Carta a “La Paz”

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Fotografía: Alicia Bendito

Han pasado tres años y medio y una serie de acontecimientos vitales me han permitido, por fin, hablar sobre mi primer parto. Fue un parto en casa intenso y con algunos bloqueos personales. Fue un parto asistido por una matrona colegiada pero vivido en secreto, ya que pensamos que no contarlo a familiares y amigos nos protegería de sus posibles comentarios negativos respecto a nuestra decisión. La realidad es que esta visión de estar haciendo algo casi prohibido no ayuda a que el parto fluya, tampoco ayuda que no exista una coordinación real entre los partos en casa y los hospitales del Estado, como sí existe en otros países como Reino Unido y Holanda.

Si hay un problema no eres bienvenida en determinados hospitales estatales y llegas estigmatizada. Por otro lado, algunas personas elegimos parir en casa porque no estamos de acuerdo con cómo se aborda el parto normal en los hospitales, de una forma demasiado intervencionista y muchas veces violenta, y porque pensamos que la experiencia va a ser más respetada en nuestro propia casa, siempre que sea un embarazo de bajo riesgo y se cumplan unas medidas de seguridad. Pero, ¿puede ser seguro si somos personas non gratas en los hospitales que hemos elegido en nuestro plan de parto o son los más próximos para atender las posibles complicaciones?

Es la pescadilla que se muerde la cola. Este divorcio entre dos mundos, el del parto en casa y el mundo hospitalario, significa que se convierten en antagónicos cuando deberían trabajar conjuntamente o complementarse.

La aproximación a la memoria de este evento tan trascental en nuestras vidas ha necesitado de varios años de reposo y un nuevo parto lleno de oxitocina natural, un parto imparable, doloroso y sencillo para poder abordar la vivencia pasada del primero. Es decir, he necesitado que el tiempo y la madurez me ayudaran a enfrentarme a lo vivido y pudiera volver al pasado para cerrar un ciclo y darle un sentido. El segundo parto me ha dado la energía y la fuerza para que sea más fácil hablar del primero, pero aunque no hubiera tenido más hijos también habría escrito esto tarde o temprano. Pensar que pasando página los traumas se curan solos creo que es un error. Nunca se van, solamente parecen dormidos, como fantasmas que vuelven a atormentarte una y otra vez… Hay que mirarlos a la cara, aunque duela, para poder superarlos y salir reforzadas.

Con la esperanza de que mi experiencia pueda servir a otras personas en la toma de sus decisiones y que mejore el trato humano recibido en los hospitales me atrevo a compartir un parte de mi intimidad y mis vivencias personales (¡gracias a todas esas valientes que se han atrevido a hablar de violencia y agresividad en sus partos y pospartos antes que yo!). Tenemos que ser conscientes que el silencio, independientemente del lugar donde se desarrollen los partos, colabora con la perpetuación de las malas prácticas e impide que las cosas mejoren. No es una queja al uso porque en realidad lo que busco es un cambio y una entrevista con las personas que no me trataron en el hospital como yo creo que debían haberlo hecho. No me interesa ni el dinero ni el victimismo. Me hago responsable de mis decisiones para bien y para mal, reconozco mis aciertos y mis errores.

Sobre los bloqueos personales me gustaría hablar largo y tendido pero tendría que hacerlo en otro post. Casi cuatro años después de la experiencia lo puedo decir y repetir una y otra vez burlándome de mi orgullo: no lo podía saber en ese momento y ningún curso podía prepararme, pero no estaba preparada para un primer parto domiciliario dadas mis circunstancias vitales durante ese embarazo (lo viví en pleno conflicto laboral y sin maternaje), la mochila que llevaba a cuestas de adoctrinamientos varios y la pérdida de la cultura del parto en casa. Además, creo que tenía que haber sido trasladada al hospital mucho antes de lo que lo hicimos. Pero todo ello no es motivo ni justificación para todo lo que vino más tarde. Por mucho que lo intentaran, ni me averguenzo ni me autoodio.

