Más allá del parque – #7 – Casa Museo Lope de Vega

Un día que paseaba por el barrio de Huertas descubrí un museo quiquitito que hay en la Calle Cervantes, la Casa Museo Lope de Vega, donde vivió el famoso escritor sus últimos 25 años de vida, entre 1610 y 1635.

http://www.panoramio.com/photo/23261262

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Si no vas con cita previa (hay que pedirla por e-mail) no podrás entrar más que al jardín, un espacio muy bonito reconstruido como más o menos lo tendría el autor, con su huerto, su gallinero y un pozo. Un verdadero oasis de tranquilidad en medio de la ciudad.

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Imagen del folleto de la Casa Museo Lope de Vega

Así que pedí cita para mi abuela, para mi hijo y para mí y allí nos fuimos el martes de la semana pasada. La visita es corta, las guías simpáticas y a pesar de que llevaba a mi bebé en el Tonga me pasé toda la visita intentando que no se bajara a correr por las habitaciones. Al final desistí y le bajé, vigilando de cerca sus pasos… Fue un poco complicado también evitar que dejara de gritar el nombre de su bisabuela a voces mientras la guía intentaba explicar el contenido de cada estancia. Menos mal que la gente fue maja y comprensiva, ¡por una vez!

“Mi casilla, mi quietud, mi güertecillo y estudio”, así hablaba Félix Lope de Vega de su hogar:

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Tomada de Wikimedia Commons.

El cuarto que más me llamó la atención fue la reconstrucción de la habitación donde se reunían las mujeres de la casa a charlar. Es de estilo morisco y por eso se sentaban en el suelo alrededor del brasero. Mirad lo que dice el texto del folleto:

“A continuación se encuentra el estrado, estancia característica del Siglo de Oro de origen oriental, en la que se toma asiento en la postura turca de piernas cruzadas o recostándose en alfombras, colchones y cojines. Desde el siglo XVI el estrado tiende a ser un espacio exclusivamente femenino, reservándose para la labor de aguja, la oración, la lectura o la tertulia.”

Fotografía perteneciente al folleto del museo.

Fotografía perteneciente al folleto del museo.

También me gustó mucho, a raíz de mi interés en cómo vivían los bebés de otras épocas, el Aposento de los hijos, donde tienen una cuna en la que se pueden ver varios amuletos atados o, como se llamaba entonces, un “cinturón de dijes”.

La cuna de la casa. Foto tomada del blog http://cronicadetorreon.blogspot.com.es

“Los amuletos solían ser llevados hasta los cuatro o cinco años y, normalmente, se colocaban en una fajita, que se ponía en la cintura, donde se cosían o prendían. En otros casos, pendían de una cadena de plata, cuando los amuletos eran vistosos y estaban engarzados en plata u otros metales, pero cuando eran nóminas sin ningún adorno u objetos sin ningún valor material, se escondían en bolsitas o cosidos en el interior de la ropa.” Texto de “La infancia en época de El Quijote – Museo Casa Natal de Cervantes”. Si os interesa este tema no podéis dejar de leer este breve texto. No tengo ni idea pero me da la sensación de que muchas veces los padres culpaban al mal de ojo porque quizás no conocían el origen de las enfermedades o la causa de la muerte de los niños.

Al leer este texto de la etnóloga María Pía Timón no he podido evitar acordarme de mi viaje a Senegal y de los amuletos que les ponían allí a los bebés (gris-gris) en los brazos o en la cintura para protegerles del mal de ojo o las enfermedades.

Foto tomada del folleto “La infancia en época de El Quijote – Museo Casa Natal de Cervantes”.

La guía nos explicó que Lope de Vega tuvo muchísimos hijos dentro y fuera del matrimonio, estuvo casado dos veces y tuvo muchísimas amantes. Una de sus hijas ilegítimas se hizo monja en el monasterio de las trinitarias que está cerca de la casa y él también se ordenó sacerdote, lo que no le impidió seguir con sus ligues.

