¿Podemos aprender algo del parto !Kung?

11004954_10153049034461138_79232402_n

“Las mujeres embarazadas enfrentan el parto sin instalaciones médicas y sin parteras tradicionales u otros especialistas de nacimiento a los que recurrir. La posibilidad de dar a luz a menudo es aterradora, especialmente para las mujeres embarazadas por primera vez; ellas son las que tienen más probabilidades de sufrir complicaciones o morir. La tasa de mortalidad general en el parto (dos muertes maternas de cada quinientos nacimientos registrados), sin embargo, es bastante baja – ciertamente no es inusual en culturas sin atención médica moderna. Se ha sugerido que esta incidencia podría ser mayor si no fuera por la actitud bastante estoica de las mujeres !Kung hacia el parto: esforzándose por dar a luz solas o con ayuda mínima, disminuyen el riesgo de infección. Aunque el parto solitario es el ideal cultural declarado, a menudo otras mujeres ayudan, especialmente con un primer parto. Una mujer joven puede preferir tener a su madre u otras mujeres de la familia cerca, pero si está viviendo con la familia de su marido, recibirá la ayuda de sus parientes femeninos. Incluso cuando hay otras personas presentes, sin embargo, la propia mujer se considera responsable – excepto en las raras ocasiones en que Dios interviene caprichosamente – del progreso del trabajo de parto y el parto mismo. Un parto sin complicaciones refleja su aceptación plena de tener hijos: se sienta en silencio, no grita o llora pidiendo ayuda, y mantiene el control de todo el parto. Un parto difícil, por el contrario, muestra su ambivalencia sobre el nacimiento, e incluso puede ser visto como un rechazo del niño”. Pg 161 de “Nisa: The Life and Words of a !Kung Woman” de Marjorie Shostak.

Para que nos entendamos, 2 muertes por cada 500 partos es lo mismo que decir 400 muertes por cada 100.000 partos. En España llevamos años por debajo de 7 así que, desde nuestro punto de vista actual, es una mortalidad altísima. En EEUU están en 28 y en Suecia en 4. Sin embargo, históricamente, los datos de la cultura !Kung tienen mucho que aportar. Vamos a leer lo que se afirma en este artículo tan interesante, sobre el parto atendido por matronas en Suecia (artículo de Juan Gervás en Acta Sanitaria):

“En 1881 las normas higiénicas en el parto se impusieron legalmente, pero además se desarrolló todo un conjunto de instrucciones sobre nutrición y asistencia al recién nacido, como la promoción de la lactancia materna. Por consecuencia, entre 1800 y 1900, la mortalidad materna en Suecia bajó de 900 a 200 por 100.000 (casi la mitad que en el Reino Unido y la cuarta parte que en Estados Unidos, para el año 1900)”.

Es decir, en 1800 en Suecia morían 900 mujeres atendidas por profesionales mientras que en la cultura !Kung del siglo XX, sin asistencia ni acompañamiento de ningún tipo, morían menos de la mitad: 400. Hay que decir que los !Kung tienen tabú del calostro, lo que puede influir en el número de hemorragias postparto (la lactancia del calostro estimula la oxitocina, contrae el útero y ayuda a prevenir los sangrados). No es hasta el año 1900 cuando las matronas suecas y su sistema médico logran superar las estadísticas !Kung y lo hacen con medidas asépticas (la mayoría de las muertes eran por fiebres puerperales, por introducir gérmenes en el cuerpo de la parturienta por falta de higiene o medidas de seguridad), la posibilidad de usar antibióticos y realizar transfusiones, entre otros factores.

Ahora que hay tanto debate sobre el acompañamiento y tanta polémica sobre el cutrísimo “Informe Doulas” elaborado por el Colegio de Enfermería me gustaría reflexionar sobre esto. ¿Qué podemos aprender de la cultura !Kung que sea aplicable a la nuestra? ¿No sería interesante aprovechar lo que esa cultura sabe sobre la fisiología del parto y a la vez aprovecharnos de los avances médicos y tecnológicos del siglo XXI cuando son de verdad necesarios? ¿Necesitamos todas las mujeres ser apoyadas emocionalmente durante el parto? ¿O, como dice Michel Odent, necesitamos silencio, intimidad, seguridad, no sentirnos observadas, ni rodeadas de acompañantes y de cámaras de fotos y tener el apoyo de una matrona tejiendo con discreción en una esquina? ¿Podemos aprender algo del espíritu valiente y estoico de las mujeres !Kung en la época de los métodos para parir, los cursos de todo tipo para enfrentar el dolor o para formarse como doula, la necesidad (quizás, creada por la cultura) de que necesitamos apoyo emocional constante de alguien? ¿No estaremos desviando el tema incidiendo en la importancia del acompañamiento o de quién debe ser el acompañante cuando en realidad es más importante la protección del ambiente del parto y la actitud con la que las propias parturientas afrontamos ese momento? ¿Por qué nuestras propias madres u otras figuras maternales desinteresadas han desaparecido del panorama y se han convertido, en muchos casos, en agentes que infunden estrés en lugar de seguridad y, por tanto, en personas a evitar?

Son temas interesantes. No solamente influyen las condiciones fisiológicas externas en el parto sino la maleta física, emocional, mental, familiar e histórica que arrastra cada mujer en el momento de parir. Esa maleta, o la forma de afrontar la vida, la muerte y el parto, es muy diferente entre una mujer !Kung, una mujer sueca del siglo XIX y una mujer española actual.

Tabúes históricos sobre la lactancia materna

“Muchos aspectos de las características del amamantamiento de primates no humanos como de madres humanas de sociedades preindustriales fueron cuestionados; primero a las madres se les dijo que limitaran la cantidad de tomas diarias, después que eliminaran las tomas nocturnas, después que acortaran la duración de las sesiones de amamantamiento, y después que redujeran el número de meses de lactancia, y finalmente que eliminaran la lactancia en su conjunto”. Parenting for Primates de Harriet J Smith.

