Más allá del parque – #5 – El Museo Geominero

Otra mañana nos levantamos y pensé… ¿dónde podemos ir que esté cerca de casa? Y me acordé de que cerca del metro de Ríos Rosas había un museo que siempre me había llamado la atención pero al que nunca había ido: el Museo Geominero.

Después de equivocarnos y entrar en la facultad de Ingeniería de Minas que está al lado caminamos un poquito más abajo hasta el museo. Allí pasamos el control de seguridad y después de pitar por todo (monedero, llaves, móvil) pasamos a una sala enoooooorme e impresionante. Si miras arriba alucinas con la gran vidriera del techo (mi foto es bastante mala pero podéis ver las de su propia web aquí):

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Y debajo hay una gran sala diáfana llena de minerales de las diferentes épocas terrestres distribuidas en muchas plantas. Nosotros no subimos a ninguna y nos quedamos abajo porque mi hijo se volvió loco corriendo por los pasillos hasta que me le subí a hombros y pudimos ver algo y comentar la jugada.

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En definitiva, no es un museo apto para bebés mayores que corren tan rápido que casi ni les pillas. Nos lo pasamos muy bien, eso sí, ver la exposición muy, muy poco. Como siempre, a mi hijo lo que más le gusta es el viaje en metro, más que el destino, y subir y bajar en muchos ascensores. Si tu hijo es mayor y le flipan los fósiles, seguro que le encantará visitarlo. Yo me he quedado con ganas de volver, pero quizás a la hora de la siesta…

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“¡Huesos gigantes! ¿A que me salto la valla?”

 

Dina, “Mi libertad de bailar”.

Del libro de la bailarina egipcia Dina “Ma liberté de danser”:

“30 de diciembre 1999, mi vientre se crispa. Acompañada por Sameh, vamos rápido al hospital de Santa Mónica. La partera me lleva a la sala de partos, Sameh está detrás de la cámara, graba el parto. Las contracciones son fuertes, pero no dolorosas. Miro el espejo en el techo, regulo la respiración. Cinco minutos más tarde, Ali asoma la cabeza. Una pequeña cabeza cubierta de pelo negro, y una boca parecida a la mía. Tengo lágrimas en los ojos. Aquí llega nuestro bebé. Ahlan wa Sahlan, Ali, bienvenido, hijo mío.

– “¡Ha dado a luz en un tiempo récord!”
La matrona está sorprendida. Mientras me brinda los cuidados post-parto, me cuenta que rara vez ha visto a una mujer traer un hijo al mundo con tanta facilidad.

Le reveló cuál es mi trabajo. Abre los ojos de par en par. La danza del vientre es una de las mejores preparaciones para el parto. Involucra a todos los músculos, permite la flexibilidad de la pelvis, el tono muscular. El coreógrafo Hassan Khalil, dijo una vez: ” La danza del vientre es el movimiento del lugar más sagrado de la mujer, el útero, ahí donde todo comienza. El secreto de la danza del vientre no está en la danza, está en la mujer”.

Ese 30 de diciembre, bailarina y madre, madre y bailarina, me siento más mujer que nunca. Estoy acostada en mi cama de sábanas blancas, mientras veo a Sameh mirando con orgullo a su hijo, ya tan fuerte, ya tan vivo, con sus ojos oscuros. Y me gustaría que estos momentos pudieran durar para siempre”.

Esta es la experiencia de Dina y no es extrapolable a todas las mujeres. Bailar danza oriental no garantiza un parto rápido y fácil como el de esta maravillosa bailarina y doy fe de ello: el mío fue largo, cansado, extático… y con una placenta que se negaba a salir. Sí que creo que gracias a bailar no sufrí ningún desgarro, pero, en cualquier caso, en el parto influyen muchísimos factores, muchos de ellos imprevisibles. En cualquier caso, bailar danza del vientre siempre será positivo para nuestros cuerpos y nuestras mentes, nuestros partos y postpartos. Y si a esto le sumamos el componente lúdico y social de juntarnos y bailar juntas, ¡mejor que mejor!