Una de las cosas que se me quedó grabada de la visita fue lo doloroso que fue para él la muerte de su hijo Carlos Félix cuando este tenía 7 años, muerte que nunca superó. En uno de sus poemas está plasmada una parte, si es que las palabras pueden expresarlo, de su tristeza:

 Canción a la muerte de Carlos Félix

(…)

Y vos, dichoso niño, que en siete años

que tuvistes de vida, no tuvistes

con vuestro padre inobediencia alguna,

corred con vuestro ejemplo mis engaños,

serenad mis paternos ojos tristes,

pues ya sois sol donde pisáis la luna.

De la primera cuna

a la postrera cama

no distes sola un hora

de disgusto, y agora

parece que le dais, si así se llama

lo que es pena y dolor de parte nuestra,

pues no es la culpa, aunque es la causa vuestra.

(…)

Cuando tan santo os vi, cuando tan cuerdo,

conocí la vejez que os inclinaba

a los fríos umbrales de la muerte;

luego lloré lo que ahora gano y pierdo,

y luego dije: «Aquí la edad acaba,

porque nunca comienza desta suerte».

¿Quién vio rigor tan fuerte,

y de razón ajeno,

temer por bueno y santo

lo que se amaba tanto?

Mas no os temiera yo por santo y bueno,

si no pensara el fin que prometía

quien sin el curso natural vivía.

(…)

El resto del poema lo podéis leer aquí: http://www.lluisvives.com/servlet/SirveObras/aust/01338342099793278533802/p0000004.htm

Lope de Vega perdió a dos de sus amores en el parto (Isabel de Urbina y Juana de Guardo), lo que nos da una idea de que morir en ese contexto era una posibilidad cercana y real. También murieron otros hijos de Lope de Vega, como Antonia Clara y Lope Félix. Desde luego, tuvo una existencia marcada por los amoríos y la muerte.

¿Era normal en esa época tener una vida sentimental tan agitada con tantas amantes? ¡Tuvo doce hijos de tres mujeres distintas! Y no sólo lo digo porque fuera un hombre, es que sus amantes también eran en muchos casos mujeres casadas y tenían hijos con Lope de Vega mientras seguían en matrimonio con sus maridos. Mi mente del siglo XXI no puede entender muy bien la sociedad de esa época…

Bueno, así fue otro día “más allá del parque”.

Más allá del parque – #5 – El Museo Geominero

Otra mañana nos levantamos y pensé… ¿dónde podemos ir que esté cerca de casa? Y me acordé de que cerca del metro de Ríos Rosas había un museo que siempre me había llamado la atención pero al que nunca había ido: el Museo Geominero.

Después de equivocarnos y entrar en la facultad de Ingeniería de Minas que está al lado caminamos un poquito más abajo hasta el museo. Allí pasamos el control de seguridad y después de pitar por todo (monedero, llaves, móvil) pasamos a una sala enoooooorme e impresionante. Si miras arriba alucinas con la gran vidriera del techo (mi foto es bastante mala pero podéis ver las de su propia web aquí):

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Y debajo hay una gran sala diáfana llena de minerales de las diferentes épocas terrestres distribuidas en muchas plantas. Nosotros no subimos a ninguna y nos quedamos abajo porque mi hijo se volvió loco corriendo por los pasillos hasta que me le subí a hombros y pudimos ver algo y comentar la jugada.

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En definitiva, no es un museo apto para bebés mayores que corren tan rápido que casi ni les pillas. Nos lo pasamos muy bien, eso sí, ver la exposición muy, muy poco. Como siempre, a mi hijo lo que más le gusta es el viaje en metro, más que el destino, y subir y bajar en muchos ascensores. Si tu hijo es mayor y le flipan los fósiles, seguro que le encantará visitarlo. Yo me he quedado con ganas de volver, pero quizás a la hora de la siesta…

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“¡Huesos gigantes! ¿A que me salto la valla?”