Después del traslado, fui maltratada en el hospital por haber parido en casa y se me dio de alta sin tratar, sin advertirme ni marcar un tratamiento o un control sobre mis niveles de hemoglobina en sangre lo que me puso en verdadero peligro durante el primer mes de vida de mi hijo. Todavía pienso que fue un milagro que consiguiéramos mi hijo y yo establecer la lactancia materna como lo hicimos en esas circunstancias. Hasta hubo quien pudo pensar que sufría depresión posparto cuando lo que tenía era una anemia terrible…

Me encuentro, por tanto, en terreno de nadie. Las personas que no aprueban el parto domiciliario asistido por matronas dirán que soy una irresponsable y creerán que este escrito les da la razón. No es así y la experiencia holandesa, entre otras, creo que lo avala. Esto no impide tratar de comprender y asumir las dificultades crecientes que se observan también en los partos en casa y que bien señala Michel Odent en su último libro (por ejemplo, se detecta que cada vez son más largos). Por otro lado, las personas que apoyan el parto en casa casi nunca hablan de las experiencias que no salen bien, no se habla de los que tienen problemas y casi nadie publica sus historias de parto dificultosos o que tuvieron que requerir un traslado al hospital.

Esta es la carta que he enviado a La Paz (he borrado los datos personales o características físicas que pudieran identificar a personas concretas) para quejarme del trato y solicitar una entrevista con las personas que me atendieron. Puede que tenga un estilo demasiado “legalista” y quizás frío. No es mi “idioma” pero he preferido usar el formato que creo que mejor comprenderán y al que están acostumbrados, mezclándolo con palabras que salen del corazón. Escribirlo ha sido muy sanador y se han curado muchas heridas… No quiero guerra, quiero paz, pero no una falsa “Paz” después de la Guerra (Civil), como bien ilustra el origen del nombre de esa institución

 

AL CENTRO HOSPITALARIO PÚBLICO UNIVERSITARIO “LA PAZ”

SERVICIO DE ATENCIÓN AL USUARIO

PASEO DE LA CASTELLANA, 261, 28046, MADRID

Madrid, 30 de octubre de 2015

Yo, Tania Gálvez San José, ante este organismo comparezco y formulo esta queja contra el trato recibido en el servicio de Maternidad del Hospital Universitario de La Paz y solicito entrevista con la matrona de la planta nº11 que me atendió mientras estuve ingresada (cesáreas) o el Jefe de Servicio de Obstetricia y Ginecología de la Maternidad de La Paz en su defecto por los siguientes

MOTIVOS

Primero.- En 7 de abril de 2012 a las 22:20 nació mi hijo en mi domicilio del barrio de Tetuán de Madrid, en un parto en casa asistido por una matrona colegiada y especializada en este tipo de partos. Todo el embarazo fue seguido en el centro de salud y de especialidades José Marva de Madrid, siendo un parto de bajo riesgo y, en el plan de parto presentado a mi matrona quedaba previsto que, en caso de surgir cualquier complicación o urgencia durante el mismo (como fue el caso), el hospital elegido por su cercanía para mi asistencia sería La Paz.

Segundo.- Después de nacer mi hijo decidimos llamar al Samur 112 y desplazarnos a La Paz ya que la placenta no era expulsada y consideramos que era más seguro, dada la evolución del parto, extraerla en un medio hospitalario y comprobar que no quedaban fragmentos con un ecógrafo. Además, después del nacimiento había perdido el conocimiento durante unos instantes y me fue administrado suero por este motivo.

Una vez que llegamos a La Paz para extraer la placenta (mi bebé y yo juntos en todo momento) recibí el comentario hiriente de dos ginecólogas que me dijeron, sin motivo aparente, que “dejara de reirme, que lo mismo tenían que hacerme un legrado con anestesia general”. En ningún momento, como comprenderán dado mi estado, estaba riéndome. Sólo intentaba mantener la calma y una actitud cordial, quizás sonriendo (¡acababa de nacer mi primer hijo y de convertirme en madre!), pero en ningún momento faltando al respeto como sí se me faltó a mí. Ese comentario me hizo bajar de repente a la dura realidad amenazante de un hospital como el suyo. Tenía que dejar de sonreir, lo que hice asustada al instante. Llegó otro ginecólogo y tirando de la placenta (no sentí ningún dolor en ningún momento) salió. Su trato fue respetuoso, hizo su trabajo de forma correcta sin realizar comentarios ni juzgar (en el informe clínico, historia clínica XXXXXX, pone “alumbramiento extracción manual de placenta a las 2:30 horas del día 08-04-12. Placenta completa. Membranas completas”). Las ginecólogas de antes revisaron con el ecógrafo que no quedaran restos, exploraron con la mano y me subieron a planta. Mientras, a mi hijo le hicieron todas las pruebas y mediciones que consideraron pertinentes. Me hubiera gustado que no me lo separaran de mí y que esas pruebas se hubieran hecho en otro momento.

