No estamos adaptados a vivir en este ambiente

“Taller, línea de ensamblaje, máquina, tarjeta de fichar, horas extra, salario./
Me han entrenado para ser dócil./
No sé gritar o rebelarme,/
cómo quejarme o denunciar,/
sólo cómo sufrir silenciosamente el agotamiento” Xu Lizhi

 

El otro día, leyendo fragmentos del libro de Michel Odent “Do we need midwives?” (“¿Necesitamos matronas?”) tuve una especie de pequeña “revelación”* que me atreví a compartir en uno de los debates de las jornadas del “III Foro Libre de Maternidad de Vía Láctea” en Asturias. Lo que quise expresar allí es lo siguiente:

Hoy nos encontramos en mitad de un gran problema evolutivo de adaptación o, más bien, inadaptación al medio. La mecanización y la industrialización han traído beneficios pero también nuevos problemas, algunos de ellos incluso ponen en peligro la mera existencia de la especie. Uno de los principales conflictos es que no estamos adaptados para esos nuevos entornos creados como pueden ser los del trabajo asalariado mecánico y rutinario, el aislamiento, la falta de vida social y convivencialidad, estar sentados durante 8 horas frente a una pantalla de ordenador, el metro, la falta de contacto con la Naturaleza… No hemos evolucionado en un entorno así y lo peor es que no es posible adaptarse a ello. Tenemos dolores musculares, emocionales, espirituales, físicos, las llamadas “enfermedades de la civilización”, fobias, obesidad, anorexia, y un larguísimo etcétera.

La realidad es que nuestro entorno es totalmente artificial, es antinatural. A veces se dice, en textos feministas, que el mundo está adaptado al hombre (al varón). Cuando leo eso siento escalofríos por todo el cuerpo. Es totalmente falso. El mundo actual está hecho a la medida de los avances tecnológicos, de las herramientas, de las máquinas industriales e informáticas. No está hecho a escala humana ni a la medida de lo humano. Desde que nacemos se nos trata como máquinas u objetos porque se parte de la premisa de que somos los humanos los que nos tenemos que adaptar al sistema y no al revés.

También en el ámbito de la autodenominada “crianza respetuosa” se tiende a pensar que el mundo está adaptado a los adultos, a los padres, y no a los bebés, que no saben si viven en el Pleistoceno o en el siglo XXI. El gran error de este planteamiento es pensar que los padres sí están adaptados cuando tampoco lo están. Ellos también se encuentran en un entorno que va contra su propia naturaleza humana** que necesita amor, libertad, vínculos fuertes, aire y comida limpia, etcétera.  El mundo actual no está adaptado al ser humano, pero ni a los mayores ni a los pequeños. Está adaptado a las máquinas, ellas sí son el centro. Lo que nos lleva a la misma conclusión: como el ser humano no puede adaptarse al maquinismo del ambiente se espera que seamos los seres humanos los que nos adaptemos a un mundo robotizado. ¿Y cómo se hace eso? Convirtiéndonos nosotros mismos en robots.

No hay otra decisión más importante para la especie humana en estos momentos que la siguiente. O nos convertimos en ciborgs, en robots, y nos adaptamos al entorno, o cambiamos el entorno y lo humanizamos para adaptarlo a las necesidades básicas de lo humano o incluso de lo vivo. O nos robotizamos o volvemos a un medio más natural. No hay más. El ser humano es un animal, quizás un animal algo especial, pero un animal al fin y al cabo. Hoy nos encontramos en el camino entre el animal y la máquina. Estamos mutando o, más bien, nos están haciendo mutar y nosotros nos dejamos. En este post de Prado Esteban ella habla de “la granja humana” porque lo que hacen las mentes pleclaras que dirijen el mundo de la política y las finanzas desde el despotismo ilustrado es eso, tratarnos como ganado. Pero, ¿es que acaso el ganado no es tratado como una máquina de hacer leche y carne en el mundo industrial?