 

Más allá del parque – #3 – La plaza de las nodrizas de Madrid

Cita histórica encontrada en el libro “Criados, nodrizas y amos: El servicio doméstico en la formación del mercado de trabajo madrileño, 1758-1868”de Carmen Sarasúa:“Hay en la Plaza de Santa Cruz, de Madrid, un mercado diario de carne humana, cuya influencia en las costumbres no se ha pesado todavía. Los que pasan miran, ven un grupo de pasiegas sentadas en el suelo, o en las piedras que forman el borde de un portal, las unas con un niño de pecho, las otras sin él, y sin fijar más ni su atención, ni su pensamiento prosiguen su camino (…).
¿Qué hacen aquí estas pobres y robustas montañesas, las unas comiendo un mendrugo de pan y las otras indicando en su semblante que no les desagradaría comerle? ¿Qué hacen? Esperar pacientemente a que una madre pobre y desventurada, o que alguno en nombre de una madre rica y regalona se acerquen a contratarlas para que, por tanto más cuanto, den a su hijo el alimento que llevan en sus pechos. Mercancía singular, no comprendida en ningún código de comercio, y la única que salió a salvo del sistema tributario del Sr. Mon, que es todo lo que se puede decir. Consideramos a las pasiegas en tres distintos periodos, a saber: antes de Sta. Cruz, en Sta. Cruz y después de Sta. Cruz, aunque para ellas las tres épocas son tres cruces y ninguna santa.” Teatro Social del siglo XIX, tomo II, 1846.
Me parece un tema apasionante el de las nodrizas… Creo que no se puede pensar en la historia de la lactancia sin ellas, cuál era su papel, por qué las mujeres de las clases altas no amamantaban, de dónde procedían las nodrizas y qué razones les impulsaban a vender sus servicios… Me pregunto por qué se ha mercantilizado el cuerpo femenino a lo largo de la historia, ya sea en el alquiler de sus pechos, vagina o útero o la venta de sus óvulos. También me interesa la otra parte, la altruista como la lactancia solidaria o comunitaria, por ejemplo. Quién sabe hacia dónde me llevará esta investigación.
CONTINUARÁ…

Más allá del parque – #2 – La Inclusa de Madrid

Después de convertinos en viajeros por nuestra propia ciudad en otro post, en nuestra siguiente ruta he querido buscar lo que pudo dejar a su paso la Inclusa de Madrid. ¿Quedaban algo de los distintos edificios donde tantos niños abandonados vivieron y murieron? Como la historia de la Inclusa es tan extensa que la ruta la hemos tenido que hacer en varios días y de diferentes formas: caminando, en portabebé, en carrito, en brazos, en bandolera, en metro y en autobús. Para buscar la información, el principal documento en el que me he apoyado ha sido este, de la Asociación Española de Pediatría, pero si os interesa el tema, hay más bibliografía al final.

Lo primero que habría que explicar es el extraño nombre de “la Inclusa”. Pues bien, es una adaptación a la madrileña de una localidad holandesa que en algunas fuentes es Enckuissen y en otros es la isla de Esclusa (L’Écluse). Según cuenta el Dr. José Ignacio de Arana, “Al conquistarla los españoles, un soldado encontró en una iglesia profanada un cuadro de la Virgen de la Paz rodeada de ángeles y con un niño a sus pies y decidió unirla a su escueto equipaje militar.” Y con un cuadro se trajo el nombre del orfanato madrileño.

La Inclusa de Madrid estuvo en los siguiente lugares a través de los siglos:

– 1579-1801: Desde su creación por la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y las Angustias la Inclusa estaría en la Puerta del Sol, entre la calle de Preciados y la del Carmen.

– 1801-1804: Edificio de la “Galera Vieja”: calle del Soldado, hoy calle de Barbieri. He intentado investigar si existe el edificio todavía o en qué número estaba pero no lo he conseguido por internet. Quizás lo mejor sea ir un día y preguntar a los vecinos más viejos de la calle, a ver si saben algo.

– 1804-1807: Se mudan a otro edificio en la Calle Libertad, en el mismo barrio.

– 1807-1929: La Inclusa se instala en el ya existente Colegio La Paz en la Calle Embajadores dedicado a recoger “mujeres y niñas menesterosas”. Otras fuentes dicen que se traslada a Mesón de Paredes pero que estaba pared con pared y conectada con el Colegio La Paz de Embajadores. Según se puede leer en “Madrid, villa y corte: calles y plazas Volumen 2” ahí estudiaban las huérfanas que salían de la Inclusa. El colegio había sido fundado por la Duquesa de Feria, Ana Fernández de Córdoba, en 1679.