Tercero.- Una vez en planta (XXXXX), el maltrato psicológico y verbal por parte de diferentes enfermeras, matronas y auxiliares continuó. Se continuó criticando y opinando sobre mi decisión de parir en casa, invadiendo mi intimidad y cuestionando mis ideas. Durante toda mi estancia (desde el 8-11 de abril de 2012) se hacían comentarios no solicitados o preguntas sobre mis motivos para haber elegido parir en casa o juicios de valor negativos sobre mi decisión. Hasta el punto de que una profesional, a la que le estaré eternamente agradecida por haberme enseñado a amamantar y por haberme defendido de los comentarios hirientes de sus compañeras, les dijo a algunas de ellas que pararan. Ese es el tipo de profesional respetuoso, valiente, no corporativista y que, sobre todo, realiza bien su trabajo que debería ser el emblema de su institución.

Cuarto.- Después de dos noches sin dormir cada vez que el personal sanitario entraba en la habitación se hacía sin las mínimas condiciones de respeto como hablar bajo o no encender las luces, condiciones que sí se contemplan en otros hospitales a día de hoy (he visto carteles en este sentido en los paritorios del 12 de Octubre y sí se respeta en el hospital de Torrejón). En nuestra habitación se entraba a cualquier hora del día o de la noche sin llamar, encendiendo luces y haciendo ruido, incluso cuando dormíamos o lo intentábamos.

Cinco.- Al día siguiente de nuestra llegada, la matrona me dijo que me tenía que duchar. Le dije que creía que me iba a caer porque me notaba muy débil y ella insistió. Efectivamente, me derrumbé y ella casi ni me podía sostener. ¿Era necesario dar órdenes como si estuviéramos en el Ejército o en la Mili? ¿Por qué tenía que ducharme si no me encontraba bien? Recuerdo que en los análisis de sangre que me fueron realizados en la madrugada del 8 de abril, a mi ingreso, tenía unos valores de hemoglobina en sangre de 8,2. Esto no lo supe hasta que solicité mi historia clínica un mes después y la recibí un tiempo más tarde.

Sexto.- Al día siguiente de mi ingreso no conseguía orinar con normalidad y me pusieron una sonda. Me quejé de que tenía sensación de cistitis, me hicieron un análisis y lo descartaron. Sin embargo, la sensación de cistitis fue a más durante los siguientes días. Al salir de La Paz fui a mi centro de salud, analizaron la orina y efectivamente tenía cistitis. Una vez que me tomé la medicación mi vida cambió a mejor. En el hospital relacionaron mis dificultades para orinar a que como el parto había sido en casa no había sido sondada como se hace en el hospital. También se achacó mi nerviosismo y ansiedad para ser sondada a un supuesto estrés por el parto en casa, en realidad mi ansiedad era creciente debido al maltrato recibido nada empático con mi persona y cuyo único objetivo era culpabilizarme y amonestarme por mi decisión personal de parir en casa asistida por una matrona colegiada.

Séptimo.- Una enfermera o auxiliar (no lo sé) hizo comentarios burlones criticando costumbres de otras culturas (y de la nuestra antes de la industrialización) como el descanso en la cuarentena. En concreto, sobre mi compañera de habitación, hindú y la costumbre existente en su país de descansar durante 40 días en cama y ser cuidada por la familia/comunidad. A este respecto me gustaría comunicar para su reflexión, que ya me gustaría a mí que aquí en España existiera esta costumbre todavía hoy en día, donde después de parir nos encontramos cansadas y solas entre cuatro paredes junto a un bebé en brazos y sin ninguna experiencia para criarlo, bebé al que hay que cuidar y alimentar durante las 24 horas del día, estemos anémicas (como fue mi caso) o no. No estamos enfermas pero necesitamos ayuda y un trato al menos respetuoso si es que no puede ser cariñoso o empático.

Octavo.- Uno de los días de mi ingreso en la maternidad de La Paz vino a visitarme una amiga. La matrona/enfermera, antes citada con el tema de la ducha, me dijo que moviera mi mesa (estaba comiendo) para no invadir el espacio de la otra familia y así lo hice sin quejarme, oponer ninguna resistencia o emitir comentario alguno (tampoco la otra familia hindú, de la que me hice amiga, se había quejado de nada). En ese momento dijo “tú sólo sabes molestar”, sin que yo hubiera dicho o hecho nada. Mi amiga se quedó muy sorprendida e indignada por el trato que estaba recibiendo.

