Experiencias enseñando a usar el w.c. a un niño de 23 meses

Hace dos días que mi hijo cumplió dos años. ¡Dos años! ¿Cómo es posible haber vivido tanto juntos en tan poco tiempo? ¡Y lo que nos queda!

Lo más reseñable de este último mes ha sido que la última semana antes de su cumpleaños casi sin darnos cuenta no hubo ni charquitos ni pantalones mojados ni nada de nada. ¡Días secos por fin! Es verdad que las semanas anteriores a lo mejor teníamos algún escape o dos pero poco a poco se fueron reduciendo. No hemos usado pañales durante el día, solamente calzoncillos. Eso sí, con ropa de cambio preparada si salíamos, pero no ha hecho falta usarla ningún día. Esto sí ha sido un cambio.

Yo no hecho nada especial ni nada diferente al mes anterior, creo que simplemente él ha ido ganando control y es capaz de esperar a que le ponga. Eso sí, poquísimas veces nos lo ha pedido él y las veces que lo ha hecho ha sido para avisarnos de que en ese momento, en unos segundos, iba a hacer pis. Total, que no nos daba tiempo a llegar al w.c. porque de camino se lo hacía encima, pero se nota que cada vez tiene más conciencia. Las cacas, como siempre, las ha hecho en el baño sin problema. El orinal, como desde hace meses, no lo quiere usar, siempre prefiere el reductor.

Este mes casi habíamos hecho el destete nocturno total cuando de repente se puso malito y volví a darle cuando me pedía para que tuviera una buena dosis de defensas y amor para combatir esa otitis. Y, cuando se curó (tomó los primeros antibióticos de su vida…) al poco tiempo pilló otro catarro y otra vez la clásica secuencia de nariz taponada-mocos-no poder respirar… y otra vez a mamar por la noche. Ahora ya está mejor y ha vuelto a dormir algunas noches del tirón en su habitación y otras con un despertar en el que se viene a nuestra cama. A diferencia con otros tiempos le basta con sentir nuestro calorcito para volverse a dormir plácidamente. ¡Y tan contentos los tres!

Por las noches ha habido una gran sorpresa. Durante unos 5 días, coincidiendo con algunos de los “días secos” se despertó por la mañana con el pañal seco. ¡Lo nunca visto! Incluso alguna noche nos pidió agua y aún así se despertó seco. Sin embargo, después, volvió a mojar el pañal de la noche. En la próxima crónica contaré como ha evolucionado el tema.

Los días que se queda en casa de los abuelos le ponen pañal y casi siempre los moja porque han intentado ponerle en el reductor pero con ellos no quiere. No sé muy bien cuál será la razón pero llegará un momento en el que él mismo se lo pedirá.

Por ahora, somos nosotros los que le llevamos guiándonos por un tiempo intuitivo o por sus señales inequívocas y propias de que quiere hacer pis: se pone inquieto o más revoltoso, si está jugando tan tranquilo se pone de pie y se apoya en alguna pared… A veces (muy pocas) le preguntamos si quiere hacer pis, pero cuando realmente estamos seguros sin preguntar le llevamos y de camino le decimos que vamos al reductor o, si estamos en el parque, “a hacer pis donde viven las hormiguitas” (es un árbol que hay detrás de unos setos).

Por la mañana siempre le doy unos libros o no nos entretenemos con unos botes de crema vacíos. También le dejo solo y le digo que me avise cuando haya terminado o quiera bajarse. Todavía es muy pequeño para bajarse él solo así que me pega un grito, si estoy en la otra habitación, y voy. Le limpio el culete en el grifo del bidé o del lavabo, le seco y a jugar. En casa de la abuela cuando está en el reductor siempre jugamos con unas muñecas de plástico que tienen allí, una es de Blancanieves y otra es de Bella. Cuando realmente no tiene ganas también nos lo deja claro y confiamos en él.

¡Ah! Este mes no ha hecho el más mínimo intento, en contraste con el mes anterior, de subirse o bajarse la ropa por propia iniciativa. Y ya me despido. ¡El próximo mes nueva crónica!

Experiencias enseñando a usar el orinal a un niño de 22 meses

Durante este mes he vuelto a no usar pañales más que para dormir y en casa de los abuelos (ellos lo prefieren así). De repente, pensé… ¿Qué estamos haciendo? Es totalmente contradictorio seguir usándolos ya que lo que le estoy enseñando es que es lo mismo hacerlo en el w.c. que en el pañal. Así que hablé con Guille y le dije que dejáramos de usarlos de nuevo, que si se mojaba el pantalón y el calzoncillo no pasaba nada y que habíamos vuelto a usar muchos más pañales durante el día por pura pereza nuestra. Con las cacas no ha habido problema porque siempre o lo pide o lo hace después de alguna de las comidas del día. También hablé con Félix y le dije que tenía que avisarnos cuando tuviera ganas de hacer pis, antes de que se mojara el pantalón. Y la verdad es que, aunque sigue sin avisar todas las veces, avisa bastantes más con un “hacer pis, mamá, hacer piiiiiiis” en lugar del clásico “ah, ah, puaj”, jejeje.

Sigue siendo cosa de dos, él a veces me avisa y el resto de las veces tengo que llevarle yo. Si le pregunto el 90% de las veces me dirá que no tiene ganas. Bueno, también contesta “no” al 90% de las preguntas. Es la época del “no”, sus “noes” y mis “noes”, sus “noes” y los “noes” de su padre. Por eso, la única forma, si estamos seguros por sus señales o el tiempo que lleva sin hacer pis, es llevarle y distraerle con algo: un objeto, un libro, un juego… Después lo que no quiere es bajarse…

También es la época del “yo solo”. Quiere ponerse las zapatillas él solo, ponerse los pantalones él solo, aprender a hacerlo todo solo. ¡Me encanta! También me pide ayuda o se enfada por pura frustración si las cosas no le salen como le gustaría. Rabietas. Muchas rabietas… Creo que aprovechar esas ganas de autonomía para que tome consciencia de su cuerpo, sus señales y sus necesidades es muy interesante.

Así que creo que es básico vivir sin pañales, al menos por el día, y si se moja cambiarle y llevarle en el momento corriendo al reductor (ya no quiere orinales) del W.C.. Es la única forma de recordar que siempre hay que hacerlo allí, no solamente algunas veces.

También me ha pasado este mes que me avise justo cuando se está haciendo pis. En otras ocasiones le decimos “cierra la colita hasta el baño” y consigue aguantar hasta llegar. Si tenemos un día “consciente” y yo estoy con ganas hemos llegado a tener días secos, de cero charcos, cero pantalones mojados. Si estoy a otras cosas, volvemos a los clásicos 2-3 “charquitos”. Eso siempre pasa en casa, no sé por qué en la calle avisa más, ¿o será que yo estoy más avispada?

El otro día pasó algo gracioso. Me salió un trabajo para bailar danza oriental en una tetería de mi barrio y se quedaron con mi hijo en casa unos amigos (Tere, Isa y José Luis, ¡gracias por estar ahí!). Bien, pues después de preguntarle un montón de veces si quería hacer pis y Félix contestar siempre que no. ¡Se hizo pis encima de mi amigo! Parece ser que fue un momento bastante cómico… Al volver le dije que si estaba seguro tenía que llevarle él al reductor con gracia o con el juguete que tuviera entre manos y una vez allí seguir hablándole o jugando (lo que estuvieran haciendo) para que se relajara. Muchas veces dice que no tiene ganas y es “sí”.

