El destete natural

Estoy suscrita a la lista de correo de Fedalma, la Federación Española de Asociaciones pro Lactancia Materna, y una de las últimas publicaciones de su web ha sido esta entrevista a Naomi Aldort, asesora familiar, escritora y conferenciante. Me ha dejado perpleja y, como todo lo que me deja en ese estado me produce una necesidad voraz de investigar, aprender y pensar por mí misma, aquí tenéis el resultado.

Soy una enamorada de la lactancia materna, que disfruto desde hace dos años, pero sobre todo soy una enamorada de la libertad, de la capacidad de las mujeres de tomar decisiones libres, informadas y responsables. Por eso, creo que es importante dudar, “loada sea la duda”, que decía Berthold Brecht, para construirnos cada una nuestro propio camino. Creo que las madres deben hacer lo que su conciencia y sus posibilidades les permitan, porque tan natural es que el bebé quiera seguir mamando como que la madre quiera dejar de dar de mamar en algún momento. De hecho, en el reino animal esto tiene un nombre: conflicto del destete (weaning conflict, en inglés). En algunas especies el destete es más conflictivo que en otras, como veremos después, pero lo que no se puede negar es que el destete dirigido por las hembras mamíferas es totalmente natural, y muchas veces está ligado a una nueva gestación.

Dice Naomi Aldort:

“Desde tu experiencia personal, ¿cómo transmites la importancia de la lactancia en niños mayores de dos años?

Todavía no he conocido a ningún niño de 2 años que en condiciones naturales quiera dejar de mamar. También observo que cuando las madres se sienten libres para seguir el dictado de sus corazones, ellas tampoco quieren pasar por el dolor de forzar a un niño a dejar de mamar, ni quieren perder esa experiencia de vínculo mágico.

(…)

La naturaleza no comete errores. Lleva perfeccionándose durante millones de años para darnos el sistema óptimo de cuidar a un niño. Las elecciones primitivas de un niño son las mejores. El niño tiene razón porque la naturaleza no mete la pata y no necesita que luchemos contra ella.”

Y después de leer esto me pregunto, pero, ¿cómo ocurre el fenómeno del destete entre los animales mamíferos y, mejor aún, en los primates, es decir, en la Naturaleza? ¿Por qué Naomi Aldort no considera natural que la madre desee en algún momento iniciar el destete? ¿Por qué considera que el inicio del destete por parte de la madre es luchar contra la Naturaleza, cuando la realidad mamífera es precisamente la contraria? ¿Por qué ese tono melodramático hacia un proceso fisiológico normal, tanto si es iniciado por la madre como si no lo es? ¿En qué se basa para decir que las elecciones del niño son “mejores” que las de su madre, cuando además está hablando de destetes a partir de los dos años?

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Mmmm… Veamos qué ocurre en la Naturaleza:

Perras

http://www.conciencia-animal.cl/paginas/temas/temas.php?d=1004

“Al principio la perra estará con sus hijos casi todo el tiempo, y se irá creando en la camada el sentido de grupo social. Después, a las 3 ó 4 semanas, la madre comenzará a dejarlos solos cada vez más tiempo, y los momentos de lactancia serán menos. A medida que vaya transcurriendo el tiempo y los días, la perra se mostrará cada vez más arisca con sus hijos, y á estos les será más difícil mamar. A las 5 semanas, si un jovenzuelo intenta alimentarse de ella, la perra le gruñirá y le hará como si lo fuera a morder, pero sólo será un amago, porque ello nunca llegará a suceder.”

Gatas

http://gatos.about.com/od/Sexualidad/f/El-Destete-O-Separacion-Del-Gatito.htm

“Se conoce como el destete a la etapa de transición en la que el gatito deja de tomar leche de su madre y comienza a comer alimentos sólidos preparándose así para su independencia. Mamá gata es quien domina el proceso cuando comienza a rechazar el darle leche al gatito para así obligarlo a aprender a buscar su comida.”

Yeguas

http://www.naturalhipic.com/centro/el-destete-doma-natural/

“Las yeguas que viven en libertad destetan a sus potros cuando se aproxima el final de la siguiente gestación. No todas las yeguas destetan a sus potros en un mismo momento, pero normalmente lo hacen aproximadamente al décimo mes de su gestación. La madre no le dejara mamar a su potro dándole una pequeña coz cuando lo intente, y así el potro progresivamente dejara de intentarlo, pasando a alimentarse únicamente de pasto.”

Elefantas

Tomado y traducido de “Mammals of Africa”:

http://books.google.es/books?id=B_07noCPc4kC&printsec=frontcover&hl=es#v=onepage&q&f=false

Pg. 192: “Las crías de elefante suelen dejar de mamar cuando la siguiente cría nace, y la examinación de elefantas en Kruger N. P. mostró que la mayor parte mama constantemente (Smuts 1975, I Whyte pers. obs.). Como resultado, el destete es un proceso extenso y suave (Lee and Moss 1986). Hay diferencias sutiles entre los sexos de las crías en el destete, donde se permite a los hijos mamar en cuanto emitan una protesta vocal, mientras que las madres son un poco menos tolerantes con las hijas. Teniendo en cuenta que el período entre partos en Kruger NP se calculó a los 3 años y 8 meses (2001a Whayte), esto también representa la media de edad del destete. En los casos en que se prorroga el período entre partos, la edad al destete probablemente se ampliará en consecuencia.”

Cabras

Sobre la especie de cabra “ammotragus lervia”, en el mismo libro, pg 598:

“El conflicto madre-cría durante el destete ha sido investigado. Parece haber un cese progresivo de la lactancia, sin los conflictos de comportamiento que surgen entre la madre y los hijos, salvo cuando se reanuda la actividad sexual antes de que el destete haya tenido lugar (Cassinello 1997a).”

Monas babuinas

http://www-personal.umich.edu/~phyl/anthro/conflict.html

El conflicto del destete
Piensa como en la primera etapa, la madre mantiene la proximidad hacia su cría, la sigue, evita que se separe, e inicia la mayor parte de las tomas de lactancia. En la segunda etapa, la cría pasa a ser más independiente e inicia la mayor parte de las tomas. En la última etapa, la madre acalla los esfuerzos para mantener el contacto, y deja de querer amamantar. En esta última etapa, la madre empezará a rechazar al niño, primero suavemente y después de forma más contundente. El niño pasará mucho tiempo gimoteando y llorando. Trivers dijo una vez que si quieres encontrar babuinos por la mañana, escucha el sonido de una cría destetándose; llantos y rabietas.

Gorilas

Tomado de “Gorilas de Montaña: Tres Décadas de Investigación en Karisoke”:

“El desarrollo de la independencia nutricional observado en el presente estudio sugiere dos posibles estrategias de destete en los gorilas de montaña. Habitualmente, el destete en los gorilas ha sido considerado como un proceso suave, gradual (Stewart, 1981), justificado aquí por los lactantes que seguían con la succión a los 40 meses y por la falta de un aumento aparente de lloriqueos, como los que se ven en babuinos y macacos rhesus (Altmann, 1980; Collinge, 1987), o en los cerdos que gruñen durante el período de destete. Sólo en un recién nacido (Um) se observaron berrinches, un comportamiento que es a veces (Fossey, 1979), aunque no es común (Stewart, 1981), visto en los gorilas, como es el caso de los chimpancés en estado salvaje (Clark, 1977). En los chimpancés, la lactancia se prolonga durante 4-5 años, pero el destete comienza en el segundo año de vida, con rechazos intensificados con el tiempo. La naturaleza más cohesionada de los grupos de gorilas, con muchas distracciones presentes en la forma de constante disponibilidad de un número de compañeros de juego y el espaldaplateada dominante (Stewart, en este volumen), pueden contribuir al conflicto menos intenso que se ha visto entre la madre y la cría.”

Chimpancés de la costa oriental del Lago Tanganyika (Tanzania)

Tomado del libro “Los chimpancés de la orilla del lago
Historia Natural y Cultura de Mahale” (a partir de la página 98). Los chimpancés suelen estar completamente destetados a los 5 años:

“En un sentido estricto, el destete, literalmente, significa negar el acceso al pezón; es un proceso bien definido. Sobre el momento en el que el bebé cumple cuatro años de edad, el destete se inicia y se detiene en los siguientes meses. El comienzo del destete puede comenzar cuando la cría es joven, por ejemplo, Sylvie fue destetada a la edad de tres años.

Una madre asume sutil o abiertamente posiciones en las que su descendencia tiene dificultades para acceder a sus pezones. Los patrones de rechazo de la madre hacia su cría varían de individuo a individuo. Puede directamente tomar al bebé de su pecho, bloquear el acceso a su pecho con su brazo, o acostarse boca abajo en el suelo. Las primeras veces que la madre niega su pezón al lactante, sólo gime (vocalizando disgusto), pero cuanto más estricta se pone, más se intensifica la resistencia.

Una cría que protesta saldrá corriendo desde la madre, emitirá gritos de malestar, rodará por el suelo, golpeará su cabeza contra el suelo, y lanzará un ataque. Con el tiempo, la madre casi siempre da paso a las demandas del bebé.”

Más sobre chimpancés

Del libro “Parenting for Primates”:

“La mayoría de las madres chimpancés son suaves y tolerantes con sus crías mayores durante el destete. En lugar de amenazar directamente a sus crías, elijen el camino de menor resistencia; distraen o empujan lejos suavemente a sus jóvenes, o cubren sus pechos. Las madres chimpancé cuidan pacientemente a sus crías u ofrecen otras formas de contacto corporal calmante. Por ejemplo, a los jóvenes chimpancés se les permite chupar el labio inferior de su madre, el oído o la piel, o enterrar la cabeza en su axila, pero este contacto es condicional: para recibirlo, el joven debe mantener la cabeza alejada de los pechos de su madre.”