Noveno.- Dejo para el final el error más grave de los tratos recibidos. La negligencia de darme el alta sin informarme de mi nivel de anemia y sin recetarme hierro ni la correspondiente revisión/análisis de sangre en mi centro de salud. Al llegar a La Paz se me realizaron análisis de sangre que dieron como resultado (8 de abril de 2012 a las 2:54) un nivel de hemoglobina de 8,2. Sin embargo, en la hoja de “registro de urgencias” no pone nada en “recomendaciones al alta”. En la hoja evolutiva en “tratamiento” tampoco pone nada. En el informe clínico en Tratamiento pone “no precisa” (nº de Historia Clínica XXXXXX). En la historia clínica hay una hoja con un texto escrito a mano en el que se habla del tratamiento para mi dificultad para orinar y el respectivo sondaje, pero no pone nada de que debiera tomar hierro o de que se estuviera valorando una transfusión. Esta negligencia provocó que los primeros días en casa me encontrara muy débil, con taquicardias al subir las escaleras de mi domicilio (un tercer piso sin ascensor), palidez extrema y que incluso hablara en sueños.

El día 27 de abril me realicé análisis de sangre en mi centro de salud de la calle Villaamil dando como resultado 7,6 de hemoglobina. Mi médico nos llamó alarmado a nuestros teléfonos personales al ver los datos y recomendó que volvieramos de urgencias a valorar transfusión. Eso hice e ingresé de nuevo ese mismo día con alta el 28 de abril (planta XXXX). A mi salida, después de la correspondiente transfusión, tenía 10,3 de hemoglobina y esta vez sí salía de La Paz con el tratamiento de Ferrosanol 100 2 pastillas diarias. Todos los síntomas antes citados desaparecieron. Considero que mi vida estuvo en peligro debido a esta negligencia médica y que hay una relación entre la misma y los prejuicios contra el parto en casa que existen en el personal sanitario de La Paz.

Por todo lo expuesto, además de interponer una queja por el maltrato recibido

SOLICITO

Primero.- Una entrevista con la jefa de las matronas/enfermeras de la planta XX que me atendió. No sé su nombre, solamente recuerdo que tenía el pelo XXXXX y XXXXX. Me gustaría poder exponer mi opinión sobre el trato recibido y la falta de respeto a mis ideas y opciones sobre el parto en igualdad de oportunidades, ya que cuando las sufrí no podía defenderme ya que me encontraba en uno de los momentos más vulnerables de mi vida: acababa de nacer mi hijo, tenía mucha anemia y me encontraba psicológicamente traumatizada por el trato recibido. El objetivo que mueve la petición no es el revanchismo o la búsqueda de una indemnización económica, sino iniciar un diálogo que conduzca a que ninguna otra mujer, ni por consiguiente su bebé, tenga que pasar por lo que yo pasé en la Maternidad de La Paz.

Segundo.- Que se cumpla y se respete en la Maternidad de La Paz:

– El artículo 14 de la Constitución Española:

Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

– La Declaración de Lisboa de la Asociación Médica Mundial:

1a. Toda persona tiene derecho, sin discriminación, a una atención médica apropiada.

2a. El paciente tiene derecho a elegir o cambiar libremente su médico y hospital o institución de servicio de salud, sin considerar si forman parte del sector público o privado.

Solicito, por tanto, que no se cuestionen las ideas sobre el parto en casa, como tampoco deberían cuestionarse las opciones de vida, las ideológicas, políticas, culturales o religiosas de los pacientes, o de cualquier otro aspecto de su vida privada. Así mismo no se debería proporcionar un peor servicio o realizar acoso verbal o psicológico a las personas que paren en casa y que, por el problema que sea, tienen que ser trasladadas a su hospital. Por ejemplo, como tampoco se le debería cuestionar a un ciclista que llega de urgencias por un accidente de tráfico su opción de usar ese medio de transporte en la sala de operaciones o en su posoperatorio. Se le debe atender bien, dentro del mutuo respeto que debe existir en cualquier relación humana. Además, si en un futuro la Seguridad Social financiara el parto domiciliario seguirían siendo los hospitales los que atenderían los partos de riesgo y los domiciliarios en los que surgen complicaciones, existiendo una buena comunicación y coordinación entre matronas de parto en casa y maternidades hospitalarias, lo que repercutirá en mejores partos, más seguros para las mujeres y sus hijos.

