Mapas de un tesoro que se “perdió”…

Viaje-al-Ciclo-Menstrual

Hace un par de años leí el libro de Anna Salvia Ribera titulado “Viaje al ciclo menstrual” (2012). Me aportó bastante conocimiento valioso sobre el ciclo menstrual, alguna ya la conocía por otros libros y otra no, pero hubo una cosa que me llamó la atención. Da a entender, desde su primera página incluso, que las mujeres conocían la información que aporta del ciclo menstrual desde la época de las brujas quemadas por la Inquisición: “un tesoro que siempre ha estado aquí pero cuyo mapa se perdió hace muchos años, siglos, tal vez cuando las mujeres fueron quemadas por saber utilizarlo”. Esto yo creo que es falso. Para empezar, la información que aporta sobre el ciclo menstrual es muy reciente. Las brujas y curanderas no sabían de “hormonas sexuales” o métodos de fertilidad no farmacológicos que fueron estudiados en épocas muy recientes por, principalmente, hombres ginecólogos e incluso curas.

  • Método del ritmo o del calendario Ogino/Knaus desarrollado por dos ginecólogos entre 1924 y 1928.
  • Método Billings o del moco cervical, basado en las investigaciones de un médico católico del mismo nombre (nada que ver con brujas e inquisidores, como vemos…) en 1953.
  • Método de la Temperatura se basa en el descubrimiento del médico holandés Van der Velde de la existencia de dos etapas térmicas en el ciclo menstrual femenino en 1926. En 1935 el sacerdote alemán W. Hillebrandt usa ese conocimiento previo para señalar los días infértiles de la mujer. Después, en 1954, el ginecólogo alemán Gerhard Döring publica un manual que explica el método.
  • El Método Sintotérmico, que combina el de la temperatura y el Billings, fue dado a conocer por primera vez en 1965 por el médico austriaco Josef Rötzer.

Como vemos, todo lo contrario de curanderas y mujeres brujas. ¿Por qué se invisibiliza este pequeño detalle y se niega el crédito a quién lo merece? Las parteras y curanderas tenían otros conocimientos de los que no habla precisamente este libro: principios activos de plantas y hierbas, emenagogos y métodos anticonceptivos y abortivos. Pero, precisamente, la información que divulga el libro de Anna Salvia e incluso las hojas del diario del ciclo para rellenar con la temperatura y el moco cervical se basan claramente en el método sintotérmico y en investigaciones desarrolladas por ginecólogos y médicos, varios de ellos relacionados con la Iglesia Católica.

La verdad es la que es, aunque la disfracemos de conocimiento arcano perdido de las brujas. No pasa nada, yo soy atea y apóstata (aunque me fue denegada mi apostasía…) y me parece un conocimiento genial para toda mujer. Al César lo que es del César. Lo que es positivo y verdadero es positivo y verdadero, venga de donde venga. No entiendo realmente estas tergiversaciones históricas ni a quién beneficia ocultar el origen de la información. ¡Pero es que en la bibliografía tampoco hay ni un solo reconocimiento a los investigadores de estos métodos!

Afirma también la autora, “la mayoría de las mujeres occidentales en edad fértil tenemos nuestro Ciclo pero no lo conocemos ni lo sabemos manejar”. Pero, ¿es que acaso hay alguna cultura que rellene cuadernos o diarios menstruales o conozca y maneje todas las fases del ciclo menstrual? A mí me gustaría que alguien nombrara alguna, yo no las conozco pero puede que existan esas culturas. Pareciera que las “mujeres occidentales” somos una especie de rara avis, que ha perdido un conocimiento que, en realidad, se descubrió a comienzos del siglo XX. Como he dicho, antes había otros conocimientos importantes sobre hierbas o anticonceptivos naturales que casi se han perdido por completo, desgraciadamente.

Webs consultadas:

El mundo hasta ayer, de Jared Diamond

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Dice Jared Diamond en su libro, en una parte sobre la lactancia a demanda:

“Por ejemplo, los cálculos realizados entre los !kung han demostrado que un niño mama una media de cuatro veces cada hora durante el día, dos minutos cada vez, con un intervalo medio de solo 14 minutos entre amamantamientos. La madre se despierta para alimentar al niño al menos dos veces por noche, y el bebé mama sin despertar a la madre varias veces. Esta oportunidad constante de la lactancia a demanda suele proseguir durante al menos tres años en la vida del niño !kung. Por el contrario, muchas o la mayoría de las madres de las sociedades modernas programan la lactancia según lo permitan sus actividades. La organización del trabajo de una madre, ya sea fuera de casa o en tareas domésticas, a menudo implica que madre e hijo estén separados varias horas. El resultado son muchos menos amamantamientos en comparación con las decenas de la madre cazadora-recolectora, amamantamientos más prolongados e intervalos mucho más largos entre ellos.

Esa elevada frecuencia en la lactancia de las madres cazadoras-recolectoras tiene consecuencias fisiológicas. Como he mencionado anteriormente, las madres cazadoras-recolectoras lactantes no suelen concebir durante varios años tras el nacimiento de un hijo, aunque retomen su actividad sexual. Sin duda, hay algo en la lactancia a demanda que ejerce de anticonceptivo. Una hipótesis es la demoninada “amenorrea por lactancia”: mamar libera hormonas maternas que no solo estimulan la secreción de leche, sino que también pueden inhibir la ovulación (la liberación de óvulos de una mujer).

Pero esa inhibición de la ovulación requiere un régimen constante de lactancia frecuente; varios amamantamientos al día no bastan. La otra se denomina “hipótesis de la grasa crítica”: la ovulación requiere que los niveles de grasa de la madre superen cierto umbral crítico. En una mujer lactante perteneciente a una sociedad tradicional sin comida abundante, los elevados costes energéticos de la producción de leche sitúan el nivel de grasa de la madre por debajo del valor crítico. Por ello, las madres lactantes sexualmente activas de las sociedades industriales modernas de Occidente, a diferencia de sus homólogas cazadoras-recolectoras, todavía pueden concebir (para su sorpresa) por una de estas razones o ambas: su frecuencia lactante es demasiado baja para que se produzca una amenorrea inducida hormonalmente; y están lo bastante bien nutridas como para que sus niveles de grasa corporal se mantengan por encima del umbral crítico para la ovulación, pese al gasto calórico propio de la lactancia. Muchas madres occidentales cultas han oído hablar de la amenorrea por lactancia, pero no tantas saben que solo es eficaz con frecuencias elevadas de amamantamiento. Una amiga mía que, para su desconsuelo, concibió hace poco solo unos meses después del nacimiento de su hijo anterior se unió a la larga lista de mujeres modernas que exclaman: “¡Pero si yo creía que no podía quedarme embarazada mientras daba el pecho!”.”

Si te interesa el mundo de la fertilidad este texto pertenece a una serie de post sobre MELA (método de la amenorrea de la lactancia), fertilidad y lactancia:

– Lactancia y Menstruación en Perspectiva Cultural, un artículo de Barbara B. Harrell (1981): http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/06/lactancia-y-menstruacion-en-perspectiva.html

– “La evolución de la reproducción humana” de Roger Short (1976): http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/05/la-evolucion-de-la-reproduccion-humana.html

– Colonialismo y lactancia: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/07/colonialismo-y-lactancia.html

La mujer completa, Germaine Greer

Mary Wollstonecraft, sobre el amamantamiento y la fertilidad

Figuras de la madre, texto de Yvonne Knibiehler

La familia campesina del Occidente asturiano