De la simbiosis a los destetes

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He leído parte de un libro que me ha parecido fascinante sobre psicología y primatología. Se titula “Parenting for Primates” (Crianza para Primates) y tiene un capítulo muy interesante sobre los “destetes”: el destete del pecho, el “destete” del colecho y el “destete” del porteo.

Hace tiempo que observo que en el mundo de la crianza autodenominada “respetuosa”, “consciente” o de la crianza con apego, o incluso en el mundo lactivista (no me identifico con ninguna etiqueta de la crianza) hay cierto tabú en torno a este tema. Se habla de destetar sin lágrimas, de que lo ideal es que sea el bebé el que decida dejar de mamar, que no hay que “forzar”, que hay que esperar a que esté listo… En definitiva, como si hubiera algún problema en hablar de cualquier tipo de conflicto que pueda suceder durante el proceso, como si ese conflicto fuera negativo para los niños siempre, o como si la base segura desde la que explorar el mundo consistiera en satisfacer las necesidades del hijo en todo momento y lugar y hasta que el niño decida que ya no lo necesita. De todo esto hablé en un post sobre el “destete natural” en el mundo mamífero que escribí después de leer una entrevista a Naomi Aldort.

Pues bien, en el libro de Harriett J. Smith se explica cómo la maternidad primate (en su enorme variabilidad individual y de tipos diferentes de primates) satisface todas las necesidades de la cría con muchísima dedicación hasta llegado un cierto momento, normalmente hasta que la cría deja de depender con tanta intensidad en el amamantamiento y activa la vida fértil de su madre de nuevo, con la consiguiente llegada de un nuevo embarazo y, por tanto, un nuevo hermano. En los grandes simios este proceso puede durar años, por ejemplo, las hembras chimpancés que viven en libertad paren cada 4 o 5 años, pero puede ser más corto en otras especies.

Los distintos “destetes” mencionados no son bien aceptados por las crías y la protesta, las rabietas y el conflicto son totalmente normales:

“Idealmente, las madres retiran gradualmente el cuidado (care, en inglés) en respuesta a su conciencia del aumento de la madurez y competencia de sus crías. Los psicólogos comparativos Harry y Margaret Harlow llamaron a este período en la relación materno-infantil “la fase de la ambivalencia”, cuando las madres van siendo más indiferentes a las necesidades y deseos de sus crías. A medida que las crías son más capaces, las madres son menos sensibles, y los jóvenes consiguen independencia. Cuando los jóvenes (youngster, en el original) buscan a su madre, buscarla se convierte en su responsabilidad. Si desean confort, se acercan a ella para ser acicalados o para un abrazo, y si tienen miedo, se quedan a su lado. La retirada del cuidado de su madre les manda el mensaje poderoso de que son capaces de cuidar de sí mismos. La danza de un paso para adelante y un paso para atrás de los padres y las crías continúa hasta que alcanzan la vida adulta”.

La crianza “incondicional” no es eterna o se deja en manos de las crías. No es que las madres rechacen completamente a estas últimas sino que, como dice Harriett J. Smith, los hijos ya no pueden esperar que sus madres sean tan consistentes en su forma de responder a sus necesidades. En las sociedades de cazadores-recolectores ocurre algo muy similar, ya que la lactancia en tándem es excepcional y el niño que más años mama es el último. El conflicto del destete es algo totalmente normal y no significa que las crías vayan a tener ningún tipo de trauma emocional en la vida adulta. Es parte de nuestro “continuum” como especie. Lo que seguramente no lo sea es que ese conflicto pueda darse con tan sólo unos poquitos meses, en edades en las que incluso hacen falta sustitutos, leches adaptadas de madres de otras especies domesticadas.

¿Y cómo destetan las madres primates no humanas? Tal y como explica la autora en el libro, primero, intentan evitar el amamantamiento cruzando los brazos, alejándose. Cuando esto no funciona tratan de distraer a sus crías con otras actividades como el acicalamiento o el juego. Cuando esto también falla utilizan amenazas o son un poco más agresivas. Dice Smith que los primates en libertad rara vez recurren a la agresión directa, son muy tolerantes durante el destete aunque exista mucha diversidad entre cada madre en la forma de hacer las cosas. También ofrecen otros lugares de succión como los labios o la piel.

