Más allá del parque – #1 – La Gota de Leche y el Palacio Bauer

En la soledad de la crianza urbana parece que el único lugar en el que puede estar un niño, más allá de su casa, es en el parque. Allí vamos en procesión todas las madres y padres, también las cuidadoras, las aupairs y los abuelos del barrio, donde coincidimos y nos conocemos.

Hacemos la ruta: columpio (o esperar la cola del columpio), tobogán y jugar con la tierra. Nos divertimos pero también nos aburrimos. Charlamos con el resto de “parroquianos” y aunque desconocemos nuestros nombres, nos convertimos en la “mamá de X”, el “abuelo de Y”. “¡Cómo ha crecido!”, “¿ya camina?”, “hay que compartir”, “se lo está pasando pipa”.

La plaza del parque de mi barrio es un microcosmos, con su centro de día de ancianos al lado, con su zona de vagabundos y yonkies en la otra esquina, su zona de terrazas, sus perros. Todo bien compartimentado y clasificado. A veces pienso en todas las historias de los viejos (viejo es una palabra bonita) y todos los cuentos que podrían contar a los niños que juegan al lado. También pienso en la alegría que podrían brindar los niños a los abueletes. Y lo separados y lejos que estamos todos y lo difícil que es relacionarnos desde el anonimato de la ciudad.

No sé si el parque es nuestro oasis o nuestro encierro, pero lo cierto es que moverme por la ciudad siempre se me ha hecho un poco cuesta arriba y siempre terminaba “recluida” en el barrio por evitar las dificultades. Quizás sea que últimamente me siento fuerte, o que Félix ha crecido, o que me he forzado a salir, pero ayer tomé una decisión. El parque está muy bien, pero quiero aprovechar esta media jornada que tengo (mi rincón de libertad en el tiempo) para algo más. Vamos a viajar por nuestro Madrid. Vamos a conocer mundo, a conocer la historia de nuestra ciudad. Es algo que siempre he querido hacer, ¿por qué no hacerlo ahora con mi hijo? Quizás no tengamos amistades ni familia con niños cerca, ni tribu, ni comunidad con la que apoyarnos mutuamente en la crianza, pero al menos podemos hacer cosas interesantes, aunque sea los dos solos.

Nuestra primera ruta empezó al salir de casa. Decidí abandonar carro y portabebé y caminar hasta el metro (me llevé en el bolso el meitai por si acaso). Ahí empezó la emoción: “¡El tren! ¡El tren!” gritaba Félix desde el andén. La gente, como siempre, se reía. Dejaron de estar tan serios y se quitaron la máscara del ciudadano-estatua que llevamos todos en los vagones. Los niños rompen todos los protocolos y este no iba a ser menos. Todos somos más vulnerables cuando nos miran y lo mostramos.

Nos bajamos en el metro de Iglesia y, después de hacer un encarguillo por la zona, caminamos hasta la Calle San Bernardo número 81. Quería ver el edificio donde un día estuvo el Consultorio de Niños de Pecho y “Gota de leche” de Madrid.

El consultorio de la calle San Bernardo | http://madridhaciaarriba.blogspot.com.es/

http://madridhaciaarriba.blogspot.com.es/

En este edificio, desde el año 1904 hasta que se mudaron a la Calle de la Espada, se suministraban biberones adaptados de leche de vaca, se medía y pesaba a los niños y se atendía a los bebés enfermos. Surgen muchas preguntas… ¿Se intentaban solucionar los problemas de lactancia de las madres o solamente se daban biberones? Hay que tener en cuenta que todo esto debió de ser una revolución, ya que las mujeres ricas podían pagar a una nodriza pero las clases bajas no podían permitírselo. ¿No existía la lactancia solidaria entre familiares y vecinas? De nuevo otra pregunta sin respuesta.

Nosotros en versión comic delante de la “Gota de Leche” en octubre de 2013.

Ya sé que muchas veces se dice que “se ha perdido la memoria de la lactancia” y demás, pero la existencia de estos centros contradice la creencia de que antes de la llegada masiva de las fórmulas comerciales era más fácil dar de mamar porque existía la “cultura de la lactancia”. La realidad es que había también problemas y la gente los intentaba solucionar como podía.

