Artículo de James Petras: “La Fundación Ford y la CIA: un caso documentado de colaboración filantrópica con la policía secreta”.

Doy difusión a este viejo artículo de James Petras, a pesar de mis diferencias con su visión, porque me parece fundamental en estos tiempos de pensamiento único, buenismo, maquiavelismo, disidencia controlada, subvenciones, filantropía y ongs varias. Está bastante claro, para quien quiera investigar con rigor desde un punto de vista histórico el asunto, que la idea de “libertad” subvencionada frente al estalinismo se vendió como una mera operación de marketing durante la Guerra Fría. Hay que recordar también que la Open Society de Soros tiene sus raíces en una organización del Congreso por la Libertad Cultural financiada por la CIA y la Fundación Ford que se llamaba “Fondation pour une entraide intellectuelle européenne” (ver estudios y libros del investigador Nicholas Guilhot y este artículo de Tereza Pospíšilová). Es más, Annette Laborey, la directora del FEIE desde 1974 se convirtió en Vicepresidenta de la Open Society a nivel global en 1990 (cuando desaparece la FEIE) y lo fue hasta 2012.

Ahora el adoctrinamiento y la propaganda nos vende que la libertad tiene su máximo exponente en la libertad sexual y reproductiva (que en realidad es eugenesia neoliberal, bebés a la carta mercantilizados, domesticación y ganadería de la especie humana, compra-venta de bebés, prostitución y proxenetismo reproductivo en última instancia) y en la sustitución de los conceptos de “clase” por conceptos identitarios de género, orientación sexual y raza. Se trata de la clásica estrategia del divide et impera que iniciaron políticos como Kennedy y Mc George Bundy con su defensa de las cuotas y la discriminación positiva durante los años 60 y 70. Se trata de estrategias del poder que hoy en día son defendidas tanto por los defensores del “sistema” como por pretendidos “antisistema” y, en este sentido, llegan hasta lugares tan remotos como el municipalismo libertario de Rojava con sus cuotas étnicas y de género.

Muerto el estalinismo ahora el enemigo para el gran capital es “la tradición” y lo que sus valores puedan tener de anticapitalistas. Y por tradición me permito referirme a cosas tan peregrinas como que la base de toda sociedad es la maternidad y la paternidad, hombres y mujeres que se conocen, se enamoran, tienen hijos y se comprometen a criarlos junto a su familia más extensa. Curiosa paradoja de la Guerra Fría cultural, que en sus inicios creaba el contrapunto entre la defensa de la libertad religiosa frente al totalitarismo soviético ateo. Cuando se confunden los medios con los fines, todo vale. Los amigos se vuelven enemigos sin problema. Por eso, mal hacen los sindicatos vendidos, las mujeres feministas y las asociaciones LGTB subvencionadas en seguir la bola a los cantos de sirena del poder. Deben saber que solamente son instrumentos, un medio para conseguir otro fin y que en cuanto se consigan esos objetivos el dinero, las prebendas y los privilegios desaparecerán y ya será demasiado tarde porque estaremos en otra fase. Del mismo modo que parte de la Iglesia Católica era aliada durante la época de la Operación Gladio y ahora algo de lo que representa se está convirtiendo en un problema y, quien sabe, si en un futuro, bajo argumentos de delitos de odio, fobias y demás, se pueda atacar e ilegalizar sus libros sagrados e instituciones. Y es que, no ya la Iglesia, sino los principios cristianos sobre el amor que siguen vivos en muchos de los creyentes de a pie son incompatibles con la sociedad distópica que se pretende construir desde el egoísmo capitalista, una mezcla de 1984 de George Orwell y Un Mundo Feliz de Aldous Huxley. La religión, al imponer un límite moral, se convierte en un problema para quienes no quieren ningún límite ético para el capital monopolístico. El poder es capaz de servirse de todas las ideologías para sus propios fines.