“Desdete” del porteo

Este destete también puede ser conflictivo y ocurre a la vez que el de la lactancia. En algunas especies ocurre de un día para otro, con la llegada del “hermanito”. Afirma la autora que la transición es más suave en las especies en las que los machos ofrecen alguna ayuda en la crianza, destacando así el papel del cuidado alomaternal (todas las personas que no son la madre). En el libro, también se habla de algunas sociedades de cazadores-recolectores como los Kung o los Aché en las que este “destete” del porteo se produce a los 4 años o 5 años respectivamente. En los Aché en concreto dice que se trata de un destete conflictivo, con muchas lágrimas y rabietas. De nuevo, reflexiono en voz alta, está bien recordar que los conflictos entre madres e hijos no son algo propio de una sociedad enferma (que en muchos sentidos la nuestra lo está) sino que también están en relación con el ambiente y las condiciones externas en las que se produce la crianza en cada cultura. El ser humano siempre tiende al equilibro dinámico con el entorno, aunque las circunstancias ambientales puedan estar tan alteradas que choquen con cómo hemos sido hasta hace muy poco desde un punto de vista evolutivo.

“Destete” del colecho

El libro “Crianza Para Primates” nos cuenta que en las sociedades de cazadores-recolectores este destete también ocurre con la llegada de un nuevo hermano, aunque esto no signifique dormir solo sino con una abuela, tía, padre u otro hermano. De nuevo se resalta el enorme papel de la “alomaternidad” en la crianza cooperativa humana, como diría la antropóloga Sarah Blaffer Hrdy. Y aquí me gustaría traer a colación otro libro, el de Bronislaw Malinowki, “La vida sexual de los salvajes del noroeste de la Melanesia” en el que se habla del destete de la lactancia y del colecho con la propia madre:

“Generalmente el destete no se hace antes de los dos años, es decir, antes de la época en que, según los indígenas, el niño es capaz de decir claramente “bakam, bamom” (quiero comer, quiero beber). Durante el destete, el niño es separado de su madre y duerme con el padre o con la abuela paterna. Cuando llora durante la noche se le da un seno seco o un poco de leche de coco. Si se muestra nervioso y desmejorado se le lleva a una aldea lejana en la que tenga parientes, o bien; si sus padres viven en una aldea del interior, se les lleva a la costa. Estos cambios de lugar se consideran esenciales para recobrar la salud y el buen humor.”

Esto sé que a muchas personas les parecerá poco “respetuoso” pero tenemos que tener en cuenta de nuevo que nuestra manera de criar como especie está muy condicionada por los recursos del ecosistema en el que vivimos, por la alimentación disponible, por la fertilidad/fecundidad de las mujeres en cada cultura. Y todo ello está en interrelación y equilibrio dinámico. Esta es mi opinión personal, pero creo que no se puede mirar con gafas del siglo XXI (gafas de sociedad de consumo con sus pañales de usar y tirar y sus estantes de supermercado llenos, con gafas de ser humano domesticado pero que se cree muy libre…) ni la Historia, ni las otras culturas. Hay formas de relacionarnos que son a todas luces crueles y donde no cabe el relativismo, pero hay otras zonas en las que sí hay que tener una escala de grises para valorarlas, mucho más cuando se entiende que hemos evolucionado criando de forma cooperativa.

En este sentido, creo que es un poco aventurado, aunque se podría debatir sobre el tema, escribir sobre el destete o de los destetes desde el mito del buen salvaje basándonos en culturas como la trobriandesa que interpreta Malinowski y reinterpreta Wilhelm Reich (La función del orgasmo) con argumentos del tipo:

a) “La lactancia también debe ser autorregulada, a demanda del bebé. En las islas Trobriand la lactancia es a demanda, prolongada, con contacto…en estas islas recordemos que no sólo no se da  el complejo de Edipo (o de Electra), sino que ni siquiera existe la etapa edípica que facilita que este se produzca.”