Y para casi terminar este repaso por el mundo animal copio un fragmento de este interesante artículo de una revista científica veterinaria:

Rompiendo el vínculo madre-cría: el destete natural y el conflicto madre-hijos (http://www.actavetscand.com/content/53/1/28):

“En condiciones naturales, el destete implica la disminución gradual de la producción de leche de la madre, y un aumento concomitante de la ingesta de alimentos sólidos por la cría, que es acompañada por una reducción gradual del vínculo maternofilial [54]. La relación entre la madre y su descendencia en los mamíferos puede dividirse esquemáticamente en tres etapas: durante los primeros meses de vida la hembra busca e inicia el contacto con las crías; después, la cría será la responsable de la mayor parte de las tomas de lactancia y del contacto social y, por último, la hembra empieza a rechazar algunos intentos de mamar hasta que se detiene de forma permanente [14]. En el ganado vacuno, el proceso de destete puede ir acompañado de un aumento de la agresividad de la madre hacia su joven [18].

En varias especies, tales como ovejas, caballos, cerdos y bisontes, hay una reducción gradual y lenta de la atención materna y del amamantamiento durante el destete natural; por ejemplo, la hembra produce menos leche, inicia un menor número de tomas y termina más, y hace que la succión sea más costosa para los crías, lo que obliga a buscar otros alimentos [ 21]. (…) Desde este punto se produce una reducción gradual de la producción de leche y la atención materna, lo que permite más energía para un nuevo ciclo reproductivo; en el proceso, ella comienza a evitar las solicitudes de atención de las crías. Por el contrario, debido a la gran ventaja que las crías obtienen de la leche, tratarán de extender la lactancia materna y el cuidado por el tiempo que sea posible. Este proceso se conoce como el conflicto materno-filial [14].”

Voy a terminar con algunas matizaciones. Incluso en primatología hay teorías que promueven otras explicaciones alternativas en referencia al supuesto “conflicto de intereses” del destete. Uno de estos estudios es “Conflicto padre-cría y madre-cría en los primates”. En él se analizan las hipótesis de Altman en las que los rechazos de la madre se interpretan como formas de condicionar a la cría y enseñarle el momento adecuado para mamar, no para forzar su independencia o negar el pecho per sé. Si he entendido bien, lo que dice esta autora es que el compromiso y la cooperación son otras formas alternativas de resolver los conflictos, es decir, negociaciones y aprendizaje mutuo. Un ejemplo de todo esto sería cuando las monas rechazan dar de mamar a su bebé cuando están comiendo. Ahí estarían negociando los horarios de las tomas, no negándolas todas.

Esto es lo que sucede en el destete natural de los mamíferos, es decir, es bastante natural que la madre inicie el destete, no que deje que se desteten solos. Ahora bien, los humanos somos diferentes porque tenemos, en teoría, mayor libertad de elección. Por tanto, las madres podemos hacer un destete pasivo (que sea el niño el que se destete) o bien hacer como la mayor parte de las mamíferas y destetar iniciando el proceso nosotras, negociando, limitando tomas, distrayendo o, finalmente, negando tomas.

La decisión de destetar a un hijo o de prolongar la lactancia, una vez que ha pasado el periodo inicial, es una relación de dos que pertenece al ámbito de las decisiones personales*. Esos dos seres, madre e hijo, son los únicos que pueden decidir si quieren seguir, parar o reducir la lactancia y, si me apuráis, si uno de los dos no está de acuerdo, es la madre la que tiene la última palabra para destetar o no hacerlo. No hay ninguna necesidad de buscar apoyo en lo “natural” o en la “Naturaleza”. Es su decisión y punto.

Si una mujer quiere amamantar hasta que su hijo se destete por sí mismo tiene toda la legitimidad del mundo, porque se trata de su vida. Y si una mujer quiere destetar de forma activa en otro momento, tampoco necesita la aprobación de terceros.

La respuesta a la pregunta de la entrevista se podría haber contestado de muchas formas distintas. Por ejemplo, una lactancia de más de dos años en la sociedad occidental actual se puede mantener por placer, por salud, por inercia, por comodidad, por querer destetar pero no saber cómo hacerlo… ¡Somos tan diversas!

Argumentos a favor de una lactancia larga y durante años hay muchos y tampoco tienen que ver con los esgrimidos por Naomi Aldort, de tratar de evitar a toda costa el conflicto del destete. Amamantar es una experiencia muy sana para los niños (sigue aportando amor, nutrientes y defensas hasta el final), pero también para las mujeres. De hecho, se calcula que cada año de lactancia el riesgo de cáncer de mama podría reducirse en un 4,3%.  Por todo ello, en sociedades como la nuestra, en las que tenemos tan poquitos hijos y los tenemos tan tarde, la lactancia durante años tiene mucho que aportar a la salud de las mujeres: desde la amenorrea (falta de menstruación) a la reducción de los cánceres típicamente femeninos. Es la mujer la que debe elegir su camino porque no todo vale para todo el mundo y nuestras circunstancias vitales son muy diferentes.

Así que mujeres, no necesitamos la autorización moral de nadie para valorar nuestras decisiones personales, mucho menos cuando no se aportan argumentos o se traen a colación algunos con muy poca base real. Solamente necesitamos información veraz, apoyo y libertad para poder tomarlas. Y muchas dosis de empatía.

*MATIZO: Yo siempre quise amamantar pero respetaré tu derecho a no hacerlo, a no quererlo, a que no te guste, a que no hayas podido amamantar por el motivo que sea. Considero violencia obstétrica cualquier tipo de presión por parte de profesionales para amamantar que sobrepase la mera información para decidir y una falta de respeto hacer cualquier tipo de comentario no solicitado sobre el tema. Las circunstancias son muy diversas y en el mundo actual la lactancia no siempre es lo mejor para cada pareja madre-bebé. Como dice Michel Odent, os dejo con sus palabras llenas de sabiduría, a las que añado “en redescubrir las necesidades básicas de la mujer (y del ser humano en general) en la vida familiar, en las redes de apoyo mutuo, en el ámbito laboral y en la vida en sociedad” DESPUÉS del nacimiento del bebé y muchos años más allá:

“Hoy en día la prioridad no es repetir constantemente que “El pecho es lo Mejor” (Breast is Best). Es plantearse cómo se desarrolla la capacidad de amamantar. Está en redescubrir las necesidades básicas de la mujer en el parto. Los organismos de Salud Publica deben tener en cuenta que “la lactancia empieza antes del nacimiento del bebé”.

El mundo hasta ayer, de Jared Diamond

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Dice Jared Diamond en su libro, en una parte sobre la lactancia a demanda:

“Por ejemplo, los cálculos realizados entre los !kung han demostrado que un niño mama una media de cuatro veces cada hora durante el día, dos minutos cada vez, con un intervalo medio de solo 14 minutos entre amamantamientos. La madre se despierta para alimentar al niño al menos dos veces por noche, y el bebé mama sin despertar a la madre varias veces. Esta oportunidad constante de la lactancia a demanda suele proseguir durante al menos tres años en la vida del niño !kung. Por el contrario, muchas o la mayoría de las madres de las sociedades modernas programan la lactancia según lo permitan sus actividades. La organización del trabajo de una madre, ya sea fuera de casa o en tareas domésticas, a menudo implica que madre e hijo estén separados varias horas. El resultado son muchos menos amamantamientos en comparación con las decenas de la madre cazadora-recolectora, amamantamientos más prolongados e intervalos mucho más largos entre ellos.

Esa elevada frecuencia en la lactancia de las madres cazadoras-recolectoras tiene consecuencias fisiológicas. Como he mencionado anteriormente, las madres cazadoras-recolectoras lactantes no suelen concebir durante varios años tras el nacimiento de un hijo, aunque retomen su actividad sexual. Sin duda, hay algo en la lactancia a demanda que ejerce de anticonceptivo. Una hipótesis es la demoninada “amenorrea por lactancia”: mamar libera hormonas maternas que no solo estimulan la secreción de leche, sino que también pueden inhibir la ovulación (la liberación de óvulos de una mujer).

Pero esa inhibición de la ovulación requiere un régimen constante de lactancia frecuente; varios amamantamientos al día no bastan. La otra se denomina “hipótesis de la grasa crítica”: la ovulación requiere que los niveles de grasa de la madre superen cierto umbral crítico. En una mujer lactante perteneciente a una sociedad tradicional sin comida abundante, los elevados costes energéticos de la producción de leche sitúan el nivel de grasa de la madre por debajo del valor crítico. Por ello, las madres lactantes sexualmente activas de las sociedades industriales modernas de Occidente, a diferencia de sus homólogas cazadoras-recolectoras, todavía pueden concebir (para su sorpresa) por una de estas razones o ambas: su frecuencia lactante es demasiado baja para que se produzca una amenorrea inducida hormonalmente; y están lo bastante bien nutridas como para que sus niveles de grasa corporal se mantengan por encima del umbral crítico para la ovulación, pese al gasto calórico propio de la lactancia. Muchas madres occidentales cultas han oído hablar de la amenorrea por lactancia, pero no tantas saben que solo es eficaz con frecuencias elevadas de amamantamiento. Una amiga mía que, para su desconsuelo, concibió hace poco solo unos meses después del nacimiento de su hijo anterior se unió a la larga lista de mujeres modernas que exclaman: “¡Pero si yo creía que no podía quedarme embarazada mientras daba el pecho!”.”

