Día 16, 17 y 18: ansiedad y desconexión

Jueves, 26 de marzo

Viernes, 27 de marzo

Sábado, 28 de marzo

No he escrito estos días porque de leer demasiadas noticias, cuidar de mis hijos y acostarme de madrugada y levantarme muy temprano estaba entrando en un bucle que realmente me iba a llevar a enfermar. Hubo un día en el que sentí una opresión en el pecho brutal por la ansiedad e incluso llamé a mi centro de salud para ver si me podían recetar algo puntual. Supongo que ya lo sabréis pero los centros de salud en Madrid (al menos el mío) atienden de forma telefónica, no presencial, lo que está siendo también criticado ya que también eran un filtro para evitar colapsar las urgencias. ¿Cosas de la profecía autocumplida? Tardaron en cogerme el teléfono pero al final me devolvió la llamada mi doctora, me dio algunos consejos para manejar la ansiedad y me hizo una receta de un medicamento que por ahora no he recogido. He optado por intentar hacer una cura de sueño, algo de desconexión informativa y películas malas españolas, de esas comedias locas subvencionadas con alguna que otra vieja gloria que al final ni se estrenan en los cines de lo malas que son.

Una vez tratada la ansiedad en su momento agudo, para prevenir sí he intentado leer contenido de alta calidad, como los libros del Cardenal Sarah de los que hablé anteriormente. A mí me transmiten muchísima tranquilidad, serenidad y templanza, a pesar de no edulcorar en nada el momento histórico en el que se encuentra la sociedad occidental. Obviamente, están escritos antes de que apareciera esta epidemia, pero los problemas espirituales que señala creo que están muy relacionados con la forma de abordar esta cuestión: la mentira, el egoismo, confundir buenismo con virtud, el deseo de algunos de ser como dioses transhumanistas, la muerte de Dios, la pérdida del Padre, el maquiavelismo y la lucha de todos contra todos. En definitiva, la falta de amor. Y todo esto lo señala, no solo hacia el mundo ateo sino que su descripción más crítica se centra en los miembros de la propia Iglesia. En fin, un libro que hay que leer.

Yo ya me he acostumbrado, desde hace unos años, a leer y a escuchar todo lo que me decían los grandes medios que no había que leer ni escuchar. Es más, cuanto más grande es la campaña de boicot o censura hacia ciertas posturas, más curiosidad siento para leer sus libros y formarme mi propio criterio. Siempre me pregunto, qué estará diciendo tal o cual persona para que todos los medios de comunicación (controlados por los monopolios empresariales a nviel mundial) me digan que no debo leer o comprar un determinado libro. Esto, desde hace unos cuantos años, me ha hecho leer cosas que antes no se me hubiese ocurrido leer ni por asomo. Me dan igual las etiquetas, me dan igual los prejuicios, me dan igual los insultos, me dan igual las ideologías y los líos politiqueros entre la izquierda y la derecha.

Día 6: ¿Es peor el remedio que la enfermedad?

(IMPORTANTE: ESTE POST NO ESTÁ ACTUALIZADO RESPECTO A LA SITUACIÓN ACTUAL)

Lunes, 16 de marzo de 2020

Este virus es un virus, ya no sé si biopolítico, pero desde luego psicopolítico. Nadie lo ve, nadie conoce apenas a contagiados, aunque algunos tenemos a conocidos de conocidos con un resfriado diagnosticado como “coronavirus”. Sin embargo se pronostican contagios masivos y colapso de la sanidad pública. Pero a la vez no parece que nadie esté preparando un hospital de campaña para esos hipotéticos futuros enfermos. O ampliando UCIS, comprando respiradores y material médico. O fabricándolos, si es que se supone que van a ser necesarios, claro. ¿Por qué no hay datos diarios del nivel de saturación de los hospitales? Es todo un gran acto de fe en el estado el que se nos pide. Fe en la OMS, imitación de lo que han hecho otros países más autoritarios que el nuestro, etcétera… Y a quien se sale del guion, por lo menos de forma inicial, se le invita a que vuelva al redil a través de la presión de las redes sociales, los medios internacionales. Es decir, es la propia población la que pide y exije las medidas más radicales, como su propio confinamiento.

Los políticos en España parecen como perdidos, igual de confusos que la gente común y, además, muchos están con fiebre o tos por el dichoso “resfriado” del coronavirus. Dando bandazos y mirando qué hacen los demás países. Los supermercados sin papel higiénico. La gente confusa y triste por la calle con sus carritos de la compra. Por la tarde los vecinos se ponen a aplaudir en los balcones y me recuerda demasiado a los gestos extraños de masas que hacíamos en el 15-m como agitar las llaves al aire (con todo el respeto a los sanitarios y demás trabajadores que se están dejando la piel en esta crisis política y social).

Realmente es como para volverse tarumba. Una ya no sabe si todo es una gran paranoia o un mal sueño. Si es fruto de la ineptitud o de la decadencia de Occidente. Lo que sí parece perfilarse claramente es que todas las recomendaciones y directrices que se nos inculca a la población van en la línea del triunfo de lo telemático, de lo virtual frente a lo real. Lo real es demasiado humano, sucio, peligroso, imposible de controlar. Lo digital es previsible, numérico, controlable. Por eso, las compras hay que hacerlas mejor con tarjeta, no con efectivo (llevan años intentando cargárselo), las conversaciones mejor por videoconferencia, la enseñanza a través de internet, lo que no puedes comprar en las tiendas físicas cerradas lo puedes comprar a lo mejor online… Lo digital es aséptico, limpio. Sin embargo, el oro sube y sube porque es dinero mucho más difícil de manipular que el dinero fiduciario.

Hoy ya no tengo nada más que decir. Tan solo un recuerdo por todas esas víctimas olvidadas de la gripe común de las que nunca nos acordamos de forma global. Seguramente sus familiares directos sí pero como grupo eran invisibles y no se hacían contadores para ellos.¿Por qué no tuvieron nunca esa deferencia? El tabaco causa 52.000 muertes anuales en España. Sin embargo, en este estado de alarma los estancos permanecen abiertos porque en ellos se venden productos de primera necesidad. Son las paradojas de toda esta mala película de serie B que estamos viviendo. Los accidentes de coche también son altísimos. Sin embargo, nadie proponer prohibir el automovil. Se decreta el derecho al suicidio asistido o eutanasia pero, a la vez, se les dice a los viejos de la plaza del pueblo que se encierren en sus casas. ¿Y si prefieren vivir sus últimos días en libertad y no enclaustrados? ¿Y si prefieren asumir el riesgo? Eso hoy no se puede ni decir, demasiado incorrecto para los tiempos que corren. Hoy España es una gran cárcel. Y necesitamos libertad con urgencia, necesitamos reconectar con la realidad material y actuar desde valores espirituales profundos.

Buenas noches.