Desde que el ser humano inventó la escritura y las sociedades jerarquizadas con Estado multitud de expertos y médicos han escrito libros en los que expresaban sus ideas o creencias sobre cómo debían ser alimentados los bebés y cómo debían amamantar las madres y las nodrizas. En general, las mujeres del pueblo debían de hacer poco caso a estas recomendaciones, principalmente porque no todo el mundo leía libros y tenía más fuerza la tradición y la transmisión del conocimiento por vía oral.

La realidad es que tratando estos temas es fácil caer en la tentación de pensar que si tal personaje decía tal cosa lo más seguro es que todo el mundo le obedeciera ciegamente, como si un alienígena encontrara dentro de miles de años un libro de Estivill y extrapolara que esa era la forma universal de tratar a los niños en nuestra cultura.

Sin embargo, vivimos en una época en la que el poder de los expertos es enorme, y esto es así porque somos adoctrinados desde el nacimiento y nos cuesta pensar por nosotros mismos, discernir lo positivo y lo negativo de cada tesis, argumento o estudio. Esto supone un ejercicio de autoconstrucción que no todo el mundo está dispuesto a hacer, más cuándo llevamos años domesticados para ser reconducidos hacia el “buen camino” por premios y castigos otorgados por una autoridad externa. Estamos acostumbrados a recibir y a acatar órdenes, muchas veces sin sentido y con el único fin de aprender a obedecer ciegamente.  Cuando escribo esto recuerdo cómo el otro día nos dijeron en la guardería que los niños tenían que ir vestidos de “rojo” porque era la época de Navidad, otro día, en Haloween tenían que ir de “negro”. ¿Tiene algún sentido? ¿Son fiestas con algún sentido histórico o popular? No, lo importante es pasar por el aro, el mero hecho de conseguir que los padres y los niños hagan algo en lo que no creen o que simplemente ni les va ni les viene, y es que el rojo de la Navidad lo inventó el Papá Noel de la Coca Cola y el Haloween es una fiesta importada que entró en nuestro país a través del ocio nocturno (bares y discotecas) directamente a los coles y guarderías.

No es raro encontrar a personas que dicen que guían su forma de criar según tal o cual libro, tal o cual pediatra, o tal o cual etiqueta de crianza sin fisuras, críticas, ni dudas. También hay personas que necesitan que haya evidencia científica que otorgue legitimidad a experiencias humanas que desean vivir, como si necesitaran el permiso o el aval de la Ciencia para vivir la vida. Este es el verdadero caldo de cultivo de los fundamentalismos. Aún así, si antes las mujeres tenían una sabiduría popular de la crianza (en ocasiones errada y en otras acertada), hoy en día nos llega un aluvión tremendo de información que tenemos que filtrar, comparar, creer o no creer, desconfiar para poder tomar decisiones LIBRES, adaptadas a las circunstancias personales de cada caso.

Desconozco si esta sobreinformación tiene algo que ver con la aparente sumisión o reticencia a tomar las riendas de nuestra propia vida, escuchando a los expertos o a las personas que pueden tener más experiencia que nosotros (o no), pero es llamativo que no soportemos la idea de que en ciertos temas haya controversia, que se necesite flexibilidad y no exista un mensaje unívoco al que agarrarnos como un clavo ardiendo. ¿Acaso tenemos miedo al caos y al vacío?

El tabú del calostro

Michel Odent tiene una hipótesis interesante al respecto, las culturas aisladas como los huichols, los pigmeos y los maoríes son de las pocas en las que la “relación madre-bebé no es perturbada y el consumo de calostro parece hacerse sin restricciones”, a su vez son culturas que tienen un sentido ecológico muy fuerte. Este obstetra establece un paralelismo entre la relación madre-recién nacido y la relación humana con la Madre-Tierra. Desde luego es un punto de partida interesante y sugerente a tener en cuenta.

Creo que tiene mucho sentido, no porque las sociedades calostrales sean menos violentas o agresivas sino porque “domestican” menos la Naturaleza, a otros animales y al propio ser humano. Podría haber una relación entre una mayor separación madre-cría y una mayor domesticación del propio ser humano. Otro tema sería saber si “asalvajarnos” sería positivo o no, quizás nos haría más libres pero también implicaría una serie de renuncias que en el siglo XXI no estamos dispuestos a aceptar. Y no lo aceptamos a pesar de que nos conducimos al abismo, al suicidio como civilización y a la destrucción de nuestro hábitat. No hay más que ver cómo vivimos rodeados de basura y deshechos que ya no sabemos dónde esconder, un regalo envenenado que les dejamos a las próximas generaciones.

Aún así, podemos observar como los chimpancés toman calostro, viven una infancia enmadrada y también desarrollan algunos comportamientos violentos. Es decir, la toma del calostro no tiene por qué convertir a los seres humanos en más santos ni más amorosos con el resto de la humanidad, en ese aspecto. Son solamente hipótesis o preguntas en el aire.

Mujer y niños Kung San

En la sociedad Kung las madres amamantan desde el tercer día y tienen tabú del calostro. ¿Por qué habrán desarrollado esa práctica cultural? No lo sabemos. ¿En qué momento de su evolución pasó el ser humano de comportarse como un mamífero más a ser separado de su madre? Además, sabiendo ahora los beneficios que tiene para el bebé y la madre (segrega oxitocina, contrae el útero, facilita la expulsión de la placenta y evita hemorragias), ¿es quizás una forma de selección social de los más fuertes? A pesar de lo que ahora sabemos sobre el tabú calostro, incluso que aumenta las dificultades de la lactancia,  no deja de sorprenderme que, a pesar de todo esto, las mujeres Kung amamantan después durante años, hasta que se vuelven a quedar embarazadas. Resiliencia lactante en estado puro.

En Occidente, el griego Sorano de Éfeso (actual Turquía), decía que una mujer que acababa de parir estaba fatigada y se tenía que recuperar. Según él, la leche materna de los dos primeros días estaba alterada por los sufrimientos del parto y era mala para el recién nacido. Estos consejos aumentaron la mortalidad infantil y materna, ya que el bebé se perdía los anticuerpos del calostro, hacía que la subida de la leche fuera más difícil por falta de estimulación, aumentaba el riesgo de infecciones por ingurgitación en las madres y podía provocar riesgo de hemorragia (la oxitocina de la succión ayuda a contraer el útero y a expulsar la placenta).