La vía por la que está comenzando esta curiosa mutación es la de los móviles. Hoy todo el mundo tiene un teléfono con conexión internet, cámara de fotos, grabadora y disco duro. Es un verdadero ordenador personal al alcance de la mano. El paso siguiente es fusionarnos con él y hacerlo carne de nuestra carne, que sea parte de nuestro propio cuerpo. De manera simultánea ya se está experimentando con pequeños simios transgénicos y también, en el ámbito de la reproducción artificial, con la selección genética de los embriones humanos. Es muy probable y, no sabemos cómo, todos estos caminos vayan confluyendo hacia una nueva especie.

Y esto, no será obra de cuatro señores conspirando, que puede que también, sino que la propia lógica o dinámica interna del desarrollo tecnológico humano nos llevará a ello, con lo que estaríamos frente a una terrible paradoja: el ser humano tendería siempre a morir de éxito en sus avances tecnológicos.

Quizás la cuestión clave esté en aquel concepto del que hablaba Ivan Illich, el del umbral y el de los límites de ciertas herramientas, que comienzan siendo medios y terminan siendo fines en sí mismas. ¿No hemos llegado ya al momento en el que tendríamos que estar, en lugar de investigando en deshumanización, explotación, dominio y o viajes a Marte, tratando de solucionar los problemas de nuestra casa, la Tierra? ¿No deberíamos pararnos, dejar de inventar nuevas herramientas y nuevas tecnologías y, con lo que ya sabemos y ya tenemos, intentar mejorar la vida en este planeta, sabiendo que nada es unidireccional y que cuando solucionas un problema, estás creando otro, quizás para más tarde? Por ejemplo, el uso de los antibióticos nos ha permitido salvar vidas pero su abuso está causando muertes por la vía de la resistencia creada a los mismos por las bacterias. Lo mismo podemos decir de la contaminación de los ríos por el uso y abuso de drogas recreativas y medicamentos.

Ya hay investigadores como Eduald Carbonell, el paleontólogo de Atapuerca, que defienden estas ideas transhumanistas, como en esta entrevista:
“En ‘El naixement d’una nova consciència’ también habla de ‘la revolución científicosocial humana’. ¿Qué será?
– Será la creación del nuevo hombre, el paso del homo sapiens al homo ‘ex novo’. Seremos capaces de crear robots tecnobiológicos a los que dejaremos las categorías humanas más sólidas: la perseverancia, la solidaridad, la inteligencia, la no territorialidad y la organización horizontal. Todavía es ciencia-ficción pero es una de las pocas esperanzas que nos quedan…”

El problema del ciborg es que necesita electricidad, baterías y energía. Dado que nos encontramos en pleno pico del petróleo vemos como una vez más no existe “máquina” más perfecta que la creada por la propia fuerza de la Naturaleza.

La antropóloga Amber Case en su charla TED define al ciborg como un organismo al que se le añaden componentes para que pueda adaptarse a ambientes nuevos y aporta el ejemplo del astronauta en el espacio, un humano en un entorno para el que no está adaptado. Sin embargo, esto es una verdad a medias, ya que la realidad actual es justo la contraria a la del astronauta. Nuestros abuelos y bisabuelos sí estában adaptados al entorno en el que vivían dentro del ámbito rural o al menos, mucho más adaptados que nosotros a la ciudad y la vida actual.  Hubo decisiones políticas detrás de esas “inadaptaciones” del mismo modo que hoy en día es el marketing el que nos intenta persuadir una y otra vez de que tengamos ordenador, tablet y móvil. Y nosotros las compramos y las usamos, siendo copartícipes de esta mutación sin poder alegar que son otros los que nos dirigen por tal o cual camino, como a ganado.

Odent parece terminar su libro, si es que le he entendido bien, diciendo que de alguna forma tendríamos que aceptar la mortalidad natural porque la medicina va a terminar matando a la especie humana, lo que constituye de nuevo una gran contradicción, ya que se supone que la medicina tiene como función curar y no matar. La pregunta es, ¿hay vuelta atrás? ¿Debería haberla? ¿Estamos dispuestos a asumir el sentido trágico de la vida? ¿Asumir la histórica mortalidad “natural” infantil del 50%? Yo desde luego no la acepto, pero tampoco puedo aceptar un mundo de seres deshumanizados y robotizados, que finalmente es también otra forma de mortalidad, la muerte de lo humano.

