Experiencias de Higiene Natural del Bebé con un niño de 15 meses

Hace dos días que mi hijo cumplió 15 meses y quiero empezar la crónica mensual con algunas cosas curiosas que pasaron el mes pasado.

Hace unas semanas, al volver de dar el taller de danza oriental en la asociación “Enmadradas Coslada”, le pregunté si quería hacer pis antes de entrar en la Renfe poniéndole en un arbolito de la calle. Como tenía ganas, lo hizo.  Pero, después, me di cuenta de que podríamos haber hecho una “parada técnica” en Atocha, ya que, a medida que llegábamos a nuestra estación, se puso cada vez más nervioso. Yo pensé que lo que le pasaba era que estaba harto de estar en el metro pero, de repente, justo al salir al andén, se hizo pis encima y, como no llevaba cobertor impermeable, caló en el pantalón y lo noté. Ahora hace calor, así que no me preocupó demasiado, le puse en la bandolera y en casa ya le cambié de ropa.

Ese mismo día ocurrió algo diferente a lo habitual. A la hora de comer, de un momento para otro y sentado en la trona, empezó a hacer fuerza y a empujar. No lo suele hacer fuera del orinal así que esa fue la primera palabra que me vino a la mente: ¡El orinal! Lo traje y fue sentarle y hacer caca. Nos reímos bastante, la verdad.

Ayer, ya con 15 meses, volvió a ocurrir pero me avisó con mucha claridad. Estábamos en una terraza con un amigo y, de pronto, se puso como mimoso y quejoso, pidiendo que le cogiera en brazos (estaba jugando de pie entre las sillas). Quizás en otra época lo hubiese interpretado de otra forma, pero ahora me resultaba obvio que quería hacer pis o caca, más bien esto último por su cara de agobio. Intuía que tenía muy poco tiempo para encontrar un sito. Además, iba en calzoncillos así que el numerito podía ser bueno, jajaja… Rauda y veloz cogí unas servilletas con una mano y me lo llevé a un árbol. Hizo pis y caca, le limpié y tiré lo que pude con las servilletas en una papelera cercana. Pero, ¿dónde están las bolsas de plástico cuando se las necesita? Ahora siempre llevo una en el bolso, por si acaso.

La verdad es que, como nunca hace caca fuera de casa, me pilló muy desprevenida. Tendría que haber ido al baño del restaurante, cosa que hice después para limpiarle mejor y lavarme las manos, pero la inexperiencia tiene estas cosas… La próxima vez iré más preparada, tanto para limpiarle a él como para dejarlo todo como lo encontramos. No es plan de criticar a los dueños de los perros que dejan excrementos por toda la ciudad y después yo hacer lo mismo con un bebé. ¡Ay!

Supongo que es sólo una anécdota que viene a ilustrar que cada vez avisa más, aunque no hable, y que su cuerpo ha cambiado y es él el que va tomando la iniciativa cuando siente las ganas. De hecho, muchas mañanas ya no le gusta sentarse tranquilito en el orinal y simplemente hay que estar pendiente de si se pone a empujar o a avisar en algún momento imprevisible del día. Esto lo veo como algo positivo, ya que se trata de que algún día no tenga que ser yo la que le recuerde que tiene que ir al servicio.

Durante este mes he visto como sus músculos se han ido haciendo más fuertes y esto le ha dado mayor control sobre su cuerpo. Sigue gateando y, aunque todavía no anda sin mi ayuda, se queda de pie sin apoyos cada vez más y camina todo el día por las paredes y muebles que va encontrando en su camino. Veo como queda atrás una etapa y, aunque suene cursi me gusta pensar que dentro de poco estaré corriendo detrás de él. ¡Qué ganas! Sí, ya sé que será cansado pero dejadme que me flipe un poco…

Como vi que mojábamos muy pocos pañales (le llevaba sólo con el absorvente sin el cobertor impermeable), hace tres semanas me decidí a comprar unos calzoncillos y probar a ver qué tal. Me costó encontrar de su talla pero al final vi que existen unas “braguitas” que la gente usa para ponerlas por encima del pañal. Le compré la talla de 12 meses porque pensé que al usarlo sin pañal darían más talla. ¡Y qué maravilla! Me encanta verle tan fresquito. Ahora hemos comprado más calzoncillos, unos muy graciosos en una mercería de toda la vida del barrio, parecidos a los slip de abuelo, pero para niños de dos años y, aunque le quedan un poco grandes, son cómodos, mucho más cómodos que un pañal.