El tabú del calostro llegó hasta el siglo XVII a la pediatría inglesa y francesa (supongo que en España fue igual) vía las fuentes antiguas griegas y romanas. En 1699, Ettmuller, un profesor de Leipzig escribía “Práctica de Física”, donde recomendaba amamantar al bebé para darle el calostro dando un giro a las tesis anticalostrales clásicas.

cdnii_rcpl_x127_large

William Cadogan

Años más tarde, en 1748, William Cadogan publicaba “Ensayo sobre el cuidado y manejo de los niños”, donde atribuía al calostro propiedades purgativas para eliminar el meconio y de prevención de infecciones gastrointestinales al bebé. También “desaconsejaba el uso de nodrizas y la introducción de cualquier otro alimento antes de los 6 meses de edad”. Pero todo no podía ser tan bonito: prohibía las tomas nocturnas, como veremos después. Desconozco si estas nuevas directrices fueron seguidas por las elites vía nodrizas o por las madres del pueblo. ¿O quizás estas últimas nunca habían hecho mucho caso a Sorano y compañía?

Tabú sexual de la lactancia

En África, en las sociedades cazadoras-recolectoras no existe, hay sexo y lactancia durante el mismo periodo, pero sí en las agricultoras (según el libro “Politics of Breastfeeding”). Esto tiene una lógica explicación para las sociedades sedentarias, ya que suelen suplementar más y antes que las cazadoras-recolectoras (además las madres tienen otro metabolismo energético), inhibiendo el poder anticonceptivo de la lactancia, y por eso tienen que ayudarse del tabú sexual para aumentar el intervalo de nacimientos entre hijos. No pueden fiarse de la amenorrea o anovulación típica del amamantamiento porque tienen más riesgo de embarazos cercanos. Puede ser este el motivo de que existan tabús de contaminación de la leche materna por el semen, por ejemplo.

Sin embargo, en Occidente, se dice que el tabú sexual es una explicación a la práctica de la contratación de nodrizas, para seguir manteniendo relaciones sexuales (y teniendo multitud de hijos) con la madre, con lo cual se acortarían los intervalos de nacimientos en detrimento de la salud maternoinfantil. Sería una posible explicación al típico esquema de contradicciones en cadena problema-solución-nuevos problemas-nuevas soluciones.

En la web de la Asociación Sina podemos leer:

“Cuando tú amamantas, tienes un tiempo muy largo de amenorrea y no te quedas embarazada. En las clases altas interesaba para tener vástagos una numerosa prole. Y la manera de que esto sucediera era que las esposas de clase alta no amamantasen. Se daban los niños a las nodrizas.

Esto supuso un gran control de la natalidad en las clases más bajas y las clases altas podían tener 18-20 hijos aunque de ellos murieran 10, pero al menos aseguraban los herederos”.

Galeno

En Occidente este tabú comenzó en el siglo II a través del griego Galeno de Pérgamo (actual Turquía). Dice el pediatra José María Paricio:

“Es Galeno (s. II d.C.) el primero, pero no el último médico conocido, que proscribe las relaciones sexuales durante la lactancia. La idea extendida era que se corrompía la leche, por lo que se recomendaba una abstinencia absoluta durante el tiempo que durase el amamantamiento. Esta creencia se mantenía vigente en el siglo XVII y, falta de pruebas pero sutilmente modificada, alcanza el siglo XX en los prontuarios cristianos de Medicina Pastoral. (…) A lo anterior se añade el que la duración media recomendada recomendada de la lactancia materna en los (…) escritos de Aristóteles, Sorano o Galeno era de un mínimo de 24 meses”. http://pediatrics.aappublications.org/content/65/2/374.abstract

También de Paricio, sobre las clases populares que NO cumplían el tabú sexual de la lactancia:

“Teniendo en cuenta el efecto anticonceptivo de la lactancia, las clases populares tenían una fecundidad limitada por término medio a un nacimiento bianual, lo que ha podido constituir un efectivo control de natalidad entre las masas campesinas de la Europa preindustrial. Por el contrario, la fecundidad no controlada por lactancia entre las clases acomodadas hace que la descendencia pueda suponer de 15 a 20 hijos, pero a expensas de una terrible mortalidad”.

Tabú de la lactancia nocturna

En Maternalias se incluyen las directrices para las nodrizas de Bernardo Gordonio, profesor de la Escuela de Medicina de Montpellier en el siglo XIII, en las que se incluyen los “clásicos” de no amamantar por la noche, ofrecer tomas fijas y limitadas, no ofrecer la lactancia a voluntad o a demanda, no “acostumbrar” al bebé al contacto físico cercano… (Agradezco a Cira Crespo el envío del enlace de esta cita):

“La xiij. condicion que deve aver el ama es que en el comienço dela noche no de la leche al niño salvo dos o tres vezes en el dia : e no mame mucho en una vegada : porque no sea refenchido mucho el su estomago ui sea sangustiado e nauseado ; e no consienta mamar continuada mente porque sera causa de golosidad e dolor delas fazes, e por ende el ama eche dela leche en la boca del niño alas vegadas.”

El pediatra inglés William Cadogan (1748) también prohibía” las tomas nocturnas porque, según él, hacían obesos a los niños (página 20 de su libro Ensayo sobre el cuidado y manejo de los niños”). Decía que, si no se les “molestaba”, los bebés aprendían a dormir toda la noche desde la primera semana, despertándose una o dos veces si estaban mojados para ser cambiados de ropa. Estas papanatadas eran peligrosas para la lactancia por reducir la estimulación, la producción de leche y el periodo de infertilidad asociado a la lactancia exclusiva, por tanto, muy peligrosas para los bebés. 

220px-Luther_Emmett_Holt

Luther Emmett Holt

A finales del siglo XIX llegó otro pediatra, Luther Emmett Holt (1894), con la brillante idea de suprimir las tomas nocturnas a los 5 meses, ya que a esa edad se suponía que no deberían ser amamantados entre las 22h y las 6 de la mañana. ¿Había que mecerlos? “De ningún modo. Es un hábito fácil de adquirir pero difícil de romper, y es inutil y a veces dañino. Lo mismo debe decirse de succionar un pezón de goma o chupete, y todos los otros artilugios para dormir a los niños”.

