ClassDojo, apuntes para un debate ético y pedagógico

ClassDojo es una plataforma que, según el texto de la tienda de Apps de Google “ayuda a los profesores a mejorar la conducta en sus aulas rápida y fácilmente. Captura y genera datos sobre comportamientos que los profesores pueden compartir con los padres y administradores”. La realidad es que esta herramienta tecnológica se ha puesto de moda en muchos colegios y ni los profesores ni los padres están todavía muy informados sobre las implicaciones de su uso.

A mí me preocupan especialmente estos aspectos:

– Los niños actúan guiados por el afán de ganar puntos y los consiguientes premios, lo que es una motivación extrínseca y no intrínseca de la propia actividad. En cuanto a premiar, por ejemplo, un buen acto, esto puede tener el efecto negativo ético de que se deje de valorar hacer el bien como fin en sí mismo. Ayudar a un compañero es algo que hay que hacer pero si se hace por los puntos y los premios es pervertir y corromper una buena acción. ¿Cuál es el curriculum oculto ético de este tipo de estrategias conductistas? ¿No debemos enseñar a los niños a buscar el bien y la virtud incluso aunque no se reciban premios, por satisfacción personal o porque simplemente es lo correcto? ¿Qué pasará cuando tengan que nadar a contracorriente y nadie les dé la palmadita en la espalda? Pensemos en cuantas veces hay que luchar por algo justo (sí, eso también es “emprender”) aunque no se reciban apoyos de nadie más. Este sistema anula la capacidad personal de abordar proyectos personales que vayan en contra de lo que esté de moda en ese momento, lo que le guste al algoritmo del Big Data o realizar un buen trabajo independientemente de las visitas o “likes” que reciba. Esta cuestión a mí me resulta especialmente sensible, ya que este blog es un ejemplo de ello. Me da igual cuantas personas lo lean (o me importan pero lucho porque no me preocupe) y no pienso cambiar mi mensaje para contemporizar con las masas de internautas. ClassDojo en la era de la economía “colaborativa” precaria y sin límites para el capital es simplemente el entrenamiento para comportarse en función de lo que pide la autoridad, los jefes o la gran empresa. Esto no estaría tan mal si no fuera porque las personas en puestos de poder en la actualidad parece que han perdido el norte y su única religión es el aumento de beneficios a corto plazo, lo que está relacionado con la crisis de confianza que estamos viviendo. Es decir, los rankings y este tipo de pedagogía son síntoma y reflejo, causa y efecto, del problema global de desconfianza en el prójimo y en el sistema. Si la LOMCE decía aquello de que “El aprendizaje en la escuela debe ir dirigido a formar personas autónomas, críticas, con pensamiento propio” no parece que Class Dojo y cómo se vende entre el profesorado (“¡Controla tu aula!”) sea el camino a seguir.

– Los niños ven y saben los puntos que tienen los demás niños de su clase porque se proyectan en la pizarra digital, lo que me parece que favorece un clima de competencia absurda entre ellos al modo de “el empleado del mes”. Es significativo que el sistema de “Stack Ranking” (un ranking de trabajadores visible) al que tanto se parece ClassDojo y que se implementaba en empresas como Microsoft o General Electric esté en desuso por sus efectos nocivos. Es muy criticado por incentivar la humillación y el miedo y crear una cultura de empresa negativa. Además, si actualmente se dice que con el Reglamento General de Protección de Datos las empresas deben ser especialmente sensibles al difundir datos de productividad de cada trabajador, ¿no deberían estar más protegidos en su intimidad y honor los menores de edad? ¿Es necesario difundir a toda la clase las calificaciones de comportamiento de cada niño? ¿Te imaginas que te lo hicieran a ti en tu puesto de trabajo? Nadie se comporta igual si sabe que está siendo constantemente monitorizado y vigilado.

– Los niños hablan más de los puntos que tiene cada uno que de lo que han aprendido en clase. Se supone que van al colegio a aprender y a convivir, no a ganar puntos. Ganar puntos y premios no está reflejado como objetivo ni como competencia necesaria en la ley educativa actual.

– Las “economías de fichas” (token economies), que es en lo que se basa ClassDojo, en teoría, tienen que ser planificadas en sus dos fases: implementación y desvanecimiento. Se supone que después de conseguido el supuesto objetivo, hay que finalizarlas. No están hechas para durar 6 años o toda la Primaria. Alguien en la escuela o en la Administración tiene que reflexionar sobre ello y que no parezca que esto es una improvisación total. En cualquier caso, según Alfie Kohn (autor del libro “Motivar sin premios ni castigos”), son un fracaso, y no se debería experimentar sobre los niños. A mí, que no soy Alfie Kohn ni ninguna experta, me repelen desde un punto de vista intuitivo.