Si te interesa el mundo de la fertilidad este texto pertenece a una serie de post sobre MELA (método de la amenorrea de la lactancia), fertilidad y lactancia:

– Lactancia y Menstruación en Perspectiva Cultural, un artículo de Barbara B. Harrell (1981): http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/06/lactancia-y-menstruacion-en-perspectiva.html

– “La evolución de la reproducción humana” de Roger Short (1976): http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/05/la-evolucion-de-la-reproduccion-humana.html

– Colonialismo y lactancia: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/07/colonialismo-y-lactancia.html

La mujer completa, Germaine Greer

Mary Wollstonecraft, sobre el amamantamiento y la fertilidad

Figuras de la madre, texto de Yvonne Knibiehler

La familia campesina del Occidente asturiano

El cuadro “Las cigarreras” de Gonzalo Bilbao (1915)

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Sobre los derechos de lactancia y el cuadro de “Las cigarreras”, texto tomado de www1.museo.depo.es/pdfarticulos/Cigarreras.pdf‎:

“Las cigarreras solían comenzar en el trabajo en torno a los 13 años y no existía un límite de edad para la jubilación. A principios del siglo XX cobraban un salario de 2 pesetas diarias, lo que suponía menos de la mitad de un jornal masculino, pero que permitía a estas mujeres ser independientes y mantener o colaborar al mantenimiento de sus familias. Además, las que eran madres, y muchas de ellas lo eran y solteras, estaban autorizadas a llevar con ellas a sus bebés para darles el pecho y podían tener a su lado en el taller a los niños en cunas que la propia fábrica les facilitaba, lo que permitía que sin dejar de liar los cigarros pudiesen mecer con el pie las camitas, con lo que las sufridas operarias compartían su trabajo con las obligaciones maternas.
Son tiempos en los que los trabajadores no tienen más derecho que el salario que cobran, no existe ningún tipo de atención social por parte del Estado, no hay seguro de enfermedad, alumbramiento, viudedad, orfandad o incapacidad y tampoco pensiones de jubilación. En este difícil ambiente las cigarreras, sin embargo, logran constituir como colectivo una asociación de tipo benéfico, una hermandad de socorro, aún sin carácter sindical, en la que a través de un fondo común se pagaban los subsidios por enfermedad, los días de baja por maternidad y la asistencia a las ancianas que ya no podían realizar su labor. Estas mujeres, estimadas y admiradas por su duro trabajo, adquieren fuerza y, conscientes de su cualificación, serán reivindicativas, documentándose entre 1905-1916, aunque con escasos resultados, varios conflictos en los que las trabajadoras reclaman derechos elementales como la equiparación del salario con los varones, la jornada laboral de ocho horas o la regulación de los despidos, reivindicaciones que llevarán incluso a la convocatoria de grandes huelgas en el período comprendido entre 1918 y 1921″.

(…)

“Refleja aquí su preocupación por el tema de la lactancia, un asunto que el pintor conocía bien a través de su hermana menor, Flora Bilbao de Rebolledo, quien formaba parte de la junta de damas protectoras del consultorio de niños de pecho de Sevilla, una institución reivindicativa con los derechos de las trabajadoras, cuyo director, ya en 1909, pedía a los responsables de la fábrica que les concediesen una jornada dividida en dos tiempos para amamantar a los niños. Hay que tener en cuenta que hasta 1923 el derecho laboral español no establecerá con carácter general la suspensión del contrato de la mujer, con reserva del puesto de trabajo, durante un plazo de seis semanas después del parto y la norma por la que, durante el período de lactancia, las mujeres tendrán derecho dentro de la jornada laboral a una hora diaria, dividida en dos períodos de treinta minutos, para atender a la alimentación de sus pequeños.”

Y tomado de “Feminismos y antifeminismos: Culturas políticas e identidades de género en la España del siglo XX”:

La relación de las mujeres trabajadoras y la maternidad adquiría especial relieve en el caso de las cigarreras, teniendo en cuenta que en algunas de las fábricas estaba muy arraigada la costumbre de que acudieran al trabajo con sus hijos, depositados en cajones cuando eran muy pequeños mientras las madres los mecían y realizaban sus labores. Se consideraba que la nocividad del ambiente fabril no sólo les afectaba a ellas, sino que eran los propios niños y niñas quienes sufrían. Para paliar los efectos de estas prácticas se fundaron varios asilos que tenían por objeto recoger a estas criaturas “cuidarlas y prestarles con mucho cariño y esmero una caritativa asistencia durante las horas en que sus madres estén en sus trabajos”. Evidentemente en una sociedad que estigmatizaba el trabajo femenino el asilo no se concibe como un servicio para la mujer trabajadora. En sus reglamentos destaca la rigidez y la culpabilización de las madres porque no son capaces de desempeñar sus funciones correctamente. En la admisión de los niños y niñas tenían preferencia los de “legítimo matrimonio” sobre los naturales y especialmente sobre los ilegítimos. Las uniones ilegítimas eran consideradas como un atentado directo al orden social, por tanto se asociaban automáticamente con ambientes marginales e incluso con la prostitución”. Además estos reglamentos estipulaban un horario de lactancia que obligaba a las madres a “dar el pecho a sus hijos a las horas que se les marquen” sin “pasar de la antesala, donde les serán entregados” y procurando “detenerse el menor tiempo posible”.”

La verdad es que después de leer el libro de Asunción Díez sobre la familia campesina asturiana es llamativo el retroceso, ya que en la realidad que describe ese libro no había moral victoriana alguna sobre la ilegitimidad o la legitimidad de los hijos. Es llamativo también el primer texto en el que la alta sociedad es la que por un lado explota a las madres y, por otro, reivindica los derechos de lactancia.

Esta es otra visión de las cigarreras, la que hace Edmundo D’Amicis de la fábrica de tabacos de Sevilla (La España, 1875):

“Se les paga en razón del trabajo que hacen: las más hábiles ganan tres pesetas al día (…) Las madres trabajan, columpiando con una cuerda la cuna de sus hijos. De la sala de los puros se pasa a la de los pitillos; de la de los pitillos a la de picadura, y por todas partes se ven sayas de colores vivos, trenzas negras y ojazos inmensos.¡Cuántas historias de amor, de celos, de abandonos y miserias encierra cualquiera de aquellas salas!””

Y Emilia Pardo Bazán describe en uno de sus libros, La Tribuna, la manufactura de cigarrillos de Marineda (nombre literario de A Coruña en las novelas de esta autora). Lo que describe aquí poco tiene que ver con el cuadro de Gonzalo Bilbao:

“Preponderaban en el taller de pitillos las muchachas de Marineda; apenas se veían aldeanas; así es que abundaban los lindos palmitos, los rostros juveniles. Abajo, la mayor parte de las operarias eran madres de familia, que acuden a ganar el pan de sus hijos, agobiadas de trabajo, arrebujadas en un mantón, indiferentes a la compostura, pensando en las criaturitas que quedan confiadas al cuidado de una vecina; en el recién nacido, que llorará por mamar, mientras a la madre le revientan los pechos de leche… Arriba florecen todavía las ilusiones de los primeros años y las inocentes coqueterías que cuestan poco dinero y revelan la sangre moza y la natural pretensión de hermosearse.”

Con esa tremenda frase en negrita me despido, con el corazón encogido por una descripción tan gráfica de la simbiosis que se establece entre una madre lactante y su bebé, y las interferencias de un trabajo y un sistema que ponía y pone todo tan difícil…

Mary Wollstonecraft, sobre el amamantamiento y la fertilidad

  

Se suele pensar que la mujer preindustrial no conocía su cuerpo ni tenía ningún control sobre su fertilidad. Esto no es exactamente así y habría que matizarlo mucho. Hoy os dejo una frase de Mary Wollstonecraft, una mujer y madre muy especial (¡la mamá de Mary Shelley, la escritora de Frankenstein!) que pertenece a su libro “Vindicación de los derechos de la mujer”, escrito en 1792:

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Como veis, en la edición de Marta Lois de la Editorial AKAL de 2005 hay una nota al pie que dice lo siguiente:

Esto no es cierto, en base al método anticonceptivo de la amenorrea de la lactancia (MELA), que ya he enlazado en este blog otras veces. El MELA es eficaz en un 98% durante los primeros 6 meses del bebé siempre que se cumpla lo siguiente: lactancia totalmente exclusiva, amenorrea post-parto y, claro, un bebé menor de 6 meses. Para leer las evidencias científicas del MELA que sí existen, a pesar de lo que dice esta nota al pie, podéis abrir el siguiente documento de UNICEF. Es importante señalar que ahora se introducen alimentos complementarios a partir de los 6 meses, pero en la época de Mary Wollstonecraft es muy posible que esta fecha fuera más flexible, es decir, posterior.

Efectos del ejercicio en la salud materna y la lactancia

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Reproduzco algunas citas interesantes de un artículo de Marta Díaz Gómez tomado del libro “Lactancia Materna: guía para profesionales” del Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría:

EJERCICIO FÍSICO

Efectos del ejercicio sobre la salud materna:

El ejercicio físico tiene numerosos efectos beneficiosos en la salud materna: mejor la función cardiovascular, ayuda a perder la grasa acumulada durante el embarazo, mejora la mineralización ósea, aumenta la fuerza y flexibilidad muscular, mejora la sensibilidad a la insulina, aumenta los niveles de HDL-colesterol, estimula el sistema inmunitario y tiene efectos como reducir el estrés y la ansiedad, aumenta la autoestima, al mejorar la imagen corporal y produce sensación de bienestar, por la liberación de endorfinas.

(…)

Recomendaciones sobre la práctica de ejercicio físico durante la lactancia

Todas la mujeres en el postparto deben realizar para fortalecer el suelo pélvico (ejercicios de Arnold Kegel), con el fin de recuperar el tono de la musculatura perineal y prevenir la incontinencia urinaria en edades posteriores de la vida. Estos ejercicios consisten en contracciones de la musculatura perineal durante 5-10 seg, seguido de relajación lenta. Se aconseja repetirlos unas 30 veces al día.

Una vez recuperado el suelo pélvico, es recomendable realizar de forma regular un ejercicio moderado. El ejercicio intenso y el que es practicado de forma esporádica, ofrece peores resultados.

En el puerperio inmediato no se aconseja la natación por el riesgo de endometritis. Durante la lactancia tampoco son recomendables los deportes en los que exista riesgo de traumatismos en la mama. Por lo demás se puede practicar cualquier tipo de ejercicio físico, siguiendo las siguientes recomendaciones:

– Utilizar un sujetador de deporte, firme, preferiblemente de algodón.

– Realizar un calentamiento previo.

– Iniciar el ejercicio de manera suave e ir incrementando su intensidad progresivamente, dependiendo de los hábitos que la madre tuviera antes del embarazo y de las molestias que le produzcan.

– No llegar a tener sensación de fatiga, ya que el ejercicio intenso aumenta los niveles de ácido láctico y podría cambiar el sabor de la leche.

– Aumentar la ingesta de líquidos.

– Al terminar el ejercicio y antes de ofrecer el pecho al niño, debe ducharse o lavarse el pecho.

– Seguir una alimentación variada y equilibrada, adecuando la ingesta calórica al nivel de actividad física. Se recomienda una dieta pobre en grasa y rica en hidratos de carbono complejos, con una baja proporción de azúcares.