En el número 66 de Mesón de Paredes, hoy la plaza que hay al lado del Mercado y Las Escuelas Pías, estaba la Inclusa y el Hospital de Maternidad.

 

1910. Calle de Embajadores. La Inclusa y el Colegio de la Paz

Foto tomada del flickr de nicolas1056

El mismo lugar de la calle Embajadores donde estaba el Colegio La Paz hoy en día. Travesía de los Cabestreros. A la misma altura pero en Mesón de Paredes estaba la Inclusa (los dos edificios estaban comunicados).

1900. Niñas del Colegio de la Paz

1900. Niñas del Colegio de la Paz. Tomada del flickr de nicolas1056.

1905. Amas de cria de la Inclusa

1905. Amas de cria de la Inclusa

– O’Donnell. “En el año 1929 la Diputación Provincial de Madrid, de la que dependen los organismos de Beneficencia, dispone la construcción de un edificio totalmente nuevo para alojar la Inclusa. La elección del sitio no es aleatoria. Se trata de un amplio terreno en la entonces alejada calle de O’Donnell, propiedad de la Junta de Damas que regía la institución y donde muy poco después se construiría la Maternidad Provincial”:

La Inclusa en su parte opuesta a la calle O’Donnell.

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Nosotros frente al edificio que albergó la Inclusa en O’Donnell, lo que se llamó Instituto Provincial de Puericultura.

“Se trata de dos relieves, de preciosa cerámica, representando a dos recién nacidos fajados, imitación exacta de los que adornan la fachada del Hospital de los Inocentes de Florencia y que en el siglo XV modeló el artista del Renacimiento Andrea della Robia. La Inclusa perdió ese nombre para pasar a llamarse Instituto Provincial de Puericultura aunque siguió manteniendo sus funciones”.

Niño enfajado en la entrada principal del Instituto Provincial de Puericultura

El original en el que se inspiraron los arquitectos constructores de la Inclusa de O’Donnell: El Spedale degli Innocenti de Florencia, un orfanato del siglo XV.

Logo de la Asociación Americana de Pediatría y Brasileña: http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0370-41062008000200010&script=sci_arttext

Intenté entrar con mi hijo en el edificio de la calle O’Donnell pero los guardias civiles de la entrada principal me lo prohibieron. De nada sirvió que explicara que era una visita breve de carácter histórico y que no pretendía molestar a los funcionarios que allí trabajaban. Al final conseguí que me dejaran hacer una única foto de una parte de las instalaciones abierta al público para trámites burocráticos. Creo que es un ejemplo más de cómo se nos margina a la gente de a pie de las instituciones supuestamente públicas, mucho más si vas con un “peligroso” niño. Todo está prohibido por no se sabe qué o por no se sabe quién, algún superior en la escala jerárquica, quizás… Pero diciendo esto no quiero hacerme la víctima. Nosotros tenemos un rato de libertad para estar juntos, aprender y viajar por la ciudad. ¡Y eso ellos se lo pierden y ni siquiera saben lo que es!

Interior del edificio hoy en día.

Las fotos de la Inclusa de O’Donnell me provocan una profunda tristeza. Cientos de bebés aislados en cunitas durante horas, días, meses, años… en los momentos de su vida cuando más necesitan el cariño, el contacto físico y el amor. Me imagino que mi hijo fuera uno de ellos y me muero de pena, con la necesidad de brazos y abrazos que tenía cuando nació… Pero, claro, si no estuvieran en esas cunas frías, ¿dónde estarían? ¿Cuál hubiese sido su destino?

www.bibliotecavirtualmadrid.org

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Esta imagen es enigmática. ¿Qué quiere decir “dormitorio de destetes”? ¿Cómo les destetaban? ¿Lo llamaban así porque era una fase delimitada concreta o era una forma de referirse a la edad? Otra habitación triste.