– Las economías de fichas, tal y como las conocemos hoy en día, se pensaron por primera vez para un psiquiátrico de mujeres de Illinois, el Anna State Hospital, en los años sesenta del siglo pasado que sufrían de desgana institucional o “institucionalismo”/”hospitalismo”. Después se aplicaron en ambientes educativos para niños con problemas de conducta o alguna discapacidad. ¿En qué momento alguien pensó que esto podría aplicarse a todos los niños en general durante varios años? ¿Con qué finalidad? En relación al punto anterior, ¿no será que el problema lo tiene la propia institución y no los pacientes/alumnos?

– El Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) exije que hace falta solicitar consentimiento informado y expreso a los padres de menores de 14 años para poder introducir datos personales de sus hijos. Además, el consentimiento debe ser libre, informándose de las consecuencias de no darlo. ¿Y si en una clase la mitad de los padres autoriza y la otra mitad no?  ¿Qué clima se crearía en esa clase? ¿Qué pasa si solamente hay un niño que no es autorizado por sus padres? ¿Alguien ha pensado en todo esto? Hay que tener en cuenta que hay dos consentimientos informados que deberían estar presentes, uno antes de que cualquier profesor meta nombres y apellidos de los niños en su cuenta de profesor, y otro para descargarse la app en el móvil y crear una cuenta de estudiante o de padre. Son cosas diferentes. Además, los términos de uso y privacidad, a día de hoy (marzo de 2019), están en inglés. ¿Comprende la gente lo que está aceptando? Sí, una empresa que opera en colegios públicos españoles tiene sus términos de uso en inglés.

– Esta plataforma podría atentar contra la soberanía educativa de los países al tratarse de una empresa con vocación de monopolio como Facebook, Google y demás, una empresa radicada en el extranjero que tendría capacidad para proponer contenidos a los profesores a nivel global (por ejemplo, ejercicios de “mindfulness”). No he encontrado desde el Ministerio de Educación o desde las diferentes Comunidades Autónomas ninguna directriz en este sentido. Parece que, como en el caso de los patinetes y la movilidad urbana, las empresas tecnológicas en lugar de pedir permiso primero actúan y después la Administración reacciona, a rebufo de lo que estas organizaciones van imponiendo por “moda” o a través de campañas de marketing.

– “Cuando un servicio es gratis, el producto eres tú”. Esto que parece obvio debería hacernos reflexionar sobre la gratuidad del “servicio”. Ahora mismo esta empresa ofrece el producto porque está en fase de expansión y le interesa estar en el mayor número de colegios posibles. Pero, lo importante, son los datos que obtiene de los niños y de sus familias. Se dice que el Big Data es el nuevo oro negro pero parece que a nadie le importa que se estén regalando datos de menores sin ningún tipo de reflexión previa o debate público y político.

– Esta App tiene varias dimensiones: la del control del comportamiento en clase y, por otro lado, la de comunicación y mensajería del profesor con las familias en una especie de red social escolar donde se comparten también imágenes. En este aspecto, me preocupa que las familias estén dando al botón de “aceptar” sin entender bien que están aceptando. ¿Puede la App decirle al personal del colegio el tiempo total que han estado conectados los padres? De esa información se podría inferir el nivel de implicación de cada familia. Eso parece indicar esta madre en los comentarios de un artículo sobre la política de privacidad de Class Dojo. Y en otro orden de cosas, ¿tiene esta empresa acceso a los sensores de los teléfonos “inteligentes” como micrófono y demás? ¿Qué capta la herramienta para medir el “ruido” de la clase? Recientemente la app de LaLiga se ha visto involucrada en un escándalo porque encendía los micrófonos de los usuarios para espiar a los bares en los que se estaba viendo el fútbol y saber si ese local, por la ubicación y la captura de sonido, tenía derechos de emisión del partido o no. Esto demuestra que las apps tienen determinados riesgos y nos vemos en manos de terceros a la hora de confiar en que actúen con ética respecto a lo que les hemos autorizado a hacer con nuestro teléfono.

– La dimensión de red social de la app parece enseñar a los niños a que lo que no se fotografía y no se sube para visualización de los demás no existe. Esto es una idea falsa, hay mucho trabajo no visible que es sumamente importante, más allá del ego y el narcisismo que favorecen estas herramientas.

– El tema del avatar recuerda demasiado a los videojuegos. No entiendo a qué “juega” la educación hoy en día con los niños. Me paso el día diciéndoles que los videojuegos crean adicción y sustituyen experiencias reales importantes y después el colegio fomenta el tema con la “gamificación” del comportamiento y la creación de avatares o alter egos digitales ficticios (ojo, en el libro de Nicholas Kardaras “Glow Kids” se dice que los avatares podrían tener implicaciones en el plano psicológico también). Luego nos quejaremos de que hay centros de apuestas y recreativos cerca de los colegios…

– Sobre el tema de la “competencia digital” me preocupa que bajo este epígrafe todo valga, cualquier cosa que hagan los niños con pantallas digitales u ordenadores entraría dentro de esta categoría. Yo incluso pongo en cuestión que los niños menores de 14 años tengan que tener cualquier tipo de competencia digital. ¿Es que acaso les damos calculadoras cuando están aprendiendo a sumar y restar? No, primero aprenden con papel y lápiz. ¿Es que acaso aprenden a escribir en ordenador? No, primero con caligrafía. En fin, que una vez más la sociedad pierde el norte. Nicholas Kardaras recomienda que no se proporcione ordenadores en las escuelas a niños menores de 10-12 años y me parece bastante prudente. La competencia digital en educación debería ir orientada a la búsqueda de información y a saber usarla con sentido crítico para investigar o reflexionar. Me temo que no será el caso ya que las empresas tecnológicas y sus intereses cortoplacistas son las que están marcando el camino a seguir.