– Si la madre desea perder peso puede restringir la ingesta energética después del primer mes postparto, pero cuidando de que la dieta aporte como mínimo 1.800 kcal/día, para queno se afecte la producción de leche.

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Lactancia y respuestas adaptativas.

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Estudiando la historia de la lactancia he llegado a este libro: La alimentación y la nutrición a través de la historia (con fotos de “biberones” viejunos muy curiosos) y a esta enigmática cita del pediatra Sánchez Villares, ya fallecido, que me ha dejado reflexionando…

“En los últimos años del siglo XX asistimos a una recuperación de la lactancia materna, comenzando también por los países desarrollados y las clases sociales más elevadas. No obstante, si bien la inician más del 80% en nuestro país, su duración es muy corta (media 3,2 meses). Diversas organizaciones tratan de encontrar un culpable; sin embargo, como señala Sánchez Villares: “la complejidad del fenómeno del abandono de la lactancia materna no permite buscar responsables en solitario: publicidad de la industria láctea, pautas hospitalarias, cambios en los estilos de vida, cambios socioeconómicos y culturales, etc., ya que todos interactúan de forma difícilmente individualizable”. A su juicio, este comportamiento, evidenciado de manera universal, tiene el mismo significado que el descenso de la natalidad en países industrializados. Continúa este autor diciendo que “poco tienen que ver en él las instituciones, ya que en la actualidad, la lactancia materna debe ser entendida como una manifestación más de la conducta humana en íntima relación con la evolución de la sociedad y la dinámica sociocultural, configurando un ecosistema natural que ha venido siendo el soporte de la supervivencia humana durante siglos. Cuando la situación es tan desfavorable que se corre el riesgo de una ecocatástrofe, se ponen en marcha respuestas adaptativas, quizá ligadas al inconsciente colectivo, cuya esencia se nos escapa”.

Sánchez Villares E. Medicina infantil y su problemática. Discurso de entrada en la Real Academia de Medicina de Valladolid. Valladolid: Editorial Sever Cuesta: 1978

Sin embargo, después de encontrar este otro libro, en el que se habla de la lactancia a principios del siglo XX, veo que la crisis de la lactancia materna viene de lejos, más allá de los años 50-60. El libro se llama: “¿Debe emplearse en la Lactancia Artificial la Leche Esterilizada o la Cruda?” y es de 1910. En la página 17 leemos: “En Berlín la lactancia natural ha descendido en 15 años desde un 57,8 por 100 a un 32,1 por 100”. Se refiere a 1885-1900, quiere decirse que en 1900 los porcentajes de lactancia materna y artificial en el Berlín de principios de siglo XX no eran muy diferentes a los españoles actuales, cien años después.

Termino con otra referencia, “¿Por qué los humanos amamantamos a nuestras crías?
La Lactancia Materna en el tiempo largo de la especie.“, de Patricia Aguirre:

“Hoy la alimentación está en crisis (la economía y los valores que también pero esos excede esta nota) y nos encontramos ante un verdadero dilema, si no cambiamos los patrones de consumo de TODOS (tanto los que viven en países pobres y como aquellos que viven en países ricos) peligramos como especie. La industria ha convertido los alimentos en OCNI (Objetos Comestibles No Identificados), las condiciones del mercado productivo no ofrecen empleo para todos por lo tanto el uso tiempo y del ingreso se vuelven problemas prioritarios.

El fin de la era industrial nos enfrenta a condiciones ecológicas, económicas, sociales y simbólicas totalmente diferentes a aquellas que dieron origen al desprecio por la lactancia. Por eso aquellas interdicciones culturales que separaban a la mujer de su cuerpo, excluyéndola de su función nutricia están perdiendo sustento y la lactancia materna se nos presenta como una recuperación de sentidos, ligada a la razón, a la ciencia, a la identidad a la salud, al bienestar económico y psicológico.”

Lactancia viejuna en Madrid

Cuando buscamos referencias históricas sobre lactancia o la crianza de los niños nos solemos encontrar con que los textos que nos han llegado son casi todos normativos o legales, donde se dice lo que era apropiado y lo que no, cómo se tenían que hacer las cosas e incluso qué castigos les esperaban a los que se saltaban las leyes establecidas por los poderosos o por la divinidad.

Por ejemplo, en el Código de Hammurabi (1800 a.C.), que hoy se puede visitar en el Louvre, se dicen cosas como esta:

“194.- Si uno dio su hijo a una nodriza y el hijo murió porque la nodriza amamantaba otro niño sin consentimiento del padre o de la madre, será llevada a los jueces, condenada y se le cortarán los senos.” ¡Toma ya!

Como ya saben los lectores de este blog, me encanta investigar sobre la historia de las nodrizas, ya que se puede aprender mucho sobre cómo era la lactancia y cómo eran las costumbres de crianza en cada momento histórico. Del libro de Carmen Sarasúa “Criados, nodrizas y amos. El servicio doméstico en la formación del mercado de trabajo madrileño, 1758-1868” he aprendido unas cuantas cosas que ahora os cuento a continuación:

Sobre conciliaciones imposibles:

– “Las inclusas no sólo son el lugar de trabajo de algunas nodrizas (normalmente, las que no consiguen emplearse con familias), sino el medio que permite a muchas otras emplearse. Los expósitos eran en su mayoría hijos de mujeres muy pobres que sólo abandonándolos pueden emplearse, muchas precisamente como sirvientas.” Pg. 142.

“La mayoría de las mujeres no encuentran trabajo sino en el servicio doméstico, que les impide mantener a sus hijos consigo.” Pg. 143.

Esto aporta mucho a las incógnitas que tenía cuando escribí mi visita a la Inclusa de Madrid en el “Más allá del parque #2”. Ahora entiendo que la Inclusa, creada y amadrinada por la Junta de Damas (mujeres aristocráticas) era más que una institución de caridad, era totalmente necesaria en la sociedad de la época para que las mujeres pudieran “liberarse” de la maternidad y servir a las clases pudientes. Hay también escritores citados en el libro que afirman directamente que muchas nodrizas se “amancebaban” y después de parir dejaban a sus propios hijos en la iglesia para entrar a trabajar en casas amamantando y cuidando a los hijos de otros.

La crianza del desapego:

En Francia, único país europeo que contó con un organismo específico para regular la contratación de nodrizas, el Bureau Géneral des Nourrices et Recommandaresses pour la Ville de Paris, fundado en 1769 y suprimido en 1876, sus registros han resultado una fuente muy valiosa para el estudio de la lactancia asalariada. Sussmann calcula que en París, a comienzos del siglo XIX, eran dados anualmente a nodrizas unos 10.000 niños, la mitad de los nacidos cada año en la ciudad, y que el Bureau tramitaba un 50% de estas colocaciones. 

Silvestro Lega (1826-1895). Visitando a la nodriza.

Los tipos de nodrizas:

En el período que estudia el libro hubo variaciones en el número de nodrizas en Madrid que fluctuaban entre las 184 y las 95, según el número de anuncios del Diario de Avisos de esta ciudad. Había tres tipos de nodrizas según la procedencia: cantábricas, las de localidades cercanas a Madrid y las que vivían en la misma ciudad. También había otra clasificación: las nodrizas que trabajaban en casa de los padres, las de la Inclusa (las peor pagadas) y las que se quedaban el niño en su casa. ¿Qué tipo de vinculación tenían esos bebés con sus padres biológicos en este último caso? ¿Cómo serían esas visitas de lo que para el bebé eran extraños? ¿Cómo vivirían la separación definitiva de sus madres de leche y la vuelta a la ciudad? La verdad es que pensarlo estremece…

No es extraño que en base a este tipo de situaciones la filósofa Elisabeth Badinter niegue la existencia del “instinto maternal” universal y biológico. Si existe, ¿cómo podían abandonar a sus bebés con extrañas durante años? A mi me gusta más hablar de ética de los cuidados pero no puedo negar que me cuesta admitir que no existiera un componente hormonal y químico en el vínculo de esas madres con sus hijos. ¿Sería la cultura, el tipo de parto o la separación madre-bebé la que anulaba ese instinto? ¿Nunca existió y lo que sentimos es una creación cultural?

Las nodrizas que criaban en su propia casa pasaron de estar en los pueblos cercanos a Madrid a vivir en los barrios obreros de la ciudad. Esto tuvo dos causas principales: la emigración forzosa y la críticas de los médicos ilustrados hacia la lactancia mercenaria.

“Por un lado, la crítica médica de las condiciones en las que se crían los niños en casa de las nodrizas lleva a las clases adineradas y, por imitación, a las clases medias, a preferir a la nodriza que cría en casa de los padres. Por otro, el deterioro de las condiciones de los labradores de los pueblos cercanos a Madrid hace que éstos dejen de ver la lactancia de niños de la ciudad como una actividad interesante para su economía. Criar niños de la ciudad había sido una actividad complementaria de las agrícolas o artesanales que realizaba la familia. Las crisis de subsistencia, la inflación y las guerras provocan, sobre todo a partir de la década de los noventa, la pauperización de los pequeños labradores, que dejan sus pueblos para buscar trabajos en Madrid, o entran directamente a formar parte de los mendigos que pululan por la Corte.” Pg. 151.

Las críticas de los médicos de la nobleza contrarios a la lactancia asalariada también dan muchas pistas sobre cómo criaban las gentes del pueblo llano. Por ejemplo, se les criticaba mucho que dormían con los peques en la cama. ¡Cómo han cambiado los tiempos! Ahora son los pediatras más famosos los que promueven el colecho.

“no hay Ama que en su casa no se ponga al niño en la cama, donde respira los hálitos y vapores de dos cuerpos mugrientos dentro de un lecho puerco, y en un quarto sucio, y mal ventilado”. Los acidentes que sufren los niños en este ambiente son múltiples: asfixia por proximidad al humo del hogar, mordeduras de animales que viven mezclados con la familia, especialmente cerdos. (…) Además, “las más de las Amas son gente pobre, y de baxa suerte, cuya miseria las reduce a un alimento escaso, grosero, indigesto, más vegetable que animal, y que solo su vida activa y laboriosa puede soportar y digerir”. Pg. 153, tomado de un libro de J. Bonells, el médico de la casa de Alba.