De nuevo, se da una curiosa paradoja. En la guerra fría cultural contra la URSS, según el libro de Stonor Saunders, se hicieron adaptaciones fílmicas sobre el libro de Orwell “La granja animal”  y se mandaban libros de ese estilo como acto propagandístico para combatir al estalinismo. Hoy en día no podrían hacerlo, ya que el mundo que se está promocionando es de hecho la suma de todas esas obras de denuncia distópica del totalitarismo. Y, ahí, lo que queda de cristianismo popular en nuestra cultura molesta, es un estorbo. En este sentido, hay otra paradoja más; Jesus Angleton (jefe de Contrainteligencia de la CIA desde 1954-1975), por ejemplo, era en teoría muy cristiano (no hay más que ver su testamento redactado en 1949 del que habla Stonor Saunders). En teoría, claro. Su maquiavelismo a la hora de inventarse “operaciones” de “inteligencia” y justificar los medios por los fines, hacen muy complicado que pudiera serlo en la práctica. “Por sus frutos los reconoceréis”.

Para vivir en una sociedad de la libertad deben de terminar las subvenciones en el campo cultural (salvo las de conservación del patrimonio) e ideológico, tanto las que nos gustan como las de “los otros”, tanto las públicas como las secretas. La humanidad está metida en un gran lío existencial, se encuentra realmente frente al abismo, con todas estas intervenciones contradictorias en el campo cultural y de la psicología social. Ya no es una cuestión de izquierdas o de derechas, es que está en juego la propia existencia de la especie humana tal y como la conocemos.

Aunque la información está ahí, no es secreta y es accesible a través de varias fuentes históricas (Guilhot, Saunders, documento sobre los intelectuales franceces desclasificado, informe Kissinger) hoy en día da lo mismo porque la gente ni lee ni le interesa profundizar en los temas. Hay que entenderlos y respetarlos, están muy ocupados cazando pokemons o solicitando subvenciones para sus chiringuitos. Por cierto, la primera que debería autogestionarse y separarse del Estado de motu propio debería ser la Iglesia, por su propio interés.

En cualquier caso, cada vez que leo algo desde la “derecha” sobre “marxismo cultural” o “comunismo” relacionado con el feminismo actual me río. Eso que llaman “marxismo cultural” son solamente las derivas de financiar a la izquierda no estalinista o socialdemócrata para convertirla en disidencia controlada. Esto todavía no se lo he escuchado explicar a Jordan Peterson o a nadie de Vox (jamás reconocerán que es el capital oligárquico el que promueve la financiación de la “izquierda” progre no comunista). De ahí que quizás, toda la paranoia anticomunista de la caza de brujas y demás tuviera algo de sentido. Desde que tengo uso de razón a McCarthy se le ha pintado en los medios de comunicación como un senador loco que veía comunistas hasta debajo de las piedras. ¿No sería quizás que era gente que pensaba que el gobierno o el mundillo de la cultura estaba infiltrado por comunistas porque veía que no se paraba de dar pasta de forma encubierta a la “izquierda”? Quizás lo que no entendían era la estrategia a largo plazo, es decir, que se les financiaba con el fin de neutralizarlos, hacerlos “disidencia controlada”.

Es muy significativo también cómo dentro de ese gran Plan Marshall cultural se promocionó cierto tipo de arte abstracto para contraponerlo al arte soviético realista. El expresionismo abstracto no gustaba al pueblo estadounidense, no era popular entre la gente corriente ni tampoco gustaba a los dirigentes políticos. Por tanto, las élites de la “inteligencia” creyeron, cual déspotas ilustrados, que su estrategia de subvencionarlo era buena dentro del marco de la propaganda de la guerra fría. Lo que ocurre es que esos grandes estrategas e iluminados ya están muertos y, sin embargo, la semillita que plantaron se ha convertido en un árbol con muy mala pinta y de consecuencias imprevisibles.