Ayer, ya con 23 meses y pocos días volvió a practicar lo de bajar y subir el calzoncillo y el pantalón. Claro, para eso el reductor no vale porque está muy alto. Cuando le vi le dije que si quería hacer pis él solo, sin avisarme, tendría que sentarse en el orinal. Estuvo un rato practicando a hacer pis él solo ahí y tirando después el contenido al w.c.. No sé si será algo aislado o seguirá practicando. Yo, desde luego, le animaré a que siga.

Si me comparo con las autoras de los libros que hablan de la HNB mi experiencia no ha tenido nada que ver con la suya. Sus hijos eran autónomos y les avisaban muchísimo antes. Son tantos factores los que influyen que lo mejor es relajarse y disfrutar, tomárselo como un aprendizaje vital y social más. Pero a la vez, aunque suene contradictorio, no relajarse demasiado porque eso también se puede convertir en pereza o no querer afrontar las cosas. ¡Los malabarismos de la vida!

Vivimos con la losa de un pasado y un presente autoritario y los padres que queremos construir relaciones basadas en el respeto con nuestros hijos, muchas veces no nos damos cuenta que eso de “ya aprenderán” o “a su tiempo” también puede convertirse en una forma de no creer en sus capacidades reales y concretas, que son diferentes en cada niño y en cada momento, pero existen, están ahí. Yo bailo y a mi me encanta cuando mis profesoras de danza me retan a realizar un ejercicio con algo de dificultad. ¡Creen en mí y yo me pico! No es una competición contra otra persona sino conmigo misma. Asumir esto también nos hace creer en las capacidades de nosotros mismos como madres y padres, más allá de teorías, técnicas, expertos o personas metomentodo bienintencionadas (o no).

Hablar de forma normal con nuestros peques, saber que son capaces de muchísimo más de lo que pensamos, confiar en ellos, respetar esas ganas de aprender que tienen y enseñarles cosas nuevas no es presionar ni ser un tirano. Es mostrar un camino y ver como poco a poco, quizás lentamente, lo van entendiendo. ¡Somos seres sociales! La crianza no es una ciencia, es un arte, una relación humana más, por eso hay que buscar todo el tiempo puntos de equilibrios y armonías diferentes.  Esto no lo he aprendido en los libros, lo he aprendido en el día a día con mi hijo, que es el que más puede enseñar a una madre primeriza en un mundo con cada vez menos niños y, por tanto, con menos contacto directo con bebés…

¡Hasta el próximo mes!

Experiencias enseñando a usar el orinal a un niño de 18 meses.

Museo de Burdeos – Mujer dando el pecho, siglo II-III dC (época romana). A través del facebook de Maternalias (http://maternalias.blogspot.com.es/).

Como veis, he cambiado el nombre a las crónicas de Higiene Natural del Bebé. Mi hijo ya tiene 18 meses y considero que hace tiempo que hemos entrado en otra etapa. Ahora hay que seguir recordándole que hay que ir al baño pero nuestra comunicación es más verbal y los niños a esta edad lo entienden todo. Es decir, ya no sólo es gestionar el tema de las evacuaciones sin pañales y cambiarle de ropa si se moja, si no he estado atenta a sus señales corporales. Ahora le estoy enseñando activamente lo que se espera de él sin premios, sin castigos, sin enfados, de forma clara y consistente, empática y con cariño.

Este mes ha sido la caña. Como por arte de magia la resistencia del mes pasado se fue y ha dado paso al cachondeo. Ahora Félix nos avisa cada vez más, incluso con los pises, pero también a veces avisa en falso, hace “ah,ah,ah, puaj, puaj” y después se ríe. O te lo dice cuando acaba de hacer pis y sabes que es una broma, pero él insiste en que le lleves y después no hace nada y se parte de risa. Como cualquier madre orgullosa no puedo dejar de pensar que es increible y me fascina verle crecer. ¡El humor creo que es de las cosas más relacionadas con la inteligencia que conozco!

Ahora también dice “¡oh, oh!” sorprendido cuando se hace pis en los pantalones. Y es que es lo que yo le decía el mes pasado cuando veía el charquito en el suelo. No sé, quería expresar de alguna forma que aquel no era el lugar apropiado pero sin sonar a reproche. Simplemente le decía: “oh, oh,(tono de sorpresa) has hecho pis en el suelo. El pis se hace en el orinal” o  “Cuando quieras hacer pis dime “mamá, puaj, puaj” o “cuando estés con la abula tienes que pedirla el pis cuando tengas ganas. Dile “abu, puaj, puaj””.

Es sorprendente pero aunque pasen días desde que le dices algo, él lo guarda en el “disco duro” y aparece en el momento más inesperado. Creo en él, confío en sus grandes capacidades y sé que los niños pueden hacer mucho más de lo que hoy en día se cree (o nos han hecho creer).

Le hablo como si me pudiera entender y de hecho sé que me entiende, solamente que el cuerpo a veces no le responde. Es igual como cuando aprendemos a hablar. Entendemos más de lo que sabemos decir, pero en nuestro cerebro está grabado. Es la boca y la lengua la que todavía no nos responde.

No pasa nada y no hay prisa, hablaremos cuando seamos capaces. Sin embargo, hablar es un acto social y se aprende hablando, practicando, escuchando, imitando. Ningún ser humano puede hablar si es criado en un bosque como un “niño salvaje”. De la misma forma no podemos esperar que un bebé aprenda a hablar “cuando esté preparado” si nunca hablamos con él y practicamos. Somos seres sociales.

Un momento bastante cómico del mes ocurrió el otro día. Quedé con una amiga que me está cosiendo un traje de danza oriental y fuimos a una conocida tienda de ropa a comprar un sujetador que luego ella forraría con telas y adornos. Sabía que mi hijo tenía que hacer pis y además iba en calzoncillos así que ni corta ni perezosa pillé una botella pequeña de agua mineral vacía que teníamos en el carrito y le dije “puedes hacer pis aquí”. ¡Y eso hizo! Creo que ni mi amiga ni la dependienta se enteraron, de lo rápidos que fuimos, jejeje.

Ahora salimos mucho y vamos en metro en autobús a recorrer la ciudad, a hacer fotos, ver exposiciones… Por supuesto, a él le gusta más el viaje que el destino así que si vamos en carrito, le pongo una tela impermeable en el asiento, por si las moscas. Y si vamos caminando y con portabebé de apoyo (para cuando se cansa) no le pongo nada. Nunca se ha hecho pis en el portabebé.