Demasiadas preguntas. En una de mis escapadas durante las jornadas pude visitar el Parque de la Prehistoria de Taverga tomé un pequeño apunte de uno de los paneles del museo que no sé muy bien si viene al caso del tema tratado pero intuyo que sí: “No obstante, los dos en sus investigaciones paralelas (André Leroi Gourhan y Annette Laming-Emperaire) pusieron en evidencia la existencia de un sistema binario reflejo de la dicotomía universal del pensamiento humano”.

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*En realidad, “revelación” para mí, ya que hay mucha gente reflexionando sobre estos temas de forma pública. Pienso, por ejemplo, en John Zerzan, salvando las distancias y los puntos de vista divergentes, claro... En muchos aspectos, como en el del contacto directo con la Naturaleza y todo lo que nos aporta, no hace falta remontarse a la Prehistoria, ya que nuestros propios abuelos, en los pueblos, cazaban y recolectaban, además de dedicarse a la agricultura o la ganadería doméstica. Es decir, no existe la ruptura total entre sistemas que defiende Zerzan y otros.

ACTUALIZACIÓN 09/09/2016: En este video él mismo habla (min. 25:22) de otro autor que vio claro la conexión entre el primer paso, la domesticación de la naturaleza, y los avances tecnológicos actuales. Se llamaba Paul Shepard y yo no le conocía. Otro documento interesante sería este pdf de Jared Diamond.

**El concepto de “naturaleza humana” es bastante escurridizo y tiene una contrapartida muy fuerte en el coste de la supervivencia en libertad. Los que sobreviven quizás tengan una vida completa pero mueren muchos por el camino. ¿La domesticación implica quizás un énfasis en la “cantidad” versus la “calidad”? Ver post: https://www.lasinterferencias.com/2016/07/21/la-vida-no-domesticada-tiene-riesgos/

ACTUALIZACIÓN 28/09/2016

Una vez que me he metido de forma más profunda en este tema recomiendo encarecidamente leer a Paul Shepard y otros artículos traducidos de la web Le Partage como este en el que se habla de la depresión como enfermedad “adaptativa” o, más bien, maladaptativa… http://partage-le.com/2016/06/la-depresion-una-enfermedad-de-la-civilizacion-los-cazadores-recolectores-tienen-el-remedio-por-sara-burrows/  o su charla Ted.

ACTUALIZACIÓN 06/07/2017

Este enlace me parece interesante porque habla del aumento de la vulnerabilidad y entropía del sistema con la llegada de las tecnologías digitales: “El filósofo norteamericano Daniel C. Dennett asegura que nuestra actual dependencia de internet nos devolvería de golpe a la edad de piedra si dejara de existir y reclama medidas de prevención”. http://www.lavanguardia.com/tecnologia/20140413/54404968328/alerta-fallo-seguridad-detectados-internet.html

Fragmentos del libro “El útero artificial” de Henri Atlan

Fragmento del libro “La procreación artificial” de Jacques Testart

Las aplicaciones de teléfonos “Inteligentes” promovidas por el Ministerio de “Igualdad” y Telefónica nos harán “Libres”

La vida no domesticada tiene riesgos

 

Tabúes históricos sobre la lactancia materna

“Muchos aspectos de las características del amamantamiento de primates no humanos como de madres humanas de sociedades preindustriales fueron cuestionados; primero a las madres se les dijo que limitaran la cantidad de tomas diarias, después que eliminaran las tomas nocturnas, después que acortaran la duración de las sesiones de amamantamiento, y después que redujeran el número de meses de lactancia, y finalmente que eliminaran la lactancia en su conjunto”. Parenting for Primates de Harriet J Smith.

