De la simbiosis a los destetes

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He leído parte de un libro que me ha parecido fascinante sobre psicología y primatología. Se titula “Parenting for Primates” (Crianza para Primates) y tiene un capítulo muy interesante sobre los “destetes”: el destete del pecho, el “destete” del colecho y el “destete” del porteo.

Hace tiempo que observo que en el mundo de la crianza autodenominada “respetuosa”, “consciente” o de la crianza con apego, o incluso en el mundo lactivista (no me identifico con ninguna etiqueta de la crianza) hay cierto tabú en torno a este tema. Se habla de destetar sin lágrimas, de que lo ideal es que sea el bebé el que decida dejar de mamar, que no hay que “forzar”, que hay que esperar a que esté listo… En definitiva, como si hubiera algún problema en hablar de cualquier tipo de conflicto que pueda suceder durante el proceso, como si ese conflicto fuera negativo para los niños siempre, o como si la base segura desde la que explorar el mundo consistiera en satisfacer las necesidades del hijo en todo momento y lugar y hasta que el niño decida que ya no lo necesita. De todo esto hablé en un post sobre el “destete natural” en el mundo mamífero que escribí después de leer una entrevista a Naomi Aldort.

Pues bien, en el libro de Harriett J. Smith se explica cómo la maternidad primate (en su enorme variabilidad individual y de tipos diferentes de primates) satisface todas las necesidades de la cría con muchísima dedicación hasta llegado un cierto momento, normalmente hasta que la cría deja de depender con tanta intensidad en el amamantamiento y activa la vida fértil de su madre de nuevo, con la consiguiente llegada de un nuevo embarazo y, por tanto, un nuevo hermano. En los grandes simios este proceso puede durar años, por ejemplo, las hembras chimpancés que viven en libertad paren cada 4 o 5 años, pero puede ser más corto en otras especies.

Los distintos “destetes” mencionados no son bien aceptados por las crías y la protesta, las rabietas y el conflicto son totalmente normales:

“Idealmente, las madres retiran gradualmente el cuidado (care, en inglés) en respuesta a su conciencia del aumento de la madurez y competencia de sus crías. Los psicólogos comparativos Harry y Margaret Harlow llamaron a este período en la relación materno-infantil “la fase de la ambivalencia”, cuando las madres van siendo más indiferentes a las necesidades y deseos de sus crías. A medida que las crías son más capaces, las madres son menos sensibles, y los jóvenes consiguen independencia. Cuando los jóvenes (youngster, en el original) buscan a su madre, buscarla se convierte en su responsabilidad. Si desean confort, se acercan a ella para ser acicalados o para un abrazo, y si tienen miedo, se quedan a su lado. La retirada del cuidado de su madre les manda el mensaje poderoso de que son capaces de cuidar de sí mismos. La danza de un paso para adelante y un paso para atrás de los padres y las crías continúa hasta que alcanzan la vida adulta”.

La crianza “incondicional” no es eterna o se deja en manos de las crías. No es que las madres rechacen completamente a estas últimas sino que, como dice Harriett J. Smith, los hijos ya no pueden esperar que sus madres sean tan consistentes en su forma de responder a sus necesidades. En las sociedades de cazadores-recolectores ocurre algo muy similar, ya que la lactancia en tándem es excepcional y el niño que más años mama es el último. El conflicto del destete es algo totalmente normal y no significa que las crías vayan a tener ningún tipo de trauma emocional en la vida adulta. Es parte de nuestro “continuum” como especie. Lo que seguramente no lo sea es que ese conflicto pueda darse con tan sólo unos poquitos meses, en edades en las que incluso hacen falta sustitutos, leches adaptadas de madres de otras especies domesticadas.

¿Y cómo destetan las madres primates no humanas? Tal y como explica la autora en el libro, primero, intentan evitar el amamantamiento cruzando los brazos, alejándose. Cuando esto no funciona tratan de distraer a sus crías con otras actividades como el acicalamiento o el juego. Cuando esto también falla utilizan amenazas o son un poco más agresivas. Dice Smith que los primates en libertad rara vez recurren a la agresión directa, son muy tolerantes durante el destete aunque exista mucha diversidad entre cada madre en la forma de hacer las cosas. También ofrecen otros lugares de succión como los labios o la piel.

“Desdete” del porteo

Este destete también puede ser conflictivo y ocurre a la vez que el de la lactancia. En algunas especies ocurre de un día para otro, con la llegada del “hermanito”. Afirma la autora que la transición es más suave en las especies en las que los machos ofrecen alguna ayuda en la crianza, destacando así el papel del cuidado alomaternal (todas las personas que no son la madre). En el libro, también se habla de algunas sociedades de cazadores-recolectores como los Kung o los Aché en las que este “destete” del porteo se produce a los 4 años o 5 años respectivamente. En los Aché en concreto dice que se trata de un destete conflictivo, con muchas lágrimas y rabietas. De nuevo, reflexiono en voz alta, está bien recordar que los conflictos entre madres e hijos no son algo propio de una sociedad enferma (que en muchos sentidos la nuestra lo está) sino que también están en relación con el ambiente y las condiciones externas en las que se produce la crianza en cada cultura. El ser humano siempre tiende al equilibro dinámico con el entorno, aunque las circunstancias ambientales puedan estar tan alteradas que choquen con cómo hemos sido hasta hace muy poco desde un punto de vista evolutivo.

“Destete” del colecho

El libro “Crianza Para Primates” nos cuenta que en las sociedades de cazadores-recolectores este destete también ocurre con la llegada de un nuevo hermano, aunque esto no signifique dormir solo sino con una abuela, tía, padre u otro hermano. De nuevo se resalta el enorme papel de la “alomaternidad” en la crianza cooperativa humana, como diría la antropóloga Sarah Blaffer Hrdy. Y aquí me gustaría traer a colación otro libro, el de Bronislaw Malinowki, “La vida sexual de los salvajes del noroeste de la Melanesia” en el que se habla del destete de la lactancia y del colecho con la propia madre:

“Generalmente el destete no se hace antes de los dos años, es decir, antes de la época en que, según los indígenas, el niño es capaz de decir claramente “bakam, bamom” (quiero comer, quiero beber). Durante el destete, el niño es separado de su madre y duerme con el padre o con la abuela paterna. Cuando llora durante la noche se le da un seno seco o un poco de leche de coco. Si se muestra nervioso y desmejorado se le lleva a una aldea lejana en la que tenga parientes, o bien; si sus padres viven en una aldea del interior, se les lleva a la costa. Estos cambios de lugar se consideran esenciales para recobrar la salud y el buen humor.”

Esto sé que a muchas personas les parecerá poco “respetuoso” pero tenemos que tener en cuenta de nuevo que nuestra manera de criar como especie está muy condicionada por los recursos del ecosistema en el que vivimos, por la alimentación disponible, por la fertilidad/fecundidad de las mujeres en cada cultura. Y todo ello está en interrelación y equilibrio dinámico. Esta es mi opinión personal, pero creo que no se puede mirar con gafas del siglo XXI (gafas de sociedad de consumo con sus pañales de usar y tirar y sus estantes de supermercado llenos, con gafas de ser humano domesticado pero que se cree muy libre…) ni la Historia, ni las otras culturas. Hay formas de relacionarnos que son a todas luces crueles y donde no cabe el relativismo, pero hay otras zonas en las que sí hay que tener una escala de grises para valorarlas, mucho más cuando se entiende que hemos evolucionado criando de forma cooperativa.