La Junta de Damas de Honor y Mérito y la Inclusa:

El papel de esta organización merece un análisis separado. Se trata de una institución creada por Carlos III de caridad y beneficiencia formada por mujeres aristocráticas. Su andadura comienza en 1787 y dura hasta la actualidad. La historia de su creación no deja de ser curiosa: dos mujeres fueron admitidas en la a Real Sociedad Económica Matritense y se creó tanto revuelo que las crearon una Junta a la medida, una Junta de Damas.

¿Por qué unas mujeres privilegiadas por el orden social se ocupaban de los niños abandonados de las clases pobres urbanas? Y es que la caridad, al contrario de la solidaridad y el apoyo mutuo, siempre es ejercida desde arriba, desde el poder, desde los palacios lujosos y el derroche. La pregunta quizás debería ser otra: ¿Por qué las mujeres pobres abandonaban a sus hijos? ¿Por qué no los críaban ellas mismas? ¿Existían las circunstancias que lo hacían posible? ¿Era mejor la situación en el pueblo que en la ciudad?

María Josefa Pimentel y Téllez, Duquesa de Osuna, pintada por Goya. Fue Presidenta de la Junta de Damas.

Del blog Retratos de la Historia: “También intervino en el asunto de la Real Inclusa de Madrid, cuya situación era por lo menos trágica: la inexistencia de higiene y el desbordamiento de las nodrizas al encontrarse al cargo de muchos bebés, causaban mucha mortandad infantil. Carlos IV se resistió al principio pero, al cabo de casi 7 años, acabó entregando la dirección de la inclusa a la Junta de Damas (13 de septiembre de 1799). Ese mismo año, el índice de mortandad infantil era de un 96%… En 1800 y tras doce meses de hacerse cargo la Junta de la Real Inclusa, la mortalidad se había reducido hasta un 46% y, en 1801, al 36% lo que probaba holgadamente la eficacia e inteligencia de esas damas al frente de la institución cuando asumieron su gerencia y dirección a finales de 1799.”

Si esto es cierto es sin duda una noticia positiva pero, claro, hay que contextualizarla. Estas damas tan filantrópicas vivían de lo trabajado por otros, los jornaleros que trabajaban sus tierras. La Duquesa de Osuna, por ejemplo, se construyó, siguiendo el ejemplo de María Antonieta, la Casa de la Vieja en El Capricho para poder jugar a las campesinas. Dentro de esa realidad hay que contextualizar su caridad: primero os exploto y después os soluciono los problemas que el mismo orden social ha creado.

La nobleza ilustrada española necesitaba mano de obra para la manufactura que comenzaba a desarrollarse. Los déspotas apoyaban políticas poblacionistas con incentivos a las familias numerosas, acogiendo inmigrantes extranjeros católicos y “haciendo de la salud y la enfermedad problemas políticos que demandaban una gestión pública”. Es decir detrás de la caridad estaba el interés en enriquecerse con el trabajo ajeno y acumular todavía más poder.

La creación de hospicios es parte de este proceso y de la política poblacionista del Estado, es decir, hacía faltan trabajadores y había que eliminar la pobreza para evitar la “delincuencia” política y social.

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Ahora el Colegio La Paz de O’Donnell es una residencia de ancianos.

El Colegio La Paz se mudó también de Embajadores a O’Donnell y ahora es una residencia de ancianos a la que tampoco nos dejaron entrar. Supongo que todo el mundo sabe lo peligrosos que pueden ser una mamá y un bebé en un edificio lleno de abueletes. Cualquier contacto intergeneracional puede ser hasta subversivo…

– Años 70: traslado del Instituto, a su actual ubicación del Colegio de San Fernando, en la carretera de Colmenar Viejo, y volvió a cambiar de nombre, ahora por el de Casa de los Niños.

Las nodrizas.

Uno de los temas más interesantes cuando uno lee sobre la Inclusa es el de las nodrizas o amas de cría. Se les pedían los siguientes requisitos: “salud contrastada, que fueran robustas, jóvenes, madres de más de un hijo y de menos de seis para garantizar la riqueza de la leche, que no hubiesen abortado, que sus senos fueran anchos y de pezones prominentes, que no tuvieran mal olor de aliento y hasta que sus propios hijos hubiesen sido concebidos dentro de un matrimonio legítimo y cristiano”. Sin embargo, la realidad es que contrataban a casi cualquier mujer que estuviera dispuesta a ello, incluso aunque estuviera enferma.