– No sabemos cómo será el mundo que les tocará vivir a nuestros hijos y cómo se usará la información recolectada sobre su comportamiento. Esto ahora es ciencia ficción pero, ¿se les podrá pedir su informe global de Class Dojo en alguna institución del futuro? ¿Les afectará para buscar trabajo? ¿Se podrá perfilar su personalidad o alguna información sobre su salud física o psicológica (recordemos que tiene una herramienta de control de “asistencia”)? ¿Y si los datos se vuelven en su contra en algún momento? ¿Sería justo? ClassDojo dice algo así como que borran los perfiles de estudiantes que no han sido activamente guardados por sus padres al año pero esto no queda muy claro ya que, como hemos dicho, la política de privacidad y los términos de uso están en inglés. La pregunta del millón sigue en el aire… ¿Y si un padre no ha creado un perfil a su hijo y ni siquiera a dado autorización pero los puntos de su hijo están vinculados a la cuenta de un profesor? ¿Se borrarían también al año o cuando el profesor borre su cuenta al cabo del tiempo?

– La convivencia en los colegios está reflejada, al menos en Madrid, en el decreto 15/2007, en el Plan de Convivencia. Allí se habla de faltas y sus consecuencias, pero no se habla de premiar el buen comportamiento con puntos positivos. Las faltas leves y las diferentes sanciones a su vez no se sabe muy bien cómo son compatibles con los puntos de ClassDojo. En cualquier caso, los colegios deberían informar a los padres sobre qué conductas están siendo premiadas y cuáles son los premios que están recibiendo sus hijos. ¿Puede ser un premio legítimo llevarse un libro a casa? ¿No se supone que la escuela quiere fomentar la lectura y quizás el que más necesita llevarse el libro es el que menos puntos tiene? De nuevo parece que nos movemos en la improvisación sin tener en cuenta las posibles consecuencias pedagógicas. Me da miedo que los premios de Class Dojo en realidad enseñen a los niños a normalizar los privilegios y la discriminación. Por ejemplo, todos se supone que somos iguales ante la ley, no hay mejores y peores ciudadanos con acceso a mejores o peores servicios. ¿Te imaginas que por tu buena posición en tu ranking social tuvieras acceso a mejores médicos de la seguridad social que otros?

– El control del comportamiento en clase con ClassDojo se parece demasiado al crédito social que se va a implantar de forma obligatoria en China en 2020 para todos los ciudadanos adultos. Por eso, como dice Laura Pinkerton, enseña a los niños a que se acostumbren a un clima de vigilancia total, sin intimidad, y a vivir en un estado policial. Si nos parece mal el sistema que se va a implantar en China y nos parece totalitario, ¿no es más grave que se promueva en niños?

En cualquier caso, se trata de una plataforma controvertida que ha sido muy criticada en medios de comunicación de todo tipo. Reflexionemos y apliquemos un principio de cautela a la hora de implementar este tipo de plataformas sobre menores de edad.

Cita del libro “Psicología educativa” de Anita Woolfolk.

En castellano:
Directrices sobre ClassDojo en la Generalitad de Valencia:
-“La Consejería de Educación, Investigación, Cultura y Deporte envía una nota a los centros educativos firmada digitalmente por el Director General de Centros y Personal Docente , Joaquín Carrión, informando sobre la prohibición de ceder datos de alumnado, así como la no existencia de acuerdos ni autorizaciones de cesión de datos a empresas. Podéis consultar la nota en el siguiente enlace”.
– Resolución de 28 de junio de 2018, de la Subsecretaría de la Conselleria de Educación, Investigación, Cultura y Deporte, por la que se dictan instrucciones para el cumplimiento de la normativa de protección de datos en los centros educativos de titularidad de la Generalitat: www.dogv.gva.es/datos/2018/12/03/pdf/2018_11040.pdf
En inglés:

 

Artículo de revistas científicas:

Decoding ClassDojo: psycho-policy, social-emotional learning and persuasive educational technologies

The datafication of discipline: ClassDojo, surveillance and a performative classroom culture

T. Ayllon & N.H. Azrin : The Token Economy: a motivational system for therapy and rehabilitation. New York: Appleton-Century-Crofts, 1968.