Aunque también puede haber otra lectura. Es también la época de “los expertos”, cuando el conocimiento práctico de las madres y padres empezó a perder legitimidad frente al conocimiento “científico” de los pediatras y puericultores, con el apoyo del poder Ilustrado y monárquico. No en vano, el centro fue inaugurado por la reina María Cristina de Habsburgo y recibía donaciones caritativas de marquesas y otras aristócratas. El público objetivo de la institución eran los niños enfermos y hambrientos de familias pobres. La salud no era un derecho, sino algo que dependía de la caridad de los mismos que mantenían esta injusta situación. Y de esta caridad dependía que su futura mano de obra y carne de cañón para las guerras creciera sana o muriera.

AÑADIDO 20-04-2014: Como descubrí después y desarrollé en otro post, los problemas eran principalmente laborales, no físicos o por falta de información, técnica y cultura de la lactancia, como yo pensaba… Más información aquí: “Lactancia artificial para las mujeres trabajadoras”.

La idea original fue de un doctor francés, León Dufour, que lo aplicó en su país. Rafael Urdecia y Cardona viajó allí para captar la idea y crear centros similares en España. Nos encontramos en una época en la que cada año morían muchísimos niños en Madrid. Según un artículo ABC de 1908 en el que se comparan las cifras de antes y después de la creación de La Gota de Leche: “El promedio anual de mortalidad de 1896 a 1903 fue de 3.570 y desde 1904, 3120, es decir, 450 menos cada año”. Parece una buena noticia, pero no deja de ser terrible que murieran tantísimos niños en nuestra ciudad cada año.

Termino con un texto de “Amigos de la Dehesa de la Villa”, zona verde cercana a nuestra casa y donde parece que estaban los establos de las vacas de las Gotas de Leche de Madrid:

Así pues, en su origen, los Consultorios de Niños de Pecho y las Gotas de Leche diferían en su funcionamiento. Los Consultorios se dirigían principalmente a los niños allí nacidos, empleaban mayoritariamente lactancia materna y distribuían la leche diariamente en biberones esterilizados en el propio centro. Por su parte, las Gotas de Leche tenían un mayor componente benéfico, atendiendo tanto a niños enfermos como a sanos necesitados, utilizaban en su mayor parte lactancia artificial, y distribuían la leche en botellas de medio o de un litro que luego administraba la madre. Coincidían ambas instituciones en la importancia de la consulta junto con la distribución; es decir, en no realizar sólo reparto de leche, sino en asesorar también a las madres en la mejor manera de criar a los hijos. La distinción, no obstante, entre Consultorios y Gotas de Leche fue diluyéndose con el paso del tiempo y es frecuente encontrar menciones a Consultorios que incorporaban unidades de Gota de Leche e incluso centros con una única denominación genérica que incluía tanto Consultorio como Gota de Leche. 

Después de visitar el edificio de la Gota de Leche seguimos bajando la calle hasta otro edificio enigmático en el número 44 de San Bernardo. Hoy en día es la Escuela Superior de Canto de Madrid pero a finales del siglo XIX fue el palacete de la familia de banqueros Bauer, y sus fiestas reunían a la créme de la créme de la alta sociedad.

Allí me colé con Félix y una simpática trabajadora nos enseñó la sala de baile, hoy reconvertida en sala de conciertos (aquí podéis consultar la agenda), algunas estancias y el patio.

El órgano.

Mamá y peque reflejados en el espejo de los Bauer…

Los Bauer eran agentes, socios y familiares de los famosos Rothschild. Llegaron a España y pronto se compraron también la finca de El Capricho (Alameda de Osuna) y una “casita” en La Granja. Compraron el palacio en 1870 y se fueron con los efectos de la crisis del 29 (algunas fuentes hablan de un escándalo financiero pero no lo he podido documentar). En 1940 el Estado compró el edificio.

El patio.

Los Bauer, como buenos banqueros, se relacionaron con la monarquía, la aristocracia y la burguesía madrileña. Como representantes de los Rothschild en España gestionaron los negocios de estos:  las Minas de Riotinto, Minas de Peñarroya, Ferrocarril Madrid-Zaragoza-Alicante (MAZ),  y la  refineria de petróleo Deutschet et Cia.

Por ejemplo, poca gente sabe que la estación de Atocha fue construida en 1892 por la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante, empresa creada por los Rothschild y el Marqués de Salamanca.

¿La señora Bauer?

¿Ignacio Bauer?

¿El hijo?

Y aquí se acabó nuestra ruta viajera de hoy. ¿Dónde iremos el próximo día? La Gota de Leche nos invita a visitar la Inclusa de Madrid y la vida de los Bauer nos lleva a conocer su muerte, ya que están enterrados en un curioso cementerio, el Cementerio de los Ingleses, en el barrio de Carabanchel. ¿Alguien se apunta?