Truby King

Truby King

Truby King (1913), Director de “Bienestar” Infantil de Nueva Zelanda, también decía que no había que amamantar por la noche. A pesar de ser pro lactancia materna a su torturadora manera, en el campo de la crianza se dedicó a intentar aplicar los cuidados que se daban a las crías animales domesticadas de granja a la crianza de los niños humanos.

En el post “Colonialismo y lactancia” también se puede ver cómo los colonizadores trataron de eliminar las tomas nocturnas en las mujeres del Congo a comienzos del siglo XX: “No amamantes a tu hijo porque llora: él se silenciará a sí mismo… Por la noche no le amamantes ni un poco: el niño mamará por la tarde y mamará otra vez por la mañana. No le des “malafu” (cerveza) o agua de coco: la leche será suficiente. Antes del séptimo mes, las gachas de harina son malas. No le amamantarás para nada (por la noche) si se duerme en (su propia) cama. Si obtienes leche de vaca o cabra, irás a la farmacia, el médico te dará buen consejo, sabrás qué hacer”.

Tabú de la lactancia a voluntad (o mito de los horarios fijos)

William Cadogan termina con el tabú del calostro pero inicia otro nuevo, el de dar solamente 4 tomas en 24 horas (1748), eso sí, sin límite de tiempo. También decía que los horarios tenían que ser fijos todos los días. El libro de William Cadogan se puede encontrar en Google Books y en la página 25 están sus recomendaciones horarias.

Truby King, por supuesto, también aconsejaba a las mujeres que amamantaran cada cuatro horas en su libro de 1913, “Feeding and Care of Baby”. Con estas rutinas tan espaciadas muchas mujeres no eran capaces de establecer bien la lactancia y mantener su producción de leche. Ahora sabemos que todos estos consejos eran nefastos para las lactancias de las mujeres que los seguían. Afortunadamente, de nuevo, muchas mujeres no les harían ni caso.

Andrés López de la Llave

A pesar de lo obsoleto de recomendar horarios fijos de amamantamiento todavía se siguen escuchando afirmaciones sin fundamento ni sentido de boca de especialistas universitarios, como los del psicólogo y sexólogo Andrés López de la Llave en la radio:

“Esta moda que hay ahora de dar de mamar a los niños cuando les da la gana… son unos irresponsables (los padres). No les enseñan reglas. Dentro de 15 años va a haber un montón de niños imposibles de controlarse, imposibles de responsabilizarse”.

Mito de los 10 minutos en cada pecho

No he encontrado ninguna fuente histórica que recomendara esto. Sin embargo, mi propia abuela me dijo que en los años cincuenta en España ese era el consejo a seguir: cada 3 horas, 10 minutos en cada pecho. Resultado: con el primer hijo la lactancia duró 8 meses, las sucesivas cinco siguientes solamente duraron 2 meses.

Actualizo: una chica en facebook ha compartido esto: “Son las “recomendaciones” que le dieron a su madre cuando ella nació hace treinta años”. Estaríamos hablando de 1985:

10959830_10206164857829700_3185312826557402541_n

“Durante las primeras 12 horas de vida, ayuno absoluto. Después, si tiene hambre, no tiene “flemas” y la madre aún no tiene leche, puede darle alguna cucharadita de suero glucosado. A las 24 horas de vida, póngale al pecho cada 3 horas, 3 a 5 minutos a cada lado. Si no tiene leche o tiene muy poca, puede seguir el siguiente plan de alimentación artificial”. 

Tabú del cariño y la empatía hacia los bebés, que incluyo porque la lactancia materna es más que leche: 

Luther Emmett Holt decía en 1894:

¿Cuál es el llanto de indulgencia o de hábito?
Eso se escucha a mendudo incluso en muy pequeños bebés, que lloran para ser acunados, para ser llevados, a veces para que se les ponga luz en la habitación, para tomar un biberón, o para continuar con cualquier otra mala costumbre que haya adquirido.
¿Cómo podemos estar seguros de que un niño está llorando para ser consentido?
Si para inmediatamente cuando obtiene lo que quiere, y llora cuando se le quita o se le retiene.
¿Qué debería hacerse si un bebé llora por la noche?
 Hay que levantarse y ver que el niño  está cómodo -la ropa está suave bajo el cuerpo, las manos y los pies están calientes, y el pañal no está mojado o sucio. Si todas estas cuestiones se ajustan correctamente y el niño simplemente está llorando para que le cojan, no se debe interferir más con él. Si el llanto nocturno es habitual debe buscarse alguna otra causa.
¿Cómo se debe manejar a un niño que llora por temperamento, hábito o para que le consientan?
Simplemente se le debería “dejar llorar”. Esto a veces requiere una hora, y en casos extremos, dos o tres horas. Una segunda vez es raro que dure más de diez o quince minutos, y una tercera rara vez será necesaria. Tal disciplina no se debería llevar a cabo a menos que uno esté seguro de la causa del llanto habitual”.

En “Feeding and Care of Baby” publicado en 1913, Truby King defendía el “dejar llorar”, a pesar de ser pro lactancia: “Los métodos de Truby King específicamente enfatizaban la regularidad de la alimentación, el sueño y los movimientos intestinales, dentro de un estricto régimen que supuestamente construía el caracter al evitar abrazos y otras atenciones. Los métodos del Dr. King continuaron su popularidad hasta los años 50″.

Tabú del destete temprano

En Atapuerca, los paleontólogos nos dicen que los niños eran amamantados durante 3-4 años. En las primeras sociedades sedentarias con Estado, ganaderas y agricultoras, como Egipto y Mesopotamia, la lactacia duraba unos 3 años. Por un estudio aragonés (el estudio Calina) sabemos que hoy en día aproximadamente el 20% de las madres amamanta de forma exclusiva hasta los seis meses.