b) “Siempre y cuando nuestra realidad lo permita, lo ideal en cuanto al destete es que se produzca por iniciativa del niño”.

c) “Una de las cosas que nos diferencia de estas culturas más sanas, es la no represión de la sexualidad, ya sea la infantil o la adulta. Tampoco hay represión de la sexualidad femenina, base de la enfermedad de nuestra sociedad en cuanto a que la mujer es la que engendra, pare y tiene tanta importancia respecto al desarrollo psicológico de niños y niñas, como veremos después.  Pero, sobre todo, y también reñido con el tema sexualidad, en estas sociedades se respeta la autorregulación, el estar en contacto con lo que uno siente, necesita y poder expresarlo”

Como vemos, en este texto de Laura Perales Bermejo, psicóloga infantil especialista en prevención y presidenta de la Plataforma por la Crianza con Respeto, se obvia que esa sociedad sana idealizada no realiza la idea de destete respetuoso que se defiende como óptima en el mismo informe y ni siquiera se espera a los 3 años… Pero, entonces, ¿es o no es sana esa cultura? ¿Lo es teniendo en cuenta algunos aspectos y no otros?

En el caso de Reich esto es todavía más llamativo porque este autor afirma que los trobriandeses (“filtrados” por Malinowski) tienen una sexualidad libre (pg. 223) pero “la homosexualidad y la masturbación sólo significan para ellos formas artificiales y no naturales de gratificación sexual, un signo de una perturbación de la capacidad para alcanzar la satisfacción normal”. Habría que ver realmente qué pensaban los y las trobriandesas, qué hacían realmente en su vida más allá de lo que le contaron a Malinowski (“del dicho al hecho hay un trecho”) y, por último, comprender que lo que hace verdaderamente libres a muchas sociedades de cazadores-recolectores y tradicionales es su silencio, es decir, todo lo que se hace y sobre lo que no se teoriza sino que simplemente se vive. Pienso, por ejemplo, en uno de los libros que ha cambiado mi forma de ver la vida (“Nisa. Life and Words of a Kung Woman”, de Marjorie Shostak) del que tantas veces he hablado en mis artículos, donde por fin una mujer occidental le pregunta directamente a una recolectora cómo vive su vida, qué siente en sus partos, cómo ha sido su niñez, su propio destete, sus abortos… Nisa le cuenta a Marjorie que hay un mundo paralelo, el de los niños y su vida sexual, muchas veces sexo homosexual entre amigos y amigas, y también otro mundo paralelo secreto de “amantes” en el que existe la pasión y el “romanticismo” (para que nos entendamos en nuestra cultura) más allá de la pareja oficial. Todo el mundo sabe que los niños y niñas tienen vida libre sexual. Todo el mundo sabe que las mujeres y los hombres tienen amantes y relaciones fuera del matrimonio pero no se explicita, se vive. Es fuente de conflictos y de celos cuando el marido o la mujer lo descubre, pero es un terreno de libertad total.

Después de este inciso, me gustaría volver al libro de Harriet J. Smith. En los primates, cuando llega una nueva cría, el hermano mayor pierde el privilegio de dormir con la madre en el mismo nido. Aún así lo intenta y la madre construye otro nido en otro lugar hasta que, en este juego, al final la cría mayor se acostumbra a dormir en su propio nido en un lugar cercano. De nuevo aparece aquí el clásico “tira y afloja” que se ha descrito antes con los otros destetes. Es normal que la cría lo intente y es normal que la madre lo vaya apartando. En la crianza primate no es lo “ideal” que la cría se vaya sola a su nido cuando sea mayor o cuando “esté preparada”. Hay una intervención de la madre y una reacción natural y totalmente comprensible de la cría mayor. No es que sea un conflicto durísimo y agresivo, sino que simplemente la madre va marcando ese camino y ahora, al llegar un nuevo bebé, es ese el que duerme con ella.