Tercero.- Que todo el personal de la Maternidad de La Paz tenga acceso a la siguiente información para su consiguiente reflexión, dados los prejuicios contrarios a la evidencia científica respecto del parto domiciliario del anterior Jefe de Servicio de Ginecología de La Paz, Antonio González González[1]:

  • El parto en casa no es una práctica ilegal en nuestro país.
  • El parto en casa asistido por una matrona colegiada no es una imprudencia[2]. El Colegio Oficial de Enfermería de Barcelona ha editado una guía para su asistencia[3]. Cuando se han dado tres condiciones básicas de seguridad en el nacimiento: unicidad (exclusión de gemelos u otros partos múltiples), embarazo a término y asistencia sanitaria, el desarrollo del parto en casa no ha estado asociado, tampoco en España, a un mayor riesgo para la supervivencia del bebé[4].
  • En el Reino Unido el parto en casa está subvencionado por la Seguridad Social desde el año 2009 y existe una coordinación entre matronas y hospitales. El parto en casa se contempla como una opción segura y legítima (ver las recomendaciones del National Institute for Health and Care Excellence[5]). Es normal el traslado al hospital cuando surge alguna complicación o se prevé que pueda surgir.
  • Incluso aunque el parto en casa fuera una práctica ilegal, que no es el caso, o se hubiera realizado sin asistencia médica o incluso de forma temeraria en un embarazo de alto riesgo, el deber de los profesionales sanitarios no es juzgar, amonestar o castigar a los pacientes sino tratar de curarlos. Emitir juicios cuando ni siquiera el paciente se puede defender ni exponer su punto de vista al mismo nivel es, además, vil y cobarde.

Por todo ello, SOLICITO que admita este escrito, tenga por formulada esta reclamación y también que apruebe mi petición de entrevista con la responsable de la planta XX en la que estuve ingresada o en su defecto el Jefe de Servicio de Obstetricia y Ginecología de la Maternidad de La Paz. Espero me comuniquen su decisión y la posible fecha de esta entrevista en el plazo más breve posible.

Firma:

[1] http://www.laopiniondezamora.es/zamora/2012/09/02/oigo-parto-agua-ponen-pelos-punta/624293.html?fb_action_ids=10153614539396138&fb_action_types=og.recommends

[2] La Federación de Asociaciones de Matronas de España (FAME) pide que la sanidad pública financie el parto domiciliario: http://www.federacion-matronas.org/rs/1331/d112d6ad-54ec-438b-9358-4483f9e98868/043/fd/1/filename/posicionamiento-parto-domiciliario-fame-def.pdf

[3] www.coib.cat/uploadsBO/Noticia/…/GUIA%20PART%20CAST.PDF

[4]http://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/22935/1/ec7773_v8n1_2012_ENFERMERIA_COMUNITARIA_REVISTA_DIGITAL_ISSN-_1699-0641.pdf

[5] http://www.nice.org.uk/guidance/cg190/chapter/1-recommendations#place-of-birth

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ACTUALIZACIÓN 4 DE DICIEMBRE DE 2015

Hace unas semanas me llegó esta carta de La Paz a mi domicilio. Las disculpas están bien, pero yo solicitaba una entrevista personal y eso lo han obviado. Aunque esa persona concreta esté jubilada imagino que habrá algún responsable que no lo esté.  También obvian toda la parte relativa a la negligencia médica.

La respuesta me parece agridulce. Creo que algo está cambiando en ese hospital pero a la vez me molesta que ciertos profesionales se jubilen sin saber todo el daño que han hecho. Por otra parte, las ginecólogas que me atendieron en un primer momento eran jóvenes, aunque quizás ya ni trabajen allí. En cualquier caso yo me he quedado muy a gusto escribiendo mi carta y sabiendo que en algo va a contribuir al buentrato y el respeto a las madres y los bebés.