Ha habido días en los que hemos mojado varios calzoncillos y pantalones pero son más los días en los que puede estar todo el día con el mismo. Por si acaso, en el carrito he puesto un impermeable y encima una toalla. En el Meitai obviamente no he puesto nada pero todavía no ha habido “accidentes”. ¿Será que la posición vertical le permite más control?

Me he dado cuenta de que algunos días en los que se hace mucho pis encima es porque está con los dientes (babeando mucho, tocándose la encía), pero la mayor parte del tiempo, sobre todo si estamos fuera de casa y le voy poniendo en arbolitos, puedo mantenerle seco. No siempre es así, claro. El otro día fuimos a la piscina y, aunque me llevé el “taper-orinal”, se negó a hacerlo allí e hizo pis desnudo varias veces en el suelo. ¡Glups!

Por la noche hemos pasado una época en la que hemos usado pañales de usar y tirar y le hemos tenido que cambiar una o dos veces en mitad de la noche. Sí, lo que parecía hace tiempo algo temporal terminó siendo una especie de crisis con los pañales de tela nocturnos, con la vana esperanza de que durmiera mejor. Como podéis ver, los experimentos han seguido aunque no funcionaran, ya que los despertares han sido los mismos que con los de tela.  Y es que a veces nos cuesta entender que quizás no haya nada que podamos hacer, simplemente hay que esperar a que madure su sueño, que no necesite beber tando por la noche, tiempo…

Pero, animados por el tema de los calzoncillos y de que finalmente nuestro hijo va SIN PAÑALES por el día (y lo digo sin comillas en el “sin”, jejeje) , nos hemos lanzado a poner dos toallas encima del protector impermeable del colchón y ponerle a dormir sin nada o con el absorvente del pañal de tela. Así, algo retiene si se hace pis pero no tiene que llevar el impermeable con el calorazo que tenemos. ¡Y nos va bien! Todavía recuerdo cuando intentamos hace unos meses algo parecido y fue un desastre total…

Pareciera como si abandonar los pañales y poner calzoncillos hubiera marcado la diferencia. ¿Se los pusimos porque se mantenía seco? ¿O se mantiene seco porque usamos calzoncillos? ¿Qué fue primero? ¿El huevo o la gallina?

Termino la crónica con esta conversación que tuve el otro día en el parque con una bisabuela de 93 años. Me vio ponerle a hacer pis en un arbolillo y se puso a hablar conmigo:

– ¿Le pones a hacer pis? Yo tengo un bisnieto de dos años y medio que no quiere hacerlo. Le ponen calzoncillo, se moja y después pide el pañal. Se lo quieren quitar porque va a empezar el cole. Se hace pis encima y la madre le dice: “pues ahora te quedas mojado a ver si aprendes”…

– Sí, le pongo desde las 8 semanas. Con dos años y medio es más difícil… Pobre, primero le “enseñan” a que se lo haga encima durante toda su vida y de repente quieren que haga lo contrario de un día para otro. Es cruel eso de dejarle mojado, ¿no? ¿Usted también ponía a hacer pis a sus hijos desde pequeñitos?

– Sí, yo tuve tres. Somos de un pueblo de Ávila. Les ponía cuando les cambiaba el pañal. Bueno, pañal… Eran trozos de tela, los hacíamos con sábanas o con lo que pilláramos.

– ¿Y desde que edad les ponías a hacer pis?

– Pues desde los tres o cuatro meses.

– ¿Y les ponías también para las cacas?

– No, no tenía tiempo. Tenía que cuidar también de los animales, trabajar en el campo… Pero cuando se mojaban y les cambiaba, les ponía a hacer el pis.

– ¿Usábais también pantalones con agujero entre las piernas?

– Bueno, se lo hacía yo, un agujero para que sacaran la colilla, cuando ya andaban.