“No esperes demasiado para destetar a tu bebé”, publicidad de Nestlé:

Luther Emmett Holt (1894) decía que había que empezar con el destete a los 9-10 meses (lo que sería tardío según las recomendaciones actuales que dicen que hay que empezar con la AC a los 6 meses, aunque a veces los bebés tienen sus propia opinión) sustituyendo tomas de pecho por el biberón.  Según él, el destete total tenía que terminar a los 12 meses.

Truby King (1913), el experto cuadriculado por antonomasia y su mujer, decían que un verdadero “Bebé Truby King” tenía que ser amamantado de forma exclusiva hasta los 9 meses y después ser destetado lentamente con la introducción de la AC. ¿Hasta cuándo amamantar? No lo he encontrado.

José María González Cano

Este tema está de rabiosa actualidad, gracias al libro “Víctimas de la Lactancia Materna. Sin dogmatismos ni trincheras” del Dr. José María González Cano, que aboga por el destete TOTAL o parcial a los 4 meses para que el niño no tenga tanta “fijación por el pezón” (expresión propia de este doctor) y acepte mejor la alimentación complementaria posteriormente. Algo así como aceptar que es mejor no acostumbrarle demasiado a lo bueno y placentero porque, si lo conoce y se acostumbra a ello, después no querrá saber nada de biberones y papillas, cuando supuestamente sí los necesitaría de forma prioritaria. Como tengo pensado escribir un post íntegro sobre su libro, que compré (a pesar del paternalismo de pretender que la Generalidad lo retirara para que la gente no se contaminara con sus contenidos, vía change.org), no me extiendo más. Pienso rebatir cada uno de sus presupuestos ideológicos (un pequeño anticipo freudiano aquí). En este libro hay mucha ideología y poca ciencia, pero tampoco se necesita citar ni a la OMS ni tropecientos artículos para demostrar nada. No somos nosotras las que tenemos que justificarnos por ser mamíferas ni demostrar que nuestros bebés están sanos. La biología humana no tiene por qué buscar excusas ni padrinos científicos, nos avalan millones de años de (pre)Historia.

9cf6b84774d82bf9138dce8e2606a306

Los !Kung sin pañales

9780520262348

Tomado de Nancy Howell: Historias de Vida de los Dobe !Kung:

“Los bebés establecen el control de esfínteres a una edad temprana , como resultado de la comunicación íntima, entre ellos y sus madres, que se ve alentada por el contacto piel con piel. Cuando un bebé orina espontáneamente , la madre responde sacando al bebé de la bandolera y limpiando al bebé (y a ella misma y su ropa de cuero no absorbente ) con un puñado de hierba. A medida que la madre desarrolla la capacidad de sacar al niño antes de que termine el flujo de la orina, añadirá un silbido a la corriente de la orina. Poco a poco, sin instrucciones verbales y sin regaños, los bebés pueden ser inducidos a liberar el flujo de orina con la señal silibeante mientras se mantiene se le separa del cuerpo de la madre. Muchos niños de seis meses de edad están entrenados de esta manera, antes de que puedan hablar. Del mismo modo las madres son conscientes de los movimientos y los sonidos de sus hijos y aprenden a anticipar la defecación, y mover al niño fuera de su cuerpo antes de que ocurra, mientras el niño es aún muy pequeño. Es valioso para la madre tener éxito en evitar “accidentes” con la defecación, pero no está del todo claro si es la madre o el niño los que son “entrenados” . La comunicación no verbal entre madre e hijo parece depender de la falta de ropa, por lo que será interesante saber si “el control de esfínteres” se está convirtiendo en un problema para las madres !Kung ahora que la mayoría de ellos llevan ropa de tela la mayor parte del tiempo y llevan a sus bebés fuera de sus ropas”.

Nisa: La Vida y Palabras de una Mujer !Kung, una reseña

3513

Este es un libro de antropología curioso. Marjorie Shostak, su autora, en realidad no era antropóloga cuando viajó a la tierra de los Kung en el desierto de Namibia junto a su marido y otros antropólogos a realizar trabajo de campo. Shostak era filóloga, sin embargo, es uno de los mejores libros de antropología que he leído, porque llegas a conocer la forma de pensar y la cosmovisión de una mujer Kung concreta de una forma bastante profunda. Me ha recordado en ocasiones a “El Concepto del Continuum” de Jean Liedloff, aunque el enfoque sea totalmente diferente, aunque “Nisa” me ha gustado muchísimo más, porque da voz a las personas de las que está hablando. Es muy humano y nada mitificador; ves lo positivo y negativo de la cultura, lo que se podría aprender de ella y, sobre todo, unos cuantos sentimientos universales del ser humano.

El libro se estructura en 15 capítulos en los que en una primera parte Shostak nos cuenta la “teoría” y después viene la parte de narración de Nisa, la protagonista del libro, que fue entrevistada y grabada por la autora. No en vano, como buena filóloga, estuvo durante largos meses aprendiendo el idioma y sumergiéndose en la cultura antes de comenzar ninguna de las entrevistas

¿Con qué me quedo del libro? Con las partes en las que se habla de:

El embarazo. Me ha llamado mucho la atención que se hablara del embarazo como de un estado psicológico alterado en algunos momentos, como cuando en nuestra cultura hablamos del estado premenstrual: “estaba enfadada y lloraba un montón. Mi corazón estaba lleno de rabia y sentía dolor, pero no entendía por qué. Cuano comía carne, vomitaba, y cada vez que comía bayas dulces, devolvía. (…) Pregunté a la gente mayor, “¿Por qué devuelvo cuando como carne?” Eso era cuando mi tripa todavía era pequeña. Dijeron, “Tus pezones son oscuros, debes de estar embarazada””.

Dice Marjorie Shostak que no se considera que las embarazadas necesiten especial protección o que deban parar de hacer sus actividades normales. Sin embargo, muchas mujeres Kung experimentan cambios de humor durante los embarazos y se considera normal. Una suegra comenta en el libro: “La última semana mi yerna se enfadó tanto que corrió lejos del poblado y durmió en los arbustos. A la siguiente mañana todo el mundo fue a buscarla, y cuando la encontraron, estaba sola. No se había hecho ni siquiera un fuego. Había estado enfadada y triste, y había acusado a su marido de tener una aventura con otra mujer. Pero no era verdad. Era el bebé dentro enfadándola”.