Choques de costumbres entre clases sociales. Hablan los “expertos”:

Aquí viene algo interesantísimo del libro y es la transición que provoca que la tarea de criar a los bebés aristócratas ya no se dejara en manos de las clases populares, como las nodrizas que a ojos de los médicos:

“criadas con entera libertad entre la plebe, sin instrucción, sin principios morales, sin decoro, sin urbanidad, no conocen más razón que los caprichos de su alvedrío; ni se gobiernan por otras reglas, que sus preocupaciones y apetitos; por lo cual no poniendo freno a sus pasiones, tan presto las arrebata la ira como las acoquina un terror pánico (…) la moderación obra rara vez en ellas; todo son violentos extremos, y su último cuidado es el daño que pueden causar a los niños que tienen en sus pechos.”

Aunque el texto está cargado de prejuicios contra el pueblo, no deja de ser significativo que se presente a las mujeres de las clases populares como “criadas con entera libertad” que no parecen oprimidas por nadie, ni por sus padres, ni por sus maridos. Eso sí, la contrapartida es presentarlas como animales salvajes sin raciocinio ni capacidad reflexiva. La realidad es que los médicos de las clases altas no podían soportar que los bebés que heredarían el poder estuvieran en contacto con la cultura campesina, sus cuentos y canciones. ¡Qué extraño encuentro de clases, tan difícil de imaginar con nuestros ojos urbanos del siglo XXI!

Sin embargo, a pesar del escándalo de los médicos, los padres y madres ricos pasaban bastante del tema, mandaban a sus hijos lejos y les visitaban poquísimo, a veces solamente iban para pagar a la nodriza el sueldo.

El libro de Carmen Sarasúa presenta datos importantes, como que los niños volvían a sus familias biológicas después de dos o tres años. Los médicos también criticaban que cómo tenían tanto trabajo, las mujeres del campo no podían dedicarse demasiado al bebé y que muchas veces el niño salía lesionado por intentar hacer las tareas con un brazo libre y con el otro sujetar al crío. ¿Y cómo es que no usaban portabebés? No lo sabemos… Lo que sí sale a relucir es que la mujer del pueblo no estaba centrada en los bebés y nada más sino que hacía sus tareas mientras les cuidaba. Los niños, tanto los aristócratas que llegaban como los biológicos, no eran el centro de la vida, estaban en la vida misma, lo que para los médicos ilustrados era algo digno de crítica.

En el texto de esta historiadora también se explica cómo las nodrizas que venían a casa de los padres provenían sobre todo de las regiones cantábricas. Todo empezó como una moda de las elites y la monarquía que después era seguida por las clases medias. En concreto, las más buscadas eran las pasiegas. Sus historias de llegada a Madrid no dejan de ser curiosas:

– “Emprenden con varonil resolución el camino de la Corte, bien solas y en clase de agregadas a la embajada de una galera o un carromato, o bien reunidas varias de ellas y en caravana. Lo primero que procuran es proveerse de un perrillo recién nacido, que durante la expedición y hasta hallar, como ellas dicen, “acomodo”, haga las veces de párvulo, y aplicándole al pecho le conserve y mantenga el jugo nutricio, objeto de especulación”, Teatro social del siglo XIX, tomo II, Madrid, 1846.

¡Amamantaban a un perrito! Parece increible, ¿verdad? También sorprende de nuevo la libertad con la que se movían las nodrizas, iban y venían, viajaban sin hombres…

Si nos sorprende la poca vinculación de las mujeres de clase alta con sus pequeños, el desapego de las nodrizas del pueblo tampoco era menor, ya que también dejaban a sus hijos a los pocos meses de nacidos para amamantar a otros niños en la ciudad. Se trataba de una emigración temporal para volver con ahorros al pueblo. Mientras, el propio hijo era amamantado por “una vecina por una miserable cantidad”. También se empleaban como nodrizas mujeres que habían perdido a su bebé.

Las amas de cría no solamente amamantaban, también limpiaban a los bebés, les dormían, les entretenían durante los dos o tres primeros años de vida:

– “Las nodrizas hacen su trabajo según un conocimiento tradicional que los médicos e higienistas critican duramente, considerándolo responsable de muertes, enfermedades y malformaciones (…). Pg. 165.

Una de las prácticas tradicionales, según la autora, era el “modo de embolver y faxar los niños todavía muy pequeños”:

“la opresión violenta de las embolturas es la causa más común de algunas fealdades como las corcobas, piernas torcidas y otros defectos que adquieren los niños. Para convencerles de esta verdad, no es menester poner los ojos sino en los hijos de los pobres, y particularmente de los Aldeanos, los que dexan libres a sus hijos en sus cunas, o gergoncitos, y crecen prodigiosamente robustos (…). La reforma que se pretende introducir en el modo de embolver a los niños se reduce no más a que se aprieten menos de lo que se acostumbra los pañales en que se les embuelve; a mudar, o variar la forma y el modo de asir la gorra; a sostituir cintas en vez de alfileres; y a desterrar absolutamente el uso de la faxa, tan incomoda para la Ama, como perjudicial y peligrosa para las pobres criaturas (…). No embolviendo a la criatura en tantos pañales, ni con tantas ligaduras, le será más fácil a la Ama removerla y mudarle ropa quando se haya soltado el vientre (puesto que) el embarazo y engorro que hallan las Amas en hacer y deshacer las faxas y embolturas es la causa motriz de su negligencia.” Diario de Avisos. 1759.

Después de leer esto, no se entiende muy bien lo que explica la historiadora, ya que no concuerda mucho con lo que dice el artículo que cita. Las nodrizas eran aldeanas y si los hijos de los pobres se criaban bien sin ser fajados de forma tan apretada, ¿por qué a los hijos de los ricos que criaban sí les fajaban? Si alguien lo entiende, que me lo explique…

Es muy curioso ver en este choque de costumbres que a los médicos criticones tampoco les gustaba que los niños pasaran demasiado tiempo en la cuna:

– “No podemos negar que la invención de la cuna, si se hace buen uso de ella, es útil (…)¿Pero qué uso hacen las nutrices de esta útil invención? (…) muchas de las veces que el niño llora, sin pararse, como hemos dicho, en examinar la causa de su llanto, echan luego mano a la cuna y empiezan a mecerle con la mayor violencia (…). Quando a fuerza de mecer no pueden las Amas acallar a los niños suelen valerse de otro medio muy propio de su grosería, y es asustarlos con amagos del coco, del duende y otras sandeces de esta calaña”.

También se criticaba que se les dejara al cuidado de otros niños, que no se satisfacieran sus necesidades de comida o limpieza,  o las formas en las que se les enseñaba a andar (con andadores y polleras). Esto me recuerda algo que vi en Senegal y es al parecer algo muy habitual en las zonas no industrializadas: las niñas criaban a los bebés o peques. Ni guarderías ni madres en casa hasta que el niño cumpla tres años, la crianza después de los primeros meses la llevan a cabo las niñas.

La duración de la lactancia:

Sobre la duración de la lactancia en los siglos XVIII y XIX en Madrid el conocimiento del mundillo de las nodrizas tienen mucho que aportar: Las familias con dinero mantenían a la nodriza cerca de dos años, “lo que coincidía con el período en que ésta podía amamantar”. Las familias menos pudientes o que querían destetar antes, mantenían a la nodriza durante 8 o 12 meses. 

La lactancia mercenaria tenía un componente especulativo. Por ejemplo, la nodriza de Isabel II, Francisca Ramón (21 años) dejó a su hija al cuidado de su vecina Josefa Rueda, que cobraba 180 reales mensuales. Su beneficio era la diferencia entre este sueldo y el que cobraban las nodrizas reales, unos 900 reales al mes cuando comenzaban a lactar y 450 reales al mes cuando estaban de respuesto.

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Madre pasiega con su bebé en el cuevanu (cuévana) a modo de cuna portátil.

La moda de presumir de ama de cría:

Las nodrizas que vivían en la casa del niño tenían una función también de ostentación. Por ejemplo, en este texto hay referencias incluso al porteo en pleno Madrid, seguramente de nodrizas pasiegas:

“Son las seis. Encaminémonos hacia la Puerta del Sol, pero no sin antes detenernos en los jardines que hay en la entrada de la calle de Alcalá. Están repletos de niños que se divierten, de criadas, nodrizas con vestidos de franjas azules y rojas, que llevan a la espalda, en una canasta de mimbre, recubierta con un vistoso pañuelo, a un pequeñín acostado entre sus pañales”. Artículo: “Paseo por Madrid”, del libro “Viaje por España” de Luis Teste (1872).

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“La infanta María de las Mercedes en brazos de su nodriza” (1881). El traje tenía una falda de paño con peto que se bajaba para amamantar. ¡Ropa de lactancia de la época!

De nuevo la conciliación y la lactancia:

Cuando no era posible la lactancia humana se recurría a la leche de cabra, burra o vaca, pero las condiciones higiénicas de su venta en las ciudades hacía que más que ayudar aumentaran la mortalidad.

Las madres trabajadoras eran las que más recurrían a ellas y es que el trabajo siempre ha sido causa fundamental de destete en las mujeres que no podían conciliar lactancia con vida asalariada:

“La hija del proletariado, desarrollada en un miserable ambiente, llega a ser madre y siempre ha de criar a sus hijos y transcurridos los cuatro o cinco meses en que necesariamente ha de declinar su poder lactativo, comienza a ayudarse con leche que adquiere en los puestos de la calle o en las lecherías”.  (1903. El Progreso Agrícola y Pecuario).

Lactancia y poder estatal

J. Bonnells acusa a las madres que no amamantan de aumentar las calamidades del Género Humano y, atención, de dar al Estado solo “vasallos inútiles”. Aquí está la razón última por la que amamantar, no era considerado un bien en sí por estos médicos ilustrados, sino que medio para lograr que el poder obtuviera vasallos con buena salud (para exprimirlos bien, supongo), lo que no era posible en igual grado si eran amamantados por amas de cría mercenarias.