¡Qué punto encontrarse con la memoria viva de la crianza! ¿No os parece?

Experiencias de Higiene Natural del Bebé con un niño de 14 meses

(Este fue el primer video que vimos sobre “Comunicación de la eliminación” y el que nos animó a probarlo con 8 semanas)

Mi hijo ya tiene 14 meses y medio, ha hecho calorcito, estoy de excedencia, no hay que madrugar, vamos al parque todos los días… ¿Se puede pedir más? ¡Sí! Una noche de dormir del tirón no estaría nada mal, pero como sé que todavía no nos toca hay que llevarlo lo mejor que se pueda, con paciencia y buen humor.

El mes pasado ha sido fino con el tema del sueño. Le salieron cuatro dientes a la vez, dos de ellos muelas, y después empezamos con los mocos. Yo empecé con la alergia y, como tampoco quiero tomar antihistamínicos con la lactancia, las noches han sido especialmente difíciles, ronquido va, ronquido viene, moco va, moco viene, llanto, despertares…

Durante esta fase difícil volvimos a probar con el colecho, propusimos al papá que se fuera al salón (¡y él encantado, claro!) y Félix durmió conmigo en la cama para no tener que levantarme todo el tiempo a calmarle. Antes lo habíamos intentado los tres juntos en una cama de 1,35 y no funcionó nada bien. Esta vez, nos fue algo mejor, él se despertaba un poco y yo le “enchufaba” la teta sin tener que levantarme. Sin embargo, las toses se fueron y me daba la sensación de que se despertaba mucho más que cuando duermía en la cuna, así que volvimos a dormir así.

Por supuesto, lo de ponerle a hacer pis en sesión nocturna lo abandonamos hasta que pasó la racha de narices taponadas y muelas. Y, ¡horror! volvimos a utilizar pañales de usar y tirar por las noches. No me gustan ni para el medio ambiente ni para el bebé, pero intentar no desvelarnos era prioritario para mi salud mental y olvidarme totalmente de los pañales nos facilitaba dormir algo mejor. Al final, era un poco psicológico, ya que terminábamos cambiándole igual que con los de tela si veíamos que en mitad de la noche se había hecho pis…

No cantemos victoria pero parece que volvemos a uno o dos despertares y estos sí los puedo manejar. Eso sí, en agosto vamos a volver al famoso “método padre”, en el que es el papá el que se encarga de calmar al bebé en primera instancia. Mientras, iremos apañándonos entre los dos como podamos, probando cosas nuevas para descansar y sin lágrimas para ninguno de los tres. ¡Yo he llegado a llorar de sueño y cansancio!

Este último mes han pasado cosas muy bonitas respecto a la HNB. Por ejemplo, después de un período de poca sintonía en cuanto a saber cuándo necesitaba hacer pis y caca, de repente, durante un fin de semana en el que pasó mucho tiempo con el papá, les fue fenomenal. Cada vez que él le preguntaba a Félix si quería hacer pis y hacía la intención de ir a bajarle los pantalones, éste “contestaba” claramente. Si colaboraba, era que sí quería. Si por el contrario se ponía como un palo, era que no y ni siquiera lo intentaba. Decició confiar en él y, efectivamente, Félix no mojó ningún pañal y sólo hacía pis cuando se lo quitábamos. Yo ya había notado esos cambios gradualmente pero supongo que él, al convivir con él menos horas cada día, le sorprendió mucho más.

Antes de todo eso, hubo dos días seguidos que se hizo caca encima. Los dos días a la misma hora, al poco tiempo de levantarse. Normalmente coincidía con mi ducha diaria y como no era nada habitual, no pensé que tenía que ponerle en el orinal más tiempo después de que hiciera pis. Al tercer día, algo más avispada, le senté en el orinal a jugar justo después de levantarse y ya hizo su caca “mañanera” a gusto. Desde entonces y hasta que diga lo contrario, lo hago siempre así. Se lo pasa muy bien señalando los dibujos del libro o señalando la ventana, hablando en su idioma particular… Yo le pregunto “¿ya has hecho la caca?” o  “¿nos vamos a lavar el culete?” y siempre se enfada cuando intento levantarle del orinal para llevármelo al bidé. Aunque ya sepa que ha terminado como se lo está pasando tan bien le dejo un rato más y lo vuelvo a intentar unos minutos más tarde. A veces, quizás simplemente me quiere decir que no ha acabado todavía y que necesita tiempo.