Por cierto, en otro orden de cosas y a pesar de que sea casual, es muy simbólica la fecha elegida (20-n), dado que el nombre de “La Paz” simbolizaba y celebraba el 25 aniversario de la victoria de la sublevación militar franquista (50 + 25 = 75 años de la finalización de la Guerra Civil en 1939).
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Maternar a la madre

“Utilizamos la palabra (doula) en el sentido hoy ampliamente aceptado de una acompañante experimentada en el parto que provee a la mujer y a su pareja apoyo tanto emocional y físico a lo largo de todo el parto, alumbramiento, y hasta cierto punto, después”.
 Marshall H. Klaus, John H. Kennell, Phyllis H. Klaus. 1993
 

Hay libros que en teoría tratan sobre algo muy concreto, de un tema principal, y sin embargo lo más interesante y jugoso está en las tramas secundarias, en los temas que bordean pero en los que no entran de lleno. Al leer “Mothering the Mother” (“Maternando a la madre” de Marshall H. Klaus, John H. Kennell y Phyllis H. Klaus) es lo que he sentido. A pesar de que es un texto sobre el significado e importancia de las doulas en el parto y sobre cómo “pueden ayudar a tener un parto más corto, sencillo y sano”, durante su lectura no podía dejar de pensar en una realidad previa, en por qué las doulas modernas eran presentadas como algo necesario en nuestra sociedad y qué personas habían maternado a la madre dentro de los vínculos de reciprocidad antes de que lo hicieran algunas de ellas a través de los vínculos mercantilizados o institucionalizados. Veamos algunos fragmentos:

Pg. 6: “Desde hace milenios la relación de una madre con su hija, de mujeres mayores experimentadas a mujeres parturientas jóvenes era respetada y comprendida. Hoy en día, aunque muchas mujeres querrían a sus propias madres ayudándolas durante el parto, la mayor parte de las abuelas de hoy en día no tienen experiencia sobre nacimientos. La experiencia de las mujeres que dieron a luz en los años 50 y 60 no habría sido la ideal. También, muchas mujeres se encuentran separadas de sus hijas geográficamente y algunas, psicológicamente. Muchas mujeres embarazadas de hoy en día prefieren que no esté su madre durante el parto, incluso si tienen una relación cariñosa”. 
Pg. 18: “Las cualidades suaves, silenciosas, suaves, sensibles, nutricias del “maternaje” han venido de forma tradicional de las mujeres en nuestra cultura”.
Pg. 19: “Una mujer de parto puede sentir que debe actuar de una determinada forma delante de su marido, su madre o su suegra. En contraste, la mujer puede estar completamente a gusto con una doula y sin preocupaciones sobre tener que intentar gustarla o montar un espectáculo para ella“. 

Pg. 25: “Si una mujer ha tenido un maternaje inapropiado ella misma, la crianza (“nurturing” en el original en inglés) que provee la doula durante este periodo único puede proporcionar una oportunidad de rematernar a la madre como una persona y dar algún tipo de curación a una experiencia anterior”.

Pg.  30: “En algunos casos la mujer tiene especiales necesidades, como con las adolescentes o las mujeres que han sido descuidadas o abusadas o no maternadas (“mismothered” en el original) cuando eran bebés o niñas”.

Pg. 57: “Lydia también mencionó que su hermana Lynne, que era muy cercana, también estaría en el parto. Lydia estaba preocupada, sin embargo, del potencial de su hermana de volverse muy ansiosa durante los momentos de estrés”.

Pg. 68: “Con la doula presente, el padre nunca se queda solo como la única persona, aislada y responsable cuidando a la madre de parto”.

Pg. 112-113: “Mientras casi todas las sociedades tienen un sistema que ayuda a los padres a través de este periodo, los Estados Unidos tristemente han persido la costumbre y los recursos que una vez tenían este efecto. En el presente, la falta de una amplia aceptada tradición cultural de dar el necesario apoyo a las familias después del parto es una deficiencia mayor. En el pasado, la madre de la madre y otras familiares femeninas proveían esta asistencia y guía. Pero hoy la madre de la madre está a menudo en el trabajo y no habrá nadie para llenar el vacío”.

Pg. 116: “Para muchas mujeres esta función ha sido realizada a través de los años por su madre o suegra, o por alguna familiar o amiga. (…) Por ejemplo, puede ser arriesgado para una nueva madre elegir a su suegra si no puede comunicarse de forma fácil con ella o con su propia madre si todavía hay conflictos sin resolver”.
(…)
“En la mayor parte de las sociedades no industrializadas la madre y el bebé están juntos, con apoyo, protección y aislamiento de otras demandas y gente por al menos 7 días – y algunas veces semanas- después del parto”.  

Pg. 119: “Cuando una madre ha tenido una mala relación con su propia madre o fue separada de uno o de los dos padres antes de la cumplir 11 años, es más probable que sufra depresión y ansiedad, según la investigación”.