Si me pusiera mal pensada creería que toda esta “moda” del feminismo institucional y corporativo y sus derivas más extremistas y confusionistas, apoyado por grandes empresas y organismos internacionales, recuerda demasiado a esa promoción del expresionismo abstracto. La ola de feminismo antinatalista que estamos sufriendo sirve desde luego para matar varios pájaros de un tiro a nivel geopolítico y como paso hacia una sociedad distópica sin vínculos e hipervigilada. Bueno, quizás dentro de 60 años se desclasifique algún documento o una futura investigadora del estilo de Stonor Saunders se atreva a investigar el asunto. O quizás lo haga una nueva revista Ramparts. Bueno, todo esto contando con que los archivos no se hayan quemado por ser parte de esa sociedad del pasado machista y patriarcal y estar escritos en lenguaje “no inclusivo”, el papel se haya hecho desaparecer frente a la digitalización o, directamente, no nos hayamos extinguido ya como especie. A nosotros solamente nos queda rezar para que la única estrategia válida en la vida y en la política sea tratar de hacer el bien desde la verdad sin, por el camino, tener que hacer tanto mal, a través de tanta mentira. Es decir, si para luchar contra un totalitarismo tienes que hacer lo mismo que criticas de ese totalitarismo es que te has convertido en ESE totalitarismo.

Y ahora, la pregunta del millón: ¿Qué asociaciones y ONGs están recibiendo dinero de la Fundación Ford en España a día de hoy? La información es transparente y accesible para cualquiera que la busque.

 

Bueno, ahí va el artículo de Petras:

https://www.rebelion.org/hemeroteca/petras/ciaford.htm

James Petras

Traductor: Germán Leyens

Introducción

La CIA utiliza fundaciones filantrópicas como el conducto más efectivo para canalizar grandes sumas de dinero a proyectos de la Agencia sin alertar a los destinatarios sobre su origen. Desde principios de los años 50 al presente, la intrusión de la CIA en el campo de las fundaciones fue y es inmensa. Una investigación del congreso de EE.UU. en 1976, reveló que cerca de un 50% de las 700 subvenciones otorgadas en el campo de las actividades internacionales por las principales fundaciones fue financiado por la CIA (Saunders, pp. 134-135). La CIA considera a fundaciones como Ford “la mejor y más plausible forma de cobertura para financiamientos (Saunders 135).1 La colaboración de fundaciones respetables y prestigiosas, según un antiguo agente de la CIA, permitió que la Agencia financiara una “variedad aparentemente ilimitada de programas de acción clandestina que afectan a grupos juveniles, sindicatos, universidades, editoriales y otras instituciones privadas.” (p. 135). Estas últimas incluyeron a grupos de “derechos humanos” desde comienzos de los años 50 al presente. Una de las “fundaciones privadas” más importantes que han colaborado con la CIA durante un período prolongado en proyectos significativos en la Guerra Fría cultural es la Fundación Ford.

Este ensayo demostrará que la conexión entre la Fundación Ford y la CIA fue un esfuerzo conjunto, deliberado y consciente, por fortalecer la hegemonía cultural imperial de EE.UU. y debilitar la influencia política y cultural de la izquierda. Procederemos considerando los lazos históricos entre la Fundación Ford y la CIA durante la Guerra Fría, examinando los presidentes de la Fundación, sus proyectos conjuntos, así como sus esfuerzos comunes en varias áreas culturales.