Este mes estoy entusiasmada. Nos entendemos, nos reímos, aprendemos juntos, no es el centro de mi vida sino que está en el centro de la vida, en el meollo. Allá donde voy le llevo, menos cuando quiero un espacio para mi, como cuando voy a clases de baile, por ejemplo…

Hoy he hablado con una abuela joven en el parque y me ha contado que ella empezó a poner a sus hijas en una especie de trona-orinal cuando empezaron a poder sentarse, es decir, con menos de un año. Usaba pañales de tela así que si hacían caca allí mientras comían o después, era un pañal menos a lavar. Si no lo hacían, pues no había perdido nada. Me ha contado que su nieta ha dejado el pañal con dos años y que ella ha sido parte fundamental del proceso, ya que la cuida desde por la mañana hasta que la vienen a recoger sus padres por la tarde. Yo le he dicho que pienso que se ha perdido ese conocimiento, esa confianza en que es posible, pero que esa pérdida no ha sido por azar. Hay intereses económicos muy fuertes en prolongar la etapa del pañal hasta límites insospechados… Ella estaba de acuerdo.

Como he dicho antes, ya no creo que estemos practicando HNB, hemos entrado en la fase de realmente aprender a usar el orinal de forma consciente y voluntaria, con cada vez mayor participación activa del bebé y yo apoyando en retirada…

Todo en la crianza es un arte y como tal, no tiene medidas exactas. Es una mezcla de intuición, saberes prácticos, saberes aprendidos, de expertos, de abuelas, de otras madres, todo pasado por el mortero de la reflexión y el colador,  para diferenciar lo que sirve de lo que no. Yo ahora camino a tientas, enfrentándome como madre primeriza y solitaria a todas estas experiencias nuevas, pensando que quizás algo de lo que yo aprendo pueda servir a otras personas. Sobre todo, he aprendido a dudar de lo establecido, pero de todo, venga de donde venga, tanto como si viene de la llamada crianza con apego, como si viene del pediatra del centro de salud, de un familiar sabelotodo o un anuncio de pañales. Hay que labrarse el propio camino, desde lo más profundo de la ética, del amor y de la propia experiencia.

Os hago un resumen por puntos de lo que ha sido este mes:

– Ahora avisa frecuentemente cuando tiene ganas de hacer caca con “ah,ah,ah, puaj, puaj”. Normalmente le entran las ganas en mitad o al final de las comidas. A veces es por la mañana, a veces por la noche y algún día no hace nada.

– Ha comenzado a avisar también algunos pises por día (cada día más) con las mismas palabras “puaj, puaj”. Los que no avisa los intuyo y preveo y soy yo la que se lo propone si sé que lleva mucho tiempo sin hacer o acaba de beber un montón de líquidos.

– Está empezando a decir “caca” pero todavía no lo pide así.

– Hay días de muchos “escapes” y pantalones mojados pero normalemente si empezamos bien desde por la mañana entramos en sincronía y todo va sobre ruedas.

– No usar premios ni castigos no significa que no le explique con claridad dónde se hace el pis y dónde no. Le digo “se hace en el orinal” o le digo lo de “oh, oh” como “¡glups!, no se hace en el pantalón, se hace en el orinal.” Cuando le digo esto, le enseño el orinal o le siento un momento allí por si le queda algo y para que aprenda que es ahí. Creo que esta es una diferencia fundamental con la HNB en los primeros meses.

– Los días en los que yo trabajo y se queda con el papá y la abuela, le ponen pañal de usar y tirar y solamente le ponen si él lo pide activamente. Yo soy más de llevarle sin pañal con un par de recambios de ropa en el bolso porque creo que es más cómodo para él, yo veo inmediatamente si se moja y, además, es la mejor forma de aprender: sintiendo el cuerpo.

– A veces avisa justo cuando se está haciendo pis o justo después al sentirse mojado. Aunque no llegamos al orinal me parece muy buena señal que tenga esa conciencia corporal y me lo tomo así, como algo positivo.

– Como he comentado, a veces hace “puaj, puaj” y es una broma. Le pongo al orinal y no hace nada, se sienta, juega o me pide un libro y al rato se levanta y se va.

– Por las mañanas nada más despertarse hace pis en el pañal porque no me da tiempo a ponerle.

– Usamos calzoncillos por el día y ropa de recambio. Cuando se queda con los abuelos pañales de usar y tirar.

– La “huelga del orinal” o el rechazo del mes pasado se fueron para no volver. Además de ofrecer menos, ponerle a hacer pis de pie o en otros recipentes y lugares, creo que otra de las cosas que más ayudó a superarlo fue ir a hacer pis juntos diciendo “mamá aquí (w.c.) y tú ahí (orinal)”. Le pareció divertido y después siempre me lo repetía él. ¡Parece ser que quería compañía!

– Por las noches alternamos de tela y de usar y tirar y, me da hasta miedo decirlo… ¡Lleva 5 días durmiendo del tirón de 22h-7h, pide teta y después hasta las 9h! Ojalá dure y contarlo aquí no me dé mal fario… 😛 No sé si habrá tenido que ver pero antes de estas noches del tirón le expliqué durante varios días lo de que las tetas por la noche se van a dormir y que él tenía que intentar dormir también hasta por la mañana. No sé si me habrá hecho caso o ha sido casualidad pero el caso es que ha funcionado. ¡Que dure!

– Antes de esas noches descubrí que es posible ponerle a hacer pis completamente dormido y reducir los despertares por pañal mojado o ganas de hacer pis. Nunca lo había probado y nos fue bien. Hace meses cuando le poníamos por la noche siempre era cuando se despertaba y a veces quería pero al crecer lloraba y se quejaba y dejamos de hacerlo. Quizás si hubiese probado a ponerle dormido hubiese sido mejor, ¡pero yo también estaba durmiendo!

Experiencias de Higiene Natural del Bebé con un niño de 15 meses

Hace dos días que mi hijo cumplió 15 meses y quiero empezar la crónica mensual con algunas cosas curiosas que pasaron el mes pasado.

Hace unas semanas, al volver de dar el taller de danza oriental en la asociación “Enmadradas Coslada”, le pregunté si quería hacer pis antes de entrar en la Renfe poniéndole en un arbolito de la calle. Como tenía ganas, lo hizo.  Pero, después, me di cuenta de que podríamos haber hecho una “parada técnica” en Atocha, ya que, a medida que llegábamos a nuestra estación, se puso cada vez más nervioso. Yo pensé que lo que le pasaba era que estaba harto de estar en el metro pero, de repente, justo al salir al andén, se hizo pis encima y, como no llevaba cobertor impermeable, caló en el pantalón y lo noté. Ahora hace calor, así que no me preocupó demasiado, le puse en la bandolera y en casa ya le cambié de ropa.

Ese mismo día ocurrió algo diferente a lo habitual. A la hora de comer, de un momento para otro y sentado en la trona, empezó a hacer fuerza y a empujar. No lo suele hacer fuera del orinal así que esa fue la primera palabra que me vino a la mente: ¡El orinal! Lo traje y fue sentarle y hacer caca. Nos reímos bastante, la verdad.