Los humanos tenemos libre albedrío (o al menos eso nos creemos) así que creo que no nos hace falta buscar justificaciones ni en el mundo primate, ni en otras sociedades, ni en expertos de la crianza. No tenemos que pedir permiso al mundo animal si queremos dormir cuatro o cinco en la misma cama. Tampoco a los trobriandeses o a los Kung. Hagamos lo que nos haga sentir mejor, siguiendo nuestra propia conciencia ética del cuidado y del apoyo mutuo, todo ello en el marco de nuestras posibilidades; rebelémonos contra las circunstancias externas e internas que no nos permiten cuidar y criar como nos gustaría. Y, sobre todo, no nos autoengañemos.

Relacionadas:

Tabúes históricos sobre la lactancia materna

El destete natural

Lactancia y Menstruación en Perspectiva Cultural, un artículo de Barbara B. Harrell (1981)

La menstruación biocultural

Bibliografía complementaria:

Los portabebés más antiguos y sencillos del mundo: las bandoleras

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Una mujer, sujetando a un niño con su mano izquierda, coge un higo. De un relieve de la Dinastía 25 de la tumba de Montemhet en Luxor. Tomado de: http://www.touregypt.net/featurestories/mothers.htm#ixzz3k65RTVjb

“Es costumbre ver en pinturas y relieves de tumbas a niños desnudos colgados de las espaldas de las madres o de sus pechos, envueltos en cortas capas de lino que a modo de bandoleras los mantienen unidos al cuerpo materno, o a alguna parte de su anatomía como los brazos, hombros, o caderas. En ocasiones, el crío que empieza a dar los primeros pasos, va detrás de una mujer pugnando para que ella le acoja.

Cuando la madre está reposando de la lactancia, realizando las labores de la casa o trabajando a la intemperie, acostumbraba a desplazarse con la criatura con independencia y comodidad; un ejemplo se observa en un grupo de madre e hijo que está en Munich y que data de finales de la dinastía XVIII (ÄS 2955). En un óstrakon pintado (O.DM 2447) se ve a un lactante amamantado por una mujer que lo envuelve entre los pliegues de su vestido”.

(…)

“En la tumba de Neferhotep (TT49), se remarca el contraste étnico de las mujeres egipcias, por sus peinados lacios y su porte más esbelto y longilíneo. Los niños van amarrados al cuerpo femenino con lienzos en forma de bandolera que les servían a modo de cuna portátil; uno de ellos busca a su madre insistiendo en ser cogido en brazos. Las palmas de las mujeres vueltas hacia al rostro, muestran un gesto de sumisión y reconocimiento a la autoridad que ostentó en vida el dueño de la tumba”.

Tomado del libro “La lactancia en el Antiguo Egipto” de Manuel Juaneda-Magdalena

El reinado de la Danza Africana

Hoy quería incluir un fragmento del libro del genial bailarín Alboury Dabo, en concreto de la parte escrita por mi maestra Sonia Sampayo:

“- Los bebés, en el vientre de su madre, se mecen influenciados por las vibraciones de los ritmos creados en el exterior, ritmos que serán asociados por el niño con un sonido familiar, personal y vital.

La madre lleva a su bebé recién nacido a la espalda, hasta que es capaz de caminar, mientras realiza las tareas del hogar, mientras canta, toca e incluso baila.

– Al crecer, el niño formará parte de una comunidad basada en el movimiento corporal y en el sonido y participará en fiestas y ceremonias donde la danza y la música es un entramado de comunicación social.

– El individuo no es un espectador pasivo, sino un elemento necesario para el desarrollo de la experiencia artística.

– La música es un segundo lenguaje por todos comprendido y absolutamente integrado en la vida cotidiana.

Así, es natural e incluso inevitable que se adquiera el talento de entonar, expresarse y recrear losritmos en estas sociedades, desde edades muy tempranas.

El individuo que habita en las ciudades, presionado por el horario y los hábitos modernos, se ha alejado de la naturaleza y de los ciclos naturales. Ha perdido progresivamente el movimiento espontáneo, ya no participa de ceremonias ni consagra rituales sociales, ya no crea la oportunidad de expresarse libremente en sociedad, a través de su cuerpo.

