Tu trabajo es una mierda

Tu trabajo es una mierda. Y no, no es porque quizás esté mal pagado o tenga un horario demencial. Puede que incluso te sientas bien remunerado y te guste tu horario. Pero no, tu trabajo es una mierda porque es innecesario o, peor aún, nocivo para el mundo. En teoría deberías defenderlo, decir que te gusta lo que haces y que te sientes realizado, pero la realidad es bien diferente. Además, si lo perdieras sería mucho peor, perderías tu fuente de ingresos. Por otro lado, desde un punto de vista sindical no puedes defender públicamente que tu trabajo es una mierda, que lo que haces no vale para nada o no vale para nada bueno. Se supone que estarías tirando piedras sobre tu propio tejado y justificando la desaparición de tu puesto de trabajo e incluso de toda la institución al completo. ¿Estamos locos?

El ser humano necesita dedicar su energía vital hacia algo que tenga sentido, un sentido básico pero también un sentido trascendente. Por ejemplo, recolectar comida, cazar para comer o cultivar un huerto son actividades con un sentido primordial, social, espiritual y ancestral. Pero, ¿tiene sentido dedicarse a adoctrinar a la gente bajo el epígrafe de “educarlos”? ¿Tiene algún sentido trabajar en televisión? ¿Tiene algún sentido hacer algo en lo que no crees? ¿Tiene sentido domesticar niños siendo profesora para que se amolden al sistema? ¿Tiene algún sentido trabajar en publicidad creando necesidades artificiales y dependencia del poder en la población? ¿Tiene sentido ser psiquiatra y, en lugar de reconocer que casi todos los desequilibrios mentales son “enfermedades de la civilización”, dedicarse a empastillar a los pacientes? ¿Tiene sentido trabajar en una ONG cuando la mayor parte de ellas son empresas caritativas al servicio del capitalismo y el Estado? ¿Tiene sentido ser profesor de yoga para tratar de paliar los estragos del trabajo asalariado y la vida en la ciudad en los cuerpos y mentes de la gente? ¿Tiene sentido emprender un negocio online de conexión con nuestra parte más física y biológica cuando el propio medio cibernético aleja a las personas de su propio cuerpo y del de los demás? ¿Tiene sentido preparar a las mujeres o enseñar métodos para parir cuando el nacimiento de un hijo es un fenómeno fisiológico tan involuntario como defecar? ¿Tiene sentido ser comercial en una clínica de cirujía estética y tratar de vender operaciones de aumento de pecho? ¿Tiene sentido trabajar haciendo estudios de mercado? ¿Tiene sentido tratar de vender tarjetas de crédito por teléfono? En este cúmulo de paradojas y contradicciones bailamos.

Tu trabajo es una mierda. Lo que haces no es imprescindible, es más, quizás no sea ni necesario. A veces, incluso es malo para la sociedad.

Tu trabajo es una mierda. Atrévete por lo menos a pensarlo e incluso decirlo en voz alta. Puedes trabajar sin tener que creer en ello. Pueden comprar tu energía por horas o a destajo pero no tu alma. Tu alma tiene que estar de guardia permanente en el país de la libertad y caminar hacia ella. Tu alma rebelde no ficha ni se coje vacaciones.  Tu alma no es capaz de ser atrapada ni por el fordismo ni el toyotismo. Tu alma le hace un cruce de mangas al empoderamiento y la flexibilidad.

Tu trabajo es una mierda.

 

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La vida no domesticada tiene riesgos

La vida en libertad, salvaje, no domesticada tiene riesgos. El principal riesgo es el de morir en la infancia, no llegar a adulto, lo que le ocurría casi a la mitad de los niños. Esto, nos guste o no, ha sucedido en casi todas las culturas hasta hace muy poco. Yo solamente puedo aportar las pruebas de algunos libros que he leído:

Pero aún hay más. También en el mundo primate en libertad hay una mortalidad infantil muy alta, mucho mayor que la humana, ya que solamente el 27% de los machos nacidos y el 41% de las hembras llegarán a superar los 15 años, o lo que es lo mismo, morirán el 73% de los machos y el 59% de las hembras antes de llegar a ser adultos.

Como vemos, todos los mitos en torno a paradigmas originales o continuums de lo humano tienen que tener en cuenta también el lado oscuro, el lado feo y trágico de la existencia: la muerte. Yo desde luego reniego del despotismo ilustrado y del ansia de control total y abusivo sobre la vida, pero tampoco quiero ver morir a la mitad de mis hijos, así como tampoco quiero abusar de los antibióticos, de las técnicas que contaminan nuestras aguas o de la rapiña de los recursos por las que se pelea en las guerras actuales. En mi humilde opinión, estas son las arenas movedizas sobre las que se mueven los problemas filosóficos más acuciantes del momento, dentro de esa eterna polaridad entre la libertad y la seguridad.

Sobre la mortalidad en sociedades de cazadores-recolectores he traducido algunos fragmentos de este artículo de los antropólogos Michael Gurven y Hillard Kaplan, que contiene tanto datos objetivos como interpretaciones ideológicas:

Pg. 6: “En la Tabla 2, vemos que de media el 57%, el 64% y el 67% de los niños que nacen sobreviven a la edad de 15 años entre los cazadores-recolectores, forrajeros-horticulturalistas, y cazadores-recolectores aculturizados.”