Decoding ClassDojo: psycho-policy, social-emotional learning and persuasive educational technologies

“Won’t Somebody Think of the Children?”Examining COPPA Compliance at Scalesium.org

Sobre el marketing de estas aplicaciones que usan a profesores como “embajadores” de su marca:

Examining the New Phenomenon of Teachers as Brand Ambassadors

 

Relacionado:

http://algoquedaquedecir.blogspot.com/2017/11/raices-gestion-educativa-madrid.html

Blog Conlaveniaseñorias – Interés legítimo

 

Bibliografía:

– Ben Williamson: Big Data en educación

– Alfie Kohn: Motivar sin premios ni castigos

– Kazdin: The token economy

– Rachel Botsman: Who can you trust?

Mental Health Law: Major Issues

– David B. Wexler: Token and Taboo: Behavior Modification, TokenEconomies, and the Law

Anita Woolfolk: Psicología educativa

– Screen Schooled: Joe Clement and Matt Miles

– Nicholas Kardaras: Glow Kids: How Screen Addiction Is Hijacking Our Kids

– Anthony Cody: The Educator And The Oligarch

 

 

Los portabebés más antiguos y sencillos del mundo: las bandoleras

mother3

Una mujer, sujetando a un niño con su mano izquierda, coge un higo. De un relieve de la Dinastía 25 de la tumba de Montemhet en Luxor. Tomado de: http://www.touregypt.net/featurestories/mothers.htm#ixzz3k65RTVjb

“Es costumbre ver en pinturas y relieves de tumbas a niños desnudos colgados de las espaldas de las madres o de sus pechos, envueltos en cortas capas de lino que a modo de bandoleras los mantienen unidos al cuerpo materno, o a alguna parte de su anatomía como los brazos, hombros, o caderas. En ocasiones, el crío que empieza a dar los primeros pasos, va detrás de una mujer pugnando para que ella le acoja.

Cuando la madre está reposando de la lactancia, realizando las labores de la casa o trabajando a la intemperie, acostumbraba a desplazarse con la criatura con independencia y comodidad; un ejemplo se observa en un grupo de madre e hijo que está en Munich y que data de finales de la dinastía XVIII (ÄS 2955). En un óstrakon pintado (O.DM 2447) se ve a un lactante amamantado por una mujer que lo envuelve entre los pliegues de su vestido”.

(…)

“En la tumba de Neferhotep (TT49), se remarca el contraste étnico de las mujeres egipcias, por sus peinados lacios y su porte más esbelto y longilíneo. Los niños van amarrados al cuerpo femenino con lienzos en forma de bandolera que les servían a modo de cuna portátil; uno de ellos busca a su madre insistiendo en ser cogido en brazos. Las palmas de las mujeres vueltas hacia al rostro, muestran un gesto de sumisión y reconocimiento a la autoridad que ostentó en vida el dueño de la tumba”.

Tomado del libro “La lactancia en el Antiguo Egipto” de Manuel Juaneda-Magdalena

Canciones ancestrales y viejunas…

Hace casi diez años que murió mi abuelo, un hombre oriundo de Fuenterrebollo, y le quiero recordar con este juego-canción que me enseñó. Se ponen todos los puñetes de los participantes unos encima de otros y el que empieza pregunta de quién son. El último puñete es la “arqueta”:

A: ¿Qué es esto?

B: Un puñete

A: Pues quítale quete.¿Qué es esto?

B: Una arqueta.

A: ¿Y qué hay en ella?

B: Pan y manteca.

A: ¿Y quién la metió?

B: El rey que pasó.

A: ¿Y dónde está el rey que pasó?

B: A matar palomitas en un palomar.

A: ¿Y con qué las mata?

B: Con una escopetita de plata.

A: ¿Y con qué las guisa?

B: Con una sartén de risa.

A: ¿Y dónde hecha los huesos?

B: Al rincón.

A: ¿Y la ternilla?

B: A la orilla.

A. Pues quien se ría un bofetón. Mmmmmmmmmm (todos hacen ese ruido con los labios mientras dan vueltas a los puños sobre un eje imaginario entre los dos codos y quien se ría, ¡bofetón! Flojito, ¿eh? 🙂

————————

Esta otra canción me la enseñó la mujer de mi tío, creo que su familia es de Tomares:

A la tatara Tusa

Jarrita mear

Amagar, amagar pero no dar

Dar sin duelo,

que se ha muerto el abuelo.

Dar sin reir,

que se ha muerto el tío Valentín.

Que toquen las esquilillas,

con agallas y agallillas

Que toquen los epilones,

con agallas y agallones.

Te mando de penitencia que… “le des un besito a mamá” (la penitencia que sea).

—————–

Recotín, recotán

de la vera, vera, van

del palacio a la cocina

¿Cuántos dedos tienes encima?

Respuesta: si lo adivina, no se dice nada. Si no lo adivina: “Si hubieras dicho ____ te ahorrarías de penar (y se repite toda la canción).