Desde que el ser humano inventó la escritura y las sociedades jerarquizadas con Estado multitud de expertos y médicos han escrito libros en los que expresaban sus ideas o creencias sobre cómo debían ser alimentados los bebés y cómo debían amamantar las madres y las nodrizas. En general, las mujeres del pueblo debían de hacer poco caso a estas recomendaciones, principalmente porque no todo el mundo leía libros y tenía más fuerza la tradición y la transmisión del conocimiento por vía oral.

La realidad es que tratando estos temas es fácil caer en la tentación de pensar que si tal personaje decía tal cosa lo más seguro es que todo el mundo le obedeciera ciegamente, como si un alienígena encontrara dentro de miles de años un libro de Estivill y extrapolara que esa era la forma universal de tratar a los niños en nuestra cultura.

Sin embargo, vivimos en una época en la que el poder de los expertos es enorme, y esto es así porque somos adoctrinados desde el nacimiento y nos cuesta pensar por nosotros mismos, discernir lo positivo y lo negativo de cada tesis, argumento o estudio. Esto supone un ejercicio de autoconstrucción que no todo el mundo está dispuesto a hacer, más cuándo llevamos años domesticados para ser reconducidos hacia el “buen camino” por premios y castigos otorgados por una autoridad externa. Estamos acostumbrados a recibir y a acatar órdenes, muchas veces sin sentido y con el único fin de aprender a obedecer ciegamente.  Cuando escribo esto recuerdo cómo el otro día nos dijeron en la guardería que los niños tenían que ir vestidos de “rojo” porque era la época de Navidad, otro día, en Haloween tenían que ir de “negro”. ¿Tiene algún sentido? ¿Son fiestas con algún sentido histórico o popular? No, lo importante es pasar por el aro, el mero hecho de conseguir que los padres y los niños hagan algo en lo que no creen o que simplemente ni les va ni les viene, y es que el rojo de la Navidad lo inventó el Papá Noel de la Coca Cola y el Haloween es una fiesta importada que entró en nuestro país a través del ocio nocturno (bares y discotecas) directamente a los coles y guarderías.

No es raro encontrar a personas que dicen que guían su forma de criar según tal o cual libro, tal o cual pediatra, o tal o cual etiqueta de crianza sin fisuras, críticas, ni dudas. También hay personas que necesitan que haya evidencia científica que otorgue legitimidad a experiencias humanas que desean vivir, como si necesitaran el permiso o el aval de la Ciencia para vivir la vida. Este es el verdadero caldo de cultivo de los fundamentalismos. Aún así, si antes las mujeres tenían una sabiduría popular de la crianza (en ocasiones errada y en otras acertada), hoy en día nos llega un aluvión tremendo de información que tenemos que filtrar, comparar, creer o no creer, desconfiar para poder tomar decisiones LIBRES, adaptadas a las circunstancias personales de cada caso.

Desconozco si esta sobreinformación tiene algo que ver con la aparente sumisión o reticencia a tomar las riendas de nuestra propia vida, escuchando a los expertos o a las personas que pueden tener más experiencia que nosotros (o no), pero es llamativo que no soportemos la idea de que en ciertos temas haya controversia, que se necesite flexibilidad y no exista un mensaje unívoco al que agarrarnos como un clavo ardiendo. ¿Acaso tenemos miedo al caos y al vacío?

El tabú del calostro

Michel Odent tiene una hipótesis interesante al respecto, las culturas aisladas como los huichols, los pigmeos y los maoríes son de las pocas en las que la “relación madre-bebé no es perturbada y el consumo de calostro parece hacerse sin restricciones”, a su vez son culturas que tienen un sentido ecológico muy fuerte. Este obstetra establece un paralelismo entre la relación madre-recién nacido y la relación humana con la Madre-Tierra. Desde luego es un punto de partida interesante y sugerente a tener en cuenta.

Creo que tiene mucho sentido, no porque las sociedades calostrales sean menos violentas o agresivas sino porque “domestican” menos la Naturaleza, a otros animales y al propio ser humano. Podría haber una relación entre una mayor separación madre-cría y una mayor domesticación del propio ser humano. Otro tema sería saber si “asalvajarnos” sería positivo o no, quizás nos haría más libres pero también implicaría una serie de renuncias que en el siglo XXI no estamos dispuestos a aceptar. Y no lo aceptamos a pesar de que nos conducimos al abismo, al suicidio como civilización y a la destrucción de nuestro hábitat. No hay más que ver cómo vivimos rodeados de basura y deshechos que ya no sabemos dónde esconder, un regalo envenenado que les dejamos a las próximas generaciones.