En este proceso, hay algo más profundo y más tremendo. El “hombre moderno” se ha olvidado de sí mismo. Ha  desconectado la comunicación con su interior, paralizando la expresión natural de su cuerpo, que ahora sólo puede hablar a través del dolor físico. Y, como no hay tiempo para escuchar, este dolor es acallado con medicamentos y con más paralización, es silenciado con mecanismos dictatoriales.

Aquellas personas que comiencen a escuchar su cuerpo, a moverse a través de la danza del tipo que sea y, en particular, a acercarse al ritmo y la danza africana, desarrollará una resintonización interno-externa y el equilibrio y el equilibrio y seguridad inherentes y resultantes de esta sintonización. (Zébila, 1982)”.

Para terminar quería incluir un post de mi otro blog “La Casita de Algodonales”, sobre mis experiencias en clase de Alboury llevándome a mi bebé cuando era más peque: “Cómo me gustaría ir allí pero, ¿podré ir con mi bebé?”.

Todo o nada.

A gustito en un fular.

Fulardeando…

O tienes portabebé o carrito…

O usas pañales de tela o desechables…

Creo que hay muchos padres que les gustaría utilizar pañales de tela pero piensan que es algo de “todo o nada”. Nada más lejos de la realidad. Se puede probar con unos pocos pañales y si no gustan en un primer momento siempre se pueden usar en la etapa de enseñar a usar el orinal como transición a la ropa interior. También se pueden utilizar 3 pañales lavables al día y cuando ya se han mojado todos continuar con desechables hasta el día siguiente. Otra opción es utilizar de tela en casa o de día y de usar y tirar para salir y para las noches. Hay miles de combinaciones posibles. Y, de hecho, no sería raro que después de probar unos pocos y una introducción gradual, las familias se lanzaran a usar más y más hasta independizarse de los desechables. Pero si piensan que es algo de “todo o nada” nunca lo probarán…

Con el porteo pasa un poco lo mismo. A pesar de que hay gente que usa solamente portabebés y no ha usado carrito nunca, también hay muchas familias que ven útiles ambas formas de llevar a su bebé en diferentes momentos y edades del bebé. Es mi caso, siempre me ha encantado portear pero también le he visto muchísima utilidad a los carritos. Por ejemplo, cuando voy a comer por ahí y sé que se va a echar la siesta, o ahora que voy a clases de danza africana y se queda dormido ahí durante casi toda la clase, cuando he ido al médico a que me hicieran una prueba o al dentista y él se ha quedado ahí sentado mirando…

Desde un punto de vista práctico y sin hablar de las sensaciones agradables intrínsecas a portear (mmmmm…), el porteo tiene la ventaja de que evita y sortea las barreras arquitectónicas propias de las ciudades, no es nada aparatoso y permite tener las manos libres. Pero ni tienes por qué portear todo el tiempo ni tienes por qué usar carrito durante los primeros años de tu bebé. Y, desde luego, un bebé no es el mismo con tres meses que con dos años. Con tres meses su necesidad de brazos es infinitamente mayor a la que tiene un niño como mi hijo (19 meses), un terremoto andante, corredor y danzante allá donde va.

El porteo y los pañales de tela no excluyen otras posibilidades. A pesar de que hay gente que vive muy bien sin carrito, ni cuna ni han usado un pañal de usar y tirar durante toda la infancia de sus hijos, creo que hay situaciones y momentos para todo en este mundo urbano en el que nos ha tocado vivir. Cada familia tiene que encontrar lo que le venga bien cada día, cada momento, cada etapa.

Lo mismo pasa con las cunas o los purés. El colecho no es una imposición, es algo que viene de forma natural para dormir todos mejor. El que un bebé coma a trocitos en las comidas no excluye que también coma purés. O al revés.

Respiremos, relajémonos, disfrutemos, probemos, equivoquémonos. Fuera etiquetas, fuera ataduras, fuera límites. La crianza es una forma de amor y el amor no tiene adjetivos, es amor a secas.