Durante todos estos meses he visto varios cambios muy significativos en él. El primero sobre los 5 meses, cuando me di cuenta de que hacía menos pises al día pero más abundantes. Además, vi que el tiempo entre uno y otro era más largo (creo que unos 30 minutos, más o menos). El segundo gran cambio fue sobre los 8-9 meses, cuando “despertó” al mundo y quería tocarlo todo: el papel del w.c., tirar de la cadena, tenía que tener algo en las manos y jugar o se aburría… Y el tercer cambio ha sido ahora, con 13-14 meses, cuando realmente noto que puede estar hasta una hora o así sin hacer pis por las tardes, si está entretenido o jugando en el parque. Algo que nunca había ocurrido y pensé que nunca lo vería. He notado que es mucho más fácil para mí mantenerle seco y comunicarme con él si estamos fuera de casa, por eso, el buen tiempo está de nuestra parte.

Por el día no es raro que solamente mojemos uno o dos absorventes (la parte de algodon que va dentro de los pañales de tela), casi como si fuera ropa interior. ¡Esto sí que es realmente un uso ecológico de los pañales! Ahora no le pongo cobertor, solo le pongo el absorvente de algodón y, si cala, llevo un par de pantaloncitos en el bolso y se lo cambio. Así él va tan fresco y si se moja lo veo inmediatamente. Por supuesto, también hay días en los que mojamos cuatro o cinco pañales (o absorventes y pantalones). Todo depende de mi disposición a ponerle en el orinal, pero también de si está malito, está con los dientes, por ejemplo. Por las noches, en las siestas o si voy a un sitio en el que no quiero que haya “accidentes” sigo poniéndole cobertor impermeable.

Ahora todo es muy manejable. Un día cualquiera puede transcurrir así:  le pongo por la mañana al despertar y antes de salir de casa, nos vamos hacia el parque y nada más llegar le ofrezco la posibilidad de hacerlo en un arbolito, le dejo con el absorvente a modo de calzoncillo mientras estamos allí. Normalmente no lo moja pero si lo hace, le cambio el absorvente y el pantalón y a seguir jugando. Como siempre digo: un rato sin pañal es un regalo de libertad. Al irnos del parque le suelo preguntar otra vez pero normalmente estira las piernas y dice que no. Nos vamos a casa y al llegar o bien lo intento otra vez o bien le pongo un pañal con cobertor impermeable y hago lo que tenga que hacer en ese momento. Normalmente es en ese momento cuando se lo hace encima, ya que yo estoy o cocinando o liada con algo. Si no, otro momento típico es mientras está en la trona comiendo o justo después de la siesta. Debe ser que se despierta y antes de llamarme o hacer ningún ruido, hace pis, y claro, ni me entero. Las tardes suelen ser todavía más fáciles y por las noches, le ponemos pañal y si estamos descansados, le ponemos en mitad de la noche una vez, y si no, cambiamos pañal y y a dormir.

¡Qué maravilla! Ahora es cuando empiezas a ver que la dedicación da sus pequeños frutos. Siempre pienso que la Higiene Natural del Bebé no acelera el proceso de aprendizaje del control de esfínteres pero lo que sí que hace es no ralentizarlo de forma artificial con el uso de pañales 24h/365 días al año. Es decir, cada bebé se desarrolla a su propio ritmo, como cuando aprenden a andar o a hablar, tan sólo hay que dejarles espacio para que puedan experimentar con sus movimientos y hablarles, para que aprendan nuestro idioma.

Por cierto, no sé si tendrá relación o no, pero el gran cambio que he notado en mi hijo en la HNB ha sido paralelo a su capacidad para mantenerse de pie y aprender a caminar. Es tan sólo una hipótesis pero quizás sean procesos que vayan en paralelo. No sería de extrañar que los niños que caminan antes, ejerciten y tengan más tono en sus músculos y esfínteres. Sería una explicación a por qué otras familias, según he leído en sus blogs, llegaron a tener días sin pañales mojados bastante antes que nosotros.