Pg. 11: “Es interesante remarcar cómo el ambiente protegido de la cautividad afecta a los perfiles de la mortalidad de los chimpancés (Dyke et al.1995). La cautividad aumenta la supervivencia infantil y juvenil enormemente, del 37% que sobrevive a la edad de 15 años al 64% que lo hace en cautividad, siendo esta última cifra similar a las medias humanas. Sin embargo, mientras la proporción de supervivientes a la edad de 45 años aumenta siete veces, del 3% en la vida salvaje al 20% en la cautividad, sigue siendo solamente la mitad de alta que para los humanos que viven en condiciones premodernas. La diferencia entre los chimpancés y los humanos después de la edad de 45 es incluso mayor, con una esperanza de vida adicional para los chimpancés en cautividad de solamente 7 años, como un tercio de la esperanza humana. Parece que los chimpancés envejecen mucho más rápido que los humanos y mueren antes, incluso en ambientes protegidos.”

Pg. 22: “La violencia y la guerra son variables entre los grupos. Los Agta, Ache, Yanomamo y Hiwi tienen altos niveles de homicidio, que afectan a varones adultos desproporcionadamente. El homicidio es bajo entre los Hadza, Tsimane y los aborígenes del Territorio Norte. Los Aché muestran un alto nivel de homicidio, aunque mucho de él es infanticidio, asesinato de niños y resultado de escaramuzas con los Paraguayos rurales. El infanticidio es bastante alto entre los Ache y los Yanomamo, ocasional entre los !Kung y Tsimane y raro entre los Hadza. Los niños más susceptibles de ser víctimas de infanticidio incluyen los nacidos con defectos obvios, que son percibidos como débiles, gemelos, y aquellos de dudosa paternidad. Parece probable que las muertes violentas decrecen con el aumento de la intervención del Estado y la influencia misionera en muchos grupos de pequeña escala a lo largo del mundo (e.g., Agta, Ache, Aborígenes, !Kung, Yanomamo). La composición de las muertes accidentales varía entre los grupos, incluyendo caídas, ahogamientos en los ríos, depredación animal, envenenamientos accidentales, quemaduras y perderse en el ambiente.”

Bibliografía:

Mortalidad en sociedades de cazadores-recolectores: http://www.anth.ucsb.edu/faculty/gurven/papers/GurvenKaplan2007pdr.pdf

Mortalidad primate: http://www.eva.mpg.de/primat/staff/boesch/pdf/jour_hum_evo_mort_rate.pdf

http://www.eva.mpg.de/documents/Elsevier/Hill_Mortality_JHumEvo_2001_1556100.pdf

Actualización:

– El artículo del director de Survival International, una reseña del libro de Jared Diamond, es muy interesante y crítico: http://www.huffingtonpost.es/stephen-corry/el-peligroso-mensaje-de-d_b_3911585.html?utm_hp_ref=spain

Fragmento de “Who stole feminism?” de Christina Hoff Sommers

He encontrado otro ejemplo de la pugna entre libertad y despotismo ilustrado dentro de la historia del feminismo en el libro “Who stole feminism?” (“¿Quién robó el feminismo?”) de Christina Hoff Sommers. Otro momento podría ser el de la polémica del voto femenino entre Victoria Kent y Clara Campoamor (aunque yo soy de la opinión que era una polémica estéril, ya que ni las mujeres ni los hombres elegimos nada en las elecciones del Estado).

Ahora existe un debate similar en el tema de una hipotética ampliación de los permisos de maternidad y paternidad, donde el punto de mayor conflicto está en su “intransferibilidad”, es decir, la imposición de que sean iguales para madres y padres para evitar que las mujeres tomen decisiones “equivocadas”. Menos mal que hay mujeres mucho más inteligentes que las demás para mostrarnos el camino correcto a seguir. Curioso que nunca se plantee que el derecho, de existir, quizás tendría que ser del bebé a ser cuidado por personas que le quieren, el derecho a no ser institucionalizado a edades tan tempranas por imperativo del mundo productivo o incluso hablar de un derecho de la diada madre-hijo durante la fase en la que son una pareja simbiótica*.

Leo en las páginas 256-257 del libro de Christina Hoff Sommers:

“Betty Friedan una vez le dijo a Simone de Beauvoir que creía que las mujeres tendrían que tener la opción de quedarse en casa y criar a sus hijos, si es eso lo que querían hacer. Beauvoir contestó: “No, no creemos que ninguna mujer debería tener esa opción. Ninguna mujer debería estar autorizada a quedarse en casa a criar a sus hijos. La sociedad debería ser totalmente diferente. Las mujeres no deberían tener esa opción, precisamente porque si tienen esa opción, demasiadas mujeres la elegirían”**.