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Carrito heredado…  🙂

Círculos, conexiones e (hiper)vínculos…

La Danza – Matisse

¡Cuántas vueltas da la vida y nosotras con ella! Durante estos últimos dos años de maternidad y de búsqueda personal he conocido mujeres maravillosas con mucho que decir. Nos han unido cursos de porteo, de bailar y cantar (como el de Rosa Zaragoza), reecuentros virtuales, el amor por la crianza respetuosa…

Además, lejos de los estereotipos de envidia y competitividad que rigen el mundo, cada vez son más las mujeres (y los hombres) que buscan y crean espacios de apoyo mutuo. Y esa pequeña gran revolución nos viene a despertar, a muchas de nosotras, con la maternidad y el deseo materno.

Y es que las madres y las futuras madres no somos seres aburridos y vacíos. Tenemos vidas, sueños, inquietudes, intereses en el mundo más allá de los bebés. Nuestros hijos (o los que están por nacer) no solo nos inspiran sino que nos impulsan a evolucionar en otros campos de la existencia. ¡Yo hasta estoy escribiendo un libro! ¿Quién me lo iba a decir a mi hace unos años?

Hoy me gustaría recomendar los blogs de estas cuatro mujeres y sus interesantes proyectos:

María: http://furgoteta.blogspot.com.es/

Esther: http://casitaenelcampo.blogspot.com.es/

Verónica: http://www.enmadradas.org/

Carmen: http://mibbmemima.blogspot.com.es/

¿Cómo se ven los cochecitos de bebé en Nairobi? Un artículo del Washington Post.

¿Qué os parece este artículo del Washington Post sobre una tienda de Nairobi (Kenia) que vende carritos (bueno, intenta venderlos)?  El artículo original en inglés se puede leer aquí:

http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/articles/A34654-2004May17.html

Una idea todavía está buscando tracción en Kenia.
Las mujeres de África Oriental votan con sus pies contra los cochecitos de bebé.

Autora: Emily Wax
Washington Post Foreign Service
Martes, 18 Mayo, 2004 ;Page A08

Irene Wambui no se imagina por qué alguien compraría un cochecito de bebé. Dice que lo ve como una jaula fría llena de cascabeles inútiles, portavasos y luces delanteras. Imagínese a los niños metidos en ese artilugio y empujados por la ciudad como una especie de mascota.

Sin embargo, aquí está, en el distrito comercial de clase media Westlands, tratando de vender en su tienda la nueva mercancía, la herramienta de plástico y metal de cuatro ruedas de la maternidad moderna. Pero hasta ahora, los cochecitos han sido un fracaso en Nairobi, una afrenta a la tradición.

En África, las mujeres pueden ser vistas llevando a los bebés, a veces dormidos o risueños, sobre sus espaldas envueltos en tela. Los bebés se mueven al vaivén de las caderas de sus madres, sincronizados durante todo el día, doblándose con ellas mientras recogen agua o barren el suelo y subiendo cuando las mujeres se detienen a descansar. Se agarran mientras sus madres venden comida en el mercado o rezan en la iglesia o la mezquita.

La introducción de cochecitos y carritos, conocidos aquí con la palabra británica “pram” horroriza a los tradicionalistas, incluso a alguien como Wambui, que los vende. La silla de paseo está apareciendo en las principales ciudades de África, pero hasta ahora no ha tenido éxito.

“No es tan maravilloso. En África, o llevamos a nuestros hijos o los dejamos moverse.  No pueden quedarse como bultos”, dijo Wambui, 24. “Además, nuestras calles no son aún lo suficientemente buenas para estos dispositivos. Si todo el mundo tuviera un cochecito de bebé, se organizarían atascos. Entonces seríamos malos con nuestros hijos y con nuestras calles”.

La jefa y gerente de Wambui, Zara Esmail, caminaba de un lado a otro frente a los cochecitos el otro día. Dijo que la tienda había vendido sólo un cochecito de bebé en dos meses, y que fue a una trabajadora de la ONU de Gran Bretaña que estaba de visita, y que se quejó posteriormente, decepcionada por la pequeña selección.

“En general, pensé que se iban a vender mucho mejor”, dijo Esmail. Tal vez, añadió, es una cuestión de dirigir más la publicidad hacia la clase media, las madres que trabajan. “Pensamos que estos modernos serían un éxito.”

El cochecito ha generado un debate entre los pediatras africanos que piensan que el dispositivo – primero diseñado como una herramienta de ahorro de trabajo para la clase media europea – puede dañar la relación entre madre y niño.

“El cochecito es el último en empujar al bebé lejos de ti”, dijo Frank Njenga, un psiquiatra infantil en Nairobi, la bulliciosa capital de Kenia. “El bebé en la espalda está en realidad siguiendo a la madre con calidez y confort. El bebé se siente más seguro, y las personas más seguras son las personas más felices.”

En los Estados Unidos y Europa, los cochecitos han sido controvertidos. Recientemente, algunos médicos y psicólogos infantiles los han culpado de todo, desde la obesidad pediátrica a la baja autoestima en la vida.

Jane Clark, profesor de kinesiología en la Universidad de Maryland, dijo que existe la preocupación de que los estadounidenses están usando en exceso los cochecitos para los niños mayores, causando que los niños sean menos activos físicamente. Un movimiento creciente entre los defensores de los niños promueve la idea de llevar más a los bebés y sacarlos de los cochecitos.

Al mismo tiempo, los sitios web y revistas de los Estados Unidos y Europa dedican mucho espacio al tema de la elección de un estilo de coche o carrito – de adelante hacia atrás o de lado a lado, para hacer jogging o para dormir, con o sin un marco de titanio ligero, neumáticos, suspensión trasera, guardabarros y / o luces intermitentes que funcionan con baterías. Algunos carros antiguos fabricados en Europa son símbolos de estatus para las celebridades como Madonna y Celine Dion, que se gastó 2.600 dólares en el clásico Balmoral Pram, descrito por algunos críticos como un pequeño Humvee*.

Los africanos consideran que el método tradicional de portear a sus hijos es la única verdaderera versión de la guardería. Cuando es tiempo de comer, la comida está ahí en cuanto la madre pasa a su hijo al frente de su cuerpo, situando al bebé contra su pecho. El cochecito de bebé podría cambiar todo eso. Sin embargo, muchas personas en Nairobi dijen que piensan que los dispositivos podrían ser simplemente otro ejemplo de cuando los africanos adoptan los peores hábitos de la industrialización.

“Hay costumbres de hace más de cienc años que no son relevantes en la actualidad para los africanos”, dijo Carol Mandi, director de EVE, la revista de mujeres de África Oriental. “Nuestro desafío es escoger lo bueno de lo malo. Pero portear a la espalda, bueno, eso es sólo una costumbre maravillosa que mantiene al bebé emocionalmente estable y permite a la madre serntirse vinculada. No podemos dejar de ser mujeres africanas sólo porque hayamos sido arrojadas de pronto al mundo moderno. ¿Qué será lo próximo? ¿Nos dirán que paremos de amamantar en público? De ninguna manera.”

Algunas mujeres de África en un principio aparentemente esperaban que el cochecito podría ayudar a reducir el desgaste físico sufrido por las madres, que son la columna vertebral de la fuerza de trabajo en África, tanto en las tareas domésticas como en las pequeñas empresas.

Pero debido a que el cochecito de niño no sólo es socialmente inaceptable, sino que además es caro, los comerciantes están descubriendo que no los están vendiendo. El  cochecito medio, aunque mucho más barato que algunos modelos de Estados Unidos, todavía está alrededor de 60 dólares, al menos la mitad de un salario mensual, incluso en las economías urbanas más prósperas de África.

En la tienda de bebé de Nairobi, donde trabaja Wambui, los modelos polvorientos están intactos.

“Nunca hemos utilizado cochecito. Son un poco caros”, dijo Nellie Mwanzia, que estaba de compras en las inmediaciones, mientras que su marido, Roy, llevaba a su hijo David de 20 meses de edad. “Llevar al bebé no es ninguna molestia. Es más personal.”

María Mwanzia, de 32 años, una madre y secretaria estatal a media jornada, vino a la tienda a comprar biberones. Esmail acorraló a su compradora potencial cerca de los carritos. Pero a Mwanzia, incluso con su puesto de trabajo moderno y sus extensiones de cabello trenzado rojo y jeans acampanados, los cochecitos de bebé le parecieron “opresivos”.