En este sentido, creo que es un poco aventurado, aunque se podría debatir sobre el tema, escribir sobre el destete o de los destetes desde el mito del buen salvaje basándonos en culturas como la trobriandesa que interpreta Malinowski y reinterpreta Wilhelm Reich (La función del orgasmo) con argumentos del tipo:

a) “La lactancia también debe ser autorregulada, a demanda del bebé. En las islas Trobriand la lactancia es a demanda, prolongada, con contacto…en estas islas recordemos que no sólo no se da  el complejo de Edipo (o de Electra), sino que ni siquiera existe la etapa edípica que facilita que este se produzca.”

b) “Siempre y cuando nuestra realidad lo permita, lo ideal en cuanto al destete es que se produzca por iniciativa del niño”.

c) “Una de las cosas que nos diferencia de estas culturas más sanas, es la no represión de la sexualidad, ya sea la infantil o la adulta. Tampoco hay represión de la sexualidad femenina, base de la enfermedad de nuestra sociedad en cuanto a que la mujer es la que engendra, pare y tiene tanta importancia respecto al desarrollo psicológico de niños y niñas, como veremos después.  Pero, sobre todo, y también reñido con el tema sexualidad, en estas sociedades se respeta la autorregulación, el estar en contacto con lo que uno siente, necesita y poder expresarlo”

Como vemos, en este texto de Laura Perales Bermejo, psicóloga infantil especialista en prevención y presidenta de la Plataforma por la Crianza con Respeto, se obvia que esa sociedad sana idealizada no realiza la idea de destete respetuoso que se defiende como óptima en el mismo informe y ni siquiera se espera a los 3 años… Pero, entonces, ¿es o no es sana esa cultura? ¿Lo es teniendo en cuenta algunos aspectos y no otros?

En el caso de Reich esto es todavía más llamativo porque este autor afirma que los trobriandeses (“filtrados” por Malinowski) tienen una sexualidad libre (pg. 223) pero “la homosexualidad y la masturbación sólo significan para ellos formas artificiales y no naturales de gratificación sexual, un signo de una perturbación de la capacidad para alcanzar la satisfacción normal”. Habría que ver realmente qué pensaban los y las trobriandesas, qué hacían realmente en su vida más allá de lo que le contaron a Malinowski (“del dicho al hecho hay un trecho”) y, por último, comprender que lo que hace verdaderamente libres a muchas sociedades de cazadores-recolectores y tradicionales es su silencio, es decir, todo lo que se hace y sobre lo que no se teoriza sino que simplemente se vive. Pienso, por ejemplo, en uno de los libros que ha cambiado mi forma de ver la vida (“Nisa. Life and Words of a Kung Woman”, de Marjorie Shostak) del que tantas veces he hablado en mis artículos, donde por fin una mujer occidental le pregunta directamente a una recolectora cómo vive su vida, qué siente en sus partos, cómo ha sido su niñez, su propio destete, sus abortos… Nisa le cuenta a Marjorie que hay un mundo paralelo, el de los niños y su vida sexual, muchas veces sexo homosexual entre amigos y amigas, y también otro mundo paralelo secreto de “amantes” en el que existe la pasión y el “romanticismo” (para que nos entendamos en nuestra cultura) más allá de la pareja oficial. Todo el mundo sabe que los niños y niñas tienen vida libre sexual. Todo el mundo sabe que las mujeres y los hombres tienen amantes y relaciones fuera del matrimonio pero no se explicita, se vive. Es fuente de conflictos y de celos cuando el marido o la mujer lo descubre, pero es un terreno de libertad total.

Después de este inciso, me gustaría volver al libro de Harriet J. Smith. En los primates, cuando llega una nueva cría, el hermano mayor pierde el privilegio de dormir con la madre en el mismo nido. Aún así lo intenta y la madre construye otro nido en otro lugar hasta que, en este juego, al final la cría mayor se acostumbra a dormir en su propio nido en un lugar cercano. De nuevo aparece aquí el clásico “tira y afloja” que se ha descrito antes con los otros destetes. Es normal que la cría lo intente y es normal que la madre lo vaya apartando. En la crianza primate no es lo “ideal” que la cría se vaya sola a su nido cuando sea mayor o cuando “esté preparada”. Hay una intervención de la madre y una reacción natural y totalmente comprensible de la cría mayor. No es que sea un conflicto durísimo y agresivo, sino que simplemente la madre va marcando ese camino y ahora, al llegar un nuevo bebé, es ese el que duerme con ella.

Los humanos tenemos libre albedrío (o al menos eso nos creemos) así que creo que no nos hace falta buscar justificaciones ni en el mundo primate, ni en otras sociedades, ni en expertos de la crianza. No tenemos que pedir permiso al mundo animal si queremos dormir cuatro o cinco en la misma cama. Tampoco a los trobriandeses o a los Kung. Hagamos lo que nos haga sentir mejor, siguiendo nuestra propia conciencia ética del cuidado y del apoyo mutuo, todo ello en el marco de nuestras posibilidades; rebelémonos contra las circunstancias externas e internas que no nos permiten cuidar y criar como nos gustaría. Y, sobre todo, no nos autoengañemos.

Relacionadas:

Tabúes históricos sobre la lactancia materna

El destete natural

Lactancia y Menstruación en Perspectiva Cultural, un artículo de Barbara B. Harrell (1981)

La menstruación biocultural

Bibliografía complementaria:

Entrevista a Sarah Blaffer Hrdy en la revista “Working Mother” (“Madre Trabajadora”)

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Ayer encontré esta entrevista a la antropóloga y primatóloga Sarah Blaffer Hrdy que aparece en el ejemplar de abril de 2001 de la revista “Madre Trabajadora” publicada en google books. Me ha parecido interesante aunque las preguntas sean algo tendenciosas, y es que ya lo avisan al principio: “No te sientas culpable por dejar a tus hijos en casa e ir al trabajo”.

Durante la mayor parte de la historia de la humanidad las mujeres no tuvieron que elegir entre eso que luego se llamó tareas reproductivas y productivas. Como en las sociedades de cazadores-recolectores actuales, iban a recolectar comida junto a sus bebés y otras compañeras o familiares durante solamente dos o tres días a la semana. Después, cuando los niños eran algo más mayores, la crianza se facilitaba con grupos de niños de diferentes edades que crecían y jugaban juntos. Bueno, aquí va la entrevista traducida (mil disculpas por los posibles errores de una traducción demasiado literal…):

Pregunta: Todas queremos ser “buenas madres”. Todas tenemos una noción idealizada de lo que significa ser maternal. Pero también queremos y necesitamos trabajar. Dinos: ¿Se puede ser una madre buena y nutricia y también una trabajadora altamente productiva y ambiciosa?

Respuesta: ¡Por supuesto! Entre otros primates como los chimpancés, es parte de ser una madre de éxito – lo que quiere decir una madre que mantiene a sus hijos vivos. A lo largo de la historia evolutiva, todas las mujeres primates tenían que ser madres con una carrera dual, combinando la recolección (ganarse la vida) con criar a sus crías. Pero solamente lo podemos hacer con ayuda de otros. Me gusta el término “alomadres” – individuos, hombre o mujer, que no son la madre, que ayudan a criar a la descendencia. Era esencial que los niños estuvieran en contacto constante con sus madres o con alomadres para poder sobrevivir. Entre nuestros ancestros cazadores-recolectores de la Era del Pleistoceno (el periodo entre 1.6 millones y 10.000 años), algunas madres llevaban a sus hijos con ellas mientras caminaban grandes distancias para recolectar comida. Pero si podían dejar con seguridad al niño con una alomadre complaciente, lo hacían. El problema era, sin biberones y leche pasteurizada, era raramente una opción. ¿Con qué frecuencia otra mujer amamantadora estaría dispuesta a quedarse en el campamento y cuidar un bebé adicional, que no fuera el suyo? Sobre la ambición, la lucha por el estatus – llámalo “ambición” si quieres – no es nada nuevo.