Aún así, podemos observar como los chimpancés toman calostro, viven una infancia enmadrada y también desarrollan algunos comportamientos violentos. Es decir, la toma del calostro no tiene por qué convertir a los seres humanos en más santos ni más amorosos con el resto de la humanidad, en ese aspecto. Son solamente hipótesis o preguntas en el aire.

Mujer y niños Kung San

En la sociedad Kung las madres amamantan desde el tercer día y tienen tabú del calostro. ¿Por qué habrán desarrollado esa práctica cultural? No lo sabemos. ¿En qué momento de su evolución pasó el ser humano de comportarse como un mamífero más a ser separado de su madre? Además, sabiendo ahora los beneficios que tiene para el bebé y la madre (segrega oxitocina, contrae el útero, facilita la expulsión de la placenta y evita hemorragias), ¿es quizás una forma de selección social de los más fuertes? A pesar de lo que ahora sabemos sobre el tabú calostro, incluso que aumenta las dificultades de la lactancia,  no deja de sorprenderme que, a pesar de todo esto, las mujeres Kung amamantan después durante años, hasta que se vuelven a quedar embarazadas. Resiliencia lactante en estado puro.

En Occidente, el griego Sorano de Éfeso (actual Turquía), decía que una mujer que acababa de parir estaba fatigada y se tenía que recuperar. Según él, la leche materna de los dos primeros días estaba alterada por los sufrimientos del parto y era mala para el recién nacido. Estos consejos aumentaron la mortalidad infantil y materna, ya que el bebé se perdía los anticuerpos del calostro, hacía que la subida de la leche fuera más difícil por falta de estimulación, aumentaba el riesgo de infecciones por ingurgitación en las madres y podía provocar riesgo de hemorragia (la oxitocina de la succión ayuda a contraer el útero y a expulsar la placenta).

El tabú del calostro llegó hasta el siglo XVII a la pediatría inglesa y francesa (supongo que en España fue igual) vía las fuentes antiguas griegas y romanas. En 1699, Ettmuller, un profesor de Leipzig escribía “Práctica de Física”, donde recomendaba amamantar al bebé para darle el calostro dando un giro a las tesis anticalostrales clásicas.

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William Cadogan

Años más tarde, en 1748, William Cadogan publicaba “Ensayo sobre el cuidado y manejo de los niños”, donde atribuía al calostro propiedades purgativas para eliminar el meconio y de prevención de infecciones gastrointestinales al bebé. También “desaconsejaba el uso de nodrizas y la introducción de cualquier otro alimento antes de los 6 meses de edad”. Pero todo no podía ser tan bonito: prohibía las tomas nocturnas, como veremos después. Desconozco si estas nuevas directrices fueron seguidas por las elites vía nodrizas o por las madres del pueblo. ¿O quizás estas últimas nunca habían hecho mucho caso a Sorano y compañía?

Tabú sexual de la lactancia

En África, en las sociedades cazadoras-recolectoras no existe, hay sexo y lactancia durante el mismo periodo, pero sí en las agricultoras (según el libro “Politics of Breastfeeding”). Esto tiene una lógica explicación para las sociedades sedentarias, ya que suelen suplementar más y antes que las cazadoras-recolectoras (además las madres tienen otro metabolismo energético), inhibiendo el poder anticonceptivo de la lactancia, y por eso tienen que ayudarse del tabú sexual para aumentar el intervalo de nacimientos entre hijos. No pueden fiarse de la amenorrea o anovulación típica del amamantamiento porque tienen más riesgo de embarazos cercanos. Puede ser este el motivo de que existan tabús de contaminación de la leche materna por el semen, por ejemplo.