Ojo a esta cita del ilustrado Bonnells. Este médico llegó al extremo de pedir castigos a las mujeres que no probaran un motivo aprobado por un médico, un juez y el marido para no amamantar. ¡Eso sí que es ser un talibán de la teta! A la autoridad siempre se le ha dado bien infantilizar a las mujeres, por otra parte…

“Esta es la edad en la que más que nunca necesitan los niños de toda la vigilancia, de toda la paciencia, y de toda la ternura de una madre. Y esta es cabalmente la edad en que la barbarie de las madres confía su crianza a una muger mercenaria sin reparar que mal desempeñará por un vil estipendio las obligaciones de las quales ellas mismas huyen por pesadas (…). Entregadas directamente muchas mugeres a los deleites y pasatiempos, miran toda sujeción y cuidado como una carga insoportable, y poniendo toda su felicidad en el contentamiento de sus gustos, paréceles tanto más pesado el yugo de la crianza de los hijos quanto menos llevadero le hace su desarreglada vida (…). La incomodidad que muchas temen más, y alegan menos, es la privación de sus divertimentos.”

La realidad es que la mortalidad infantil era mucho más alta entre los niños criados por nodriza en los arrabales y los amamantados por su propia madre, al menos basándonos en un estudio francés de 1868. Pero Bonnells olvida que la principal causa por la que las madres de las clases altas y medias abandonaban a sus hijos con nodrizas lejanas no eran los “pasatiempos” sino sus maridos, convencidos de que no se podían mantener relaciones sexuales durante la lactancia porque se estropeaba la leche. Y Elisabeth Badinter, ¿qué opina de todo esto?

El desapego de las nodrizas con sus propios hijos también es cuestionado por otros estudios, como este interesantísimo de la matrona Tamara Gómez Pérez sobre las madres y nodrizas pasiegas. Aquí podemos leer cosas como: “Muchas abuelas también fueron nodrizas y sabían lo que sus propias hijas añoraban y sufrían por el abandono temporal de sus hijos ante la falta de dinero e ingresos”. ¿Qué sabemos nosotros, desde nuestro mundo urbano del silgo XXI sobre los sentimientos de las mujeres, tanto ricas como pobres, respecto a estos temas? Hacen falta más investigaciones que recopilen sus voces en primera persona, no lo que opinaban otros sobre sus decisiones.

El uso de nodrizas en Europa desapareció tras la Primera Guerra Mundial. Mientras esta práctica caía en desuso, crecía el empleo de niñas-niñeras (7-15 años) para hacer todo lo que no fuera amamantar.

Si podéis no dudéis en echar un vistazo al libro de Carmen Sarasúa. Es un apasionante viaje al pasado que me ha hecho replantearme muchas cosas que hoy damos por supuestas en la crianza de los niños.

Bibliografía para profundizar o cotillear:

“Tres discursos para probar que están obligadas a criar sus hijos a sus pechos todas las madres, quando tienen buena salud” del médico Juan Gutiérrez De Godoy (1579-1656).

“Perjuicios que acarrean al genero humano y al Estado las madres, que rehusan criar a sus hijos, y medios para contener el abuso de ponerlos en Ama”:

 

“Amar con los brazos abiertos”, un libro de Kika Baeza

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Ayer me leí de un tirón el libro de Kika Baeza, profesora del curso de asesoras de lactancia materna que estoy haciendo este año, y me emocionó muchísimo. Me gustaría reseñar aquí los aspectos más interesantes del libro:

– Empiezo con una de las cosas que no me han gustado demasiado y es que Kika dice que la “crianza con apego” es lo normal, lo adecuado (pg.33). Creo que lo que ha hecho la humanidad durante milenios es una cosa o, mejor dicho, muchas cosas muy variadas, y la llamada “crianza con apego” es un concepto difundido por el pediatra estadounidense William Sears en el siglo XXI. No es lo mismo hablar de la crianza en la Esparta del siglo VIII a.C. o de la crianza en el Japón del siglo XVIII o en la Mongolia del siglo XXI. Creo que decir ese tipo de frases es caer en simplismos innecesarios. Otra cosa es que sea lo adecuado. Yo no lo sé, seguramente sí, pero en mi opinión criar con amor pero sin etiquetas ni gurús es muuuuuuuucho más adecuado, al menos en el contexto actual.

– Me ha encantado, ya me gustó en el curso, cómo explica el mecanismo de las defensas de la lactancia materna. Voy a intentar explicarlo con mis propias palabras… La madre se infecta de una bacteria cualquiera y produce defensas en su intestino frente a ella. Estas defensas pasan a desde el pecho a la leche y de allí al bebé. Las células de defensa atrapan a las bacterias y les quitan la capacidad de infectar, por eso, cuando el bebé mama y traga esas bacterias “inactivadas” no son capaces de infectarle. Cuando llega la bacteria de la calle a la garganta del bebé e intenta infectarle no puede porque ya ocupa su lugar las bacterias inactivadas. Ella lo explica mucho mejor que yo…

También me ha parecido muy interesante el tema de las defensas y la guardería. Los bebés que son amamantados y van a la guarde se ponen menos enfermos que los que no son amamantados, pero aún así, mucho más que los que maman y no van a la guarde. ¿Por qué pasa esto? Pues porque la madre produce defensas para las bacterias con las que tiene contacto. Al estar en la guarde, el bebé tiene contacto con bacterías con las que la madre no ha convivido, con lo cual no puede defenderle. Por eso, entiendo que mi hijo al estar con sus abuelos tres tardes a la semana estará más defendido que si fuera a la guarde. Primero, porque no está en un ambiente lleno de bacterias, pero además, está en un espacio en el que yo también convivo un tiempo diario, aunque menos tiempo que él, obviamente. ¡Qué pasada! Y yo me pregunto, ¿no sería interesante entonces, si llevamos a nuestro peque a la guarde, pasar un tiempo con los niños en el aula para poder “contagiarnos” y poder producir defensas para ellos?

– Me he sentido muy identificada con lo que dice de las mujeres que han decidido “no dar el pecho”. Muestra una gran humanidad al reconocer sus propios fanatismo iniciales y valorar su evolución hacia ser cada vez más comprensiva y empática con las mujeres.

– Después, Kika Baeza habla sobre la forma de nacer y la influencia sobre la lactancia. Es alucinante comprobar la cantidad de interferencias que se producen “por protocolo” que se podrían evitar y que evitarían, valga la redundancia, muchos problemas posteriores. Interesantísimo, tanto el ejemplo de parto habitual como el de la cesárea programada de una de las mujeres a las que ella acompañó.

– Lo comento por separado porque lo merece el tema. ¿Alguien te explicó que podías extraerte calostro tú misma en lugar de darle un suplemento de fórmula nada más nacer? A mi desde luego no. Al parecer nuestro cuerpo produce calostro los últimos meses del embarazo, lo que se podría enseñar y probar algún día antes de que naciera el bebé como entrenamiento, para guardarlo, o si se sabe que va a ser cesarea seguro*… Además, estimula la producción. ¡Se trata de conocer nuestro cuerpo! Y encima, al ver que sale calostro ganaríamos tantísima seguridad en un momento vulnerable…

– Un tema de los más apasionantes del libro es el que respecta a la crianza biológica o postura reclinada en la que los bebés son capaces de llegar al pecho por sí mismos y conseguir un buen agarre, lo que evitaría muchos dolores y grietas. Los bebés pueden hacer esto hasta los tres o cuatro meses. ¿Alguien te la enseñó antes o después del parto? ¿A que no? Todas terminamos amamantando en posturas que no invitan a un buen agarre y sí a las griestas y a las contracturas por todo el cuerpo. Hay que aprender a repanchingarse. Y yo me pregunto, ¿hay alguna cultura o en alguna época se ha amamantado en esta postura? ¿Cómo es posible que tengan que ser investigadoras del siglo XXI las que han tenido que descubrir o redescubrir que los instintos y reflejos del bebé tienen un sentido en esta postura? Alucinante. Yo creo que no lo he visto ni en los cuadros de vírgenes amamantadoras ni en estatuillas de Isis con Horus, ni en ningún otra imagen. ¡Si tengo otro bebé lo probaré sí o sí!

– Muy interesante es la reflexión que hace Kika sobre el “a demanda”, con la connotación que tiene de relación amo-esclavo. Nunca lo había pensado… Es cierto, casi diría que tiene un componente economicista, capitalista incluso, lo que termina cabreando a las madres que tienen que responder a demandas y exigencias. Los bebés no demandan, piden y (si no se les atiende) suplican, según cuenta Kika. Nosotros respondemos a sus necesidades. Todo parece muy fácil pero… ¡Ay! ¡Esas noches de terrores nocturnos, llantos inconsolables y pérdidas de nervios!

– Otra frase que me ha emocionado es la de la pg. 87:

“Cuando un bebé es criado de esta manera, aprende poco a poco la naturaleza recíproca de las relaciones, es el amante y el amado. Aprende los gustos y las fronteras del otro, aprende a cuidarle y respetarle, aprende a esperar cuando es necesario. Cuando sea capaz de comprender lo que le decimos y lo que le pedimos, le será más sencillo obedecer puesto que confía en nosotros. Si le apartamos de nosotros con una crianza lejana antes de que interiorice este tipo de relación, le robamos la oportunidad de aprender una reciprocidad confiada”

Y digo yo… Aprende o no aprende, porque nuestro hijo muchas veces se impone o nos planta un dedo en el ojo mientras mama, nosotros se la quitamos y le decimos que nos molesta y lo vuelven a hacer. Creo que más importante que consiga aprender a respetar al otro (a nosotras) es la propia relación y el proceso.

– La parte del biberón también es muy interesante. Si se utiliza, se puede aprender a darlo de la forma más similar al pecho, algo que casi nunca nos planteamos. Por ejemplo, imitar los flujos cambiantes del pecho y responder a la necesidad de respiración pausada.

– El capítulo 11 es muy emotivo, el más filosófico y espiritual del libro. A pesar de que la autora es católica y yo soy atea (y además creo que la Iglesia es una institución del poder y al servicio de los poderosos), me siento muy identificada con su necesidad de trascendencia y su visión de la vida. Es muy bello cómo habla de las diferentes facetas y momentos de su vida. Se nota que es una persona íntegra y con valores, lo que es tan difícil de encontrar hoy en día.