P: En tu libro, muestras cómo la lucha por el estatus estaba genéticamente programada en la psique femenina durante la evolución. Un ejemplo vívido es cómo las madres chimpancés luchan por el estatus porque es la única forma en la que pueden mantener a sus hijos alimentados y protegidos de los depredadores. ¿Son todavía el estatus, la ambición y el ingenio la clave de la maternidad exitosa en la vida moderna?

R: El ingenio, acompañado de sensibilidad a las necesidades de los niños, es todavía la clave de la maternidad exitosa, pero en la vida moderna las conexiones con el estatus han llegado a ser muy complicadas. Es debido a la desconexión entre las demandas de la carrera en las madres y las necesidades de desarrollo de los niños humanos. Obviamente, proveer a sus hijos y mantenerlos seguros debería ser la prioridad más alta de cualquier madre. Aquí es donde la sabiduría y el ingenio aparecen. ¿Cómo puede una madre combinar sus propios objetivos profesionales con alcanzar las necesidades emocionales de su hijo? Las madres tienen que considerar cómo pueden aprovechar la flexibilidad del trabajo o las nuevas tecnologías. Las madres tienen que ajustar sus objetivos para alcanzar las necesidades profundas de seguridad de sus hijos.

P: Si las llamadas “buenas madres” siempre han sido madres trabajadoras, ¿por qué nuestra sociedad sigue debatiendo la cuestión de si las madres deberían trabajar?

R: El truco aquí está en la idea de una madre que deja a su hijo detrás y trabaja fuera de casa. No podemos ya llevarnos a nuestros bebés a trabajar con nosotras, así que a menudo quiere decir que las madres pasan largas horas separadas de sus hijos. Peor – y esta es la parte de la historia en la que las madres trabajadoras les parecerá difícil escuchar – los niños de hoy tienen la misma necesidad emocional de estar en contacto consistente con alguien.

P: Saber que los niños se apegan más fuertemente a las madres es un intenso placer a la vez que una responsabilidad temible. ¿Qué hace a una madre ser el objeto más probable de apego primario de un bebé?

R: Bueno, la madre está ahí, en el lugar, cuando el bebé nace, ya hormonalmente preparada para responder a las señales infantiles. En unos días, puede reconocer a su hijo solamente por el olor. No hay duda sobre su maternidad – el bebé es de ella, y la Madre Naturaleza (mi metáfora para la selección natural de Darwin) ha establecido el umbral de una nueva madre para responder a estas señales muy bajo, haciéndola más sensible, para que responda rápidamente a los sonidos, vista, y olor de su bebé. Y durante los últimos meses de embarazo, el bebé ha aprendido a reconocer su voz. La madre es cercana, suave y caliente.

P: ¿Pueden los padres adoptivos ser tan cercanos para el bebé?

R: Si alguien que no sea la madre – una alomadre como el padre o una madre adoptiva – se convierte en la persona más sensible y cariñosa en escena, el niño se apegará a esa persona. El apego infantil se basa en el desempeño, no en la genética. Algunos de los cambios fisiológicos que encontramos en madres “reales” tienen lugar en alomadres. Por ejemplo, en las especies de monos como los tamarinos, donde los machos cuidan a los niños, los niveles de prolactina están más altos en los machos que llevan a los bebés que en los machos que no actúan de forma paternal. La investigación preliminar sugiere cambios similares en los padres humanos que se involucran en el cuidado infantil de forma cercana.

P: Si los bebés humanos pueden prosperar si son cuidados por cuidadores sensibles y consistentes, ¿hay algo más aparte de la leche materna que solamente una madre pueda proveer?

R: Nada de lo que se me pueda ocurrir. Cualquier persona puede aprender a amar a un niño y comprometerse con su bienestar. Pero las madres no deberían engañarse a sí mismas pensando que ese compromiso viene fácilmente. Merece mucho la pena emplear el tiempo de la madre en suavizar la transición antes de que vuelva al trabajo.

P: ¿Qué desafíos parentales tienen en común las madres animales con las humanas?

R: Los compromisos – todas las madres tienen que hacer compensaciones entre la subsistencia maternal y el bienestar, y el esfuerzo y los recursos que implica criar a la descendencia. Porque debido a que los niños humanos tardan tanto tiempo en madurar y tanto esfuerzo en criarlos, las madres están constantemente tomando decisiones. ¿Debería invertir más en este niño o menos? ¿Tomar algún atajo o sacrificarme? Un cierto grado de ambivalencia, de sentimiento “desgarrado”, está construido en la condición maternal.

P: Ese sentimiento “desgarrado” suena familiar a cada madre que haya tenido que dejar a sus hijos detrás para ir a trabajar. Si las madres siempre han sentido el conflicto entre trabajar o quedarse en casa con los hijos, ¿hay alguna evidencia de que nuestras ancestras se sintieran reacias a dejar a su descendencia detrás mientras recolectaban, cazaban o “trabajaban”? ¿Sentían algún tipo de culpa?

R: Obviamente, esto dependería de con quién dejaba una madre a su hijo – por ejemplo una abuela en la que confiaba o en un niño/a de 10 años ansioso pero posiblemente incompetente. Pero sí, estoy segura de que las madres recolectoras que dejaban a sus hijos en el campamento se sentían preocupadas por ellos. De todos modos, había una diferencia crítica. La madre recolectora que tomaba la mala decisión perdía a su hijo por culpa de un depredador u otra amenaza mortal. Por supuesto, las madres humanas se preocupan de haber elegido al cuidador erróneo, pero estadísticamente, las alomadres abusivas – como la aupair Louise Woodward, que fue acusada de zarandear al niño a su cargo y matarlo – son raras.

P: ¿Cuál es tu mayor preocupación sobre cuidado infantil?

R: Los niños necesitan tiempo de cantidad y calidad de un cuidador sensible a sus necesidades, así que las mejores alomadres son a menudo familiares. Pero en nuestra economía móvil, ¿cuántas madres pueden contar con hermanas, tías-abuelas, abuelas para estar allí todos los días? El cuidado de los niños tiene que ser a pequeña escala, con un gran grado de continuidad en la identidad de los cuidadores. Los bebés se pueden sentir apegados a varios individuos diferentes a sus madres, pero hay límites. Idealmente, cuanto más estable sea la situación, mejor.

P: Como dices en Mother Nature, el tiempo que los padres emplean directamente cuidando a los niños no ha cambiado mucho – “solamente unos pocos minutos adicionales por semana desde el comienzo del siglo XX”. ¿Hay algo que podamos hacer para fomentar en los hombres sentimientos de inversión en sus hijos, para que pasen más tiempo con ellos?

R: ¡Oh, sí! Estoy convencida de que existe lo que pienso como un “componente maternal” en todos los machos primates. La involucración masculina con los niños es más probable que se suscite de una proximidad prolongada, de la necesidad del niño, y de la relación del hombre con la madre. La película “Tres hombres y un biberón”, sobre tres hombres que encuentran un bebé abandonado en su puerta y se involucran mucho con el bebé emocionalmente, es bastante exacta.

P. ¿Por qué la sociedad moderna humana – al menos en EEUU – no se da cuenta de que es en el mejor de los intereses el hacerlo mejor para los niños financiando y apoyando guarderías públicas?