Al leer esto recordé mi primer mes de embarazo, cuando ni siquiera sabía que estaba embarazada, y el bajón que sentí en algunos momentos y que asocié a que me iba a venir la regla de forma inminente. Al final resultó ser un embarazo y no síndrome premenstrual…

El parto. Me ha fascinado el estoicismo con el que afrontan los dolores del parto. Sí, he dicho dolor (no sé qué opinará Casilda Rodrigañez). Lo sienten, lo admiten, lo conocen, pero piensan que hay que ser valiente y no mostrarse temerosas, porque si tienes miedo, el parto irá peor. Así que se van fuera del poblado, se sientan bajo un árbol sin moverse y sin gritar, y paren. Eso sí, las primíparas sí paren acompañadas de su madre o alguna tía.

Lo del silencio me parece curioso porque quizás los extranjeros que viajan a otras culturas y observan ese tipo de parto podrían pensar que las mujeres “paren sin dolor” (por ejemplo, Bartolomé de las Casas, sin ir más lejos) cuando en realidad podrían estar teniendo dolor pero no expresarlo y trascenderlo con valor de guerreras (actitud que me recuerda un poco a algo que leí en el libro de la comadrona Verena Schmid, El Dolor del Parto). Marjorie Shostak, al no limitarse a observar desde fuera sino preguntar directamente a Nisa por sus partos, se entera de lo que verdaderamente ella sintió al parir a sus hijos.

Aborto e infanticidio. Bau, otra mujer Kung, le contó a Marjorie que “en el pasado una mujer con un embarazo no deseado bebería una medicina de hierbas que haría que su menstruación volviera, que “arruinaba sus entrañas””. También le dijo que las mujeres de la generación de su abuela habían practicado de forma ocasional el infanticidio, pero que ya no se hacía ya que estaba prohibido por la ley estatal.

También sobre este tema: “Los Kung dicen saber algunas formas de “arruinar” o terminar un embarazo. Se dice que una mujer está declarando su deseo de abortar si cocina comida en el fuego de otra persona o si tiene sexo con otro hombre diferente del que espera un bebé. Otras alternativas son agentes físicos como montar a caballo o en burro y algunos químicos hechos con plantas. No está claro como de extendido está el uso de plantas medicinales o su eficacia. En cualquier caso, una mujer recurrirá a ellos solamente si piensa que las condiciones para la supervivencia del niño no nacido son peores (inciertas, en el mejor de los casos) de lo normal”.

Menstruación. No existen ni utilizan compresas, la sangre cae por las piernas o usan hojas, pieles o, más recientemente, alguna tela o trapo. No hay tabú sexual de la menstruación, las mujeres no son segregadas de la vida cuando tienen la regla y continúan teniendo sexo. Eso sí, menstrúan pocos meses porque normalmente o están embarazadas o en amenorrea de la lactancia. Como experimentan unas pocas menstruaciones entre embarazos, reflexiona Shostak, no se le da ninguna importancia a la regla. A pesar de que la asocian en ocasiones a algún tipo de disconformidad (calambres, sensibilidad en los pechos, dolor de cabeza o de lumbares) no se piensa que afecte a la mujer a nivel psicológico, curiosamente al contrario que en el embarazo donde sí son conscientes de sus fluctuaciones anímicas. Sería una prueba más de que lo normal en su cultura es el embarazo y la lactancia y en la nuestra menstruar de forma indefinida.

Sí creen en la sincronía menstrual (a pesar de que hoy en día se sabe que no ocurre) y llaman a sus reglas “lunas”. Algunas dejan de hacer visitas a otras personas cuando están con la menstruación y otras siguen con su vida como si nada. Una mujer en el libro explica: “Cuando quiero ir de visita, voy de noche. Así, nadie pude ver si hay sangre en mis piernas”. Al final de la menstruación, se bañan.

Por cierto, en otro libro que me estoy leyendo de Wenda Trevathan, “Cómo la evolución a dado forma al cuerpo de la mujer”, se explica cómo en otras culturas preindustriales o preagrícolas las mujeres tienen niveles hormonales mucho más bajos que nosotras, tanto en el ciclo menstrual como en el embarazo. Además, sus reglas son la mitad de cortas que las nuestras.

Los niños. Dice Marjorie Shostak: “La mayor parte de los Kung aman a los niños, y lo ideal es tener muchos. Pero las mujeres Kung conocen muy bien los costes físicos del embarazo, así como el trabajo y la responsabilidad que tener muchos hijos conlleva. Una mujer, embarazada demasiado pronto de su cuarto hijo, expresó su infelicidad de este modo: “Tener demasiados niños te hace flaca porque son muy pesados de llevar (portear). Los niños son valorados por su abilidad para hacer la vida más agradable. Un hombre Kung, cuya mujer había llegado a la menopausia sin tener hijos, dijo “Tengo tantas ganas de tener niños. Cuando vas de caza y vuelves, corren y se sientan a tu lado. Dicen, “Papá, ¡dame algo de carne!” Solamente el hecho de tenerlos al lado te hace feliz”.

Lactancia. Los Kung tienen tabú del calostro, es decir, no amamantan los tres primeros días. O bien el niño se queda sin comer o bien otras madres le amamantan hasta la subida de la leche. Comienzan la alimentación complementaria sobre los 6 meses (o premasticada o machacada) pero la lactancia continúa varias veces cada hora durante los primeros años del bebé.