——————-

Aserrín, aserrán (esta es muy conocida pero con una frase más que yo no conocía)

Maderitos de San Juan

Los del rey asierran bien

Los de la reina también

¿Y los del Duque? Truque, truque (cosquillas)

Los de adelante corren mucho.

Lo de atrás se quedarán

Más allá del parque – #9 – La escuela de circo Carampa

Cuando era adolescente fui varias veces a la escuela de circo de la Casa de Campo con un amigo y me quedé prendada del espacio y la magia que desprende. El otro día, después de ver cómo le gusta a Félix hacer volteretas en la cama o quedarse mirando el mundo al revés poniendo la cabeza en el suelo, dije “¡Carampa le encantaría!”. Así que un miércoles, después del curro, fuimos toda la familia allí, cuando empieza la tarde de puertas abiertas para entrenar. Nos sentamos en una colchoneta a mirar y a disfrutar del arte de los jóvenes circenses.

Foto tomada de http://www.españaescultura.es/es/companias_artisticas/madrid/escuela_circo_carampa.html

Foto tomada de http://www.españaescultura.es/es/companias_artisticas/madrid/escuela_circo_carampa.html

¡Mi hijo estaba flipando! A la derecha, unos aprendices de payasos hacían equilibrismos con una tabla sobre un cilindro y no paraban de vacilarle. Le invitaron a participar dándole platos para que se los pusiera en la cabeza y fue muy divertido. Él se los quitaba y venía a dárnoslos a nosotros. Es impresionante como sin palabras, el joven payaso no pronunció ni una frase, pudimos comunicarnos todos. ¡Por eso son capaces de conectar tan bien con los niños!

Fuente: ABC

Fuente: ABC

A la izquierda estabaa la gente que calentaba para hacer acrobacias o contorsionismos, al fondo una chica hacía malabares, a nuestro lado unas 10 personas hacían malabarismos en grupo. Impresionaba ver su trabajo de equipo, cómo cuando a uno se le caía intentaban seguir sin parar, ayudándose, concentrándose en la tarea. Al fondo a la izquierda estaban ensayando los equilibristas, con su riesgo, su saber moverse en todos los ambientes. En definitiva, me di cuenta de lo completo que es el trabajo de circo y todo el componente pedagógico que tiene: esfuerzo por conseguir los objetivos que uno se marca, cooperación, flexibilidad, compañerismo, equilibrio, seguridad, autoestima, expresión, interpretación, humor*… ¡Si todavía estuviera a tiempo me apuntaba! Hace un par de años me hice con ellos un curso de danza contact, pero el trayecto hasta allí con el frío y la oscuridad no me terminaba de convencer. Pero la vida da muchas vueltas y quién sabe si algún día volveré…

equilnariz-310x375

Después, el interés de Félix se fue hacia las colchonetas. Un hombre mayor y una chica parecía que hacían yoga. Ponían la cabeza en el suelo e intentaban subir. Mantenían un poco y se caían. Se notaba que al hombre le costaba más, pero ahí estaba intentándolo como el más joven. Mi hijo se puso a imitarlos. ¡No paraba de correr y reir! ¡Qué bien me lo pasé yo viéndolo! A ellos también les hacía gracia, le sonreían y seguían con su tarea. Pero se iba haciendo tarde y nos tuvimos que ir. Volvimos a ponernos los zapatos de calle, los jerseys y abrigos y nos fuimos hacia el coche. En definitiva, fue una tarde muy bonita e inspiradora.

Fuente: web de Carampa

Fuente: web de Carampa

Os dejo sus datos, por si algún día os queréis pasar o apuntaros a algo. Realmente no es un espacio para bebés así que hay que tenerlo en cuenta cuando se va y ser muy respetuoso con el trabajo de los demás.

Escuela de Circo Carampa
Camino del Robledal, 2
Albergue Juvenil R. Schirrmann
28011 Madrid – España
info@carampa.com
carampa@nodo50.org
914792602
www.carampa.com

*MATIZO: El circo tradicional también tiene dos partes muy negativas en mi opinión: el uso de animales en espectáculos y el papel pasivo del espectador que solamente busca divertirse y “distraerse”. Sería un poco la idea que todos tenemos del circo romano y su “pan y circo”, una evasión para no pensar.

Más allá del parque – #6 – Bebés, lágrimas y microfilms

Este fue un “Más allá del parque” muy agridulce. Salí de casa con la ilusión de encontrar los primeros números de una revista anarquista en una hemeroteca de cuyo nombre no quiero acordarme… y volví a casa enfadada y triste.