Ayer, ya con 15 meses, volvió a ocurrir pero me avisó con mucha claridad. Estábamos en una terraza con un amigo y, de pronto, se puso como mimoso y quejoso, pidiendo que le cogiera en brazos (estaba jugando de pie entre las sillas). Quizás en otra época lo hubiese interpretado de otra forma, pero ahora me resultaba obvio que quería hacer pis o caca, más bien esto último por su cara de agobio. Intuía que tenía muy poco tiempo para encontrar un sito. Además, iba en calzoncillos así que el numerito podía ser bueno, jajaja… Rauda y veloz cogí unas servilletas con una mano y me lo llevé a un árbol. Hizo pis y caca, le limpié y tiré lo que pude con las servilletas en una papelera cercana. Pero, ¿dónde están las bolsas de plástico cuando se las necesita? Ahora siempre llevo una en el bolso, por si acaso.

La verdad es que, como nunca hace caca fuera de casa, me pilló muy desprevenida. Tendría que haber ido al baño del restaurante, cosa que hice después para limpiarle mejor y lavarme las manos, pero la inexperiencia tiene estas cosas… La próxima vez iré más preparada, tanto para limpiarle a él como para dejarlo todo como lo encontramos. No es plan de criticar a los dueños de los perros que dejan excrementos por toda la ciudad y después yo hacer lo mismo con un bebé. ¡Ay!

Supongo que es sólo una anécdota que viene a ilustrar que cada vez avisa más, aunque no hable, y que su cuerpo ha cambiado y es él el que va tomando la iniciativa cuando siente las ganas. De hecho, muchas mañanas ya no le gusta sentarse tranquilito en el orinal y simplemente hay que estar pendiente de si se pone a empujar o a avisar en algún momento imprevisible del día. Esto lo veo como algo positivo, ya que se trata de que algún día no tenga que ser yo la que le recuerde que tiene que ir al servicio.

Durante este mes he visto como sus músculos se han ido haciendo más fuertes y esto le ha dado mayor control sobre su cuerpo. Sigue gateando y, aunque todavía no anda sin mi ayuda, se queda de pie sin apoyos cada vez más y camina todo el día por las paredes y muebles que va encontrando en su camino. Veo como queda atrás una etapa y, aunque suene cursi me gusta pensar que dentro de poco estaré corriendo detrás de él. ¡Qué ganas! Sí, ya sé que será cansado pero dejadme que me flipe un poco…

Como vi que mojábamos muy pocos pañales (le llevaba sólo con el absorvente sin el cobertor impermeable), hace tres semanas me decidí a comprar unos calzoncillos y probar a ver qué tal. Me costó encontrar de su talla pero al final vi que existen unas “braguitas” que la gente usa para ponerlas por encima del pañal. Le compré la talla de 12 meses porque pensé que al usarlo sin pañal darían más talla. ¡Y qué maravilla! Me encanta verle tan fresquito. Ahora hemos comprado más calzoncillos, unos muy graciosos en una mercería de toda la vida del barrio, parecidos a los slip de abuelo, pero para niños de dos años y, aunque le quedan un poco grandes, son cómodos, mucho más cómodos que un pañal.

Ha habido días en los que hemos mojado varios calzoncillos y pantalones pero son más los días en los que puede estar todo el día con el mismo. Por si acaso, en el carrito he puesto un impermeable y encima una toalla. En el Meitai obviamente no he puesto nada pero todavía no ha habido “accidentes”. ¿Será que la posición vertical le permite más control?

Me he dado cuenta de que algunos días en los que se hace mucho pis encima es porque está con los dientes (babeando mucho, tocándose la encía), pero la mayor parte del tiempo, sobre todo si estamos fuera de casa y le voy poniendo en arbolitos, puedo mantenerle seco. No siempre es así, claro. El otro día fuimos a la piscina y, aunque me llevé el “taper-orinal”, se negó a hacerlo allí e hizo pis desnudo varias veces en el suelo. ¡Glups!

Por la noche hemos pasado una época en la que hemos usado pañales de usar y tirar y le hemos tenido que cambiar una o dos veces en mitad de la noche. Sí, lo que parecía hace tiempo algo temporal terminó siendo una especie de crisis con los pañales de tela nocturnos, con la vana esperanza de que durmiera mejor. Como podéis ver, los experimentos han seguido aunque no funcionaran, ya que los despertares han sido los mismos que con los de tela.  Y es que a veces nos cuesta entender que quizás no haya nada que podamos hacer, simplemente hay que esperar a que madure su sueño, que no necesite beber tando por la noche, tiempo…

Pero, animados por el tema de los calzoncillos y de que finalmente nuestro hijo va SIN PAÑALES por el día (y lo digo sin comillas en el “sin”, jejeje) , nos hemos lanzado a poner dos toallas encima del protector impermeable del colchón y ponerle a dormir sin nada o con el absorvente del pañal de tela. Así, algo retiene si se hace pis pero no tiene que llevar el impermeable con el calorazo que tenemos. ¡Y nos va bien! Todavía recuerdo cuando intentamos hace unos meses algo parecido y fue un desastre total…

Pareciera como si abandonar los pañales y poner calzoncillos hubiera marcado la diferencia. ¿Se los pusimos porque se mantenía seco? ¿O se mantiene seco porque usamos calzoncillos? ¿Qué fue primero? ¿El huevo o la gallina?

Termino la crónica con esta conversación que tuve el otro día en el parque con una bisabuela de 93 años. Me vio ponerle a hacer pis en un arbolillo y se puso a hablar conmigo:

– ¿Le pones a hacer pis? Yo tengo un bisnieto de dos años y medio que no quiere hacerlo. Le ponen calzoncillo, se moja y después pide el pañal. Se lo quieren quitar porque va a empezar el cole. Se hace pis encima y la madre le dice: “pues ahora te quedas mojado a ver si aprendes”…

– Sí, le pongo desde las 8 semanas. Con dos años y medio es más difícil… Pobre, primero le “enseñan” a que se lo haga encima durante toda su vida y de repente quieren que haga lo contrario de un día para otro. Es cruel eso de dejarle mojado, ¿no? ¿Usted también ponía a hacer pis a sus hijos desde pequeñitos?

– Sí, yo tuve tres. Somos de un pueblo de Ávila. Les ponía cuando les cambiaba el pañal. Bueno, pañal… Eran trozos de tela, los hacíamos con sábanas o con lo que pilláramos.

– ¿Y desde que edad les ponías a hacer pis?

– Pues desde los tres o cuatro meses.

– ¿Y les ponías también para las cacas?

– No, no tenía tiempo. Tenía que cuidar también de los animales, trabajar en el campo… Pero cuando se mojaban y les cambiaba, les ponía a hacer el pis.

– ¿Usábais también pantalones con agujero entre las piernas?

– Bueno, se lo hacía yo, un agujero para que sacaran la colilla, cuando ya andaban.

¡Qué punto encontrarse con la memoria viva de la crianza! ¿No os parece?

Libros sobre “Bebés sin pañales” #4: Laurie Boucke: “Un orinal para mi bebé”

¡Por fin ya hay un libro sobre Comunicación de la Evacuación en castellano y lo puedes encontrar AQUÍ!

Se trata de una versión reducida de Infant Potty Training del cual ya escribí una reseña en este blog. Ya era hora de que alguien lo tradujera y lo ha hecho la editorial Vida Kinesiología. Estoy convencida de que esta publicación va a ayudar a difundir esta práctica y, por tanto, la conexión entre padres y bebés. ¡En La Casita de Algodonales estamos de enhorabuena!