Lo del tabú del calostro es uno de los grandes enigmas para mí del ser humano. ¿En qué momento surgiría en la cultura Kung y otras tantas? Además de los innumerables beneficios para el niño, dar el pecho nada más nacer ayuda a que el útero se contraiga y previene hemorragias. Si es algo tan positivo, ¿por qué evitan “la leche mala”? Además, no puede ser para separar o hacer menos apegada la relación madre-bebé, ya que durante los primeros 3-4 años esa relación entre los Kung es muy estrecha a todos los niveles. Un misterio por resolver…

Las rabietas durante el destete. Buena noticia para los que sienten “culpabilidad occidental” porque sus hijos las tengan. Los niños de la sociedad de cazadores-recolectores Kung también las tienen, sobre todo en el momento del destete cuando mamá se queda embarazada con otro bebé, eso sí,  después de 3-4 años de lactancia. Parece que, aunque des teta hasta esa edad, muchos niños no quieren parar y al menos entre los Kung se convierte en un verdadero drama. Es decir, las madres Kung no dan el pecho hasta que sus hijos quieran, sino hasta que llega otro hijo. Por ejemplo, el último bebé de una madre sí que se desteta él mismo varios años después que los demás. En el destete se ponen una sustancia amarga en los pezones y, muchas veces, los niños se van a vivir un tiempo con las abuelas.

Los amantes. Las mujeres y los hombres Kung se casan, normalmente varias veces durante su vida, y se separan a voluntad, lo que no impide que existan pasiones y verdaderos amores románticos a escondidas de las parejas “oficiales”. Todo el mundo lo sabe, todo el mundo hace como que no lo sabe y se tolera siempre que no se haga obvio, es decir, que nadie pille a nadie. Si te cazan con un amante, eso sí, puede haber violencia, peleas y divorcios.

La sexualidad infantil. Lo mismo. Los bebés están los primeros años pegados a la teta de sus madres, porteados de aquí para allá. Después, cuando son más mayores se suelen ir con la pandilla de niños y adolescentes del poblado, que van totalmente a su rollo e incluso se montan una especie de poblado de niños paralelo en el que imitan la vida adulta. En esos poblados las niñas experimentan entre ellas el “juego sexual” de imitar a los adultos cuando tienen sexo, los niños también lo hacen entre ellos. Después, un tiempo más tarde, chicos y chicas juegan a tener sexo juntos. Como en el tema de los amantes, los adultos saben lo que hacen los niños (ellos mismos lo hicieron de pequeños) y, oficialmente, si lo hacen de forma muy obvia, les dicen que jueguen a otra cosa, pero si no les ven, no dicen nada. Es, por tanto, una sexualidad libre y creada por imitación del mundo externo, por autoinvestigación y coinvestigación con otros seres. No hay adoctrinamiento sexual, no hay enseñanzas regladas sobre el tema, no hay teorías…

Posesiones. La existencia de una mínima propiedad privada, ya que como se mueven mucho de un lugar a otro no pueden llevarse muchas cosas en los viajes. Además, lo que se tiene se comparte y se regala varias veces o se intercambia. Los valores de generosidad, reciprocidad e igualdad son muy importantes, incluso llegan a ser “obligatorios”. Las decisiones se toman por consensos y no hay jefes o líderes políticos, hay portavoces. Los grupos son autosuficientes.

– Los niños y los adolescentes de menos de 15 años y los adultos de más de 60 años contribuyen muy poco a la búsqueda de comida (al contrario que en muchas sociedades agrícolas o rurales). Y los adultos “trabajan” 2 o 3 días a la semana en la consecución de comida. El resto del tiempo se emplea en cocinar, trabajo del hogar, cuidado de niños o fabricación de herramientas. Hay mucho tiempo libre para actividades de ocio, cantar, componer música, tocar instrumentos, coser o tejer, narrar historias, jugar, visitar a otros o descansar. Existen conflictos pero se resuelven rápido y sin mayores incidentes.

Las mujeres contribuyen con el 60-80% de la comida consumida en dos días de trabajo a la semana. En el poblado emplean 4 horas diarias a mantener sus herramientas, recoger agua, leña, mantener el fuego, hacer cabañas, las camas, cocinando. Los hombres emplean 3 horas al diá en trabajo doméstico (cortan madera, recogen leña, preparan, cocinan y sirven la carne, y también cuidan a los niños, aunque dediquen algo menos de tiempo. Ellos cazan animales grandes y ellas recolectan plantas y cazan animales pequeños. Como no hay jerarquías sociales es una sociedad bastante igualitaria, si se compara con las sociedades agricultoras. Las mujeres son escuchadas y respetadas al mismo nivel que los hombres, pueden ser sanadoras como los hombres en los rituales de baile medicinal (una especie de danza con imposición de manos a los enfermos del poblado), pero dice Shostak que, aún así, se valoran un poco más las tareas masculinas, ya que la carne es cazada por los hombres y es muy valorada.

La violencia. Dice la autora: “Las mujeres son tan propensas que los hombres a entrar en peleas, a pesar de que ellas las inician mucho menos frecuentemente; una vez provocadas también son combatientes eficaces y decididas. La mayoría de las peleas entre los hombres y las mujeres son entre marido y mujer, con el marido siendo el agresor. Las peleas son generalmente espontáneas y apasionadas en su naturaleza y duran sólo unos pocos minutos. Los amigos y parientes, las únicas autoridades efectivas, son responsables de la separación física de los que luchan, así como de la prevención de nuevos enfrentamientos. La determinación de la culpabilidad no es una preocupación importante, y, excepto en los casos más extremos, no se impone castigo. La presión de grupo hace que sea muy claro, sin embargo, que la violencia no es una forma respetable de resolver los conflictos”.

En el libro se cuentan varios episodios violentos, siendo uno de los más crueles el del asesinato de la hija de Nisa por parte de su marido al intentar tener relaciones sexuales con ella poco después de su primera regla (sobre los16-17 años). Ella se resistió y él la pegó de tal forma que le rompió el cuello.

La violencia hombre-hombre también sucede, con flechas venenosas de por medio, pero no existen las guerras como tal.

Dice Marjorie Shostak que los padres y madres Kung no suelen pegar a sus hijos (o al menos que ella lo viera). Sin embargo, los adultos sí recuerdan en las entrevistas haber sido pegados con un palo o amenazados con ello cuando “se portaban mal”.

La muerte y el duelo. A pesar de que gozan de buena salud y no tienen las enfermedades propias de nuestra civilización moderna, el 50% de los niños mueren antes de llegar a los 15 años, normalmente por enfermedades infecciosas. Recuerdo que en el libro del que hablé en otro post sobre la familia campesina asturiana se daban cifras similares en el siglo XIX. Que la mortalidad sea tan alta no es óbice para que se sufra muchísimo con cada muerte de un hijo o familiar, lo que contradice otras cosas que he leído sobre el mundo preindustrial en otros libros (algo así que como se les morían tantos, no se vinculaban con ellos…).