R: No lo sé; tiene tan poco sentido. Quizás es la ilusión de que las madres se quedarán en casa, y los funcionarios públicos tienen miedo de ofender a los votantes que piensan que debería ser así. El cuidado de los niños es algo controvertido porque hablar de ello se ve como estar haciendo una declaración sobre lo que deberían hacer las mujeres. Alguna parte de la respuesta, puede ser ignorancia sobre lo serias que son las implicaciones sociales de las guarderías pobremente financiadas.

P: Sé honesta. A pesar de todo lo que sabes, ¿te preocupó dejar a tus niños en casa cuando trabajabas?

R: Por supuesto. A menudo me preguntaba, ¿debería haberme tomado más tiempo cuando mis niños eran más pequeños? Fue solo al escribir Mother Nature cuando comencé a considerar las necesidades de los niños desde el punto de vista de los niños. ¡No puedo esperar a convertirme en abuela!

Entrevista a la antropóloga Sarah Blaffer Hrdy, por Eric Michael Johnson

¡Soy feliz! Eric Michael Johnson, el autor del blog “The Primate Diaries” me ha dado autorización para traducir su maravillosa entrevista a la primatóloga Sarah Blaffer Hrdy que os reproduzco a continuación. Quiero agradecer a mi amigo Peter López su ayuda para resolver dudas con algunas expresiones en inglés:

“Sarah Blaffer Hrdy” por Nathaniel Gold

En mi artículo de portada de esta semana en Times Higher Education presenté la vida y obra de la famosa primatóloga y teórica evolutiva Sarah Blaffer Hrdy. Aunque ella nunca tuvo la intención de ser una radical, ha tenido sin embargo una influencia radical en la forma en la que la primatología y la biología evolutiva abordan las estrategias femeninas así como en las influencias evolutivas de los niños.

Hrdy se graduó summa cum laude en el Radcliffe College de Cambridge, Massachussetts y recibió su doctorado en antropología en Harvard. Es una ex becaria Guggenheim y es miembro de la Academia Nacional de Ciencias, la Academia Americana de Artes y Ciencias, y la Academia de California de Ciencias. Actualmente es profesora emérita de la Universidad de California, Davis.

En nuestra discusión, Hrdy explora su propia vida así como sus experiencias personales  la inspiraron a plantearse preguntas diferentes a las de muchos de sus colegas científicos. A pesar de que no parece una idea particularmente dramática la de enfantizar las presiones de la selección evolutiva en las madres y sus crías, se trata de una visión reveladora del sexismo inconsciente (y a veces totalmente consciente) que está en una parte del proceso científico. A través de su trabajo, en libros como el de “La Mujer que Nunca Evolucionó”, seleccionado por el New York Times como uno de los Libros Notables de 1981, “La Madre Naturaleza: Una Historia de Madres, Niños y Selección Natural”, elegido por Publisher’s Weekly y Library Journal como uno de los “Mejores Libros de 1999” y, el último, “Las Madres y Otros: Los Orígenes Evolutivos del Entendimiento Mutuo”, Hrdy ha desafiado, y trascendido, muchas de las suposiciones incorrectas que los biólogos han mantenido desde la era Victoriana. Es un cuerpo de trabajo que sigue provocando e inspirando a una nueva generación de científicos y que fue de gran influencia en mi propio trabajo científico.

La científica como alomadre. Hrdy con Shanika, la hija de su colega el Dr. Anula Jayasuriya. Imagen cortesía de Sarah Hrdy.

Eric Michael Johnson: ¿Por qué crees que es importante mirar a las madres y a los niños desde una perspectiva evolutiva?

Sarah Blaffer Hrdy: Si realmente queremos aumentar la conciencia darwinista necesitamos expandir las perspectivas evolutivas para incluir las presiones de selección darwinistas en madres y en niños. Mucha de nuestra narrativa humana es sobre las presiones de selección pero, cuando te paras a pensar y a analizar las hipótesis, son realmente sobre las presiones de la selección en los hombres: hipótesis de caza o hipótesis de conflictos letales intergrupales para explicar los cerebros humanos. Bien, ¿quiere decir eso que las mujeres no tienen cerebro?

Johnson: En un sketch autobiográfico publicado en el libro “Líderes en Comportamiento Animal” escribiste: No fue ningún accidente que yo me interesara después en los orígenes evolutivos e históricos del matrimonio patrilocal, la herencia del sesgo masculino, la sexualidad femenina y la preocupaciones obsesivas de la gente por controlarla”. ¿Cuándo empezaste a interesarte en estos temas y cuáles eran algunas de las motivaciones principales que tenías en esa época?

Hrdy: Debes tener en cuenta dónde crecí y cuándo. Fue en el sur de Tejas. Nací en 1946 así que crecí durante los años 50. Esta era una sociedad muy segregada y realmente muy patriarcal. Crecer en Houston era bastante parecido a crecer en Sudáfrica. También en mi familia los hombres tenían un rol muy especial. La buena noticia, en un sentido, es que era la tercera hija nacida en una familia de cinco. Era una familia muy rica y yo era una especie de heredera de repuesto. Así que no ponían demasiada atención en lo que yo hacía, aunque tuvieran ideas muy fijas sobre con quién debería casarme y qué clase de vida debería vivir. Pero una vez que era perdida de vista en la escuela, estaba bastante fuera de su mente, lo que era bueno para mí. Así que me fui de la escuela cuando tenía 16 años y creo que fue el comienzo de mi desarrollo intelectual.

Hrdy: Esto era en medio de lo que Betty Friedan después llamó “la mística femenina”. ¿De qué forma viste esta insatisfacción en juego en las mujeres a tu alrededor? ¿Cómo interpretabas esto como una chica que miraba a las mayores como modelo de condición de mujer?

Hrdy: Oh Eric, yo estaba muy despistada. No entendía. No tenía ninguna conciencia política. Estaba dándome cuenta por mí misma. Todavía recuerdo estar sentada en un seminario sobre simios en Harvard y la discusión giraba en torno a las mujeres que eran intercambiadas entre grupos como una forma de conectar hermandades masculinas y conseguir alianzas entre grupos. Recuerdo pensar para mí misma, “Esto es como debe ser ser un negro escuchando una charla en apoyo al Ku Klux Klan”. No tenía ni idea de la cultura en la que había crecido y la manera en la que las mujeres eran vistas en ella. No tenía ni idea de qué iba esto y cómo funcionaba. Estaba aprendiendo de gente más consciente políticamente a mi alrededor que, creo, a menudo se sorprendían de mi ingenuidad. En esa época el comportamiento primate y todo el esfuerzo evolutivo estaba impregnado de preconcepciones victorianas. Así que yo reaccionaba, desde un nivel muy visceral, incluso antes de darme cuenta de lo que estaba ocurriendo.

Johnson: ¿Y cuando entraste en la Universidad?

Hrdy: El año que me gradué (en Radcliffe en 1969) no había ni una sola profesora en Harvard y yo fui la primera mujer estudiante graduada de mi profesor. Los modelos femeninos, especialmente en ciencias, eran casi inexistentes. La aproximación a la biología era algo diferente para mí que ser una estudiante universitaria de antropología cultural. La narrativa dominante sobre las vidas sociales de los primates era la del babuino de la sabana donde los machos son muy políticos y dominantes y se ayudan unos a otros para controlar a las hembras. ¿Estás familiarizado con estas historias?

Johnson: Por supuesto, ese fue uno de los paradigmas dominantes para la evolución humana en ese momento.