A pesar de que aparecen muchas citas sobre el mismo tema en realidad el libro no pretende analizar las causas profundas y las consecuencias de esta falta de maternaje a la madre, de la ausencia de madre a lo largo de la vida, que en realidad lo que nos muestra también es la ausencia de la abuela y de las hermanas, y de la rotura o desintegración de estos vínculos. El libro habla de cómo paliar esa ausencia y esa carencia, como si ya no fuera posible volver atrás, como si hubiéramos perdido algo que es imposible de recuperar y lo único que pudiéramos hacer es crear una nueva figura mercantilizada, la doula moderna, para acompañar estos procesos que antes se movían en los espacios de reciprocidad y apoyo mutuo de la familia y, no lo olvidemos, la comunidad.

Imperialismo médico

En los estudios realizados en la ciudad de Guatemala por los autores, las políticas del hospital no permitían a ningún miembro de la familia o amiga estar presentes en los paritorios, debido aparentemente al gran número de partos (una media de 60 partos al día) y la limitación de espacio. Esto en mi opinión es un sesgo de la investigación ya que estaban comparando una situación anormal y artificial hospitalaria con un paliativo: el acompañamiento de una doula.  

Las indígenas guatemaltecas que vivían a unos cuantos kilómetros de estos hospitales seguían maternando a la madre durante el parto, el postparto y el puerperio o bien con la propia madre, la suegra o una comadrona nativa. Los estudios de estos autores, sin embargo, fueron realizados solamente con el grupo hospitalario acompañado de doulas, no en ambientes rurales. En ningún estudio se comparó el acompañamiento doula versus el acompañamiento de madres o alomadres tradicionales de la Guatemala rural. Tampoco se tuvo en cuenta que también existen culturas en las que las mujeres paren sin acompañamiento y separadas de la comunidad, normalmente a partir del segundo hijo (ver libro “Life and Words of a Kung Woman“).

Todavía es más interesante, si cabe, que en el libro se mencione que estos protocolos hospitalarios que impedían cualquier tipo de acompañamiento eran una simple traslación por parte de autoridades médicas estadounidenses de los modelos obstétricos norteamericanos de los años 50 a los protocolos hospitalarios guatemaltecos varias décadas después. Es decir, estamos ante un caso de imperialismo médico que destruye una situación previa para, después, dejar un problema que otros médicos estadounidenses (Klaus y Kennell), con la mejor de las intenciones, intentan paliar con una figura como la de la doula. En ningún momento se plantea la reflexión de qué se puede hacer para unir lo que se ha roto entre las generaciones de mujeres y sus redes de reciprocidad y aprovechar lo positivo que puedan tener los avances médicos cuando son realmente necesarios y no iatrogénicos. Tampoco se pone sobre la mesa una reflexión profunda sobre las causas sociales, culturales y biopolíticas que nos han llevado a la situación actual, donde el aislamiento y la fragmentación es uno de los mayores problemas de la maternidad actual y la crianza cooperativa. Supongo que tratar este tema daría para que los autores hubieran escrito otro libro completo, llegar a conclusiones políticamente incorrectas y ya sabemos que el ser humano es especialista en huir hacia delante.

Fragmentación de la mujer

Después de leer las citas no puedo evitar realizar un paralelismo entre la doula, la prostituta, la nodriza o la madre de alquiler. No en vano la doula griega era una esclava del servicio doméstico de las casas, dentro del patriarcado griego (los esclavos masculinos se llamaban “doulos”) que, por supuesto, era un objeto en propiedad y no cobraba salario alguno. El rol de la doula actual no tiene nada que ver ni con la esclavitud ni con la servidumbre ni con el servicio doméstico y quizás algo más con una profesión liberal autónoma. ¿No va siendo hora de cambiar la denominación instaurada por la antropóloga Dana Raphael por otra que se ajuste mejor a la realidad? ¿Imaginamos por un momento que viviéramos en Grecia y habláramos de contratar a una “esclava” o una “sirvienta” para nuestro parto y puerperio? ¿O que existiera aquí una “Asociación Española de Esclavas” o un “Curso de capacitación para Esclavas”? La palabra griega doula o doulos (frente a la de eleutheros, que era la de los “hombres libres”) tiene una carga histórica muy fuerte de explotación, violencia y de dominación que tiene muy poco que ver con la resignificación del término en las últimas décadas (otro significado de la palabra “doulos” es el que le dan los cristianos como “esclavo de Dios” o “esclavo de Jesucristo”).