Y podría hablar mucho más, por ejemplo, sobre su ritual medicinal y demás, pero prefiero reservármelo para otra entrega, ya que Marjorie Shostak volvió años después a visitar a Nisa y escribió otro libro en una onda completamente diferente a este. En definitiva, “Nisa: La Vida y Palabras de una Mujer !Kung” es una obra muy recomendable e interesante para salir de tu propia cultura y entender otras realidades.

Nisa: La Vida y Palabras de una Mujer !Kung

En el libro de “Nisa: La Vida y Palabras de una Mujer !Kung”, la autora nos cuenta que esa cultura de cazadores-recolectores el ratio de mortalidad materna es de 2 muertes maternas por cada 500 nacimientos. Teniendo en cuenta que, aunque el primer parto pueden estar acompañadas por alguna mujer experimentada, normalmente paren solas sin asistencia en las cercanías del poblado, sentadas, sin moverse y sin emitir sonidos esperando con actitud estoica aunque sientan dolor… ¿Tiene sentido toda la preparación al parto? ¿Cómo es posible que nosotras necesitemos tanta intervención médica, apoyos emocionales, métodos contra el dolor y demás para parir? A mi desde luego me ha dejado perplejísima esta cifra porque pensaba que sería muchísimo mayor… Incluso podemos imaginar: si tuvieran la tecnología que nosotros tenemos más cerca esas 2 únicas muertes por cada 500 nacimientos serían los 2 únicos partos dificultosos que serían intervenidos, medicalizados o por cesárea. Añado también que la mortalidad infantil en el primer año es muy alta y está en el 20%.

En España la mortalidad materna está está en 4,7 muertes maternas por 100.000 nacimientos, según datos de la SEGO. Entre los Kung serían 400 muertes por cada 100.000 nacimientos, cifras similares a las de hoy en día en Mali, Niger o Angola o Afganistán. En cualquier caso, de 400 muertes a 5 muertes por cada 100.000 nacimientos hay una gran diferencia.

Si sabéis inglés, no os podéis perder este libro:

http://books.google.es/books?id=up4_q8ooKO0C&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false

El mundo hasta ayer, de Jared Diamond

el-mundo-hasta-ayer-ebook-9788499923567

Dice Jared Diamond en su libro, en una parte sobre la lactancia a demanda:

“Por ejemplo, los cálculos realizados entre los !kung han demostrado que un niño mama una media de cuatro veces cada hora durante el día, dos minutos cada vez, con un intervalo medio de solo 14 minutos entre amamantamientos. La madre se despierta para alimentar al niño al menos dos veces por noche, y el bebé mama sin despertar a la madre varias veces. Esta oportunidad constante de la lactancia a demanda suele proseguir durante al menos tres años en la vida del niño !kung. Por el contrario, muchas o la mayoría de las madres de las sociedades modernas programan la lactancia según lo permitan sus actividades. La organización del trabajo de una madre, ya sea fuera de casa o en tareas domésticas, a menudo implica que madre e hijo estén separados varias horas. El resultado son muchos menos amamantamientos en comparación con las decenas de la madre cazadora-recolectora, amamantamientos más prolongados e intervalos mucho más largos entre ellos.

Esa elevada frecuencia en la lactancia de las madres cazadoras-recolectoras tiene consecuencias fisiológicas. Como he mencionado anteriormente, las madres cazadoras-recolectoras lactantes no suelen concebir durante varios años tras el nacimiento de un hijo, aunque retomen su actividad sexual. Sin duda, hay algo en la lactancia a demanda que ejerce de anticonceptivo. Una hipótesis es la demoninada “amenorrea por lactancia”: mamar libera hormonas maternas que no solo estimulan la secreción de leche, sino que también pueden inhibir la ovulación (la liberación de óvulos de una mujer).

Pero esa inhibición de la ovulación requiere un régimen constante de lactancia frecuente; varios amamantamientos al día no bastan. La otra se denomina “hipótesis de la grasa crítica”: la ovulación requiere que los niveles de grasa de la madre superen cierto umbral crítico. En una mujer lactante perteneciente a una sociedad tradicional sin comida abundante, los elevados costes energéticos de la producción de leche sitúan el nivel de grasa de la madre por debajo del valor crítico. Por ello, las madres lactantes sexualmente activas de las sociedades industriales modernas de Occidente, a diferencia de sus homólogas cazadoras-recolectoras, todavía pueden concebir (para su sorpresa) por una de estas razones o ambas: su frecuencia lactante es demasiado baja para que se produzca una amenorrea inducida hormonalmente; y están lo bastante bien nutridas como para que sus niveles de grasa corporal se mantengan por encima del umbral crítico para la ovulación, pese al gasto calórico propio de la lactancia. Muchas madres occidentales cultas han oído hablar de la amenorrea por lactancia, pero no tantas saben que solo es eficaz con frecuencias elevadas de amamantamiento. Una amiga mía que, para su desconsuelo, concibió hace poco solo unos meses después del nacimiento de su hijo anterior se unió a la larga lista de mujeres modernas que exclaman: “¡Pero si yo creía que no podía quedarme embarazada mientras daba el pecho!”.”

Si te interesa el mundo de la fertilidad este texto pertenece a una serie de post sobre MELA (método de la amenorrea de la lactancia), fertilidad y lactancia:

– Lactancia y Menstruación en Perspectiva Cultural, un artículo de Barbara B. Harrell (1981): http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/06/lactancia-y-menstruacion-en-perspectiva.html

– “La evolución de la reproducción humana” de Roger Short (1976): http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/05/la-evolucion-de-la-reproduccion-humana.html

– Colonialismo y lactancia: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/07/colonialismo-y-lactancia.html

La mujer completa, Germaine Greer

Mary Wollstonecraft, sobre el amamantamiento y la fertilidad

Figuras de la madre, texto de Yvonne Knibiehler

La familia campesina del Occidente asturiano