¡AMEMOS CON LOS BRAZOS ABIERTOS!

*ACTUALIZACIÓN: Lo comenté con Kika y me dijo que era mejor no sugerir esto en general no porque fuera peligroso sino porque hay mujeres que no tienen calostro hasta que nace el niño.

Lactancia y esperanza en la literatura: “Las uvas de la ira”.

Caridad romana, de Rubens

Caridad romana, de Rubens

Confieso que no he leído “Las uvas de la ira” de John Steinbeck aunque sí vi hace años la adaptación al cine que hizo Ford. Tanto la novela como la película están ambientadas en las funestas consecuencias de la famosa crisis del 29 en EEUU, pero en el cine se obvió y censuró el último de los pasajes que reproduzco a continuación y que conocí gracias al libro “Maternalias” de Cira Crespo, ya que supongo que pensaron que era demasiado rompedor para la mentalidad hollywoodiense. Y estoy segura de que no sólo lo es por lo explícito de todo el tabú que rodea la lactancia y el pecho femenino sino por el gran mensaje humano y solidario que desprende, todavía mucho más subversivo que una teta de mujer.

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La película se queda en un final individualista, mucho más tolerable para el Poder, con un monólogo que reivindica la dignidad de los desahuciados del sistema, pero que queda en papel mojado si no hay acciones heroicas que trasciendan a las palabras, pequeñas grandes acciones como la que describe el libro.

Pero antes, para contextualizar, hace falta leer otros pasajes del libro. Aviso que puede que os moleste este post porque voy a desvelar el final de la obra de Steinbeck. ¡Quedáis avisados! Los títulos y las negrítas son mías, no del libro. Advierto que se tocan temas muy duros y pueden herir sensibilidades.

EL PARTO DE ROSE SHARON:

“Del colchón donde yacía Rose of Sharon tapada hasta arriba surgió un grito
agudo y rápido cortado a medio camino. Madre se volvió como un torbellino y fue
hacia ella. Rose of Sharon contenía la respiración y sus ojos estaban llenos de
terror.
—¿Qué pasa? —gritó Madre. La muchacha dejó escapar el aliento y lo volvió
a contener. De pronto Madre puso la mano bajo las mantas. Entonces se levantó.
—Señora Wainwright —llamó—. ¡Señora Wainwright!
La mujercita gorda atravesó el furgón.
—¿Quería algo?
—Mire —Madre señaló al rostro de Rose of Sharon. Se mordía el labio
inferior con los dientes y su frente estaba húmeda de transpiración, y sus ojos
reflejaban el terror y brillaban.
—Creo que ha llegado el momento —dijo Madre—. Viene antes de tiempo.
La joven exhaló un largo suspiro y se relajó. Dejó escapar el labio y cerró
los ojos. La señora Wainwright se inclinó sobre ella.
—¿Te agarro por todas partes… rápidamente? Abre la boca y contéstame —
Rose of Sharon asintió débilmente. La señora Wainwright se volvió hacia Madre—
. Sí —dijo—. Ha llegado el momento. ¿Dice que viene adelantado?
—Quizá lo haya provocado la fiebre.
—Bueno, debería estar de pie. Debería andar por aquí.
—No puede —rebatió Madre—. No tiene fuerzas.
—Pues es lo que debe hacer —la señora Wainwright se volvió silenciosa y
severa con la eficiencia—. He ayudado en muchos partos —dijo—. Venga, vamos
a cerrar casi del todo esa puerta. Que no haya corriente —las dos mujeres
empujaron la pesada puerta corredera hasta que sólo quedó unos treinta
centímetros de abertura.
—Traeré también nuestra lámpara —dijo la señora Wainwright. Su rostro
estaba rojo de excitación—. ¡Aggie! —llamó—. Tú cuídate de estos pequeños.
Madre asintió:
—Eso es. ¡Ruthie!, tú y Winfield iros al otro lado con Aggie. Venga.
—¿Por qué? —quisieron saber.
—Porque tenéis que iros. Rosasharn va a tener un bebé.
—Quiero mirar, Madre. Por favor, déjame.
—¡Ruthie! Vete ahora mismo —no hubo argumentos ante aquel tono de voz.
Ruthie y Winfield se fueron reacios a la otra parte. Madre encendió la lámpara.
La señora Wainwright trajo su lámpara y la dejó en el suelo, y su alta llama
circular iluminó el furgón brillantemente.
Ruthie y Winfield se quedaron detrás del montón de leña y curiosearon.
—Va a tener un niño y vamos a verlo —dijo Ruthie quedamente—. No hagas
ningún ruido. Madre no nos dejaría mirar. Si mira para acá escóndete detrás de
la leña. Entonces lo veremos.
—No hay muchos niños que lo hayan visto —dijo Winfield.
—No hay ninguno —insistió Ruthie, muy orgullosa—. Sólo nosotros.
Cerca del colchón, a la luz brillante de la lámpara, Madre y la señora
Wainwright parlamentaron. Sus voces se elevaban un poco sobre el golpeteo
sordo de la lluvia. La señora Wainwright cogió un cuchillo de pelar del bolsillo de
su delantal y lo deslizó bajo el colchón. —Quizá no sirva para nada —se
disculpó—. En nuestra familia siempre se ha hecho. En cualquier caso, no hace
daño.
Madre asintió.
—Nosotros usábamos una punta del arado. Supongo que cualquier cosa
afilada servirá para cortar los dolores de parto. Espero que no sea muy largo.
—¿Te encuentras bien ahora?
Rose of Sharon asintió nerviosamente.
—¿Viene ya?
—Claro —dijo Madre—. Vas a tener un niño precioso. Sólo tienes que
ayudarnos. ¿Crees que podrías levantarte y caminar?
—Puedo intentarlo.
—Eso es una buena chica —dijo la señora Wainwright—. Buena chica. Te
ayudaremos, cariño. Vamos a caminar contigo —la ayudaron a levantarse y le
echaron una manta sobre los hombros. Entonces Madre la sujetó de un brazo y
la señora Wainwnght del otro. Caminaron hasta el montón de leña y dieron
media vuelta despacio y volvieron al extremo del furgón, una y otra vez; y la
lluvia tamborileó monótona en el tejado.
Ruthie y Winfield miraron con ansiedad.
—¿Cuándo lo va a tener? —exigió Winfield.
—Sh, que no te oigan. No nos dejarán mirar.
Aggie se unió a ellos detrás del montón de leña. El rostro delgado de Aggie
y su pelo amarillo brillaban a la luz de la lámpara y la nariz se veía larga y afilada
en la sombra de su cabeza en la pared.
Ruthie susurró:
—¿Has visto nacer un niño alguna vez?
—Claro —respondió Aggie.
—Bueno, y ¿cuándo lo va a tener?
—Aún falta mucho.
—Pero ¿cuánto tiempo?
—Puede que hasta mañana por la mañana no lo tenga.
—¡Anda! —dijo Ruthie—. Entonces mirar ahora no sirve. ¡Oh, mira!
Las mujeres habían detenido su caminar. Rose of Sharon se había puesto
rígida y gemía de dolor. La acostaron en el colchón y le secaron la frente
mientras ella gruñía y apretaba los puños. Y Madre le habló quedamente.
—Tranquila —dijo—. Va a ir bien…, muy bien. Agárrate las manos y
muérdete el labio. Así, bien…, así—el dolor pasó. La dejaron descansar un poco y
luego la volvieron a ayudar a levantarse y las tres caminaron arriba y abajo entre
los dolores.
Padre asomó la cabeza por la estrecha abertura. Su sombrero goteaba
agua.
—¿Para qué habéis cerrado la puerta? —preguntó. Y entonces vio a las
mujeres que caminaban.
Madre dijo:
—Ha llegado el momento.
—Entonces…, entonces no podríamos irnos aunque quisiéramos.
—No.
—Entonces hay que levantar un terraplén.
—Tenéis que hacerlo.
Padre chapoteó entre el barro y se encaminó hacia el arroyo. Su palo estaba
diez centímetros más abajo. Había veinte hombres parados bajo la lluvia. Padre
gritó:
—Tenemos que levantarlo. Mi hija tiene los dolores —los hombres se
reunieron a su alrededor.
—¿De parto?
—Sí. Ahora ya no nos podemos ir.
Un hombre alto dijo:
—No es nuestro niño. Nosotros podemos irnos.
—Claro que sí—dijo Padre—. Pueden irse. Váyanse, nadie se lo impide. Sólo
hay dos palas —fue a la parte más baja del arroyo y hundió la pala en el barro.”

(…)

Las mujeres llenaron las cafeteras y las sacaron de nuevo. Y conforme
avanzaba la noche, los hombres se movían más y más despacio y levantaban los
pesados pies como los caballos de tiro, más barro en el dique, más sauces
entrelazados. La lluvia caía monótona. Cuando la linterna iluminaba los rostros,
se veían los ojos mirando con fijeza y los músculos de las mejillas sobresalían
como verdugones.
Durante mucho rato siguieron los gritos del furgón y finalmente se
apagaron.
Padre dijo:
—Madre me llamaría si hubiera nacido —continuó trabajando torvamente.”

(…)

NOTA: ¿Qué es eso de parar los dolores del parto con algo afilado? ¿Alguien sabe a qué se refieren? ¿Están hablando de una episiotomía? Uff…

EL NACIMIENTO DE UN BEBÉ MUERTO… ¿Quizás por desnutrición?