 

Experiencias de Higiene Natural del Bebé con un niño de 11 meses.

Este mes ha sido el del descontrol. Han pasado algunas cosas desagradables en nuestro entorno más cercano relacionadas con la salud que han provocado situaciones de mucho estrés. Además, ha coincidido con que me entró la vena de apuntarme a varios cursos de formación y Félix y yo hemos estado separados más tiempo del habitual. Aunque sé que está contento, bien cuidado y pasándolo en grande en casa de los abuelos, le he echado mucho de menos.

A pesar de haber sido un mes de muchos cambios siempre le he visto alegre y divertido, disfrutando de sus nuevos logros: gatear, pedir claramente “agua” y “pan” y señalar las cosas. ¿Puede haber algo más emocionante? ¡No! Está descubriendo el mundo y sus posibilidades. A mi desde luego, me parece increible.

La abuela de Félix antes le ponía de vez en cuando a hacer pis sujetándole sobre la taza del w.c. pero ahora pesa mucho y usa un orinal que hemos dejado allí. ¡Da gusto cuando la familia te apoya en estas cosas! Al principio hubo bastante broma y mofa con el tema pero ahora han visto que nos va bien y nos gusta hacerlo así, y no sólo lo respetan sino que participan. No es raro estar en su casa y que Félix se queje y se pregunten: “¿Querrá hacer pis?”. En su casa muchas veces va con pañales de tela y vuelve con desechables. Hace unos meses era bastante más radical con el tema y prefería no usarlos. Ahora si se los pone, no me importa, si los moja los tiro y vuelvo a los de tela después.

De hecho, nosotros también hemos vuelto a utilizar pañales de usar y tirar durante dos días que Félix tuvo una especie de diarrea o de vuelta a las cacas líquidas.  Nunca sabremos si fue eso, quizás debido a gatear y tocar cosas del suelo, o si fue simplemente que volvió a mamar muchísimo y a comer pocos sólidos. ¿Sería que me veía poco y quería aferrarse a la teta al máximo tiempo posible? Tengo esa sensación, porque a los pocos días volvió todo a la normalidad, a comer normal y a las cacas sólidas. En esta fase “líquida” ha sido imposible ponerle en el orinal ya que no señalaba de ninguna forma, sólo lloraba una vez que se lo hacía encima para que le cambiáramos rápido. Se le escapaba y a él no le hacía ninguna gracia.

Una cosa curiosa que nos ha pasado este último mes ha sido que varias veces le he ido a poner a hacer pis porque creía que me estaba señalando o tenía ganas y me he encontrado un pequeño círculo mojado en el pañal. Una vez que le he puesto, ha hecho el resto. ¿Será que está intentando aguantar un poco? Si lo está haciendo, es gracias a su propio ritmo, ya que nosotros nunca le hemos pedido que lo hiciera o le hemos presionado de ningún modo.

Este mes ha habido días, como siempre, de mojar muchos pañales (bastantes más que el mes pasado) y otros de seguir con el mismo seco, a modo de calzoncillo, durante varias horas. Quizás me he dejado un poco, pero a veces las circunstancias de la vida no nos permiten más. Me consuela saber que sigue sabiendo para qué es un orinal aunque no le haya ofrecido las oportunidades habituales de hacer pis en un recipiente. Si no le pongo y tiene ganas, se lo hace encima y protesta para que le cambie de ropa (si no lleva pañal). En realidad, me da igual lavar un pantalón que un pañal de tela.

Por las noches: Este mes hemos estado agotados así que algunas noches no le hemos puesto, ni el padre ni yo, y sólo le hemos cambiado el pañal cuando se despertaba para mamar y veíamos que estaba mojado. Por cierto, ha sido un mes en el que ha vuelto a mamar un montón por la noche y, por consiguiente, a hacer más pis después.

Una noche hicimos el experimento de dejarle sin pañal, ya que es verdad que si notamos cuando lo va a hacer nos ahorramos el cambio de pañal y conseguimos que duerma mejor. Además, muchas veces notamos que le desvela que le pongamos un pañal limpio y se despierta demasiado. El experimento nos salió mal porque estábamos tan cansados que no nos despertamos a tiempo, antes de que hiciera pis, con lo cual tuvimos que cambiarle el body y el pijama, con los consiguientes llantos y peleas en mitad de la noche… Creo que lo volveremos a intentar cuando llegue el calor y pueda dormir con una camiseta y ya está. Pondremos dos sábanas bajeras y si se moja la de arriba, la quitaremos y seguiremos la noche con la de abajo.

Fuera de casa: Cuando salimos de casa, no sé por qué será, pero todo resulta más fácil. No sé si será porque al estar en posición vertical en el meitai o en el carrito, hace pis con menos frecuencia, o que nosotros estamos más pendientes. Todavía nos miran un poco extrañados cuando nos ven entrar en los servicios…

Dicen que en el desarrollo de los bebés siempre se sigue la fórmula de dos pasos hacia delante y uno para atrás. Supongo que en ese esquema, el “mes del descontrol” pertenecería al paso para atrás sino fuera porque el paso no ha sido del niño sino de los padres, que hemos tenido otras prioridades, o preocupaciones, más bien. ¡A ver qué nos espera el próximo mes!

Hoy íbamos a dar una charla en El Jardín de Momo pero al final sólo ha acudido una pareja de “embarazados” encantadores y se ha convertido más bien en un taller-conversación. A pesar de que es un tema que todavía no despierta casi interés nos ha gustado poder contribuir a su difusión, por pequeña que sea. Quien sabe si algún día, quizás no dentro de mucho, podamos reunirnos varias familias para poner en común nuestros conocimientos, como hacen los grupos de lactancia y crianza, y como ya lo hacen los grupos locales de la asociación Diaperfree.org.

Libros sobre “Bebés sin pañales” #3: Laurie Boucke.

Hoy quiero hablar sobre el libro más completo a nivel antropológico y documental sobre lo lo que la autora llama en inglés “Infant Potty Training” o lo que en castellano ha sido traducido en alguna ocasión como “Control temprano de esfínteres”. Lo cierto es que tras un título algo feo y desafortunado, en mi humilde opinión, se esconde información muy valiosa y trascendental.  Además, parece que se encuentra en proceso de traducción al castellano y se publicará muy pronto en nuestro país. ¡Espero poder ofrecéroslo pronto en lacasitadealgodonales.com!

La autora descubrió que podía responder a las necesidades de evacuación de su bebé después de que una amiga hindú le explicara cómo lo hacen en su país, donde no usan pañales. Pero no sólo se lo explicó sino que se lo mostró en vivo y en directo con el hijo de Laurie: la amiga captó cuándo el bebé necesitaba hacer pis, el bebé entendió a su amiga y, como tenía ganas, lo hizo encima de un recipiente.