Todo parecía perfecto, la tenía delante y conseguí leer la primera página de la revista cuando de repente mi hijo de 19 meses, que estaba tan tranquilo sentado en su silla comiendo un trozo de pan dijo una palabra. No sé si fue “pan” u otra, pero el caso es que se nos acercó un hombre con una bata blanca para decirnos que si seguía “así” el niño “íbamos a tener que irnos”. Me quedé pálida. ¿Qué? Pero si encima yo estaba tan contenta de lo relajado que estaba… No había molestado a nadie, no estaba llorando, no estaba gritando. Yo sería la primera en marcharme en cuanto él se cansara o empezara a hablar alto, por eso no entendía que a alguien le pudiera molestar. Le dije que no estaba molestando y miré a mi alrededor y pregunté si estaba molestando a alguien. Una mujer dijo que no, unos chicos que, de hecho, estaban hablando bajito porque estaban haciendo unas fotocopias, dijeron que no y un hombre me hizo el gesto de “bueno, bueno, mitad, mitad”.

Me levanté indignada, con tan solo una hoja leída de la revista y le dije que no lo entendía. Ahí ya me habló de normas, que en realidad los menores de 18 años no podían entrar en ese lugar. La rabia me podía y las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos de impotencia. ¿Por qué si no molestaba a nadie nos teníamos que ir? Luego hablarán de conciliaciones e historias. Las madres y los bebés tenemos que estar o en casa o en el parque, como nos salgamos del guión marcado dejamos de ser bienvenidos. ¿Qué clase de sociedad estamos construyendo? Luego nos quejaremos de que los adolescentes solamente hacen botellón. Pero si no se les deja participar en la vida nunca, siempre recluidos en las cosas “de niños” para que no molesten. ¿Es que acaso se les ha permitido hacer otra cosa? ¿Tener inquietudes? ¿Conocer mundo? ¿Ver cosas interesantes? ¿Poder conocer el apasionante mundo de las bibliotecas y la investigación? No. Todo prohibido. Creo que incluso ir a conciertos con tu propio hijo está prohibido, no vaya a ser que se emborrache… ¡Cuánta hipocresía!

Sí, ya sé que para un bebé de 19 meses ver a su madre leyendo un microfilm no es lo más emocionante del mundo. ¡Pero estaba tranquilo observando! No pedía más, no molestaba, simplemente se estaba comunicando con sus primeras palabras. ¿A qué tipo de ser o de ogro le molesta un niño que habla? Pero es que lo peor de todo es que nadie se había quejado…

En fin, no digo el lugar porque no quiero concretar esto que ha ocurrido en un lugar concreto. Podría haber ocurrido en muchos lugares y da lo mismo. No me interesa ni montar ruido ni hacer una concentración delante del edificio. Quiero intentar abrir la mente de las personas, de los trabajadores de las instituciones que obedecen “órdenes” y se acuerdan de “reglamentos”. A veces hay que ser un poquito insumiso, tener un poco de sentido común e incluso hacer la vista gorda en las excepciones cuando no se molesta a nadie. Incluso diría más. Habría que poner en cuestión ese tipo de normativas que promueven un tipo de “apartheid” a las madres y padres acompañados de sus bebés.

Vivimos en una sociedad niñofóbica, lo de adultocéntrico se queda corto en muchas ocasioines. Es como si, al estar los niños segregados en guarderías, colegios, parques y ludotecas el mundo adulto hubiera olvidado lo que es ser niño. Pero creo que es importante que los niños nos acompañen a hacer cosas, siempre que no suponga un sufrimiento para ellos ni se moleste a los demás, claro. Pero de esto último ya nos encargamos y nos hacemos responsables los padres. Evidentemente no voy a llevar a mi hijo a una sala en la que la gente está concentradísima estudiando para un examen. Están ahí buscando silencio extremo y un bebé puede perturbar esa calma. Pero hay situaciones y situaciones, es la falta de flexibilidad y de tolerancia lo que critico.

Hace poco escribí a la Bolsa de Madrid para hacer una visita guiada. ¿Qué me contestaron? “Buenos días, Le comunico que no está permitido la entrada a menores de 16 años por motivos de seguridad de la Institución. Así mismo, para poder realizar la visita, nos debe facilitar los siguientes datos de todos los asistentes: (…)”.

¿Por motivos de seguridad? Me dieron ganas de contestarle de forma sarcástica: “Mi hijo va conmigo en la mochila y ya sé que una madre con un bebé son algo subversivo en este mundo niñofóbico pero desafortunadamente no somos un peligro para los especuladores. Solamente queríamos conocer su institución.”

Creo que uno de los pilares en los que se asienta este loco sistema es el de la segregación, el de la separación de nuestras facetas dentro de una misma persona y la separación de las personas en función de su edad. Claro que a todos nos gusta relacionarnos con nuestros iguales, pero es enriquecedor también que haya espacios de mezcla para aprender unos de otros: los viejos de los jóvenes, los jóvenes de los viejos, los niños de los adultos, los adultos con los bebés… Todos hemos sido bebés y seremos también ancianos. Como decía aquel sabio latino: “soy humano y nada humano me es ajeno”.

IMG_0525

La única página que alcancé a leer…

IMG_0528

Como nota humorística final a este trágicomico episodio os diré que haciendo una búsqueda en google encontré casi toda la revista digitalizada… Si lo hubiera sabido antes de salir de casa nos habríamos ahorrado un disgusto:

http://hemerotecadigital.bne.es/results.vm?q=parent:0002860475&lang=es

Cómo me gustaría ir allí pero, ¿podré ir con mi bebé?