Tomado de la web cristiana http://www.douloscag.org/

La antropóloga Dana Raphael, miembro directivo del Club de Roma de Estados Unidos, fue la primera en usar el término “Doula” en el contexto maternal actual.

Como bien se explica en una de las citas seleccionadas del libro de Klaus y Kennell, la relación con la doula moderna evita tener que “dar la talla” o comportarse de una determinada forma para cumplir con las expectativas y los juicios que podrían venir de esa figura maternal no mercantilizada y familiar. En la sociedad actual, el pagar a una persona extraña ya sea durante una relación sexual o durante el parto (y estos dos eventos están muy relacionados, como sabemos) ayuda, paradójicamente, a relajarse y a no ser juzgada, como vemos en este ejemplo relacionado con la prostitución:

“Por lo pronto, a mí me parece tentador pagar por abandonarnos al placer, permitirnos recibir más de lo que damos, aparcar la presión de dar la talla, de ser la amante ideal que describe la Cosmopolitan, y limitarnos a disfrutar”. (Post de June Fernández “Puteras”)

Y un interesante paralelismo con este texto sobre las doulas:

“Al “maternar a la madre”, la doula retira la responsabilidad de ser una super-mujer de los hombros de la madre. La doula permite a la madre crecer en su papel (de madre) a su propio paso, y la anima durante todo el camino. La doula se da cuenta de que, así como cada nacimiento y cada bebé son únicos, cada madre es única”. Jaqueline Kelleher. Nurturing the family. The guide for postpartum doulas. Traducido por el blog “de lunas y laberintos”)

Los vínculos primarios maternales que aportaban seguridad y cuidado entre las mujeres del pueblo ahora se convierten, en muchas ocasiones, en peligros potenciales. No hace falta idealizar el pasado o esos vínculos, no es que la gente antes no tuviera conflictos interpersonales sino que cuando había que estar, se estaba, como un deber sagrado más allá de las diferencias (ver, por ejemplo, el “atsolorra” vasco).

Por otro lado, las mujeres sin madre, sin alomadres y sin amigas cercanas, se vuelcan en el padre como único compañero. Hay gente que pensará que es por culpa del “amor romántico”. Yo creo que es por falta de redes femeninas de apoyo mutuo fuera del mercado y, si acaso, el “amor romántico” es consecuencia y no causa. También se destaca en el libro que se ha perdido el apoyo tradicional en el postparto, ya que hoy las madres de las parturientas están también trabajando fuera de casa y no tienen derecho a permiso por acompañamiento (es curioso que esta no sea una reivindicación social ni política de ningún tipo*).

Sobre esta ruptura de los vínculos primarios, en el libro se habla muy de pasada sobre la pérdida de comunicación entre las generaciones. Ya no hablamos el mismo idioma ni somos capaces de comprendernos. Existe una separación psicológica y, en muchos casos, una separación geográfica causada por la movilidad del campo a la ciudad, de las ciudades pequeñas a las grandes, de unos barrios a otros, de unos países a otros. En resumen: hay una separación laboral, comunicativa, psicológica, geográfica y, en algunos casos, separaciones causadas por abusos maternos y paternos durante la infancia.

No es mi intención con este artículo cuestionar la libertad personal de las mujeres para ser doulas o contratarlas. Las mujeres deben poder estar acompañadas durante sus partos por la persona que ellas mismas elijan y esta decisión debería ser respetada, ya sea su doula, su madre, su pareja, otro familiar, una amiga o un amigo. Pero, como siempre, además de reivindicar la libertad individual como fin en sí mismo o los cambios normativos o protocolarios creo que hay que ir un poco más allá en la reflexión.

Esto ha sido un pequeño esbozo, la segunda parte de este artículo (si existiera…) tendría que versar sobre los cambios que podrían darse en nosotras mismas para poder acompañar dentro de nuestros círculos personales (independientemente de que exista un mercado del acompañamiento), aprender del pasado para ver qué es rescatable para el momento actual y qué no, cómo construir ese deber de cuidarnos y criarnos unos a otros y, en concreto, en el tema que nos ocupa, cómo maternar a la madre.

*Actualizo a 2 de julio de 2015: en el libro de María Pazos, Desiguales por Ley, se habla del “permiso de abueleidad” que sí existe en algunos países europeos.

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