Antecedentes: La Fundación Ford y la CIA

A fines de los años 50, la Fundación Ford poseía activos de más de 3 mil millones de dólares. Los dirigentes de la Fundación estaban completamente de acuerdo con la proyección del poder mundial en Washington posterior a la Segunda Guerra Mundial. Un destacado erudito de ese período escribe: “A veces parecía como si la Fundación Ford fuera simplemente una extensión del gobierno en el área de la propaganda cultural internacional. La fundación tenía un historial de participación íntima en acciones clandestinas en Europa, trabajando en estrecha relación con el Plan Marshall y los funcionarios de la CIA en proyectos específicos.” (Saunders, p. 139). Esto es gráficamente ilustrado por el nombramiento de Richard Bissell como presidente de la Fundación en 1952. En sus dos años en el cargo, Bissell se reunió a menudo con el jefe de la CIA, Allen Dulles, y otros funcionarios de la CIA, en una “búsqueda común” de nuevas ideas. En enero de 1954, Bissell dejó la Ford para convertirse en asistente especial de Allen Dulles (Saunders, p. 139). Bajo Bissell, la Fundación Ford (FF) fue la “vanguardia del pensamiento de la Guerra Fría”. Uno de los primeros proyectos de la Guerra Fría de la FF fue el establecimiento de una editorial, Inter-cultural Publications, y la publicación de una revista en Europa: Perspectives, en cuatro idiomas. El propósito de la FF, según Bissell no era “tanto derrotar a los intelectuales izquierdistas en el combate dialéctico (sic) como atraerlos, alejándolos de sus posiciones” (Saunders p. 140). El consejo de dirección de la editorial estaba totalmente dominado por partidarios de la Guerra Fría. Ante la potente cultura izquierdista en Europa en el período de la posguerra, Perspectives no logró atraer lectores y quebró. Otra revista Der Monat financiada por el Fondo Confidencial de los militares de EE.UU. y dirigida por Melvin Lasky fue adquirida por la FF, para darle un aspecto independiente. (Saunders p. 140). En 1954, el nuevo presidente de la FF fue John McCloy. Era la personificación del poder imperial. Antes de llegar a ser presidente de la FF, había sido SubSecretario de Guerra, presidente del Banco Mundial, Alto Comisionado de Alemania ocupada, presidente del Chase Manhattan Bank de Rockefeller, abogado en Wall Street de las siete grandes compañías petroleras y director de numerosas corporaciones. Como Alto Comisionado en Alemania, McCloy había provisto coberturas para muchos agentes de la CIA (Saunders p. 141). McCloy integró a la FF a las operaciones de la CIA. Creó una unidad administrativa dentro de la FF específicamente para tratar con la CIA. McCloy dirigió un comité consultivo de tres personas con la CIA para facilitar el uso de la FF como cobertura y canalización de fondos. Con esos lazos estructurales, la FF era una de esas organizaciones que la CIA podía movilizar para la guerra política contra la izquierda antiimperialista y pro comunista. Numerosos “frentes” de la CIA recibieron importantes subsidios de la FF. Muchas organizaciones culturales, grupos de derechos humanos, artistas e intelectuales, supuestamente independientes, auspiciados por la CIA, recibieron subsidios de la CIA y la FF. Una de las donaciones más grandes de la FF fue al Congreso por la Libertad de la Cultura organizado por la CIA, que recibió 7 millones de dólares a principios de los años 60. Numerosos agentes de la CIA consiguieron empleo en la FF y continuaron la estrecha colaboración con la Agencia (Saunders p.143).

Desde su origen mismo hubo una estrecha relación estructural y un intercambio de personal a los niveles más altos entre la CIA y la FF. Este lazo estructural estaba basado en los intereses imperiales comunes que compartían. El resultado de esa cooperación fue la proliferación de una cantidad de revistas y el acceso a los medios de comunicación de masas que los intelectuales pro-EE.UU. utilizaron para lanzar polémicas vituperantes contra los marxistas y otros antiimperialistas. El financiamiento de la FF para esas organizaciones e intelectuales antimarxistas suministraba cobertura legal para sus afirmaciones de que eran “independientes” de los fondos gubernamentales (CIA).