Sin embargo, en Occidente, se dice que el tabú sexual es una explicación a la práctica de la contratación de nodrizas, para seguir manteniendo relaciones sexuales (y teniendo multitud de hijos) con la madre, con lo cual se acortarían los intervalos de nacimientos en detrimento de la salud maternoinfantil. Sería una posible explicación al típico esquema de contradicciones en cadena problema-solución-nuevos problemas-nuevas soluciones.

En la web de la Asociación Sina podemos leer:

“Cuando tú amamantas, tienes un tiempo muy largo de amenorrea y no te quedas embarazada. En las clases altas interesaba para tener vástagos una numerosa prole. Y la manera de que esto sucediera era que las esposas de clase alta no amamantasen. Se daban los niños a las nodrizas.

Esto supuso un gran control de la natalidad en las clases más bajas y las clases altas podían tener 18-20 hijos aunque de ellos murieran 10, pero al menos aseguraban los herederos”.

Galeno

En Occidente este tabú comenzó en el siglo II a través del griego Galeno de Pérgamo (actual Turquía). Dice el pediatra José María Paricio:

“Es Galeno (s. II d.C.) el primero, pero no el último médico conocido, que proscribe las relaciones sexuales durante la lactancia. La idea extendida era que se corrompía la leche, por lo que se recomendaba una abstinencia absoluta durante el tiempo que durase el amamantamiento. Esta creencia se mantenía vigente en el siglo XVII y, falta de pruebas pero sutilmente modificada, alcanza el siglo XX en los prontuarios cristianos de Medicina Pastoral. (…) A lo anterior se añade el que la duración media recomendada recomendada de la lactancia materna en los (…) escritos de Aristóteles, Sorano o Galeno era de un mínimo de 24 meses”. http://pediatrics.aappublications.org/content/65/2/374.abstract

También de Paricio, sobre las clases populares que NO cumplían el tabú sexual de la lactancia:

“Teniendo en cuenta el efecto anticonceptivo de la lactancia, las clases populares tenían una fecundidad limitada por término medio a un nacimiento bianual, lo que ha podido constituir un efectivo control de natalidad entre las masas campesinas de la Europa preindustrial. Por el contrario, la fecundidad no controlada por lactancia entre las clases acomodadas hace que la descendencia pueda suponer de 15 a 20 hijos, pero a expensas de una terrible mortalidad”.

Tabú de la lactancia nocturna

En Maternalias se incluyen las directrices para las nodrizas de Bernardo Gordonio, profesor de la Escuela de Medicina de Montpellier en el siglo XIII, en las que se incluyen los “clásicos” de no amamantar por la noche, ofrecer tomas fijas y limitadas, no ofrecer la lactancia a voluntad o a demanda, no “acostumbrar” al bebé al contacto físico cercano… (Agradezco a Cira Crespo el envío del enlace de esta cita):

“La xiij. condicion que deve aver el ama es que en el comienço dela noche no de la leche al niño salvo dos o tres vezes en el dia : e no mame mucho en una vegada : porque no sea refenchido mucho el su estomago ui sea sangustiado e nauseado ; e no consienta mamar continuada mente porque sera causa de golosidad e dolor delas fazes, e por ende el ama eche dela leche en la boca del niño alas vegadas.”

El pediatra inglés William Cadogan (1748) también prohibía” las tomas nocturnas porque, según él, hacían obesos a los niños (página 20 de su libro Ensayo sobre el cuidado y manejo de los niños”). Decía que, si no se les “molestaba”, los bebés aprendían a dormir toda la noche desde la primera semana, despertándose una o dos veces si estaban mojados para ser cambiados de ropa. Estas papanatadas eran peligrosas para la lactancia por reducir la estimulación, la producción de leche y el periodo de infertilidad asociado a la lactancia exclusiva, por tanto, muy peligrosas para los bebés. 

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Luther Emmett Holt

A finales del siglo XIX llegó otro pediatra, Luther Emmett Holt (1894), con la brillante idea de suprimir las tomas nocturnas a los 5 meses, ya que a esa edad se suponía que no deberían ser amamantados entre las 22h y las 6 de la mañana. ¿Había que mecerlos? “De ningún modo. Es un hábito fácil de adquirir pero difícil de romper, y es inutil y a veces dañino. Lo mismo debe decirse de succionar un pezón de goma o chupete, y todos los otros artilugios para dormir a los niños”.