El libro explica cómo funciona esta práctica, qué tipo de señales hacen los bebés antes de orinar y defecar, cómo ententer los horarios y patrones y cómo crear asociaciones entre el hecho de evacuar con una onomatopeya, una postura fisiológica o un signo. Como ya expliqué en la reseña del libro de Ingrid Bauer, en la obra de Laurie Boucke se habla de conductismo sin rodeos pero también se deja claro que quedarse ahí es simplificar demasiado, ya que de serlo, yo todavía sigo reflexionando sobre ello, se trata de un condicionamiento mutuo de la diada madre-bebé o, para ser más exactos, adulto-bebé. Además, sería un conductismo comunicativo y no coercitivo, como una conversación o una posibilidad, nunca como una imposición. ¿Diríamos que cantar una nana para dormir a un niño es conductismo? Pues eso. Mirar esta práctica desde los ojos de Pavlov es ponerse unas gafas etnocentristas que explican pero a la vez distorsionan.

Realmente, la parte que más me ha gustado, además del bloque de diferentes experiencias de familias occidentales, es la parte antropológica, donde va país por país, explicando cómo se practica. ¿Y adivináis qué es lo más sorprendente? Que algo tan similar se lleve a cabo desde Uganda hasta Vietnam pasando por el Polo Norte. Es verdad que las señales del bebé son muy parecidas en todo el mundo pero las posturas y las onomatopeyas cambian con las culturas, quizás en algún lugar se anime al bebé a hacer pis con un “sssss” y en otra con un “shu, shu”. Lo que suele ser común en todas las culturas es no dar ninguna importancia a lo que en Occidente llamaríamos “accidentes”, simplemente se limpia con normalidad, incluso con humor. Por supuesto, también existen culturas muchísimo más restrictivas y autoritarias, aunque parecen las menos, ya que sólo he visto un ejemplo en el que se utilizara la violencia para aprender el control de esfínteres: el pueblo Tanala de Madagascar y el estudio es de los años veinte del siglo pasado.

Por supuesto, no en todo el mundo “sin pañal” se relacionan con las evacuaciones del bebé de la misma forma. De hecho, la autora divide a todas las sociedades en tres tipos: las que simplemente apartan al niño del cuerpo del adulto cuando comienza a evacuar para no mancharse (en el libro se recogen muchos ejemplos de este tipo, sobre todo de tribus y culturas tradicionales americanas), las que activamente le ponen en el lugar que elijen cuando saben que lo necesita o está a punto de hacerlo y, una tercera posibilidad, que sería una mezcla de las dos según el niño se va haciendo mayor.

Además de la parte antropológica que me apasiona, el libro aporta una dimensión histórica dentro de la propia cultura occidental, con información sobre los métodos crueles y centrados en los esquemas estrictos del adulto, que obligaban a los niños a evacuar cuando “había que hacerlo”.  Al parecer, en el siglo XIX, en determinados ambientes, se realizaban prácticas muy agresivas con los niños, como dejarles en el orinal durante mucho tiempo hasta que hicieran caca, o usar enemas y otras salvajadas para que lo hicieran cuando el padre quería.

Aunque el libro no dice nada de esto y son reflexiones de mi cosecha, entiendo que ese tipo de aproximaciones agresivas son fruto de la influencia de la industrialización y sus horarios rígidos, jerarquías y autoritarismo. Algo parecido (aunque no exactamente igual) a los horarios impuestos a la lactancia y que tan desastrosos efectos han tenido sobre la experiencia de mamás y bebés. Supongo que la cultura industrial siempre ha tendido a la deshumanización o a la robotización del ser humano.

La dimensión histórica del libro deja claro que lo que se hace en otras culturas no tiene nada que ver con lo que se hacía en Occidente hace un siglo. Se trata de adaptarse y conocer las señales y horarios del niño (sobre todo en referencia a su alimentación y el sueño), no de imponerle los nuestros.

Lamentablemente, se asoció la edad temprana de los bebés con esas prácticas agresivas y los pediatras que en los años 50 liberaron a los niños de estos métodos metieron todo en el mismo saco. Ese fue el origen de la aproximación actual occidental al aprendizaje en el uso del orinal: no empezar nunca antes de los 18 meses y esperar a que el niño esté “preparado”, ya que se supone que antes de esa edad el niño no tiene ningún tipo de control. Como sabemos, esto contradice la experiencia de millones de bebés y familias de todo el globo. De todos modos, una cosa es el “control total independiente” tan ansiado y cotizado en occidente y otra bien diferente es ayudar en el momento presente a tu bebé a evacuar en un lugar más limpio y cómodo que un pañal (ya sea separándolo de tu cuerpo o sugiriéndole que lo haga en un orinal o taza del w.c.).

Por este motivo, creo que el título puede llevar a ciertos equívocos, ya que en realidad no es un método para dejar el pañal, aunque poco a poco los necesites cada vez menos. De hecho, con los recién nacidos o los bebés de pocos meses simplemente se recoge la orina en un recipiente en lugar de en un pañal. Después, el bebé aprende a relajarse cuando le pones (no a aguantar, porque todavía su cuerpo no se lo permite). Y posteriormente, como ve que respondes a sus señales, avisa de forma más activa y clara, y sabe para qué son sus músculos. Después, aprende a ir al baño cuando tiene ganas, pero cada niño a su tiempo.

Os recomiendo que si estáis “embarazados” o tenéis un bebé de pocos meses deis alguna que otra oportunidad a esta práctica ancestral, adaptándola a vuestra forma de vida, sin agobios y poniéndo el acento en la conexión con el bebé.

Para leer la reseña sobre el libro de Ingrid Bauer y Christine Gross-Loh haz click en sus nombres.

Experiencias de Higiene Natural del Bebé con un niño de 10 meses.

Me he decidido a escribir hoy la crónica mensual sobre nuestra experiencia porque ayer ocurrió algo bastante inusual. Yo debía de estar distraída porque no me enteré de nada y Félix hizo un poco de caca en el pañal. Al ver que era solo una bolita, le puse en el w.c. y allí hizo más hasta que se quedó a gusto. Después, él siguió jugando y yo seguí cocinando sin mayor historia.

Lo cierto es que es poco habitual, ya que aunque ahora habían cambiado un poco sus horarios, siempre me daba cuenta de cuándo lo iba a hacer por sus señales, como soltar y coger el pezón en la parte final de la toma. Creo que hacía por lo menos 5 meses desde que pasó algo parecido, porque me acuerdo que era en la época en la que estábamos con lactancia exclusiva y las cacas eran todavía líquidas. En realidad todo esto es tan sólo una anécdota para ilustrar lo fácil que puede ser conocer a tu hijo en este aspecto y lo poco que se sabe de esto en nuestra cultura. Por lo menos con las cacas, los pises es otra historia…

Aunque no gatea del todo, sí se desplaza por la habitación dando pasos hacia adelante, reculando y volviéndose a sentar. Está muchísimo más activo que hace un mes y no para quieto ni para que le vista (¡odia ponerse camisetas!), ni para ponerle un pañal, ni casi para mamar. En seguida quiere incorporarse y descubrir qué hay por la habitación. Por supuesto, ir a hacer pis también es un número porque agarra la tapa del w.c. o se pone a dar golpes contra la calefacción que tenemos al lado de la palangana, o abre el grifo y lo cierra si le estoy lavando en el bidé… ¡Pura diversión!