El financiamiento de frentes culturales de la CIA por la FF era importante para reclutar a intelectuales no comunistas a los que alentaba a que atacaran a la izquierda marxista y comunista. Muchos de estos izquierdistas no-comunistas pretendieron más adelante que fueron “engañados,” que si hubieran sabido que la FF era una fachada de la CIA, no le hubieran prestado su nombre y su prestigio. Sin embargo, esta desilusión de la izquierda anticomunista, no tuvo lugar hasta después de que las revelaciones sobre la colaboración entre la FF y la CIA fueron publicadas en la prensa. ¿Eran de verdad tan ingenuos esos socialdemócratas anticomunistas como para creer que todos esos Congresos en mansiones de lujo y en hoteles de cinco estrellas en el lago Como, en Paris y en Roma, todas esas costosas exposiciones de arte y esas brillantes revistas eran simples actos voluntarios de filantropía? Tal vez. Pero hasta los más ingenuos deben haberse dado cuenta de que en todos los congresos y revistas el objetivo de la crítica era el “imperialismo soviético” y la “tiranía comunista” y los “apologistas izquierdistas de la dictadura”: -a pesar de que era un secreto a voces que EE.UU. intervino para derrocar el gobierno democrático de Arbenz en Guatemala y el régimen de Mossadegh en Irán y que los derechos humanos eran masivamente violados por las dictaduras respaldadas por EE.UU. en Cuba, la República Dominicana, Nicaragua y en otras partes. La “indignación” y las afirmaciones de “inocencia” de muchos intelectuales de izquierda anticomunistas después de que se reveló que fueron miembros de los frentes culturales de la CIA, deben ser tomadas con una buena dosis de cínico escepticismo. Un prominente periodista, Andrew Kopkind, escribió sobre un profundo sentido de desilusión con los frentes culturales financiados por las fundaciones privadas y la CIA. Señaló que: “La distancia entre la retórica de la sociedad abierta y la realidad del control fue mayor de lo que alguien se hubiera podido imaginar. Todo el que viajó al extranjero para una organización estadounidense era, de una u otra manera, testigo de la teoría de que el mundo estaba dividido entre el comunismo y la democracia y que todo lo demás constituía una traición. La ilusión del disenso fue mantenida: la CIA apoyaba a socialistas partidarios de la guerra fría, a fascistas partidarios de la guerra fría, a negros y blancos partidarios de la guerra fría. La amplitud y la flexibilidad de las operaciones de la CIA fueron sus principales ventajas. Pero era una farsa de pluralismo y era extremadamente corruptor.” (Saunders, pp. 408-409). Cuando un periodista estadounidense, Dwight Macdonald, que era redactor de Encounter (una influyente revista cultural financiada por la FF y la CIA) envió un artículo criticando la política cultural y política de EE.UU. el que fue rechazado por los editores, en estrecha relación con la CIA (Saunders pp. 314-321). En el campo de la pintura y el teatro, la CIA trabajó con la FF para promover el expresionismo abstracto contra cualquier expresión artística con contenido social, suministrando fondos y contactos para exposiciones altamente publicitadas en Europa y que recibieron reseñas favorables de periodistas “auspiciados”. El directorio entrelazado entre la CIA, la Fundación Ford y el Museo de Arte Moderno de Nueva York, llevó a una generosa promoción del arte “individualista,” alejado de la gente – y a un maligno ataque contra los pintores, escritores y dramaturgos europeos que trabajaban desde una perspectiva realista. “El expresionismo abstracto,” sea cual fuere la intención del artista, se convirtió en un arma en la Guerra Fría (Saunders, p. 263).

La historia de colaboración y nepotismo entre la CIA y la Fundación Ford en su promoción de la hegemonía mundial de EE.UU. es ahora un hecho bien documentado. Queda por ver si esa relación continúa en el nuevo milenio después de las revelaciones de los años 60. La FF ha hecho algunos cambios superficiales. Es más flexible en el suministro de pequeños subsidios a grupos de derechos humanos y a investigadores académicos que a veces discrepan con la política de EE.UU. No es probable que recluten agentes de la CIA para que dirijan la organización. Lo que es más importante, es probable que cooperarán más abiertamente con el gobierno de EE.UU. en sus proyectos culturales y educacionales, particularmente con la Agencia de Desarrollo Internacional. La FF ha refinado de cierta manera su estilo de colaboración con el intento de Washington de lograr la dominación cultural mundial. Como el FMI, la FF impone condiciones como ser la “profesionalización” del personal académico y la “mejora de los estándares”. En la realidad, esto se traduce en la promoción del trabajo científico social basado en las suposiciones, valores y orientaciones del imperio de EE.UU.; tener profesionales desligados de la lucha de clases y relacionados con los académicos y funcionarios pro-imperiales de EE.UU., partidarios del modelo neoliberal.

