La estrategia es que no hay estrategia

Es obvio ya para muchas personas que el ser humano va camino de su extinción o, al menos, su existencia se verá condicionada por vivir en condiciones cada vez peores: guerra, violencia, explotación, contaminación de las aguas y del aire, hambre o comida basura, adoctrinamiento, mentira y falta de libertades, deshumanización de todos los procesos fisiológicos… Muere el animal humano y muere el humano que trasciende al animal.

¿Es posible salir de este círculo vicioso? Si pensamos que no, tenemos grandes razones de peso para apoyarnos. No existe ningún grupo organizado que pueda hacer frente a todos los males que nos acechan: ni en partidos políticos, ni en las elites ni en los pueblos del mundo. Nadie quiere vivir sin los lujos energéticos que traen tantos problemas y guerras. Nadie va a dejar de consumir petróleo de dictaduras patriarcales como Arabia Saudita. Es imposible. Ningún partido político puede defender con honradez salirse de la OTAN, sobre todo cuando tienen posibilidades de gobernar y en Podemos tenemos el ejemplo perfecto. La teoría es bonita pero en la práctica no se permitiría ni siquiera la neutralidad. Y en caso de intentar ser neutrales, España volvería a ser un pastel para otros bloques geoestratégicos que tampoco permitirían esa neutralidad. O, peor aún, podríamos ser invadidos por otros estados, o fragmentados, o se podría provocar una guerra civil.

Cualquier tipo de oposición, hoy mínima y totalmente domesticada, es primero comprada, controlada y, si no funciona, es reprimida, infiltrada o asesinada. Como último recurso siempre está la fuerza, la violencia, la muerte.

¿Es posible enfrentarse a un mal tan etéreo que está fuera y está dentro? ¿Es posible enfrentarse al enemigo exterior social y al enemigo interior individual? Ten cuidado con lo que sueñas, puede que se convierta en realidad. A veces ganar es peor que perder. Las utopías se convierten fácilmente en distopías y pesadillas. Ni siquera la revolución del 36 anarcosindicalista fue un triunfo desde esa óptica. Ganó, perdió, pero sobre todo ganó la mentalidad industrial. Incluso sin ningún enemigo quizás hubiera derivado en lo mismo que pensaba combatir, porque el mal es humano y no distingue de ideologías.

Dadas las circunstancias actuales, ¿qué nos queda? Ir tirando a ver cómo transcurren los acontecimientos diarios y mundiales… ¿O no? ¿Hay posibilidad de fugarse a una reserva en la que todavía quede algo humano, tanto lo positivo pero también aceptando lo negativo y trágico? ¿Una reserva al estilo Amish? ¿Al estilo de los heremitas místicos, de los monasterios? ¿O terminaría siendo una reserva zoológica o de caza como las que existen en África para los animales o al estilo de la del libro de Aldous Huxley “Un mundo feliz”?

La estrategia es que no hay estrategia.