Está claro que quiere tener algo con que entretenerse en las manos y jugar todo el tiempo. Por eso, intento tener un “orinal” o algún tipo de recipiente en todas las habitaciones de la casa para no tener que desplazarnos y así poder seguir jugando con lo que estuviera en ese momento.

También he visto que ya tiene 10 meses y si le pongo con la misma frecuencia que cuando tenía 8 o 9 o se queja o no hace nada o juega con lo que sea, pero siempre indicándome que no tiene ganas. Creo que lo que está expresando es que ya ha crecido un poco, que su vejiga también y que confíe en sus nuevas señales, mucho más explícitas, y me guíe menos por horarios. Ahora sólo le ofrezco oportunidades de hacer pis cuando realmente estoy segura de que tiene ganas o porque me grita o llama mientras está jugando. Desde luego, prefiero que moje pañales a que pueda sentirse presionado de alguna manera o piense que su madre es una loca obsesionada con ponerle a hacer pis, jeje.

He visto un gran cambio en nuestra comunicación, en este sentido, ya que antes sólo reconocía las señales de antes de hacer caca y las de pis sólo por la noche. Incluso el otro día paró de jugar en el suelo, me miró con mirada suplicando y gritó “Mamaaaaaaaaaa”. Una de dos, o bien quería bracitos o tenía ganas de hacer pis, así que le ofrecí lo segundo y orinó. Supongo que ha sido una mezcla de casualidad e intuición. Algo parecido nos pasó con la palabra “Agua”. Lo dijo claramente y miró el vaso, aunque nunca sabremos si solo fue el azar. Nosotros, por si acaso, le dimos agua y bebió un montón. Tengo la sensación de que sí sabía lo que quería. Creo que si tiene alguna utilidad asociar la micción con el sonido “psssssshhhh” es esa, que luego ellos puedan comunicarse con nosotros haciendo esa onomatopeya para avisarnos de que quieren ir al baño. Si respondemos a sus intentos de comunicación los niños ganan confianza y comunican todavía más. Si no les hacemos caso, dejan de señalar.

Mojamos bastantes menos pañales (2-4 al día) y lo noto porque antes a veces tenía días de ir un poco apuradilla con que se lavaran y se secaran a tiempo cerca de la calefacción. ¡Y eso que tengo pañales como para unos 20 cambios! Ahora veo que me sobran un montón limpios en el cajón. Como mi objetivo al hacer esto no es que sea totalmente independiente para ir al baño sino que aprendamos a comunicarnos y pueda avisarme para que yo le ayude el tiempo que haga falta, me llena de satisfacción saber que no ponemos tanta lavadora, con el consiguiente ahorro energético y de recursos naturales.

Últimamente, los pañales o pantalones (si le tengo sin pañal) se mojan porque estoy haciendo algo importante y no le puedo poner en ese momento, aunque sepa que lo va a hacer. Si viviera con una familia extensa, y no pasara el día sola con él, otra persona en ese momento se hubiera ocupado de ponerle, como suele ser habitual en China o India, donde los abuelos juegan un papel muy importante. Es lo que tiene adaptar esta práctica ancestral al mundo urbanita occidental del siglo XXI, donde las madres muchas veces criamos solas entre cuatro paredes. Bueno, hasta que llegan los papás por la tarde…

También, al pasar los meses, noto que me voy relajando mucho con la crianza en general y mis expectativas auto-impuestas. ¡Y la verdad es que disfruto mucho! Por supuesto, siempre hay alguna “noche loca”, como digo yo, pero esos momentos de desesperación pasan y el día siguiente suele ser bueno. Lo importante creo que es saber parar y pedir ayuda cuando nos vemos sobrepasados, en cualquier circunstancia de la vida.

Sigo utilizando pañales cuando salimos, a veces con cobertor impermeable y otras sin, para que vaya más cómodo y su piel transpire mejor. Me llevo siempre un pantalón y un body en el bolso por si se mojaran. Y es que, realmente, ¿hay mucha diferencia entre lavar un pañal de tela y un pantaloncito? Yo creo que no.

Por las noches seguimos igual, se medio despierta (se agita pero con los ojos cerrados) varias veces cuando le entran ganas de hacer pis y se vuelve a dormir. Cuando necesita mamar también lo indica quejándose hasta que le doy la teta. El papá antes se ocupaba del bebé por la noche pero por motivos familiares tiene que madrugar más durante este mes y me estoy ocupando yo. La verdad es que es cansado pero lo es todavía más si no le ponemos a hacer pis porque entonces se despierta del todo al sentirse mojado y, aunque nos avise para que le cambiemos el pañal, le cuesta volver a dormirse.

En facebook escribí hace unos días: “Después de habernos independizado de los pañales desechables, de las toallitas de supermercado (sustituidas por papel o agua en el bidé + aceite de almendras ) y estar en proceso de usar cada vez menos pañales de tela, ahora toca… ¡Liberarnos de los productos de limpieza industriales! Por fin me he lanzado a probar el agua con vinagre para fregar y parece que la cosa marcha. Cuantas menos necesidades creadas, más libertad”. Y es que, descubrir que adultos y bebés podemos cooperar para estar limpios sin depender de grandes multinacionales me parece todo un logro, mucho más que aprender o no a ir al baño solo en una determinada edad.

Muchas veces pienso que si el mundo industrial cayera de un día para otro no sabríamos sobrevivir de lo dependientes que nos hemos convertido en artículos de consumo de todo tipo. Creo que el renacimiento que están teniendo prácticas como hacer punto, coser, cocinar y todo el movimiento “hazlo tu mismo” caminan en ese sentido: recuperar nuestra esencia y la creatividad que un día este sistema nos robó. Y con ella, recuperar lo que nos quede humano y no el engendro pasivo, dependiente, consumista, ignorante, superficial y aburrido en el nos quieren convertir vía colegios, trabajo asalariado, publicidad, caja tonta, supermercados, premios y castigos, ejércitos, cárceles… No sabemos cultivar, no sabemos cómo se hacen las cosas que usamos, no sabemos cocinar, no sabemos hacer nuestra ropa. Y por otro lado, “necesitamos” un móvil, una tele, un coche para ver a nuestros familiares que viven en la otra punta de la ciudad y un avión para visitar a los que viven en la otra punta del continente.

Con todo esto no quiero decir que nosotros mismos no seamos responsables de la situación actual y seamos meros agentes pasivos en manos del poder. Creo que nos hemos vuelto muy vagos (yo la primera) y en nombre de una falsa comodidad hemos caído en demasiadas trampas. Recuperar la independencia y los saberes tradicionales que sí nos interese recuperar (sólo los positivos y respetuosos), como el de los bebés sin pañales, es parte de ese camino hacia la libertad.

 

NOTA: Se recomienda empezar a practicar la Higiene Natural del Bebé antes de los 6 meses porque después les hemos acostumbrado a hacer sus necesidades en los pañales y no les gusta hacerlo en ningún otro sitio. Nosotros comenzamos cuando Félix tenía 7-8 semanas. En algunas culturas empiezan al año y también les va bien. Si tu hijo es mayor de año y medio, se recomienda olvidarse de la Higiene Natural del Bebé (aunque puede haber aspectos adaptables) y enseñar a tu bebé de la forma habitual en nuestra cultura, con el método respetuoso y no coercitivo que elijas.