Hrdy: Y lo era. Eso era lo que yo estaba escuchando y eso era a lo que yo respondía. No había realmente consideración a cuánta variación existía entre las mujeres. Recuerda, los modelos de entonces sostenían que había diferencia en el éxito reproductivo de los machos y no había diferencia en el de las hembras. Se asumía que toda hembra sería una madre y se reproduciría al máximo de su capacidad por lo que las hembras estarían produciendo aproximadamente el mismo número de descendientes de cada mientras que, con machos, podrían hacerlo tremendamente bien o ser un cero completo – eso era lo que se llamaba el “Paradigma Bateman”. Supuestamente, como el ovario era más grande y más rico en recursos que el esperma, eso significaba que había muchos pequeños espermatozoides compitiendo activamente por un gran, rico óvulo. Esa era la base de la suposición de que la presión de la selección era más fuerte en machos que en hembras.

Algunos de los libros de Hrdy’: La Mujer que Nunca Evolucionó, Madre Naturaleza, y Madres y Otros.

Johnson: ¿Qué te llevó a cuestionar este paradigma?

Hrdy: Fue después de que comenzara a estudiar a los monos langur que comenzó a abrirse paso en mí la cantidad de fuentes de variación que había de éxito reproductivo femenino. Esto ponía en cuestión el viejo paradigma. Se había asumido por tanto tiempo que los hombres eran básicamente poligínicos (muchas compañeras sexuales) mientras las hembras eran monoándricas (un único compañero sexual). Observar a los langures me concenció de que esto no era verdad. Cuando examiné la literatura más amplia me di cuenta de lo común que era el apareamiento poliándrico en las hembras entre los primates. Ahora nos damos cuenta de que no es solamente en los primates, es en todo el reino animal.

Todo esto empezó a emerger en esa época y cuajó en mí en un artículo que preparé para la primera (y la única realmente) conferencia abiertamente feminista a la que asistí organizada por Ruth Bleier en 1985. Casi ninguno de mis colegas de biología leyeron ese ensayo – “Empatía, Poliandria, y el Mito de la Mujer Tímida” en esa época, pero ha sido recientemente publicado en “Conceptual Issues in Evolutionary Biology” (pp.131-160) de Elliot Sober. El ensayo era sobre lo inaplicable, o mal aplicado, del paradigma Bateman. Había mucha más selección en las hembras para aparearse con varios hombres por una variedad de razones: desde razones genéticas a extraer más inversión, o confundir el tema de la paternidad. En los años 70, reconocí que la confusión de la paternidad era lo que estaba ocurriendo en los langures. Pero esto era una herejía entonces. Ahora creo que está ampliamente aceptado. Creo que la historia y el origen feminista de esta idea ha sido olvidado lo que, de alguna manera, es muy malo porque sabemos lo que ocurre cuando olvidamos la historia, los viejos errores se repiten, se reinsertan los viejos sesgos. No veo ninguna razón por la que alguno de estos mismos sesgos no podría volver con otras formas como parece que ocurre en nuestra esfera política hoy.

Johnson: Hace tiempo te hice una entrevista sobre los patrones de residencia patrilocal y cómo eso altera las elecciones sexuales de las hembras. En contraste, las sociedades matrilocales son más propensas a ser igualitarias. ¿Cuáles son los factores que conducen a las diferencias entre estos dos sistemas?

Hrdy: Creo que en las sociedades en las que las mujeres tienen más que decir, y eso suele ser en las sociedades que son matrilocales y con descendencia matrilineal o donde, como es a pequeña escala en muchos cazadores-recolectores, tienes fronteras sociales porosas y patrones de residencia flexibles. Si tuviera que decir qué clase de patrones de residencia tenían nuestros ancestros diría que habrían sido muy flexibles, lo que Frank Marlowe llama multilocales. Esto quiere decir que algunas veces eran matrilocales y otras veces patrilocales y vivían con la familia del hombre. O a veces no vivían ni con ninguna de las familias porque podían votar con sus pies y moverse lejos si alguien era opresivo. Creo que estas fronteras porosas y patrones de residencia flexibles eran muy importantes para nuestros ancestros. Pero, con el tiempo, con la construcción de las poblaciones y la propiedad se hizo mucho más importante – y también se convirtió en importante defender la propiedad – es cuando se hizo mucho más duro moverse entre grupos. Las fronteras se hicieron menos porosas pero también los hombres tendieron a quedarse juntos. Los hijos se quedarían cerca de donde estaban sus hermanos y padres porque eran los mejores aliados para defender un recurso en particular.

Como sospecho que sabes, estoy convencida de que hasta hace muy poco en historia humana – y por supuesto, para mi, hace muy poco quiere decir hace 10-20.000 años – la gente no defendía los recursos. Las áreas eran tan amplias que es muy difícil imaginar a nadie defendiéndolas. Tampoco había ninguna propiedad, así que tampoco estaban defendiendo eso. Algunas personas han argumentado que estaban defendiendo a las mujeres porque los hombres siempre buscaban esposas y mujeres extra para tener relaciones sexuales. Pero la cosa es que, entre los cazadores-recolectores, la forma de criar con éxito es tener ayuda aloparental y abastecerse de ayuda de otros. Cualquiera que vaya matando a los familiares de su esposa y robando mujeres va a tener menor probabilidad de criar a la prole. Estas bandas guerreras de hermanos no aparecieron hasta hace muy poco, cuando la gente se volvió más sedentaria. Por estas razones, creo que nuestros ancestros cazadores-recolectores tenían un patrón de residencia flexible y que las fronteras de grupo eran porosas.

Johnson: Como defiendes en tu último libro, “Las Madres y Otros”, los humanos evolucionaron como criadores cooperativos. Sin embargo, la mayor parte de los estudios psicológicos (y casi todos los libros de consejos para padres) asumen que la familia nuclear es una parte integral de la naturaleza humana. ¿Cómo influye esta suposición en el tipo de consejos que reciben los padres?

Hrdy con su bebé recién nacido, Katrinka. Imagen cortesía de Sarah Hrdy.

Hrdy: En la época en la que estaba acabando “Mother Nature”(Madre Naturaleza) me di cuenta de que simplemente no había ninguna forma por la que un simio con los rasgos de historia de vida observados en humanos pudiera haber evolucionado a no ser que nuestros ancestros hubieran sido criadores cooperativos. Con esto me refiero a una especie donde los alopadres, personas que no sean los padres, hubieran ayudado a cuidar y también a abastecer a los jóvenes. Esa es la mejor explicación para los rasgos de historias de vida que tenemos en los humanos, estos periodos muy largos de dependencia que los antropólogos que estudian a los cazadores-recolectores han documentado. En otros simios, una vez que los jóvenes se destetan son básicamente independientes nutricionalmente. Pero en los humanos las crías van a tener 18-20 años cuando lleguen a producir tantas calorías como las que consumen. Así que su dependencia dura mucho tiempo. El trabajo de Hillard Kaplan ha sido muy importante para mí. Él estima que se necesitan 13 millones de calorías para criar a un ser humano desde el nacimiento hasta la independencia nutricional y que esto es mucho más de lo que una mujer podría proveer por sí misma. Además, el trabajo de antropólogos como Kristen Hawkes y James O’Connell ha mostrado que se necesitaría más de lo que la madre y el padre podrían haber proporcionado.

Johnson: ¿Y quién estaba ayudando?

Hrdy: Ahí es dónde se están proponiendo diferentes énfasis, soy de la opinión de que es algo muy oportunista y que las madres recibían ayuda de donde se podía. Podía venir de las abuelas, como Kristen Hawkes ha subrayado, y de mujeres post-reproductivas. También podía venir de padres y hombres que podían ser los padres, de familiares patrilineales, familiares matrilineales, hermanos mayores, tías, tíos, e incluso a veces no familiares que resulta que están en el grupo y que se están ganando el sustento ayudando a criar a los jóvenes. Sería un surtido variado de ayudantes, aunque serían miembros del grupo muy familiares con el niño.