Padre trepó la pasarela cautelosamente y se deslizó por la pequeña
abertura. Las dos lámparas daban una luz baja. Madre estaba sentada en el
colchón al lado de Rose of Sharon y le abanicaba el rostro inmóvil con un trozo
de cartón. La señora Wainwright metió leña seca en la cocina y un humo
malsano salió por las tapaderas y llenó el coche del olor a tela quemada. Madre
levantó la vista hacia Padre cuando entró y luego la bajó rápidamente de nuevo.
—¿Cómo está? —preguntó Padre.
Madre no volvió a levantar la mirada.
—Creo que bien. Está durmiendo.
El aire estaba fétido y olía a cerrado, a olor de parto. El tío John trepó y se
sujetó derecho al lado del furgón. La señora Wainwright dejó su trabajo y fue
hacia Padre. Le tomó del codo y le condujo a un rincón del furgón. Cogió un farol
y lo mantuvo encima de una caja de manzanas que había en el rincón. Sobre un
periódico yacía una pequeña momia, azul y consumida.
—No llegó a respirar —dijo la señora Wainwright suavemente—. Nunca
estuvo vivo.
El tío John se volvió y se dirigió al extremo oscuro del furgón arrastrando los
pies. La lluvia silbaba sobre el tejado quedamente, tan quedamente que podían
oír el llanto cansado del tío John desde la oscuridad.”

ESPERANZA…

“Winfield dijo:
—¡Madre! —y la lluvia, rugiendo en el tejado, ahogó su voz—. ¡Madre!
—¿Qué pasa? ¿Qué es lo que quieres?
—¡Mira! En el rincón.
Madre miró. Había dos figuras en la penumbra; un hombre tumbado de
espaldas y un niño sentado junto a él, con los ojos muy abiertos, mirando con
fijeza a los recién llegados. Mientras miraba, el niño se puso lentamente de pie y
se acercó a ellos. Su voz se rompió.
—¿Son los propietarios de esto?
—No —dijo Madre—. Sólo hemos venido a refugiarnos de la lluvia. Tenemos
una muchacha enferma. ¿Tienes una manta que pudiéramos usar para quitarle la
ropa mojada?
El niño volvió al rincón y trajo un sucio edredón que tendió a Madre.
—Gracias —dijo ella-—. ¿Qué le pasa a ese hombre?
El niño hablaba con un graznido monótono.
—Primero estuvo enfermo, pero ahora se está muriendo de hambre.
—¿Qué?
—Muñéndose de hambre. Se puso enfermo en el algodón. Lleva seis días sin
comer.
Madre fue al rincón y miró al hombre. Tenía alrededor de cincuenta años, su
rostro estaba chupado y los ojos eran vagos y de expresión fija. El niño se llegó a
su lado.
—¿Es tu padre? —preguntó Madre.
—¡Sí! Dice que no tiene hambre o que acaba de comer y me da la comida.
Ahora está demasiado débil. Apenas se puede mover.
El golpeteo de la lluvia decreció hasta no ser más que un silbido
tranquilizador en el tejado. El hombre consumido movió los labios. Madre se
arrodilló a su lado y acercó la oreja. Sus labios se volvieron a mover.
—Claro —dijo Madre—. Estése tranquilo. Él está bien. Espere que le quite la
ropa mojada a mi hija.
Madre se volvió hacia Rose of Sharon.
—Quítate la ropa —dijo. Utilizó el edredón como una pantalla para que no la
vieran. Y cuando estuvo desnuda, Madre la tapó con el edredón. El niño estaba
otra vez a su lado explicándole:
—Yo no lo sabía. Decía que había comido o que no tenía hambre. Anoche fui
y rompí una ventana y robé un poco de pan. Le hice tragárselo. Pero lo vomitó
todo y se quedó más débil todavía. Tiene que comer sopa o leche. ¿Tienen
ustedes dinero para comprar leche?
Madre dijo:
—Calla. No te preocupes. Ya pensaremos algo.
De pronto el niño gritó:
—¡Se está muriendo, se lo digo yo! Se está muriendo de hambre, se lo digo
yo.
—Calla —dijo Madre. Miró a Padre y al tío John que miraban al hombre
enfermo sin saber qué hacer. Miró a Rose of Sharon envuelta en el edredón. Los
ojos de Madre fueron más allá de los de Rose of Sharon y luego volvieron a ellos.
Y las dos mujeres se miraron profundamente la una a la otra. La respiración de la
muchacha era entrecortada.
Ella dijo:
—Sí.
Madre sonrió.
—Sabía que lo harías. ¡Lo sabía! —miró sus manos, entrelazadas en su
regazo.
Rose of Sharon susurró:
—¿Podéis…, podéis saliros todos? la lluvia caía lentamente en el tejado.
Madre se inclinó hacia adelante y con la palma de la mano retiró de la frente
de su hija el pelo en desorden y la besó en la frente. Madre se enderezó con
presteza.
—Venga, vamos todos —llamó—. Vamos a salir al cobertizo de las
herramientas.
Ruthie abrió la boca para hablar.
—Calla —dijo Madre—. Calla y ve —los hizo salir y llevó al niño consigo;
cerró la puerta chirriante tras de sí.
Durante un minuto Rose of Sharon se quedó sentada inmóvil en el granero
susurrante.
Luego levantó su cuerpo y se ciñó el edredón. Caminó despacio hacia el
rincón y contempló el rostro gastado y los ojos, abiertos y asustados. Entonces,
lentamente, se acostó a su lado. Él meneó la cabeza con lentitud a un lado y a
otro. Rose of Sharon aflojó un lado de la manta y descubrió el pecho.
—Tienes que hacerlo —dijo. Se acercó más a él y atrajo la cabeza hacia sí—.
Toma —dijo—. Así —su mano le sujetó la cabeza por detrás. Sus dedos se
movieron con delicadeza entre el pelo del hombre. Ella levantó la vista y miró a
través del granero, y sus labios se juntaron y dibujaron una sonrisa misteriosa.”

Nunca había leído un pasaje tan bello de lactancia y solidaridad, en la que una mujer que ha parido a un niño sin vida termina amamantando a un hombre adulto, que no es de su familia, al borde de la muerte. Pero, ¿realmente no es de su familia? ¿O es que acaso no formamos todos parte de una gran familia extensa, la humanidad, aunque lo olvidemos una y otra vez?

Termino con este fragmento tan bello, una interpretación de la mística de este pasaje de la mano de Harriet Quint, Profesora Investigadora del Dpto. de Estudios Literarios de la Universidad de Guadalajara, México.

“Así es como termina la novela. Esta última escena, que quizás parezca una representación grotesca de la tan querida imagen frecuentemente representada en el arte cristiano “la Madre de Dios lactante”, Maria lactans, está sobrecargado de símbolos. El personaje femenino que a lo largo de la novela es nombrado Rosasharn aquí lleva su nombre completo Rose of Sharon. Según la anotación de María Coy, la traductora de la novela de Steinbeck, se evitó la traducción del nombre que se relaciona con el “Cantar de los Cantares”. En el poema bíblico la esposa de Salomón dice en el canto 2, 1: “Yo soy el narciso de Sarón, un lirio de los valles”. Esta correspondencia con el poema más bello de amor de la Biblia, que muchos exegetas relacionan alegóricamente con el amor de Dios hacia el pueblo de Israel, más no por eso deja de tener cierto aire profano, tiene una significación relevante. Este narciso de Sarón que nace de la tierra, que alimenta y nutre tanto física como espiritualmente, simboliza el lado femenino de la unidad cósmica. Rose of Sharon ya no es la madre que parió un hijo muerto, es la madre de la humanidad que alimenta, no al hijo pródigo de Dios, sino a un simple campesino al borde de la muerte por desnutrición.

De este modo los elementos desperdigados del amor por la tierra y por la familia se reúnen y forman un concepto universal. El microcosmos se expande y se convierte en macrocosmos. El amor de ser individual, relacionado con el resquebrajamiento de una familia adquiere dimensiones cósmicas que atañen a toda la humanidad.”

El libro lo he descargado en pdf aquí.

Y aquí se ve el final de la película, nada que ver con el de la novela:

Uvas de la Ira (4 de 4) from Piaractus on Vimeo.

Gracias al libro de Cira conocí la Caridad Romana, la historia de Cimón y Pero, un hombre encarcelado que fue alimentado por su hija, que le amamantó para salvarle.

Lorenzo+PasinelliPasinelli_Caridad_romana_1670_b

Caridad Romana, de Lorenzo Pasinelli.

 

De lactancia mercenaria, nodrizas y amas de cría.

Sigo con fascinación investigando la historia de las amas de cría y aunque sigo sin poder contestar a la pregunta que guiaba hoy mi búsqueda (¿en que año se ilegalizó o cayó en desuso esta práctica en España?) he encontrado varios videos interesantes:

Si vais a Cantabria (Selaya) este parece un museo muy interesante:

En todas partes leo que durante el siglo XIX hubo hambrunas y penalidades en los pueblos pasiegos que empujaron a las mujeres ha irse lejos a criar a niños ajenos y se separaban de los suyos propios. ¿Qué hay de cierto y de falso en estas afirmaciones? ¿Cuál era la causa de estas hambrunas?

Porque lo más duro de asimilar, desde nuestra óptica actual, es eso mismo: sus hijos eran criados con leche de vaca mientras ellas ofrecían su leche a bebés de madres adineradas de la capital. ¿Puede haber algo parecido hoy en día? Muchas veces pienso en las emigrantes que vienen a cuidar niños españoles mientras sus propios hijos son criados por abuelas o familiares en sus países. No sería extraño que quizás dentro de muy poco comiencen a salir madres españolas a cuidar niños alemanes, por ejemplo, debido a la crisis económica. Así es el sistema económico, político y sobre todo ideológico en el que vivimos desde hace tantos años… Porque hace falta recordarlo: detrás de estas historias siempre detrás está la palabra “crisis”, “hambruna”, “pobreza”. En teoría, nadie se separa de su familia por placer y por conocer mundo. Para eso están los viajes por placer, pero esto es otra cosa.

Por eso, es importante tanto concocer la historia de las amas de cría como las razones por las que abandonaron sus bellos paisajes por la inhumana ciudad, con la Plaza de Santa Cruz en Madrid como primera parada en el siglo XIX. Continuaremos investigando…

Termino con este video de una charla de la Universidad de Cantabria titulada “Lactancia y maternidad: las amas de crías pasiegas”, conferencia perteneciente al ciclo “Reflexiones sobre las maternidades” organizado por el Aula Interdisciplinar “Isabel Torres” de Estudios de las Mujeres y del Género el 15 de diciembre de 2011. Por cierto, discrepo totalmente con el enfoque de la introducción de la charla: