La vida no domesticada tiene riesgos

La vida en libertad, salvaje, no domesticada tiene riesgos. El principal riesgo es el de morir en la infancia, no llegar a adulto, lo que le ocurría casi a la mitad de los niños. Esto, nos guste o no, ha sucedido en casi todas las culturas hasta hace muy poco. Yo solamente puedo aportar las pruebas de algunos libros que he leído:

Pero aún hay más. También en el mundo primate en libertad hay una mortalidad infantil muy alta, mucho mayor que la humana, ya que solamente el 27% de los machos nacidos y el 41% de las hembras llegarán a superar los 15 años, o lo que es lo mismo, morirán el 73% de los machos y el 59% de las hembras antes de llegar a ser adultos.

Como vemos, todos los mitos en torno a paradigmas originales o continuums de lo humano tienen que tener en cuenta también el lado oscuro, el lado feo y trágico de la existencia: la muerte. Yo desde luego reniego del despotismo ilustrado y del ansia de control total y abusivo sobre la vida, pero tampoco quiero ver morir a la mitad de mis hijos, así como tampoco quiero abusar de los antibióticos, de las técnicas que contaminan nuestras aguas o de la rapiña de los recursos por las que se pelea en las guerras actuales. En mi humilde opinión, estas son las arenas movedizas sobre las que se mueven los problemas filosóficos más acuciantes del momento, dentro de esa eterna polaridad entre la libertad y la seguridad.

Sobre la mortalidad en sociedades de cazadores-recolectores he traducido algunos fragmentos de este artículo de los antropólogos Michael Gurven y Hillard Kaplan, que contiene tanto datos objetivos como interpretaciones ideológicas:

Pg. 6: “En la Tabla 2, vemos que de media el 57%, el 64% y el 67% de los niños que nacen sobreviven a la edad de 15 años entre los cazadores-recolectores, forrajeros-horticulturalistas, y cazadores-recolectores aculturizados.”

Pg. 11: “Es interesante remarcar cómo el ambiente protegido de la cautividad afecta a los perfiles de la mortalidad de los chimpancés (Dyke et al.1995). La cautividad aumenta la supervivencia infantil y juvenil enormemente, del 37% que sobrevive a la edad de 15 años al 64% que lo hace en cautividad, siendo esta última cifra similar a las medias humanas. Sin embargo, mientras la proporción de supervivientes a la edad de 45 años aumenta siete veces, del 3% en la vida salvaje al 20% en la cautividad, sigue siendo solamente la mitad de alta que para los humanos que viven en condiciones premodernas. La diferencia entre los chimpancés y los humanos después de la edad de 45 es incluso mayor, con una esperanza de vida adicional para los chimpancés en cautividad de solamente 7 años, como un tercio de la esperanza humana. Parece que los chimpancés envejecen mucho más rápido que los humanos y mueren antes, incluso en ambientes protegidos.”

Pg. 22: “La violencia y la guerra son variables entre los grupos. Los Agta, Ache, Yanomamo y Hiwi tienen altos niveles de homicidio, que afectan a varones adultos desproporcionadamente. El homicidio es bajo entre los Hadza, Tsimane y los aborígenes del Territorio Norte. Los Aché muestran un alto nivel de homicidio, aunque mucho de él es infanticidio, asesinato de niños y resultado de escaramuzas con los Paraguayos rurales. El infanticidio es bastante alto entre los Ache y los Yanomamo, ocasional entre los !Kung y Tsimane y raro entre los Hadza. Los niños más susceptibles de ser víctimas de infanticidio incluyen los nacidos con defectos obvios, que son percibidos como débiles, gemelos, y aquellos de dudosa paternidad. Parece probable que las muertes violentas decrecen con el aumento de la intervención del Estado y la influencia misionera en muchos grupos de pequeña escala a lo largo del mundo (e.g., Agta, Ache, Aborígenes, !Kung, Yanomamo). La composición de las muertes accidentales varía entre los grupos, incluyendo caídas, ahogamientos en los ríos, depredación animal, envenenamientos accidentales, quemaduras y perderse en el ambiente.”

Bibliografía:

Mortalidad en sociedades de cazadores-recolectores: http://www.anth.ucsb.edu/faculty/gurven/papers/GurvenKaplan2007pdr.pdf

Mortalidad primate: http://www.eva.mpg.de/primat/staff/boesch/pdf/jour_hum_evo_mort_rate.pdf

http://www.eva.mpg.de/documents/Elsevier/Hill_Mortality_JHumEvo_2001_1556100.pdf

Actualización:

– El artículo del director de Survival International, una reseña del libro de Jared Diamond, es muy interesante y crítico: http://www.huffingtonpost.es/stephen-corry/el-peligroso-mensaje-de-d_b_3911585.html?utm_hp_ref=spain

De la simbiosis a los destetes

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He leído parte de un libro que me ha parecido fascinante sobre psicología y primatología. Se titula “Parenting for Primates” (Crianza para Primates) y tiene un capítulo muy interesante sobre los “destetes”: el destete del pecho, el “destete” del colecho y el “destete” del porteo.

Hace tiempo que observo que en el mundo de la crianza autodenominada “respetuosa”, “consciente” o de la crianza con apego, o incluso en el mundo lactivista (no me identifico con ninguna etiqueta de la crianza) hay cierto tabú en torno a este tema. Se habla de destetar sin lágrimas, de que lo ideal es que sea el bebé el que decida dejar de mamar, que no hay que “forzar”, que hay que esperar a que esté listo… En definitiva, como si hubiera algún problema en hablar de cualquier tipo de conflicto que pueda suceder durante el proceso, como si ese conflicto fuera negativo para los niños siempre, o como si la base segura desde la que explorar el mundo consistiera en satisfacer las necesidades del hijo en todo momento y lugar y hasta que el niño decida que ya no lo necesita. De todo esto hablé en un post sobre el “destete natural” en el mundo mamífero que escribí después de leer una entrevista a Naomi Aldort.

Pues bien, en el libro de Harriett J. Smith se explica cómo la maternidad primate (en su enorme variabilidad individual y de tipos diferentes de primates) satisface todas las necesidades de la cría con muchísima dedicación hasta llegado un cierto momento, normalmente hasta que la cría deja de depender con tanta intensidad en el amamantamiento y activa la vida fértil de su madre de nuevo, con la consiguiente llegada de un nuevo embarazo y, por tanto, un nuevo hermano. En los grandes simios este proceso puede durar años, por ejemplo, las hembras chimpancés que viven en libertad paren cada 4 o 5 años, pero puede ser más corto en otras especies.

Los distintos “destetes” mencionados no son bien aceptados por las crías y la protesta, las rabietas y el conflicto son totalmente normales:

“Idealmente, las madres retiran gradualmente el cuidado (care, en inglés) en respuesta a su conciencia del aumento de la madurez y competencia de sus crías. Los psicólogos comparativos Harry y Margaret Harlow llamaron a este período en la relación materno-infantil “la fase de la ambivalencia”, cuando las madres van siendo más indiferentes a las necesidades y deseos de sus crías. A medida que las crías son más capaces, las madres son menos sensibles, y los jóvenes consiguen independencia. Cuando los jóvenes (youngster, en el original) buscan a su madre, buscarla se convierte en su responsabilidad. Si desean confort, se acercan a ella para ser acicalados o para un abrazo, y si tienen miedo, se quedan a su lado. La retirada del cuidado de su madre les manda el mensaje poderoso de que son capaces de cuidar de sí mismos. La danza de un paso para adelante y un paso para atrás de los padres y las crías continúa hasta que alcanzan la vida adulta”.

La crianza “incondicional” no es eterna o se deja en manos de las crías. No es que las madres rechacen completamente a estas últimas sino que, como dice Harriett J. Smith, los hijos ya no pueden esperar que sus madres sean tan consistentes en su forma de responder a sus necesidades. En las sociedades de cazadores-recolectores ocurre algo muy similar, ya que la lactancia en tándem es excepcional y el niño que más años mama es el último. El conflicto del destete es algo totalmente normal y no significa que las crías vayan a tener ningún tipo de trauma emocional en la vida adulta. Es parte de nuestro “continuum” como especie. Lo que seguramente no lo sea es que ese conflicto pueda darse con tan sólo unos poquitos meses, en edades en las que incluso hacen falta sustitutos, leches adaptadas de madres de otras especies domesticadas.

¿Y cómo destetan las madres primates no humanas? Tal y como explica la autora en el libro, primero, intentan evitar el amamantamiento cruzando los brazos, alejándose. Cuando esto no funciona tratan de distraer a sus crías con otras actividades como el acicalamiento o el juego. Cuando esto también falla utilizan amenazas o son un poco más agresivas. Dice Smith que los primates en libertad rara vez recurren a la agresión directa, son muy tolerantes durante el destete aunque exista mucha diversidad entre cada madre en la forma de hacer las cosas. También ofrecen otros lugares de succión como los labios o la piel.

“Desdete” del porteo

Este destete también puede ser conflictivo y ocurre a la vez que el de la lactancia. En algunas especies ocurre de un día para otro, con la llegada del “hermanito”. Afirma la autora que la transición es más suave en las especies en las que los machos ofrecen alguna ayuda en la crianza, destacando así el papel del cuidado alomaternal (todas las personas que no son la madre). En el libro, también se habla de algunas sociedades de cazadores-recolectores como los Kung o los Aché en las que este “destete” del porteo se produce a los 4 años o 5 años respectivamente. En los Aché en concreto dice que se trata de un destete conflictivo, con muchas lágrimas y rabietas. De nuevo, reflexiono en voz alta, está bien recordar que los conflictos entre madres e hijos no son algo propio de una sociedad enferma (que en muchos sentidos la nuestra lo está) sino que también están en relación con el ambiente y las condiciones externas en las que se produce la crianza en cada cultura. El ser humano siempre tiende al equilibro dinámico con el entorno, aunque las circunstancias ambientales puedan estar tan alteradas que choquen con cómo hemos sido hasta hace muy poco desde un punto de vista evolutivo.

“Destete” del colecho

El libro “Crianza Para Primates” nos cuenta que en las sociedades de cazadores-recolectores este destete también ocurre con la llegada de un nuevo hermano, aunque esto no signifique dormir solo sino con una abuela, tía, padre u otro hermano. De nuevo se resalta el enorme papel de la “alomaternidad” en la crianza cooperativa humana, como diría la antropóloga Sarah Blaffer Hrdy. Y aquí me gustaría traer a colación otro libro, el de Bronislaw Malinowki, “La vida sexual de los salvajes del noroeste de la Melanesia” en el que se habla del destete de la lactancia y del colecho con la propia madre:

“Generalmente el destete no se hace antes de los dos años, es decir, antes de la época en que, según los indígenas, el niño es capaz de decir claramente “bakam, bamom” (quiero comer, quiero beber). Durante el destete, el niño es separado de su madre y duerme con el padre o con la abuela paterna. Cuando llora durante la noche se le da un seno seco o un poco de leche de coco. Si se muestra nervioso y desmejorado se le lleva a una aldea lejana en la que tenga parientes, o bien; si sus padres viven en una aldea del interior, se les lleva a la costa. Estos cambios de lugar se consideran esenciales para recobrar la salud y el buen humor.”

Esto sé que a muchas personas les parecerá poco “respetuoso” pero tenemos que tener en cuenta de nuevo que nuestra manera de criar como especie está muy condicionada por los recursos del ecosistema en el que vivimos, por la alimentación disponible, por la fertilidad/fecundidad de las mujeres en cada cultura. Y todo ello está en interrelación y equilibrio dinámico. Esta es mi opinión personal, pero creo que no se puede mirar con gafas del siglo XXI (gafas de sociedad de consumo con sus pañales de usar y tirar y sus estantes de supermercado llenos, con gafas de ser humano domesticado pero que se cree muy libre…) ni la Historia, ni las otras culturas. Hay formas de relacionarnos que son a todas luces crueles y donde no cabe el relativismo, pero hay otras zonas en las que sí hay que tener una escala de grises para valorarlas, mucho más cuando se entiende que hemos evolucionado criando de forma cooperativa.

En este sentido, creo que es un poco aventurado, aunque se podría debatir sobre el tema, escribir sobre el destete o de los destetes desde el mito del buen salvaje basándonos en culturas como la trobriandesa que interpreta Malinowski y reinterpreta Wilhelm Reich (La función del orgasmo) con argumentos del tipo:

a) “La lactancia también debe ser autorregulada, a demanda del bebé. En las islas Trobriand la lactancia es a demanda, prolongada, con contacto…en estas islas recordemos que no sólo no se da  el complejo de Edipo (o de Electra), sino que ni siquiera existe la etapa edípica que facilita que este se produzca.”

b) “Siempre y cuando nuestra realidad lo permita, lo ideal en cuanto al destete es que se produzca por iniciativa del niño”.

c) “Una de las cosas que nos diferencia de estas culturas más sanas, es la no represión de la sexualidad, ya sea la infantil o la adulta. Tampoco hay represión de la sexualidad femenina, base de la enfermedad de nuestra sociedad en cuanto a que la mujer es la que engendra, pare y tiene tanta importancia respecto al desarrollo psicológico de niños y niñas, como veremos después.  Pero, sobre todo, y también reñido con el tema sexualidad, en estas sociedades se respeta la autorregulación, el estar en contacto con lo que uno siente, necesita y poder expresarlo”

Como vemos, en este texto de Laura Perales Bermejo, psicóloga infantil especialista en prevención y presidenta de la Plataforma por la Crianza con Respeto, se obvia que esa sociedad sana idealizada no realiza la idea de destete respetuoso que se defiende como óptima en el mismo informe y ni siquiera se espera a los 3 años… Pero, entonces, ¿es o no es sana esa cultura? ¿Lo es teniendo en cuenta algunos aspectos y no otros?

En el caso de Reich esto es todavía más llamativo porque este autor afirma que los trobriandeses (“filtrados” por Malinowski) tienen una sexualidad libre (pg. 223) pero “la homosexualidad y la masturbación sólo significan para ellos formas artificiales y no naturales de gratificación sexual, un signo de una perturbación de la capacidad para alcanzar la satisfacción normal”. Habría que ver realmente qué pensaban los y las trobriandesas, qué hacían realmente en su vida más allá de lo que le contaron a Malinowski (“del dicho al hecho hay un trecho”) y, por último, comprender que lo que hace verdaderamente libres a muchas sociedades de cazadores-recolectores y tradicionales es su silencio, es decir, todo lo que se hace y sobre lo que no se teoriza sino que simplemente se vive. Pienso, por ejemplo, en uno de los libros que ha cambiado mi forma de ver la vida (“Nisa. Life and Words of a Kung Woman”, de Marjorie Shostak) del que tantas veces he hablado en mis artículos, donde por fin una mujer occidental le pregunta directamente a una recolectora cómo vive su vida, qué siente en sus partos, cómo ha sido su niñez, su propio destete, sus abortos… Nisa le cuenta a Marjorie que hay un mundo paralelo, el de los niños y su vida sexual, muchas veces sexo homosexual entre amigos y amigas, y también otro mundo paralelo secreto de “amantes” en el que existe la pasión y el “romanticismo” (para que nos entendamos en nuestra cultura) más allá de la pareja oficial. Todo el mundo sabe que los niños y niñas tienen vida libre sexual. Todo el mundo sabe que las mujeres y los hombres tienen amantes y relaciones fuera del matrimonio pero no se explicita, se vive. Es fuente de conflictos y de celos cuando el marido o la mujer lo descubre, pero es un terreno de libertad total.

Después de este inciso, me gustaría volver al libro de Harriet J. Smith. En los primates, cuando llega una nueva cría, el hermano mayor pierde el privilegio de dormir con la madre en el mismo nido. Aún así lo intenta y la madre construye otro nido en otro lugar hasta que, en este juego, al final la cría mayor se acostumbra a dormir en su propio nido en un lugar cercano. De nuevo aparece aquí el clásico “tira y afloja” que se ha descrito antes con los otros destetes. Es normal que la cría lo intente y es normal que la madre lo vaya apartando. En la crianza primate no es lo “ideal” que la cría se vaya sola a su nido cuando sea mayor o cuando “esté preparada”. Hay una intervención de la madre y una reacción natural y totalmente comprensible de la cría mayor. No es que sea un conflicto durísimo y agresivo, sino que simplemente la madre va marcando ese camino y ahora, al llegar un nuevo bebé, es ese el que duerme con ella.

Los humanos tenemos libre albedrío (o al menos eso nos creemos) así que creo que no nos hace falta buscar justificaciones ni en el mundo primate, ni en otras sociedades, ni en expertos de la crianza. No tenemos que pedir permiso al mundo animal si queremos dormir cuatro o cinco en la misma cama. Tampoco a los trobriandeses o a los Kung. Hagamos lo que nos haga sentir mejor, siguiendo nuestra propia conciencia ética del cuidado y del apoyo mutuo, todo ello en el marco de nuestras posibilidades; rebelémonos contra las circunstancias externas e internas que no nos permiten cuidar y criar como nos gustaría. Y, sobre todo, no nos autoengañemos.

Relacionadas:

Tabúes históricos sobre la lactancia materna

El destete natural

Lactancia y Menstruación en Perspectiva Cultural, un artículo de Barbara B. Harrell (1981)

La menstruación biocultural

Bibliografía complementaria:

El destete natural

Estoy suscrita a la lista de correo de Fedalma, la Federación Española de Asociaciones pro Lactancia Materna, y una de las últimas publicaciones de su web ha sido esta entrevista a Naomi Aldort, asesora familiar, escritora y conferenciante. Me ha dejado perpleja y, como todo lo que me deja en ese estado me produce una necesidad voraz de investigar, aprender y pensar por mí misma, aquí tenéis el resultado.

Soy una enamorada de la lactancia materna, que disfruto desde hace dos años, pero sobre todo soy una enamorada de la libertad, de la capacidad de las mujeres de tomar decisiones libres, informadas y responsables. Por eso, creo que es importante dudar, “loada sea la duda”, que decía Berthold Brecht, para construirnos cada una nuestro propio camino. Creo que las madres deben hacer lo que su conciencia y sus posibilidades les permitan, porque tan natural es que el bebé quiera seguir mamando como que la madre quiera dejar de dar de mamar en algún momento. De hecho, en el reino animal esto tiene un nombre: conflicto del destete (weaning conflict, en inglés). En algunas especies el destete es más conflictivo que en otras, como veremos después, pero lo que no se puede negar es que el destete dirigido por las hembras mamíferas es totalmente natural, y muchas veces está ligado a una nueva gestación.

Dice Naomi Aldort:

“Desde tu experiencia personal, ¿cómo transmites la importancia de la lactancia en niños mayores de dos años?

Todavía no he conocido a ningún niño de 2 años que en condiciones naturales quiera dejar de mamar. También observo que cuando las madres se sienten libres para seguir el dictado de sus corazones, ellas tampoco quieren pasar por el dolor de forzar a un niño a dejar de mamar, ni quieren perder esa experiencia de vínculo mágico.

(…)

La naturaleza no comete errores. Lleva perfeccionándose durante millones de años para darnos el sistema óptimo de cuidar a un niño. Las elecciones primitivas de un niño son las mejores. El niño tiene razón porque la naturaleza no mete la pata y no necesita que luchemos contra ella.”

Y después de leer esto me pregunto, pero, ¿cómo ocurre el fenómeno del destete entre los animales mamíferos y, mejor aún, en los primates, es decir, en la Naturaleza? ¿Por qué Naomi Aldort no considera natural que la madre desee en algún momento iniciar el destete? ¿Por qué considera que el inicio del destete por parte de la madre es luchar contra la Naturaleza, cuando la realidad mamífera es precisamente la contraria? ¿Por qué ese tono melodramático hacia un proceso fisiológico normal, tanto si es iniciado por la madre como si no lo es? ¿En qué se basa para decir que las elecciones del niño son “mejores” que las de su madre, cuando además está hablando de destetes a partir de los dos años?

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Mmmm… Veamos qué ocurre en la Naturaleza:

Perras

http://www.conciencia-animal.cl/paginas/temas/temas.php?d=1004

“Al principio la perra estará con sus hijos casi todo el tiempo, y se irá creando en la camada el sentido de grupo social. Después, a las 3 ó 4 semanas, la madre comenzará a dejarlos solos cada vez más tiempo, y los momentos de lactancia serán menos. A medida que vaya transcurriendo el tiempo y los días, la perra se mostrará cada vez más arisca con sus hijos, y á estos les será más difícil mamar. A las 5 semanas, si un jovenzuelo intenta alimentarse de ella, la perra le gruñirá y le hará como si lo fuera a morder, pero sólo será un amago, porque ello nunca llegará a suceder.”

Gatas

http://gatos.about.com/od/Sexualidad/f/El-Destete-O-Separacion-Del-Gatito.htm

“Se conoce como el destete a la etapa de transición en la que el gatito deja de tomar leche de su madre y comienza a comer alimentos sólidos preparándose así para su independencia. Mamá gata es quien domina el proceso cuando comienza a rechazar el darle leche al gatito para así obligarlo a aprender a buscar su comida.”

Yeguas

http://www.naturalhipic.com/centro/el-destete-doma-natural/

“Las yeguas que viven en libertad destetan a sus potros cuando se aproxima el final de la siguiente gestación. No todas las yeguas destetan a sus potros en un mismo momento, pero normalmente lo hacen aproximadamente al décimo mes de su gestación. La madre no le dejara mamar a su potro dándole una pequeña coz cuando lo intente, y así el potro progresivamente dejara de intentarlo, pasando a alimentarse únicamente de pasto.”

Elefantas

Tomado y traducido de “Mammals of Africa”:

http://books.google.es/books?id=B_07noCPc4kC&printsec=frontcover&hl=es#v=onepage&q&f=false

Pg. 192: “Las crías de elefante suelen dejar de mamar cuando la siguiente cría nace, y la examinación de elefantas en Kruger N. P. mostró que la mayor parte mama constantemente (Smuts 1975, I Whyte pers. obs.). Como resultado, el destete es un proceso extenso y suave (Lee and Moss 1986). Hay diferencias sutiles entre los sexos de las crías en el destete, donde se permite a los hijos mamar en cuanto emitan una protesta vocal, mientras que las madres son un poco menos tolerantes con las hijas. Teniendo en cuenta que el período entre partos en Kruger NP se calculó a los 3 años y 8 meses (2001a Whayte), esto también representa la media de edad del destete. En los casos en que se prorroga el período entre partos, la edad al destete probablemente se ampliará en consecuencia.”

Cabras

Sobre la especie de cabra “ammotragus lervia”, en el mismo libro, pg 598:

“El conflicto madre-cría durante el destete ha sido investigado. Parece haber un cese progresivo de la lactancia, sin los conflictos de comportamiento que surgen entre la madre y los hijos, salvo cuando se reanuda la actividad sexual antes de que el destete haya tenido lugar (Cassinello 1997a).”

Monas babuinas

http://www-personal.umich.edu/~phyl/anthro/conflict.html

El conflicto del destete
Piensa como en la primera etapa, la madre mantiene la proximidad hacia su cría, la sigue, evita que se separe, e inicia la mayor parte de las tomas de lactancia. En la segunda etapa, la cría pasa a ser más independiente e inicia la mayor parte de las tomas. En la última etapa, la madre acalla los esfuerzos para mantener el contacto, y deja de querer amamantar. En esta última etapa, la madre empezará a rechazar al niño, primero suavemente y después de forma más contundente. El niño pasará mucho tiempo gimoteando y llorando. Trivers dijo una vez que si quieres encontrar babuinos por la mañana, escucha el sonido de una cría destetándose; llantos y rabietas.

Gorilas

Tomado de “Gorilas de Montaña: Tres Décadas de Investigación en Karisoke”:

“El desarrollo de la independencia nutricional observado en el presente estudio sugiere dos posibles estrategias de destete en los gorilas de montaña. Habitualmente, el destete en los gorilas ha sido considerado como un proceso suave, gradual (Stewart, 1981), justificado aquí por los lactantes que seguían con la succión a los 40 meses y por la falta de un aumento aparente de lloriqueos, como los que se ven en babuinos y macacos rhesus (Altmann, 1980; Collinge, 1987), o en los cerdos que gruñen durante el período de destete. Sólo en un recién nacido (Um) se observaron berrinches, un comportamiento que es a veces (Fossey, 1979), aunque no es común (Stewart, 1981), visto en los gorilas, como es el caso de los chimpancés en estado salvaje (Clark, 1977). En los chimpancés, la lactancia se prolonga durante 4-5 años, pero el destete comienza en el segundo año de vida, con rechazos intensificados con el tiempo. La naturaleza más cohesionada de los grupos de gorilas, con muchas distracciones presentes en la forma de constante disponibilidad de un número de compañeros de juego y el espaldaplateada dominante (Stewart, en este volumen), pueden contribuir al conflicto menos intenso que se ha visto entre la madre y la cría.”

Chimpancés de la costa oriental del Lago Tanganyika (Tanzania)

Tomado del libro “Los chimpancés de la orilla del lago
Historia Natural y Cultura de Mahale” (a partir de la página 98). Los chimpancés suelen estar completamente destetados a los 5 años:

“En un sentido estricto, el destete, literalmente, significa negar el acceso al pezón; es un proceso bien definido. Sobre el momento en el que el bebé cumple cuatro años de edad, el destete se inicia y se detiene en los siguientes meses. El comienzo del destete puede comenzar cuando la cría es joven, por ejemplo, Sylvie fue destetada a la edad de tres años.

Una madre asume sutil o abiertamente posiciones en las que su descendencia tiene dificultades para acceder a sus pezones. Los patrones de rechazo de la madre hacia su cría varían de individuo a individuo. Puede directamente tomar al bebé de su pecho, bloquear el acceso a su pecho con su brazo, o acostarse boca abajo en el suelo. Las primeras veces que la madre niega su pezón al lactante, sólo gime (vocalizando disgusto), pero cuanto más estricta se pone, más se intensifica la resistencia.

Una cría que protesta saldrá corriendo desde la madre, emitirá gritos de malestar, rodará por el suelo, golpeará su cabeza contra el suelo, y lanzará un ataque. Con el tiempo, la madre casi siempre da paso a las demandas del bebé.”

Más sobre chimpancés

Del libro “Parenting for Primates”:

“La mayoría de las madres chimpancés son suaves y tolerantes con sus crías mayores durante el destete. En lugar de amenazar directamente a sus crías, elijen el camino de menor resistencia; distraen o empujan lejos suavemente a sus jóvenes, o cubren sus pechos. Las madres chimpancé cuidan pacientemente a sus crías u ofrecen otras formas de contacto corporal calmante. Por ejemplo, a los jóvenes chimpancés se les permite chupar el labio inferior de su madre, el oído o la piel, o enterrar la cabeza en su axila, pero este contacto es condicional: para recibirlo, el joven debe mantener la cabeza alejada de los pechos de su madre.”

Y para casi terminar este repaso por el mundo animal copio un fragmento de este interesante artículo de una revista científica veterinaria:

Rompiendo el vínculo madre-cría: el destete natural y el conflicto madre-hijos (http://www.actavetscand.com/content/53/1/28):

“En condiciones naturales, el destete implica la disminución gradual de la producción de leche de la madre, y un aumento concomitante de la ingesta de alimentos sólidos por la cría, que es acompañada por una reducción gradual del vínculo maternofilial [54]. La relación entre la madre y su descendencia en los mamíferos puede dividirse esquemáticamente en tres etapas: durante los primeros meses de vida la hembra busca e inicia el contacto con las crías; después, la cría será la responsable de la mayor parte de las tomas de lactancia y del contacto social y, por último, la hembra empieza a rechazar algunos intentos de mamar hasta que se detiene de forma permanente [14]. En el ganado vacuno, el proceso de destete puede ir acompañado de un aumento de la agresividad de la madre hacia su joven [18].

En varias especies, tales como ovejas, caballos, cerdos y bisontes, hay una reducción gradual y lenta de la atención materna y del amamantamiento durante el destete natural; por ejemplo, la hembra produce menos leche, inicia un menor número de tomas y termina más, y hace que la succión sea más costosa para los crías, lo que obliga a buscar otros alimentos [ 21]. (…) Desde este punto se produce una reducción gradual de la producción de leche y la atención materna, lo que permite más energía para un nuevo ciclo reproductivo; en el proceso, ella comienza a evitar las solicitudes de atención de las crías. Por el contrario, debido a la gran ventaja que las crías obtienen de la leche, tratarán de extender la lactancia materna y el cuidado por el tiempo que sea posible. Este proceso se conoce como el conflicto materno-filial [14].”

Voy a terminar con algunas matizaciones. Incluso en primatología hay teorías que promueven otras explicaciones alternativas en referencia al supuesto “conflicto de intereses” del destete. Uno de estos estudios es “Conflicto padre-cría y madre-cría en los primates”. En él se analizan las hipótesis de Altman en las que los rechazos de la madre se interpretan como formas de condicionar a la cría y enseñarle el momento adecuado para mamar, no para forzar su independencia o negar el pecho per sé. Si he entendido bien, lo que dice esta autora es que el compromiso y la cooperación son otras formas alternativas de resolver los conflictos, es decir, negociaciones y aprendizaje mutuo. Un ejemplo de todo esto sería cuando las monas rechazan dar de mamar a su bebé cuando están comiendo. Ahí estarían negociando los horarios de las tomas, no negándolas todas.

Esto es lo que sucede en el destete natural de los mamíferos, es decir, es bastante natural que la madre inicie el destete, no que deje que se desteten solos. Ahora bien, los humanos somos diferentes porque tenemos, en teoría, mayor libertad de elección. Por tanto, las madres podemos hacer un destete pasivo (que sea el niño el que se destete) o bien hacer como la mayor parte de las mamíferas y destetar iniciando el proceso nosotras, negociando, limitando tomas, distrayendo o, finalmente, negando tomas.

La decisión de destetar a un hijo o de prolongar la lactancia, una vez que ha pasado el periodo inicial, es una relación de dos que pertenece al ámbito de las decisiones personales*. Esos dos seres, madre e hijo, son los únicos que pueden decidir si quieren seguir, parar o reducir la lactancia y, si me apuráis, si uno de los dos no está de acuerdo, es la madre la que tiene la última palabra para destetar o no hacerlo. No hay ninguna necesidad de buscar apoyo en lo “natural” o en la “Naturaleza”. Es su decisión y punto.

Si una mujer quiere amamantar hasta que su hijo se destete por sí mismo tiene toda la legitimidad del mundo, porque se trata de su vida. Y si una mujer quiere destetar de forma activa en otro momento, tampoco necesita la aprobación de terceros.

La respuesta a la pregunta de la entrevista se podría haber contestado de muchas formas distintas. Por ejemplo, una lactancia de más de dos años en la sociedad occidental actual se puede mantener por placer, por salud, por inercia, por comodidad, por querer destetar pero no saber cómo hacerlo… ¡Somos tan diversas!

Argumentos a favor de una lactancia larga y durante años hay muchos y tampoco tienen que ver con los esgrimidos por Naomi Aldort, de tratar de evitar a toda costa el conflicto del destete. Amamantar es una experiencia muy sana para los niños (sigue aportando amor, nutrientes y defensas hasta el final), pero también para las mujeres. De hecho, se calcula que cada año de lactancia el riesgo de cáncer de mama podría reducirse en un 4,3%.  Por todo ello, en sociedades como la nuestra, en las que tenemos tan poquitos hijos y los tenemos tan tarde, la lactancia durante años tiene mucho que aportar a la salud de las mujeres: desde la amenorrea (falta de menstruación) a la reducción de los cánceres típicamente femeninos. Es la mujer la que debe elegir su camino porque no todo vale para todo el mundo y nuestras circunstancias vitales son muy diferentes.

Así que mujeres, no necesitamos la autorización moral de nadie para valorar nuestras decisiones personales, mucho menos cuando no se aportan argumentos o se traen a colación algunos con muy poca base real. Solamente necesitamos información veraz, apoyo y libertad para poder tomarlas. Y muchas dosis de empatía.

*MATIZO: Yo siempre quise amamantar pero respetaré tu derecho a no hacerlo, a no quererlo, a que no te guste, a que no hayas podido amamantar por el motivo que sea. Considero violencia obstétrica cualquier tipo de presión por parte de profesionales para amamantar que sobrepase la mera información para decidir y una falta de respeto hacer cualquier tipo de comentario no solicitado sobre el tema. Las circunstancias son muy diversas y en el mundo actual la lactancia no siempre es lo mejor para cada pareja madre-bebé. Como dice Michel Odent, os dejo con sus palabras llenas de sabiduría, a las que añado “en redescubrir las necesidades básicas de la mujer (y del ser humano en general) en la vida familiar, en las redes de apoyo mutuo, en el ámbito laboral y en la vida en sociedad” DESPUÉS del nacimiento del bebé y muchos años más allá:

“Hoy en día la prioridad no es repetir constantemente que “El pecho es lo Mejor” (Breast is Best). Es plantearse cómo se desarrolla la capacidad de amamantar. Está en redescubrir las necesidades básicas de la mujer en el parto. Los organismos de Salud Publica deben tener en cuenta que “la lactancia empieza antes del nacimiento del bebé”.