Johnson: ¿Cómo puede el pasado humano ayudarnos hoy a diseñar sistemas de crianza más compatibles que estén más orientados a las necesidades de los niños?

Hrdy: Lo que hemos aprendido de Bowlby, que ha sido tan importante para mí con la teoría del apego, es que los niños necesitan esta sensación de seguridad que viene de tener relaciones cercanas con gente a su alrededor. Pero donde me aparto de Bowlby es en asumir que la madre es la única figura de apego. Por supuesto, después, Bowlby se corrigió a sí mismo bajo la influencia de Mary Ainsworth, así que quiero reconocerle el mérito a Bowlby por haber cambiado sus puntos de vista a lo largo de su carrera. Pero, durante la mayor parte de ella, estuvo convencido de que la madre era más que la cuidadora primaria, ella era la que más importaba. Como consecuencia, muchos estudios de la teoría del apego se centraron en la relación del niño con su madre. Aún así, un puñado de estudios realmente vieron, observaron, que los niños con múltiples figuras de apego tienen mayor capacidad para integrar los puntos de vista de varias personas. El trabajo de Marinus von IJzendoorn y Avi Sagi-Schwartz ha sido especialmente importante para mí en este sentido. La toma de perspectiva es una de las principales diferencias entre los seres humanos y algunos de nuestros parientes simios más cercanos. No sabemos realmente si un niño que tiene, por ejemplo, igual cantidad de cuidado de una madre y una abuela o más cuidado de un padre no puede estar igual de seguro con esa persona que como con la madre. Sin embargo, predigo que lo haría.

Johnson: ¿Cómo afecta la suposición de la familia nuclear estándar a los tipos de enfoques que los seres humanos tienen hacia la crianza? Si, como dices, hemos evolucionado como criadores cooperativos?

Hrdy: No creo que pueda ser separado de las tradiciones patriarcales. Una mujer que vive en un escenario patrilocal está rodeada de la gente de su marido. Es una figura bastante aislada y su papel va a ser, en esencia, una máquina de criar para la línea paterna. No tendrá apoyo social dentro de la comunidad de su marido. De esa larga tradición emerge esta visión de la mujer como una criatura de entrega y dedicación total que se vuelve hacia sus hijos. Fui hacia atrás y leí algunas de las primeras visiones estereotipadas de la maternidad en Europa Occidental y todas ellas estaban fusionadas con nociones de caridad y de la entrega de la mujer como el modelo de lo que debería ser una mujer. Si te paras a pensar en esto te das cuenta de que todas son desde la perspectiva de la patrilinealidad y de la perspectiva del hombre. No tiene en cuenta la perspectiva de la mujer.

SEGUNDA PARTE DE LA ENTREVISTA:

Sarah Blaffer Hrdy sobre las lecciones evolutivas de la Maternidad

Tal como analicé en mi artículo: “Las mujeres y los niños primero”, Sarah Blaffer Hrdy ha enfrentado innumerables desafíos a lo largo de su carrera científica. Sin embargo, parte de lo que hace su trabajo tan innovador y emocionante de leer es como ella ha usado esos desafíos para obtener una perspectiva más profunda en el proceso de cambio evolutivo. Mientras que lo que solía ser asumido universalmente (y en algunos círculos todavía es) que los machos de muchas especies a menudo buscan múltiples parejas sexuales, la lógica evolutiva para las hembras fue amarrada a las ideas victorianas de la castidad femenina. Irónicamente, todo lo que les hizo falta a los biólogos fue prestar atención y documentar qué hacía en realidad la hembra de la especie para socavar un siglo de hipótesis científicas. El trabajo de Hrdy, comenzando con “La mujer que nunca evolucionó”, fue fundamental para un cambio de perspectiva que se ha producido durante los últimos treinta años.

El enfoque que su reciente trabajo ha tomado con “Las Madres y Otros: los orígenes evolutivos de la comprensión mutua” ofrece nada menos que una reorientación de lo que significa ser humano. Si, como propone Hrdy, somos una especie que ha prosperado como resultado de de crianza cooperativa , una estrategia de educación de los hijos en la que una red de personas ayuda a criar a un niño sano, desafía muchos de los supuestos individualistas en los que se basa la sociedad occidental, particularmente en los Estados Unidos. Cómo podemos cambiar nuestra sociedad para volver a enfatizar la comunidad será el proyecto con el que esta generación va a tener que lidiar. Afortunadamente, hay estudiosas como Hrdy para ofrecer su visión para que no nos sintamos solos mientras lo hacemos.

Eric Michael Johnson: Tomaste una decisión difícil, poco antes de recibir la oferta para escribir “Madre Naturaleza”, eligiendo un equilibrio vida-trabajo diferente del de la carrera de académicaestándar. ¿Cómo te influenció la primatología en tus decisiones mientras pensabas en la vida familiar y tener hijos?

Sarah Blaffer Hrdy: En 1986 presenté una propuesta a la Fundación Guggenheim para escribir un libro sobre la historia natural de la maternidad. Así que yo ya estaba pensando en eso. Tenía 41 años y fue también el año en el que mi tercer hijo, Niko, nació y, estoy segura que esto no le va a sorprender a Eric, pero el libro sobre la historia natural de la maternidad no se escribió en ese año. Escribí un artículo sobre la delegación de la atención materna, el artículo sobre las nodrizas, pero ni siquiera me acerqué a conseguir tener el libro escrito. Tenía tres hijos y después mi hermano y mi madre murieron un año después del otro. Como mi madre se estaba muriendo estaba muy dividida entre las necesidades de mis hijos y mi trabajo en California. Yo estaba muy unida a ella y ella me necesitaba en Texas. Comencé a sufrir todas estas enfermedades psicosomáticas, tales como dolor de espalda y cuello, migrañas. No estaba funcionando para mí. Además de que siempre había querido ser escritora, como usted, creo.

Johnson: Sí.

Hrdy: El equilibrio de mi vida no estaba bien. Por otra parte, el estado de mi campo era tal que la enseñanza en un departamento de antropología no me traía mucha satisfacción. Es muy difícil hablar de ello y decir la verdad, porque había muchos ángulos diferentes. Pero, básicamente, escribí una propuesta de libro, lo presenté a los editores, hubo una subasta, el libro fue vendido, y de inmediato renuncié a la universidad. Me ofrecieron tomar el estado de Profesora Emérita, que me pareció una oferta atractiva. No viene con ninguna pensión o beneficios médicos, pero como mi trabajo había sido tan controvertido, fue una manera para mí de dejarlo con dignidad. Así que eso es lo que hice. Eso era 1996 y los siguientes tres años no hice nada, excepto escribir y atender a mi familia (y, como ya sabes, sólo porque ya no sean bebés no significa que no necesiten mucha atención).

Johnson: Conozco eso bastante bien. Mencionabas antes la importancia del apego en el desarrollo del niño. ¿Cómo ves ese papel hoy?

Hrdy: ¿Recuerdas aquel terrible caso de Andrea Yates, la madre a la que se dejó sola cuando ya estaba sufriendo depresión postparto? Puede que incluso ella hubiera estado sufriendo condiciones mentales peores que esa. Creo que tenía 5 hijos de menos de 8 años. Un día pierde completamente la cabeza y mata a sus hijos en Texas y fue a prisión. Laatención se centró enlo horrible queeraesto, y, por supuesto que lo era. Pero no hubo un mayor cuestionamiento. ¿Qué estaba haciendo esta madre,que sufría abusos psicológicos que ya habían sido identificados, a solas con cinco hijos y sin apoyo social o institucional de cualquier tipo?