Esmail sugirió que lo probara. Mwanzia no quiso.

“No se trata sólo de Kenia”, dijo. “Para el niño, el amor no estará allí si está encerrado en un aparato tan antisocial.” Compró sus biberones y se fue.

La corresponsal especial Candice Miranda contribuyó a este reportaje.

*(Nota de la traducción): Un Humvee es un vehículo militar con tracción a las cuatro ruedas.

Crianza sin complejos.

No soy relativista, creo que hay cosas mejores que otras, para los bebés, para las madres, para los padres y para el medio ambiente. Si no puedo darle a mi hijo lo que considero que es lo mejor, pues no se puede, pero procuro no autoengañarme y reconocer que algunos días hago cosas que no me gusta hacer, quizás obligada por circunstancias externas, por falta de información, incluso por egoismo o pereza… (intento que no sea así, por supuesto…). Pero también tengo claros algunos principios inquebrantables, como atender sus necesidades, no dejarle llorar sin consuelo y darle leche materna hasta que los dos queramos y podamos. Coincide que además de ser principios son placeres diarios.

A veces, mis elecciones se dirigen hacia lo más sencillo. Otras veces requieren más esfuerzo, pero las tomo porque creo que es lo que tengo que hacer. Más allá de ahí, lo que mejor nos funciona es la flexibilidad, sin atarnos a dogmas o teorías pediátricas en las que tengamos que encajar a priori bebés y padres.

Por ejemplo, me encanta portear, llevar cerquita a mi bebé y ha sido lo más práctico durante los primeros meses y sobre todo, viviendo en un tercero sin ascensor. Por no hablar de los llantos al atardecer que hemos consolado y relajado porteando… Pero también tengo un carrito heredado que nos viene fenomenal en multitud de ocasiones, por ejemplo si sé que vamos a un restaurante y se va a echar una siestecita, si voy a la compra, si cogemos el coche… Ahora usamos el meitai y carrito para salir, dependiendo de la circunstancia, y fular dentro de casa para dormirle. ¡Estoy deseando que llegue el buen tiempo para pasear y portear a la espalda sin tantas capas de ropa!

En cuanto a la alimentación complementaria, le intenté dar papillas a los seis meses, vi que no quería nunca y probamos un mes después a que él mismo cogiera la comida que le preparábamos en trocitos. Como vimos que le encantaba, seguimos. Nunca le dimos trozos grandes de comida por miedo a que se atragantara y, como tampoco se trata de sufrir nosotros, seguimos así, con trocitos pequeños. Ahora por las noches, sin embargo, sí toma papillas con ganas y nos es mucho más cómodo darle una de cereales.

Usamos pañales de tela pero también hemos utilizado desechables los primeros dos meses. De hecho, guardamos algunos en el armario, por si los necesitáramos algún día. Me encanta haberme independizado de ellos y no me gustan nada, por muchas razones (dermatológicas, medioambientales…), pero gusta tener algunos en la recámara. Algún día que he calculado mal a la hora de lavar los de tela, hemos tenido que usar algunos.

Como le ponemos a hacer pis y caca en el orinal cuando sabemos que lo necesita, cada vez mojamos menos pañales de tela, pero aún así, los usamos para salir a la calle y por las noches, por si acaso estamos distraidos. Cada vez que hace caca en el w.c. o la palangana (suele ser una vez al día), le lavo en el bidé con agua tibia para que se quede limpito. Por eso, con el tema de los baños nos relajamos bastante y le bañamos una o dos veces a la semana. Además, la piel de un bebé es demasiado sensible para estar en contacto con tanto jabón de forma diaria. De hecho, quizás sería suficiente sólo con agua.

Unos días le dormimos en brazos, otros en fular y otros en carrito. Dormimos los tres en la misma habitación, con cuna pegada a la cama, porque nos gusta. Cuando pase el tiempo y él crezca, reorganizaremos la casa y tendrá su habitación.

Así es como a nosotros nos va bien ahora. ¡Sin complejos y sin etiquetas aprisionadoras!