Mi hijo permanece seco con mi ayuda, no sabe pedirlo con palabras, no sabe quitarse el pantalón ni subirse al orinal solito. Es decir, no ha aprendido a usar el orinal según los cánones occidentales actuales. Pero sí sabe para qué sirve el w.c. y ha visto que el pis y la caca se suelen hacer fuera del pañal, aunque no lo haga siempre allí.

Y este tema me lleva a reflexionar sobre el actual paradigma sobre el aprendizaje de control de esfínteres que impera en la actualidad. Se dice “hay que respetar sus ritmos” o “hay que esperar a que el niño muestre alguna señal o interés en el orinal” como explicación para no empezar la toma de conciencia corporal hasta los dos o tres años, o incluso más tarde. Pero, ¿y si esos ritmos ya existen desde que nacen y los tapamos con un pañal? ¿Y si un proceso que podría ser consciente lo volvemos totalmente inconsciente con pañales desechables que buscan que el bebé no note nada, o con pañales de tela que el bebé moja sin parar? ¿Y si el bebé ya emite señales desde el nacimiento y no sabemos interpretarlas? ¿Y si tu hijo no nace sabiendo aguantar pero sí sabe relajar y soltar el pis a voluntad?

Este paradigma fue instaurado por el Dr. Brazelton durante los años 60, un pediatra muy respetuoso con los bebés en otros aspectos, pero que en este tema creo que se ha limitado a dar un gran empujón a las empresas de pañales. Aquí le podéis ver anunciando la talla más grande de Pampers (“Dodot” en España) y animando a los padres a no tener prisa con este tema:

Después de la publiación de su estudio, en EEUU la media de edad a la que los niños saben usar el orinal ha pasado desde los 18 meses a los 3 años, para regocizo de las empresas de pañales, y la Asociación Nacional de Pediatría de ese país, ha adoptado el “Brazelton approach” como su postura inequívoca sobre el tema. Teniendo en cuenta que en el resto del mundo, donde “casualmente” no existen pañales de usar y tirar, los niños aprenden mucho antes de los 3 años, sin presiones ni métodos agresivos ni autoritarios, ¿no va siendo hora de replantearse el paradigma oficial?

Empezar pronto no es sinónimo de presión o coerción. Se puede utilizar un método demasiado agresivo con un niño de un mes o con uno de tres años, no es la edad sino la forma de hacerlo, lo que marca la diferencia. De hecho, yo creo que si has acostumbrado a tu hijo a hacérselo en el pañal no es justo que le exijas que lo haga fuera de él de un día para otro. Por eso pienso que lo más respetuoso es hacerlo progresivamente desde el nacimiento o desde que los bebés son muy pequeños, de forma relajada para padres y niños y adaptada a la forma de vida de cada familia.

Pañales de tela para comunicarnos con nuestros bebés (2ª parte)

Se puede practicar “comunicación de la evacuación” (C.E.) con pañales de usar y tirar, de hecho, nosotros empezamos así hasta que a los dos meses empezamos a introducir los de tela, poco a poco. Yo tenía la intención desde el embarazo de utilizar pañales lavables por motivos medioambientales pero no logramos independizarnos de los desechables hasta un mes más tarde, ya que no teníamos suficientes para el día completo. Primero empezamos por el día con los pañales Estrella de Tucuxí con cobertor y después nos animamos a utilizar los pañales Manta Todo en Uno para las noches.

¿Por qué es mejor utilizar pañales de tela si practicas C.E.? Porque el bebé nota que cuando se hace pis, se moja. Ya sé que se supone, según nos han hecho creer las marcas comerciales de desechables, que el bebé debe sentirse seco aunque se mee 10 veces en el mismo pañal, pero es que de esa forma el bebé pierde la conciencia corporal. Es importante que tenga esas dos sensaciones, hacer pis o caca y mojarse, y las sienta como una relación de causa-efecto. Por supuesto, en cuanto sepamos que el pañal está mojado hay que cambiarlo inmediatamente, ya no sólo para que no se irrite, sino para que no se acostumbre y crea que eso es lo normal.