Hoy he tenido una buena experiencia. Antes de estar embarazada iba a clases de danza senegalesa con mi amada profesora Sonia Sampayo pero, después, al ser madre, mis horarios disponibles para el baile se redujeron mucho y ahora solamente me he reservado los jueves para seguir con mis clases de danza oriental de alumna y los sábados, que doy clase yo como “profe”.

Hace unas semanas vi un anuncio en el facebook de Alboury Dabo de clases de danza africana (África Occidental, en concreto), y pensé, “¡Cómo me gustaría apuntarme! Los viernes es buen día pero, claro, ¿y mi hijo?”. El papá los viernes a esa hora trabaja, no puedo pedirle a mis suegros que se ocupen de él también ese día, no tengo más familiares cerca y tampoco creo que mis amigos puedan cuidarle durante esas dos horas de clase. Pues bien, aún así me apunté, pensando que las clases, como los niños, vienen con un pan o una solución debajo del brazo. Y así fue.

A las 16h hemos salido de casa, le he llevado en carrito para que se echara la siesta allí por lo menos durante el principio de la clase (he atrasado el momento de la siesta todo lo que he podido), se ha dormido en el metro y hemos llegado con mucho tiempo de antelación al local-de la asociación de Lavapiés donde son las clases.

Cuando ha llegado Alboury le he dicho, “te voy a pagar antes porque vengo con mi hijo y no sé cómo va a resultar el tema. Quizás nos tengamos que ir antes de que termine” y él y la gente de la asociación me han dicho tan panchos que no había ningún problema con llevar a mi hijo. ¡Muchas veces somos nosotros mismos los que nos ponemos los límites! No es nada normal que en las clases de danza normales puedas llevar a tu bebé de forma habitual. Quizás un día sí, pero todos los días… Sin embargo, a veces la gente es más tolerante de lo que creemos. Y esta vez ha sido así,

Es cierto que son africanos y quizás tenga algo que ver que, por ejemplo, que en muchos lugares de ese continente los niños sean algo normal e integrado, no una especie exótica en extinción y separada en reservas “naturales”, como aquí. Puedo sonar exagerada pero creo que es así. Aquí los niños no son bienvenidos en el mundo de los adultos y solamente son aceptables en centros “ad hoc”, es decir, en actividades para mamás y bebés, ludotecas, pequetecas, parques o guarderías.

Esto ha hecho que los padres nos convirtamos en un nicho de mercado más de la sociedad de consumo y de ocio, pero esto no satisface las necesidades existenciales de las madres y los padres de vivir una vida integrada, sin separaciones entre las diferentes facetas de la vida. Y, por supuesto, de ser algo más que un monedero, más vacío cada vez, por cierto.

Todo esto me ha hecho reflexionar mucho sobre algo que llevo tiempo rumiando. No me gustaría que mis clases de danza oriental para mamás y bebés fueran un gueto. Me gustaría que vinieran también mujeres sin hijos, jóvenes, niños, abuelas, papás, abuelos… Ya sé que es una danza muy sensual y hay mamás que podrían sentir corte si viene algún papá, pero lo cierto es que yo también soy alumna y en mis clases he tenido compañeros hombres con total naturalidad. No veo problema siempre que se venga aprender desde el respeto. También me gustaría que pudieran venir madres sin sus bebés, si quieren dedicarse ese momento para ellas mismas. Es decir, un lugar abierto al mundo no cerrado exclusivamente al mundo maternal.

Pero vuelvo al tema de la clase de hoy… A las 17h hemos empezado a calentar, después nos hemos puesto a bailar y mi hijo se ha despertado. Se ha quedado como media hora mirando perplejo y medio dormido al profe. Poco a poco ha vuelto en sí y de repente ha dicho “mamá, mamá”. Le he puesto a hacer pis en un momento y le he vuelto a sentar en la silla. Le he dado galletas y agua y se ha quedado tranquilito un buen rato. Después, ya despierto del todo, ha querido bajarse. Y, el marido senegalés de una de las alumnas, estaba ahí y me ha dicho que quería jugar con él. ¡Y en la asociación tenían juguetes! Si es que ha salido redondo… Ahí se han quedado los dos en un sofá jugando hasta que se ha acabado la clase. Yo bailaba y le echaba un ojo. Él a veces se levantaba y atravesaba el lugar donde nosotros estábamos bailando, pero la verdad es que lo hizo pocas veces y nadie se sintió molesto, más bien a todo el mundo le parecía divertido.