Hrdy en la portada de la revista Boston Globe Sunday.

Creo que está volviendo en círculos sociológicamente informados el hecho de reconocer en nuestra especie lo mucho que necesitan las madres el apoyo social. Pero ciertamente no es generalmente reconocido a nivel, por ejemplo, de los políticos que aún están por ahí hablando de que saben que los niños son más saludables cuando son criados con una madre que está casada con su padre. Tenemos poderosas prescripciones sociales sobre esto sin ningún dato que lo respalde. Decir que una mujer casada con hijos en realidad está mejor que una madre soltera con una sola persona que se ocupe de los niños, así, eso es obvio. Pero no sabemos, por ejemplo, que los niños están mejor de lo que estarían si estuvieran en una familia con una madre y un padre y una abuela y sobrinos en la familia, o si estarían en mejor situación con una abuela, una tía, y una madre. En realidad, no lo sabemos porque esos no son los tipos de estudios que hemos hecho. Todos los estudios han examinado casado versus no casado o familia nuclear versus madre soltera.

Tenemos que hacer mucho más antes de que podamos hacer este tipo de afirmaciones. Los jueces toman decisiones acerca de si los niños pueden estar en una escuela en particular o sobre quién puede tener la custodia de los niños en función de la hipótesis de que los niños están mejor en ciertos tipos de configuraciones familiares. Pero hay tan poca ciencia en realidad informando en estos pronunciamientos. Los historiadores de la familia y muchos trabajadores sociales han sentido durante mucho tiempo que los niños realmente les va mejor en familias extensas. Así que estoy bastante complacida de notar, ya que estamos saliendo de esta terrible recesión y el colapso del mercado de la vivienda, que una de las pocas áreas brillantes del mercado de la vivienda son las casas y pisos multifamiliares que se están construyendo. En realidad, hay habitaciones especiales para que los suegros o abuelos puedan vivir con las familias nucleares. Creo que parte de la razón de esto es, por supuesto, financiera, ya que las personas están luchando para pagar su alquiler o hipoteca. Pero también creo que hay un reconocimiento de que estas personas adicionales están jugando un papel muy importante en la prestación de la clase de ambiente acogedor que nuestros hijos necesitan. Me alegro de verlo.

Johnson: ¿Hay otras sociedades que hayan reconocido esto?

Hrdy: De hecho, sí. Por ejemplo, en países como México tienen todavía tradiciones intactas de familias extensas. Sin embargo, como nosotros, y por las mismas razones, se están apartando de eso. Es realmente una lástima. Pero nuestro entorno económico está configurado para que la gente se mueva donde pueda obtener puestos de trabajo y nuestras configuraciones de vivienda no están diseñados para vivir con familiares o en estrecho contacto con otros miembros de la familia. Parece que tenemos una mayor preocupación por la privacidad y la posesión de casas individuales rodeadas por sus propios patios. Todo esto realmente no conduce a lo que necesitan los niños.

Johnson: ¿Qué ocurre?

Hrdy: Bueno, por una parte, gran cantidad de abusos y negligencia infantil. Está probablemente aumentando, pero cuando digo aumentando tienes que prestar atención a lo que yo tomo como punto de partida. Si empiezas desde los tiempos medievales, creo que los niños son tratados mucho mejor hoy en día. No los envolvemos y los colgamos de una puerta mientras las madres y otros miembros de la familia se van a los campos a trabajar, no los colgamos para que no se caigan al fuego o sean comidos por los cerdos. Afortunadamente no vemos el nivel de abandono que hubo, por ejemplo, Francia del siglo 18 que describo en la Madre Naturaleza donde los bebés eran enviados a las nodrizas en el campo y luego (si contra todo pronóstico sobrevivían) eran arrebatados y devueltos a una madre que apenas conocían. En comparación con las fases anteriores de la civilización occidental los niños están mejor hoy. Pero no en comparación con nuestros antepasados ​​del Pleistoceno. Las tasas de supervivencia infantil son exponencialmente más altas hoy. Eso es verdad. Pero los niños que sobrevivían en ese entonces estaban en realidad mucho mejor en términos de la clase de ambiente enriquecedor que experimentaron. Las tasas de mortalidad infantil eran altas, pero no había abuso o abandono emocional. Un niño que ha experimentado el tipo de abandono emocional que se necesita para producir la psicopatología de apego inseguro, del tipo mostrado en Bowlby y el trabajo de Harlow, simplemente no habría sobrevivido. Los padres y otros miembros del grupo eran muy sensibles a cualquier cosa que pudiera poner en peligro la supervivencia de un niño.

Si nos fijamos en los relatos etnográficos a nivel de banda de cazadores-recolectores de África o Melanesia -aunque no estoy segura de que pueda decir esto para América del Sur- lo que salta a la vista es la indulgencia hacia los niños. El abuso infantil no habría sido tolerado. Otros miembros del grupo habrían intervenido, los responsables socialmente condenados al ostracismo, posiblemente incluso expulsados del grupo si perjudicaban a un niño. No era aceptable. No tenemos esta misma sensibilidad hoy por una serie de razones. Creo que hoy tenemos una epidemia de abandono emocional de los niños, que es completamente no reconocida

Johnson: ¿Por qué crees que la crianza cooperativa desapareció de la estrategia parental?

Hrdy: Creo que lo que desapareció fue la flexibilidad en el lugar de residencia para las mujeres. Creo que cuando los grupos de cazadores-recolectores se hicieron más grandes y gente más compleja tuvo que comenzar la defensa de los territorios más comprimidos donde se ganaban la vida. Este fue ciertamente el caso con la revolución neolítica y la invención de la agricultura. Con el tiempo, a medida que se construían las poblaciones, a medida que la propiedad se convirtió en algo mucho más importante – y también se convirtió en importante defender la propiedad – ahí es cuando las fronteras se volvieron menos porosas y los hombres se quedaron juntos. Para defender áreas fijas tenía sentido quedarse cerca de los hermanos y los padres. Las alianzas de parientes varones se convirtieron en mucho más importantes. Entonces creo que pasaron dos cosas: Las mujeres se movían entre los grupos a los lugares donde ellas no tenían familiares matrilineales y los hombres se quedaban donde estaban, lo que cambiaba el equilibrio de poder en todo tipo de relaciones familiares. Pero también había límites de los grupos que ya no eran tan porosos como lo habían sido. Esto significaba que una mujer no podía simplemente coger sus hijos y dejar de estar cerca de sus parientes si ella no estaba siendo bien tratada. Creo que esa fue la primera gran transición, las mujeres perdieron la autonomía sobre sus propios activos de crianza. Y, por supuesto, con la patrilocalidad y la influencia de la descendencia patrilineal, se empieza a tener un problema con la castidad femenina por lo que realmente importa si una mujer “se va por su cuenta”. No sólo pierden las mujeres sino que los niños también tienen que encajar el golpe.

Johnson: ¿De qué manera se llevó esto a cabo? ¿Cuál fue el efecto en las mujeres y los niños?