En la actualidad, como en los años 50 y 60, la Fundación Ford financia selectivamente a grupos anti-izquierdistas de derechos humanos que se concentran en el ataque contra las violaciones de los derechos humanos cometidas por los adversarios de EE.UU. y se distancian de las organizaciones de derechos humanos antiimperialistas y sus dirigentes. La FF ha desarrollado una estrategia sofisticada de financiamiento de grupos de derechos humanos (GDH) que llaman a Washington a cambiar su política, mientras denuncian a los adversarios de EE.UU. por sus violaciones “sistemáticas.” La FF apoya a GDH que igualan el terror estatal masivo de EE.UU. con los excesos individuales de sus adversarios antiimperialistas. La FF financia a DGS que no participan en las acciones de masas contra la globalización y contra el neoliberalismo y que defienden a la Fundación Ford como “organización no-gubernamental” legítima y generosa.

La historia y la experiencia contemporánea nos dicen algo diferente. En circunstancias en las que un financiamiento de actividades culturales por Washington se hace sospechoso, la FF llena una función muy importante en la proyección de las políticas culturales de EE.UU. como una organización aparentemente “privada,” filantrópica y no política. Los lazos entre los principales funcionarios de la FF y del gobierno de EE.UU. son explícitos y continuos. Una revisión de los proyectos recientemente financiados por la FF revela que nunca ha financiado un proyecto de importancia que contravenga la política de EE.UU.

Presenciamos una importante ofensiva político-militar de EE.UU. Washington ha presentado la alternativa como “terrorismo o democracia,” igual como durante la Guerra Fría cuando se trataba de “Comunismo o democracia.” En ambos casos, el imperio reclutó y financió “organizaciones, intelectuales y periodistas de fachada, para atacar a sus adversarios antiimperialistas y neutralizar a sus críticos democráticos. La Fundación Ford está bien ubicada para volver a jugar su papel para contribuir una cobertura para la Nueva Guerra Fría Cultural.

1 Frances Stonor Saunders “La Guerra Fría Cultural”. La CIA en el mundo de las artes y las letras. (The New Press: Nueva York 2000). Este libro es el estudio definitivo sobre el papel de la CIA en la organización de frentes culturales y la colaboración con fundaciones filantrópicas. Se basa en entrevistas exclusivas y documentos recientemente desclasificados. Este ensayo se inspira en ese estudio.

 

Relacionado:

Aunque parte de la premisa y una postura ideológica contraria a la de Petras llega más o menos a conclusiones parecidas, más allá de las diferencias de interpretación o de terminología:

https://ia800304.us.archive.org/19/items/DoddReportToTheReeceCommitteeOnFoundations-1954-RobberBaron/Dodd-Report-to-the-Reece-Committee-on-Foundations-1954.pdf

Y relacionado:

The CIA Reads French Theory: On the Intellectual Labor of Dismantling the Cultural Left

– https://es.scribd.com/document/361745700/CIA-Francia-La-Defeccion-de-Los-Intelectuales-de-Izquierda-Espanol-1985

– Dejo también un análisis interesante sobre el tema del mal llamado “marxismo cultural”: https://asocrodrigodebastidas.wordpress.com/2018/05/18/objeciones-al-uso-de-la-expresion-marxismo-cultural/

https://www.cairn.info/revue-mondes1-2014-2-page-129.htm#

– https://tribunafeminista.elplural.com/2019/04/quien-esta-detras-del-discurso-para-regular-la-prostitucion/

– Comité Church (1975-1976): https://es.wikipedia.org/wiki/Comit%C3%A9_Church

– Comité Cox y Reece (1952-1954): https://en.wikipedia.org/wiki/United_States_House_Select_Committee_to_Investigate_Tax-Exempt_Foundations_and_Comparable_Organizations

– Lo que llaman “marxismo cultural” en realidad bebe del postestructuralismo financiado por las grandes universidades: https://www.thestranger.com/slog/2019/03/25/39717444/jordan-petersons-idea-of-cultural-marxism-is-totally-intellectually-empty

– Libro de Joan Roelofs: Foundations and Public Policy: The Mask of Pluralism