Después de la clase me sentía pletórica, por haber podido bailar esta maravillosa danza de nuevo de la mano de un MAESTRO, nutriendo el alma y el cuerpo, por haber podido compartir el momento con mi hijo sin mayor complicación, por haber tenido la suerte de que un hombre simpático jugara con mi hijo y feliz de que él crezca enriquecido por la música, el baile y las experiencias cotidianas de la vida, socializando de verdad, en el mundo real y no en realidades segregadas del mismo. En fin… sé que otros días quizás no sea tan sencillo pero hoy lo ha sido y lo recordaré siempre.

Dina, “Mi libertad de bailar”.

Del libro de la bailarina egipcia Dina “Ma liberté de danser”:

“30 de diciembre 1999, mi vientre se crispa. Acompañada por Sameh, vamos rápido al hospital de Santa Mónica. La partera me lleva a la sala de partos, Sameh está detrás de la cámara, graba el parto. Las contracciones son fuertes, pero no dolorosas. Miro el espejo en el techo, regulo la respiración. Cinco minutos más tarde, Ali asoma la cabeza. Una pequeña cabeza cubierta de pelo negro, y una boca parecida a la mía. Tengo lágrimas en los ojos. Aquí llega nuestro bebé. Ahlan wa Sahlan, Ali, bienvenido, hijo mío.

– “¡Ha dado a luz en un tiempo récord!”
La matrona está sorprendida. Mientras me brinda los cuidados post-parto, me cuenta que rara vez ha visto a una mujer traer un hijo al mundo con tanta facilidad.

Le reveló cuál es mi trabajo. Abre los ojos de par en par. La danza del vientre es una de las mejores preparaciones para el parto. Involucra a todos los músculos, permite la flexibilidad de la pelvis, el tono muscular. El coreógrafo Hassan Khalil, dijo una vez: ” La danza del vientre es el movimiento del lugar más sagrado de la mujer, el útero, ahí donde todo comienza. El secreto de la danza del vientre no está en la danza, está en la mujer”.

Ese 30 de diciembre, bailarina y madre, madre y bailarina, me siento más mujer que nunca. Estoy acostada en mi cama de sábanas blancas, mientras veo a Sameh mirando con orgullo a su hijo, ya tan fuerte, ya tan vivo, con sus ojos oscuros. Y me gustaría que estos momentos pudieran durar para siempre”.

Esta es la experiencia de Dina y no es extrapolable a todas las mujeres. Bailar danza oriental no garantiza un parto rápido y fácil como el de esta maravillosa bailarina y doy fe de ello: el mío fue largo, cansado, extático… y con una placenta que se negaba a salir. Sí que creo que gracias a bailar no sufrí ningún desgarro, pero, en cualquier caso, en el parto influyen muchísimos factores, muchos de ellos imprevisibles. En cualquier caso, bailar danza del vientre siempre será positivo para nuestros cuerpos y nuestras mentes, nuestros partos y postpartos. Y si a esto le sumamos el componente lúdico y social de juntarnos y bailar juntas, ¡mejor que mejor!

Lo profundo y lo superficial.

foto tomada de www.homeinspirationdesign.com

¿Cuántas veces nos preocupamos durante el embarazo de los pequeños detalles superficiales y olvidamos lo que realmente necesitan los bebés? El bebé no pide una habitación perfecta y con la decoración más estupenda. Tampoco pide el carrito más caro ni la ropa más molona, ni los pañales de tela más coloridos…

El bebé al nacer necesita alimento, preferiblemente leche de su madre, mucho contacto físico y cariño. Lo material está muy bien, pero muchas veces, y sobre todo en el contexto del consumismo exacerbado propio del terreno infantil, se prioriza frente a otras cosas que no se pueden consumir ni cuestan dinero.

¿Tan difícil es dejar de lado lo superfluo y entender la simpleza de lo profundo?

Cuando compramos un piso, ¿cuánto dinero nos gastamos? ¿cuántas horas tardamos en elegir uno, en informarnos? Cuando tenemos un hijo, ¿cuánto tiempo dedicamos a informarnos sobre lactancia materna antes de que nazca? ¿cuánto tiempo dedicamos a informarnos sobre el parto, sobre nuestros derechos, sobre las consecuencias de prácticas hospitalarias anticuadas y demás? ¿cuántas veces negamos los brazos a nuestro bebé por no “malcriarlo”, “enmadrarlo” o “enñoñarlo”? ¿cuántas veces no tuvimos la fuerza para luchar por lo que creíamos porque todo lo teníamos en contra? Yo soy la primera que cometí muchos errores y no me avergüenza reconocerlo. Creo que la maternidad y la paternidad nos enseña mucho, aunque sea a posteriori.

También nos enseña humildad: cuando creemos que sabemos algo, de repente, como Sócrates, no sabemos nada. Y los únicos que podemos juzgarnos somos nosotros mismos, cuando miramos a los ojos de nuestros hijos. Ni consejos ni opiniones de otros, ya sean buenos o malos. Solamente nuestro instinto y nuestra conciencia, lo que sentimos que tenemos que hacer y, por otra parte, lo que creemos que es correcto. Muchas veces no coinciden. La mayor parte de las veces sí y es maravilloso.