De Beauvoir pensaba que esta política drástica era necesaria para evitar que las mujeres llevaran marchitadas vidas convencionales. Aunque no lo explicó en detalle, debe haber sido consciente de que su sociedad “totalmente diferente” requeriría de una legión de Grandes Hermanas pagadas por el Estado con el poder de prohibir a cualquier mujer que quiere casarse y quedarse en casa con los niños de llevar a cabo su plan. Ella revela la típica actitud condescendiente de muchas feministas de género hacia las mujeres “no iniciadas”.”

*Simbiótica, aclaro, no quiere decir una madre y un bebé aislados entre cuatro paredes durante todo el día. Esto, en mi opinión, no es sano y es otra imposición del sistema productivo. Somos seres sociales, necesitamos comunidad y familia extensa para criar, cuidar y ser cuidados.

**La fuente que señala Sommers en su libro es: “Sex, society, and the Female Dilemma” (un diálogo entre Friedan y de Beauvoir) en Saturday Review (14 de junio de 1975, pg. 18). En palabras de Sommers: “Como feminista de la igualdad tengo mucho que admirar del trabajo de Beauvoir, pero su tolerancia hacia el autoritarismo no es parte de ello. Quizás estuvo influenciada por Jean-Paul Sartre, uniéndose a él en su fase maoista de los setenta. Esto quizás ayude a explicar, aunque no a excusar, sus ganas de usar el poder del estado para forzar a la gente a vivir vidas “correctas”.

Relacionado:

El concepto de libertad en “Desiguales por Ley” de María Pazos Morán (Podemos)

Apego al Estado: la visión de Sun Yat-sen

Mujeres en el Libro Rojo

Louise, cuidadora de un bebé llamado Simone (de Beauvoir)

 

Crianza sin complejos.

No soy relativista, creo que hay cosas mejores que otras, para los bebés, para las madres, para los padres y para el medio ambiente. Si no puedo darle a mi hijo lo que considero que es lo mejor, pues no se puede, pero procuro no autoengañarme y reconocer que algunos días hago cosas que no me gusta hacer, quizás obligada por circunstancias externas, por falta de información, incluso por egoismo o pereza… (intento que no sea así, por supuesto…). Pero también tengo claros algunos principios inquebrantables, como atender sus necesidades, no dejarle llorar sin consuelo y darle leche materna hasta que los dos queramos y podamos. Coincide que además de ser principios son placeres diarios.

A veces, mis elecciones se dirigen hacia lo más sencillo. Otras veces requieren más esfuerzo, pero las tomo porque creo que es lo que tengo que hacer. Más allá de ahí, lo que mejor nos funciona es la flexibilidad, sin atarnos a dogmas o teorías pediátricas en las que tengamos que encajar a priori bebés y padres.

Por ejemplo, me encanta portear, llevar cerquita a mi bebé y ha sido lo más práctico durante los primeros meses y sobre todo, viviendo en un tercero sin ascensor. Por no hablar de los llantos al atardecer que hemos consolado y relajado porteando… Pero también tengo un carrito heredado que nos viene fenomenal en multitud de ocasiones, por ejemplo si sé que vamos a un restaurante y se va a echar una siestecita, si voy a la compra, si cogemos el coche… Ahora usamos el meitai y carrito para salir, dependiendo de la circunstancia, y fular dentro de casa para dormirle. ¡Estoy deseando que llegue el buen tiempo para pasear y portear a la espalda sin tantas capas de ropa!

En cuanto a la alimentación complementaria, le intenté dar papillas a los seis meses, vi que no quería nunca y probamos un mes después a que él mismo cogiera la comida que le preparábamos en trocitos. Como vimos que le encantaba, seguimos. Nunca le dimos trozos grandes de comida por miedo a que se atragantara y, como tampoco se trata de sufrir nosotros, seguimos así, con trocitos pequeños. Ahora por las noches, sin embargo, sí toma papillas con ganas y nos es mucho más cómodo darle una de cereales.

Usamos pañales de tela pero también hemos utilizado desechables los primeros dos meses. De hecho, guardamos algunos en el armario, por si los necesitáramos algún día. Me encanta haberme independizado de ellos y no me gustan nada, por muchas razones (dermatológicas, medioambientales…), pero gusta tener algunos en la recámara. Algún día que he calculado mal a la hora de lavar los de tela, hemos tenido que usar algunos.

Como le ponemos a hacer pis y caca en el orinal cuando sabemos que lo necesita, cada vez mojamos menos pañales de tela, pero aún así, los usamos para salir a la calle y por las noches, por si acaso estamos distraidos. Cada vez que hace caca en el w.c. o la palangana (suele ser una vez al día), le lavo en el bidé con agua tibia para que se quede limpito. Por eso, con el tema de los baños nos relajamos bastante y le bañamos una o dos veces a la semana. Además, la piel de un bebé es demasiado sensible para estar en contacto con tanto jabón de forma diaria. De hecho, quizás sería suficiente sólo con agua.

Unos días le dormimos en brazos, otros en fular y otros en carrito. Dormimos los tres en la misma habitación, con cuna pegada a la cama, porque nos gusta. Cuando pase el tiempo y él crezca, reorganizaremos la casa y tendrá su habitación.

Así es como a nosotros nos va bien ahora. ¡Sin complejos y sin etiquetas aprisionadoras!