Truby King

Truby King

Truby King (1913), Director de “Bienestar” Infantil de Nueva Zelanda, también decía que no había que amamantar por la noche. A pesar de ser pro lactancia materna a su torturadora manera, en el campo de la crianza se dedicó a intentar aplicar los cuidados que se daban a las crías animales domesticadas de granja a la crianza de los niños humanos.

En el post “Colonialismo y lactancia” también se puede ver cómo los colonizadores trataron de eliminar las tomas nocturnas en las mujeres del Congo a comienzos del siglo XX: “No amamantes a tu hijo porque llora: él se silenciará a sí mismo… Por la noche no le amamantes ni un poco: el niño mamará por la tarde y mamará otra vez por la mañana. No le des “malafu” (cerveza) o agua de coco: la leche será suficiente. Antes del séptimo mes, las gachas de harina son malas. No le amamantarás para nada (por la noche) si se duerme en (su propia) cama. Si obtienes leche de vaca o cabra, irás a la farmacia, el médico te dará buen consejo, sabrás qué hacer”.

Tabú de la lactancia a voluntad (o mito de los horarios fijos)

William Cadogan termina con el tabú del calostro pero inicia otro nuevo, el de dar solamente 4 tomas en 24 horas (1748), eso sí, sin límite de tiempo. También decía que los horarios tenían que ser fijos todos los días. El libro de William Cadogan se puede encontrar en Google Books y en la página 25 están sus recomendaciones horarias.

Truby King, por supuesto, también aconsejaba a las mujeres que amamantaran cada cuatro horas en su libro de 1913, “Feeding and Care of Baby”. Con estas rutinas tan espaciadas muchas mujeres no eran capaces de establecer bien la lactancia y mantener su producción de leche. Ahora sabemos que todos estos consejos eran nefastos para las lactancias de las mujeres que los seguían. Afortunadamente, de nuevo, muchas mujeres no les harían ni caso.

Andrés López de la Llave

A pesar de lo obsoleto de recomendar horarios fijos de amamantamiento todavía se siguen escuchando afirmaciones sin fundamento ni sentido de boca de especialistas universitarios, como los del psicólogo y sexólogo Andrés López de la Llave en la radio:

“Esta moda que hay ahora de dar de mamar a los niños cuando les da la gana… son unos irresponsables (los padres). No les enseñan reglas. Dentro de 15 años va a haber un montón de niños imposibles de controlarse, imposibles de responsabilizarse”.

Mito de los 10 minutos en cada pecho

No he encontrado ninguna fuente histórica que recomendara esto. Sin embargo, mi propia abuela me dijo que en los años cincuenta en España ese era el consejo a seguir: cada 3 horas, 10 minutos en cada pecho. Resultado: con el primer hijo la lactancia duró 8 meses, las sucesivas cinco siguientes solamente duraron 2 meses.

Actualizo: una chica en facebook ha compartido esto: “Son las “recomendaciones” que le dieron a su madre cuando ella nació hace treinta años”. Estaríamos hablando de 1985:

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“Durante las primeras 12 horas de vida, ayuno absoluto. Después, si tiene hambre, no tiene “flemas” y la madre aún no tiene leche, puede darle alguna cucharadita de suero glucosado. A las 24 horas de vida, póngale al pecho cada 3 horas, 3 a 5 minutos a cada lado. Si no tiene leche o tiene muy poca, puede seguir el siguiente plan de alimentación artificial”. 