En la Inclusa la lactancia duraba hasta los 18 meses y la crianza era hasta los 7 años. Las nodrizas medievales de las que habla Cira Crespo en Maternalias amamantaban hasta los 2 años o 2 años y medio.

Había niños que eran amamantados en la Inclusa y otros que se iban a vivir al campo con su nodriza. Según el Dr. Arana Amurrio: “La lactancia, si faltaba la leche humana se hacía a base de leche de burra, la más parecida a la humana en sus cualidades alimenticias, o de cabra”. Como vemos, todavía no se utilizaba leche de vaca. Es terrible decirlo pero no había nodrizas para todos los niños. Cuando un bebé llegaba se le asignaba o nodriza o iba al Dpto. de Biberón. Si no tenía la suerte de ser amamantado tenía todas las papeletas para morir, era pues casi una condena de muerte en esa época. Este tema está muy desarrollado en la tesis doctoral sobre la Inclusa.

Si nos atenemos al estudio publicado por la AEPED, las nodrizas del campo no quedan muy bien paradas: que si les daban adormidera para que estuvieran tranquilitos, que si no les alimentaban bien, que si se les moría el niño ocultaban la muerte para seguir cobrando… ¿Sería esto de verdad así? No sé por qué pero no puedo evitar pensar que la historia de estas mujeres viene filtrada por los expertos, los doctores y los Ilustrados, siempre tan dados a denostar todas las tareas de las mujeres del pueblo. Supongo que habría casos así, pero no me parece justo generalizar. De hecho, muchas de estas mujeres terminaban adoptando a los niños, supongo que gracias al vínculo profundo de la convivencia con los bebés y de la lactancia.

Después, al cumplir 7 años y hasta los 14 años, se les mandaba a aprender un oficio. Las niñas iban al Colegio La Paz (Embajadores y después O’Donnell) y los niños iban o al Hospital de los Desamparados (hoy el Museo Cervantino de la Calle Atocha, 87) o al Hospicio (hoy Museo Municipal en la calle de Fuencarral cerca del metro de Tribunal):

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En el Museo Municipal de Madrid, cerca del Metro de Tribunal.

Una subversiva señora subió a mi hijo a su “andador” en nuestra visita al Museo Municipal de Madrid.

En el resumen histórico del Dr. Arana falta algo y es una ausencia muy gorda: los niños robados. Ahora sabemos que muchas adopciones desde la guerra hasta los años 90 fueron irregulares o ilegales, con tintes políticos, religiosos o directamente mafiosos. Por ejemplo, está el caso de Agustina, madre soltera que vivió y trabajó en la Inclusa, fue hospitalizada porque se le abrió la cesárea y al volver la dijeron que su hija había muerto. Historias tan terroríficas como esta están hoy en día en los tribunales:

Presentación Anadir from Anadir.es on Vimeo.

Y así se acaba nuestro “Más allá del parque #2”. Ha costado terminarlo pero aquí está el post, dedicado a todos los niños madrileños abandonados, tanto los que sobrevivieron como los que murieron. También está dedicado a los niños robados que luchan hoy por encontrar a sus padres biológicos.

Después de todas estas excursiones y viajes en el tiempo volvemos a casa:

¡A casa!

Si queréis profundizar os dejo documentación:

http://eprints.ucm.es/13772/1/T33310.pdf

http://descargas.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01593296435693984122257/022401.pdf

http://www.bibliotecavirtualmadrid.org/bvmadrid_publicacion/i18n/catalogo_imagenes/imagen.cmd?path=1026440&posicion=3

http://www.bibliotecavirtualmadrid.org/bvmadrid_publicacion/i18n/catalogo_imagenes/imagen.cmd?path=1057579&posicion=4

http://lamemoriaviva.files.wordpress.com/2008/11/inclusas6.pdf

http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1983/02/21/022.html

http://www.flickr.com/photos/nicolas1056/5918497523/

http://yomisma-nikyta-wwwnikyta-rosi.blogspot.com.es/search/label/Video%20HISTORIA%20DE%20CIUDAD%20ESCOLAR