Puedes seguir nuestra aventura en el siguiente mes (11 meses): http://www.lacasitadealgodonales.com/blog/?p=506

Experiencias de Higiene Natural Infantil con un bebé de 9 meses.

Hace tiempo que no actualizo para hablar sobre el momento en el que nos encontramos ahora, justo antes de empezar a gatear y comenzar a explorar el mundo por sí mismo. Sí, suena emocionante, y parece que Félix está más interesado en moverse que en quedarse quieto un momento para hacer pis, mamar o vestirse.  Os cuento cómo vamos:

– Las cacas: como siempre, fáciles de anticipar. Ya come bastante comida sólida, así que ya no son líquidas. Suele hacer una vez al día, por la noche. Ya lo sabemos así que después de cenar y antes de dormirle, en una de las veces que hace pis, le dejamos más tiempo para que se relaje a gusto. Como pesa, usamos el orinal y al tener ganas, se queda quieto y tranquilo, sin esa actividad que suele tener desenfrenada durante todo el día. Ayer se me olvidó ponerle a hacer caca en su hora habitual y le intenté dormir. Por supuesto, se negaba y no paraba de expresarme (en su idioma de gestos, gruñidos y canturreos nerviosos) que necesitaba su “momento orinal”. De repente, caí en la cuenta y dejé de acunarle. Le puse y parecía aliviado “¡Por fin me entiendes, mamá!”, se quedó sentadito hasta que terminó. Después, a dormir.

– Los pises: son mucho más fáciles de pillar ahora, bastante, bastante más. Creo que es porque las tomas de teta son más espaciadas, aunque supongo que toma más cantidad, y por eso hace más cantidad también de pis cada vez. En cuanto a comunicación, señala activamente si no le pongo, cosa que antes casi que no hacía y me guiaba sólo por mi intuición (“ahora debe tener ganas”). Antes simplemente probaba, le daba la oportunidad y se quería hacía, y si no, pues no. Ahora, si está jugando y se queja, le pongo encima del orinal. Yo no hago ni “psss”, ni “shhh”, sólo le pongo encima y eso hasta hace poco bastaba. De repente, los últimos días no para de moverse quieto y muchas veces le pongo encima del w.c. y se pone a jugar con el papel, quiere agarrar la tapa de la taza del water… ¡Es una locura! Todo esto es una novedad, antes parecía tan fácil… He encontrado un truquillo y es tirar de la cadena o abrir el grifo (un clásico). Cuando lo hago, deja de jugar con lo que tuviera entre manos o lo que quisiera agarrar, y se queda mirando el agua caer fijamente. Entonces, hace pis.

– En la calle: Antes de salir de casa le ofrezco una oportunidad de hacer pis en la palangana y cuando llegamos al sitio volvemos a visitar el baño. Normalmente tiene el pañal seco, si el viaje dura media hora más o menos, así que lo utilizo a modo de calzoncillo, sin cobertor. Hoy, por ejemplo, he ido a clase de yoga para mamás y bebés y hemos hecho eso. Antes de que acabara la clase, se ha puesto a quejarse, le he ofrecido teta y no quería. Después, se ha tirado un pedete (clara señal, jejeje) y he ido al baño con él. ¡Quería hacer pis!

– En casa: le tengo sin pañal casi todo el tiempo (menos en las siestas). Si no estoy atenta cuando me avisa moja la sábana impermeable y su pantalón. Entonces le cambio inmediatamente. Ya hacía pocos meses que me había dado cuenta, pero por las mañanas hace más pis que por las tardes, así que la tarde siempre es un mejor momento para quitar el pañal.

– Por las noches: de esto se suele encargar el papá (algún día espero que escriba algún texto para el blog sobre este tema) y no ha habido cambios. Sigue despertándose cuando tiene ganas de hacer pis, le pone medio dormido y yo le doy de mamar después. Últimamente Guille se despertaba demasiado tarde y Félix ya llevaba un rato agitándose en la cama y al final mojaba el pañal. Esta noche he probado yo, y como si duermo al lado me despierto nada más empieza él a avisar, ha hecho pis en la palangana y ha seguido con el pañal seco. Lo que ocurre es que normalmente estamos demasiado dormidos como para ponerle nada más agitarse, pero que conste que los bebés son conscientes de que van a hacer pis, no lo suelen hacer dormidos y se medio despiertan y mueven en la cama antes de hacerlo.  Si nadie les pone, se mean encima y al rato, al sentirse mojados, se despiertan quejándose de tener el pañal húmedo.

Estamos en una etapa en la que moja menos pañales pero como me niego hacer recuento (hubo un tiempo en el que hice la tontería de hacerlo…), no sé exactamente cuántos son.  A modo de ejemplo, hoy han sido como tres por la noche, uno en la siesta, uno al llegar a casa de hacer unos recados y una vez se ha mojado el pantalón en casa. Quiero aclarar que cuando digo un pañal quiero decir un pis, no más, ya que le cambiamos en seguida. Creo que los primeros meses, algunos días mojábamos los mismos pañales que si no le hubiésemos puesto, ya que al estar pendientes de él y saber cuándo estaba mojado, hacíamos muchos más cambios de pañal. La verdad es que no concibo tener a un bebé mojado sabiendo que lo está, ya sea con ropa, pañales de usar y tirar o lavables.

Esta etapa, según la experiencia de muchas madres, suele ser movida (nunca mejor dicho) y muchos bebés dejan de querer que les pongas en el baño. Veremos a ver cómo nos va a nosotros pero la verdad es que por ahora la compenetración es bastante buena. En realidad, no hacemos todo esto por adelantar el proceso de aprendizaje aunque, si es así, eso que nos llevamos. Lo hacemos porque le entendemos, él nos entiende a nosotros, es más cómodo estar sin pañales, está limpio todo el día, nunca se sienta en sus propias deposiciones, la postura le facilita la expulsión de los gases… Una larga lista de motivos.

Sigo buscando madres y padres de Madrid que quieran formar parte de un grupo en el que reunirnos y compartir experiencias sobre HNI (Comunicación de la evacuación), así que ponte en contacto conmigo si quieres saber más.

Sigue nuestra aventura durante el siguiente mes (10 meses): http://www.lacasitadealgodonales.com/blog/?p=385

C.E. por el día y por la noche.

Aquí os dejo dos videos sobre Comunicación de la Evacuación, una forma de
responder a la necesidad de nuestros bebés de hacer pis y caca pero también de sentirse limpios. El primer video está grabado después de una siesta matutina:

Y este es un ejemplo de cómo se puede hacer también por las noches:

Cada familia lo hace de forma diferente, pero así es como lo hacemos nosotros. ¡Espero que os inspire!

Hay muchas posibilidades: se puede hacer con pañales, sin pañales, con desechables (si tu conciencia lo soporta, yo lo hice así los dos primeros meses), con pañales de tela, a tiempo parcial, completo o de forma ocasional…

Si vives en Madrid y te interesa conocer a otras familias que practiquen C.E. estoy intentando crear un grupo de apoyo local en el que compartir experienciasy dudas. Escríbeme a info@lacasitadealgodonales.com

¡Un abrazo!