Tabú del cariño y la empatía hacia los bebés, que incluyo porque la lactancia materna es más que leche: 

Luther Emmett Holt decía en 1894:

¿Cuál es el llanto de indulgencia o de hábito?
Eso se escucha a mendudo incluso en muy pequeños bebés, que lloran para ser acunados, para ser llevados, a veces para que se les ponga luz en la habitación, para tomar un biberón, o para continuar con cualquier otra mala costumbre que haya adquirido.
¿Cómo podemos estar seguros de que un niño está llorando para ser consentido?
Si para inmediatamente cuando obtiene lo que quiere, y llora cuando se le quita o se le retiene.
¿Qué debería hacerse si un bebé llora por la noche?
 Hay que levantarse y ver que el niño  está cómodo -la ropa está suave bajo el cuerpo, las manos y los pies están calientes, y el pañal no está mojado o sucio. Si todas estas cuestiones se ajustan correctamente y el niño simplemente está llorando para que le cojan, no se debe interferir más con él. Si el llanto nocturno es habitual debe buscarse alguna otra causa.
¿Cómo se debe manejar a un niño que llora por temperamento, hábito o para que le consientan?
Simplemente se le debería “dejar llorar”. Esto a veces requiere una hora, y en casos extremos, dos o tres horas. Una segunda vez es raro que dure más de diez o quince minutos, y una tercera rara vez será necesaria. Tal disciplina no se debería llevar a cabo a menos que uno esté seguro de la causa del llanto habitual”.

En “Feeding and Care of Baby” publicado en 1913, Truby King defendía el “dejar llorar”, a pesar de ser pro lactancia: “Los métodos de Truby King específicamente enfatizaban la regularidad de la alimentación, el sueño y los movimientos intestinales, dentro de un estricto régimen que supuestamente construía el caracter al evitar abrazos y otras atenciones. Los métodos del Dr. King continuaron su popularidad hasta los años 50″.

Tabú del destete temprano

En Atapuerca, los paleontólogos nos dicen que los niños eran amamantados durante 3-4 años. En las primeras sociedades sedentarias con Estado, ganaderas y agricultoras, como Egipto y Mesopotamia, la lactacia duraba unos 3 años. Por un estudio aragonés (el estudio Calina) sabemos que hoy en día aproximadamente el 20% de las madres amamanta de forma exclusiva hasta los seis meses.

“No esperes demasiado para destetar a tu bebé”, publicidad de Nestlé:

Luther Emmett Holt (1894) decía que había que empezar con el destete a los 9-10 meses (lo que sería tardío según las recomendaciones actuales que dicen que hay que empezar con la AC a los 6 meses, aunque a veces los bebés tienen sus propia opinión) sustituyendo tomas de pecho por el biberón.  Según él, el destete total tenía que terminar a los 12 meses.

Truby King (1913), el experto cuadriculado por antonomasia y su mujer, decían que un verdadero “Bebé Truby King” tenía que ser amamantado de forma exclusiva hasta los 9 meses y después ser destetado lentamente con la introducción de la AC. ¿Hasta cuándo amamantar? No lo he encontrado.

José María González Cano

Este tema está de rabiosa actualidad, gracias al libro “Víctimas de la Lactancia Materna. Sin dogmatismos ni trincheras” del Dr. José María González Cano, que aboga por el destete TOTAL o parcial a los 4 meses para que el niño no tenga tanta “fijación por el pezón” (expresión propia de este doctor) y acepte mejor la alimentación complementaria posteriormente. Algo así como aceptar que es mejor no acostumbrarle demasiado a lo bueno y placentero porque, si lo conoce y se acostumbra a ello, después no querrá saber nada de biberones y papillas, cuando supuestamente sí los necesitaría de forma prioritaria. Como tengo pensado escribir un post íntegro sobre su libro, que compré (a pesar del paternalismo de pretender que la Generalidad lo retirara para que la gente no se contaminara con sus contenidos, vía change.org), no me extiendo más. Pienso rebatir cada uno de sus presupuestos ideológicos (un pequeño anticipo freudiano aquí). En este libro hay mucha ideología y poca ciencia, pero tampoco se necesita citar ni a la OMS ni tropecientos artículos para demostrar nada. No somos nosotras las que tenemos que justificarnos por ser mamíferas ni demostrar que nuestros bebés están sanos. La biología humana no tiene por qué buscar excusas ni padrinos científicos, nos avalan millones de años de (pre)Historia.

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