados en laberintos cuando nosotros estamos encerrados en casa por mandato legal (sí, soy mala malísima por hablar en esos términos y voy a ir al infierno de la corrección y el buenismo). Nuestra casa se ha convertido en nuestro propio laberinto, dentro de otro laberinto que es nuestro país. Mientras les leía la parte en la que Ícaro y Dédalo se fabrican unas alas con las plumas que encuentran y consiguen volar, vi en los ojos de mis hijos una ilusión por ser capaces de salir de alguna forma de este encierro, quizás volando con su imaginación.

Tengo pensado también leer la Biblia para niños. En la Biblioteca Nacional encontré una versión en manga que me llamó mucho la atención y la compré para ellos hace meses. Leeremos esa versión y también la de verdad. Creo que no se puede hablar de cultura sin conocer la mitología griega y el Antiguo y Nuevo Testamento. No sé en qué momento la escuela pública obligatoria lo olvidó ni me importa pero ahora que tomé conciencia de dónde venimos puedo al menos en mi familia colaborar a sentar unos cimientos fuertes como una roca.

Mi pésame para esas familias que han perdido a sus abuelos, bisabuelos y familiares. No son números, son vidas llenas de valor.

Mi agradecimiento a todas las personas que están trabajando para salvar vidas y todas aquellas fuera de los hospitales que siguen al pie del cañón, haciendo que no caigamos en el caos.

Buenas noches.

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