Hrdy: Ten en cuenta las costumbres de las sociedades muy patriarcales, como la práctica del suttee en algunas partes de la India, donde después de que el marido muere la viuda tiene que arrojarse a la pira funeraria y quemarse viva. Esto protege los intereses patrilineales y la viuda no puede volver a casarse y confundir líneas familiares o reclamos de propiedad, o deshonrar a la línea paterna por conducta sexual inapropiada. Pero esto es sólo una manera de verlo. Si lo miras desde el punto de vista de los niños se ve la forma en que se ven privados de estas alomadres críticamente importantes, sus tías abuelas y abuelas y a veces incluso a sus madres. Eso es sólo un ejemplo; por supuesto, hay muchos otros. Sabemos por la maravillosa obra de Donna Leonetti comparando grupos geográficamente próximos, uno patrilineal en Bengala, y uno matrilineal en Assam, donde ponen prioridades muy diferentes sobre el bienestar del niño. En las sociedades donde las mujeres tienen más voz y capacidad de compra, las mujeres tienden a estar mejor. Mientras las ideologías patriarcales promueven la fertilidad, socavan el bienestar del niño. En la historia reciente esto se ha atado a otras tradiciones como que a la mujer se la considere responsable de todo lo que les sucede a sus hijos. Si algo sale mal, culpa a la madre. Tenemos que repensar eso. Si evolucionamos como criadores cooperativos, cuando las cosas van mal hay que decir que la culpa es de una comunidad más grande antes que de sólo la madre.

Johnson: ¿Cómo influyó tu investigación en primates en tus propias decisiones de crianza?

Hrdy: Como primatóloga estaba familiarizada con las madres chimpancé que llevaban a sus bebés por todas partes. Estaba preadaptada a sentirme impresionada por la teoría del apego. Para mí John Bowlby ha hecho los mayores aportes al bienestar humano que cualquier otro investigador de la evolución con el reconocimiento y la validación de las necesidades de los bebés humanos para sentirse seguros. Así, cuando Katrinka nació en 1977 me sentí como toda buena madre Gran Simia (leer chimpancé!). Necesitaba estar en contacto continuo con mi bebé y responder inmediatamente a ella, si ella lloraba o señalaba alguna necesidad, asegurándome que ella se sentiría segura. Estaba absolutamente convencida de que esto produciría una niña más segura e independiente, nos ahorraría un montón de problemas más adelante. Esto estaba en marcado contraste con la forma en que yo me crié. Las mujeres educadas en la generación de mi madre pensaban que si respondías a un bebé que llora estabas condicionándole a que el bebé llorase más y fuera más exigente. Por supuesto, hoy en día sabemos que lo que sucede es lo opuesto. Cuanto más seguro se encuentra un bebé, permiten tener más libertad a los que les rodean. Quieres responder a un bebé de inmediato y yo lo comprendí. Bowlby estuvo muy influenciado por la primatología y yo estaba influenciada por Bowlby, así que en esencia este evolucionista amablemente victoriano estaba justo ahí conmigo en el cuarto de los niños.

El antiguo profesor de Hrdy, Robert Trivers, proporcionando apoyo aloparental a Katrinka. Imagen cortesía de Sarah Hrdy.

Adoraba a mi bebé. Sin embargo, como una mujer que giraba su vida alrededor de este pequeño vehículo genético (esto no sé traducirlo; habla de un bebé como receptáculo/vehículo que “transporta” tus genes), me sorprendió lo ambivalente que me sentía. Siempre he sentido que mis embarazos fueron de una duración estándar y mis respuestas sexuales parecían ser como la media, así que no había razón para pensar que mis reacciones a la maternidad eran anormales. Me imaginé que tenía que entender la ambivalencia maternal mucho mejor de lo que lo hacía e hice de eso una prioridad de investigación. El libro resultante, Mother Nature, es realmente sobre amor maternal e ambivalencia. Me di cuenta que la ambivalencia humana maternal es completamente natural. Si, en lugar de evolucionar como chimpancés donde las madres se vuelcan en una dedicación total, de una forma unidireccional hacia sus hijos, hubiéramos evolucionado como criadores cooperativos, tenía sentido que sintiera la necesidad de más apoyo social y más ayuda criando a estos niños que una mujer americana viviendo en Cambridge en los años 1970s pudiera conseguir como postdoctoral. Esto me hizo repensar cómo las emociones maternales y las necesidades infantiles están actuando en nuestra propia especie. En la época en la que nació mi tercer hijo, sentí que tenía a mis patitos en fila. Entendí que mis hijos necesitaban mucho más y también entendí lo que su madre necesitaba. Necesitaba a otros a mi alrededor para ayudarme a proveer la seguridad emocional que estos niños necesitaban.

Johnson: Cuando reflexionas sobre la serie de niñeras que te criaron, ¿cómo te sientes acerca de ello con todo lo que sabes ahora?

Hrdy: En realidad estoy muy interesada en saber más. Acabo de escribir a la hermana menor de mi padre para preguntarle quién me cuidaba cuando yo era un bebé porque yo no lo sé y no hay nadie más vivo que realmente lo sabe. No tengo recuerdos de la infancia y tengo una colega muy respetada, Mary Main en Berkeley que estudia entrevistas de apego adulto y cómo la forma en que recordamos nuestra propia experiencia de crianza afecta la manera en que criamos. Estos resultan ser poderosamente predictivos. Es un área muy controvertida, pero estoy convencida de que, a pesar de que algunas de las cosas de las que hablan son difíciles de medir, son muy importantes.

Quiero saber mucho más acerca de mi infancia y simplemente no lo sé. Tengo la sensación de que otros de mi generación y de mi clase social están en el mismo barco. Cuando mi hermano murió a la edad de 30 años, mi hermana menor me dio su libro de bebé. Me quedé sorprendida por la cantidad de información detallada que había en él. Tuve la sensación de que yo sabía quién había estado cuidando de él y no era el tipo de personas que estarían guardando un libro del bebé. Pero entonces miré más de cerca y me di cuenta de que era mi letra. Yo guardé todas estas notas detalladas sobre el desarrollo de mi hermano, pero no tengo ningún recuerdo de cuidar de él. Encuentro a las personas sin recuerdos de la infancia realmente fascinantes y yo estoy entre ellas.

Johnson: No entiendo. ¿Por qué las personas no tienen recuerdos de la infancia? ¿Es un tema de apego, quizás?

Hrdy: supongo. Perdóname, pero ¿cuál es tu primer recuerdo?

Johnson: Mi primer recuerdo es cuando tenía dos años de edad, más o menos, y estaba mirándome en un espejo a mí mismo.

Hrdy: Wow, eso es metafórico. Eso es maravilloso, Eric. ¿Estabas tratando de decidir si tenías teoría de la mente? [Risas]

Johnson: Solamente recuerdo encontrarlo fascinante.

Hrdy: Me parece que tu recuerdo de infancia es realmente fascinante. Los dos años de edad están más allá de mi comprensión.

Johnson: También recuerdo estar sentado en el regazo de mi padre, alrededor de los dos años de edad, viendo la película de Star Wars. Fue la primera película que mis padres me llevaron a ver.

Hrdy: Oh, Dios mío, Katrinka fue a ver Star Wars. Esa fue probablemente la primera película que fue a ver, voy a tener que preguntarle si ella lo recuerda. Bueno, eso es increíble. Gracias.

Johnson: Muchas gracias por hablar conmigo. Me gustó mucho escuchar tu punto de vista y lo que hizo que seas la investigadora y la persona que eres hoy. Fue un gran placer.

Hrdy: Quizás algún día daremos la vuelta a la mesa, pero te preguntaré primero. Dos años de edad, mirando en un espejo. ¿Quién soy yo? ¿De dónde vengo? Eso es bueno. Espero que incluyas eso en tu blog algún día para que pueda citarlo. Me encanta.

Johnson: Bueno, claro. Lo haré.

Sobre el autor: Eric Michael Johnson tiene un grado en Antropología Evolutiva especializado en ecología del comportamiento del gran simio. Actualmente es estudiante de doctorado en historia de la ciencia en la Universidad British Columbia en el que observa la interrelación entre la biología evolutiva y la política.